jueves, 11 de mayo de 2017

945. Canción de amor a Jesús Resucitado - 6



Carne del Resucitado

Unidad natural de los fieles en Dios por la Encarnación del Verbo y por la Eucaristía
(Del Tratado de san Hilario, obispo, Sobre la Santísima Trinidad
(Libro 8, 13-16: PL 10, 246-249)


Si es verdad que la Palabra se hizo carne, también lo es que en el sagrado alimento recibimos a la Palabra hecha carne; por eso hemos de estar convencidos que permanece en nosotros de un modo connatural aquel que, al nacer como hombre, no sólo tomó de manera inseparable la naturaleza de nuestra carne, sino que también mezcló, en el sacramento que nos comunica su carne, la naturaleza de esta carne con la naturaleza de la eternidad. De este modo somos todos una sola cosa, ya que el Padre está en Cristo, y Cristo en nosotros. Por su carne, está él en nosotros, y nosotros en él, ya que, por él, lo que nosotros somos está en Dios.
Él mismo atestigua en qué alto grado estamos en él, por el sacramento en que nos comunica su carne y su sangre, pues dice: El mundo ya no me verá; pero vosotros me veréis, porque yo seguiré viviendo y vosotros también; porque yo estoy en mi Padre, y vosotros estáis en mí y yo estoy en vosotros. Si se hubiera referido sólo a la unidad de voluntades, no hubiera usado esa cierta gradación y orden al hablar de la consumación de esta unidad, que ha empleado para que creamos que él está en el Padre por su naturaleza divina, que nosotros, por el contrario, estamos en él por su nacimiento corporal, y que él, a su vez, está en nosotros por el misterio del sacramento. De este modo se nos enseña la unidad perfecta a través del Mediador, ya que, permaneciendo nosotros en él, él permanece en el Padre y, permaneciendo en el Padre, permanece en nosotros; y, así, tenemos acceso a la unidad con el Padre, ya que, estando él en el Padre por generación natural, también nosotros estamos en él de un modo connatural, por su presencia permanente y connatural en nosotros.
A qué punto esta unidad es connatural en nosotros lo atestigua él mismo con estas palabras: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él. Para estar en él, tiene él que estar en nosotros, ya que sólo él mantiene asumida en su persona la carne de los que reciben la suya.
Ya antes había enseñado la perfecta unidad que obra este sacramento, al decir: Así como me envió el Padre que posee la vida y yo vivo por el Padre, de la misma manera quien me come vivirá por mí. Él, por tanto, vive por el Padre; y, del mismo modo que él vive por el Padre, así también nosotros vivimos por su carne.
Emplea, pues, todas estas comparaciones adecuadas a nuestra inteligencia, para que podamos comprender, con estos ejemplos, la materia de que trata. Ésta es, por tanto, la fuente de nuestra vida: la presencia de Cristo por su carne en nosotros, carnales; de manera que nosotros vivimos por él a la manera que él vive por el Padre.
(Lectura patrística para el Oficio de lectura,
en el miércoles de la IV semana de Pascua).

1. Carne del Resucitado
es la carne que comulgo
y a esta divina carne
en cuerpo y alma me junto.

2. Carne de Dios celestial,
carne que llega a este mundo,
por ella en la Cruz salvados,
para la vida seguros.

3. Por la fuerza del Espíritu,
en la Carne somos uno;
la Iglesia se reconoce
como Cuerpo de Dios Único.

4. Y en el cielo y en la tierra,
bajo el signo de tal triunfo,
Jesús nos une en el Padre
y nuestro Padre es el suyo.

5. No hay dos Padres ni dos Cuerpos,
que el poder de Cristo es sumo:
adoremos el misterio
iluminado y oculto.

6. Resurrección de Jesús,
anuncio de los anuncios,
Resurrección-Sacramento,
maná de todos los gustos.

7. ¡Aquí está él, yo diré,
cuando voy y me apresuro,
esta es mi Pascua celeste,
que deshace todo luto!

8. Mi amor, Jesús, a tus pies,
mis besos que yo disfruto:
tú eres mi Dios encarnado,
y en ti, Jesús, yo me fundo. Amén.

Guadalajara, Jalisco, miércoles IV semana de Pascua 2017

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