jueves, 27 de abril de 2017

935. Tiempo pascual: Oración de acogida



Ejercicio de Oración de acogida
(Padre Ignacio Larrañaga)

Una de las notas característica de la espiritualidad del Padre Ignacio Larrañaga, transmitida en los Talleres de Oración y Vida, está formula con esta Pregunta: ¿Qué haría Jesús en mi lugar? Es un punto central que se explica en el pequeño libro “Encuentro” con las siguientes palabras.

* * *
Así como en el ejercicio salida y quietud, el “Yo” sale y se fija en el TÚ, en este ejercicio de acogida, yo permanezco quieto y receptivo, y el TÚ sale hacia mí y yo acojo, gozoso, su llegada.  Es conveniente efectuar este ejercicio con Jesús resucitado.
Utilizamos el verbo sentir. Sentir no en el sentido de emocionarse, sino de percibir, Se pueden sentir tantas cosas sin emocionarse. Siento que el suelo está frío, siento que la cabeza me duele, siento que hace calor, siento tristeza.
Ayúdate de ciertas expresiones (que al final indicaré), comienza a acoger en la fe,
[1] a Jesús resucitado y resucitador que llega a ti.
[2] Deja que el espíritu de Jesús entre e inunde todo tú ser. Siente que la presencia resucitada de Jesús llega hasta los últimos rincones 'de tu alma mientras vas pronunciando las expresiones. Siente cómo esa Presencia toma plena posesión de lo que eres, de lo que piensas, de lo que haces; cómo Jesús   asume lo más íntimo de tu corazón. En la fe, acógelo sin reservas, gozosamente
 En la fe, siente cómo Jesús toca esa herida que te duele; cómo Jesús saca la espina de esa angustia que te oprime; cómo te alivia esos temores; te libera de aquellos rencores. Hay que tomar conciencia de que esas sensaciones generalmente se sienten en la boca del estómago como espadas que punzan. Por eso se habla de la espada del dolor.
[3] Luego salta a la vida. Acompañado de Jesús y revestido de figura, haz un paseo por los lugares donde vives o trabajas. Preséntate ante aquella persona con quien tienes conflictos. Imagínate cómo la miraría Jesús. Mírala con los ojos de Jesús. Cómo la serenidad de Jesús si tuviera que enfrentarse con aquel conflicto, afrontar esta situación, qué diría a esta persona, cómo serviría en aquella necesidad. Imagina toda clase de situaciones, aun las más difíciles, y déjale a Jesús actuar a través de ti: mira por los ojos de Jesús, habla por su boca, que su semblante aparezca por tu semblante. No seas tú quien viva en ti sino Jesús. Es un ejercicio transformante o cristificante.  Toma una posición orante. Igual que en el ejercicio Salida y quietud, después de pronunciar y vivir la frase quédate un tiempo quieto y en silencio, permitiendo que la vida de la frase resuene y llene el ámbito de tu alma.
Jesús, entra dentro de mí.
Toma de todo mi ser.
Tómame con todo lo que soy, lo que pienso, lo que hago.
Toma lo más íntimo de mi corazón.
Cúrame esta herida que tanto me duele.
Sácame la espina de esta angustia. Retira de mí estos temores, rencores, tentaciones...  Jesús, ¿qué quieres de mí?
¿Cómo mirarías a aquella persona?
¿Cuál sería tu actitud en aquella dificultad?
¿Cómo te comportarías en aquella situación? Los que me ven, te vean, Jesús,
Transfórmame todo en ti.
Sea yo una viva transparencia de tu persona,
También este ejercicio debe durar unos 45 6 50 minutos.


I
Sin yo saberlo él está,
como aquel día él estaba,
como está la primavera
sin que yo salga a esperarla.

El primer paso fue suyo
para invitarse a mi casa,
su estar es estar llegando
porque yo soy su morada.

II
Ya ha llegado mi Señor
y como luz se derrama;
ya le siento todo a él,
siento su cuerpo y su alma.

Siento su divinidad
que mi ser todo traspasa:
¡qué bello es rozar a Dios,
si Dios es Jesús que ama!

El Tú ha llegado hasta mí,
Tú de Dios que me creara,
Tú de Dios Resucitado
que me mira cara a cara.

Sentir su seguridad,
en mí vivirla instalada,
y entablar una amistad
que ha de ser hasta la patria.

Sentir el Tabor y el Huerto,
que él está y todo calla,
sentir que la unión muy pura
se opera bajo esta calma.

III
Luego salir sin marcharse,
que él ya nunca se distancia,
que el amor es él conmigo
y si voy, él me acompaña.

Y he de salir y servir,
que él salía y caminaba,
que su vida fue el encuentro,
la acogida y la esperanza.

¿Qué haría Jesús ahora,
si aquí mismo se encontrara?
Lo que él haría yo haré,
y sabrán cuánto nos ama.

Soy mensajero de vida,
su presencia continuada;
¡soy, Jesús, tu amor al prójimo,
mirándome en tu mirada!

Guadalajara, 27 de abril de 2017.

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