jueves, 22 de febrero de 2018

1049 VÍA CRUCIS DE ACCIÓN DE GRACIAS en verso romancero



VIA CRUCIS DE ACCIÓN DE GRACIAS

(Vía Crucis en verso romancero)






PÓRTICO

Cuando rezamos el Vía Crucis contemplamos a Jesús, que sufre siendo hombre e Hijo de Dios. Frente a él nos miramos a nosotros, pecadores, causa de los sufrimientos del Señor. Miramos a los innumerables hermanos nuestros de la tierra que sufren su Vía Crucis, su Calvario. En fin, cielo y tierra están presentes en este “ejercicio” de devoción popular, tan simple, tan provechoso, tan propio de la santa Cuaresma. Tantas y tantas vivencias puede provocar un Vía Crucis
El hermano que esto escribe, en esta Cuaresma se ha puesto a escribir un Vía Crucis como un sencillo juglar del amor a Dios para decir a Jesús con humildad y sencillez: Gracias, Jesús, por lo que me has amado, por lo que has padecido por mí y por todos los hombres; gracias, Jesús, no acierto a decirte otra cosa. Yo sé que son muchas las desgracias del mundo, pero hoy, al rezar el Vía Crucis, dejando en suspenso tantas y tantas vivencias dolorosísimas, quiero simplemente mirarte, sentirme amado y agradecerte el don infinito de tu vida.
Esto es sencillamente lo que he escrito. Y lo hecho con cierto estilo franciscano, porque el Hermano Francisco de Asís quería que sus hermanos fueran por el mundo como juglares del Señor (ioculatores Domini), exhortando a todos los hombres, con sus versos y canciones, al amor de Dios, al amor entre los hermanos. Este quiere ser un sencillo Vía Crucis de Jugares, en verso romancero.
Dicen las fuentes franciscanas:

Quería, y es lo que les aconsejaba, que primero alguno de ellos que supiera predicar lo hiciera y que después de la predicación cantaran las Alabanzas del Señor, como verdaderos juglares del Señor. Quería que, concluidas las alabanzas, el predicador dijera al pueblo: «Somos juglares del Señor, y la única paga que deseamos de vosotros es que permanezcáis en verdadera penitencia». Y añadía: «¿Qué son, en efecto, los siervos de Dios sino unos juglares que deben mover los corazones para encaminarlos a las alegrías del espíritu?» (Leyenda de Perusa 83).

Por lo demás…, quien estas cosas viere y entendiere sepa que, residiendo en Jerusalén en época de estudios el autor compuso un Vía Crucis de Jerusalén 1984 (con estrofas de endecasílabos y las correspondientes introducciones: mercaba.org / Rufino María Grández / El pan de unos versos / Año litúrgico / Cuaresma) al que la hermana cisterciense Miren Garamendi puso un doble módulo musical, para poder recitarlo cantando.
El Viernes Santo del año 1991 el papa Juan Pablo II inició una fórmula nueva del Vía Crucis, todo él con escenas evangélicas, sin querer suprimir, ni mucho menos, el Vía Crucis tradicional. En el Vía Crucis tradicional la piedad cristiana ha contemplado las tres caídas de Jesús, el lienzo de la Verónica y el Encuentro de Jesús con su madre. Estas cinco estaciones fueron omitidas.
En aquel Vía Crucis de 1991 el Papa S. Juan Pablo II añadió la XV estación: Jesús resucita al tercer día de entre los muertos.
La Virgen María, junto a la Cruz de su hijo en el Calvario (nueva estación del Vía Crucis), nos acompañe.

Guadalajara, Jalisco (México), 20 febrero 2018

Fr. Rufino María Grández, OFMCap.

Primera Estación: Jesús en el huerto de los Olivos

Sangre de Getsemaní
de Jesús por mí vertida,
sangre de Dios Encarnado
que a mí me da eterna vida.

Es la uva en el lagar
por el dolor exprimida,
que está manando de adentro
el amor que dentro había.

Un ángel le consolaba,
alzando el alma abatida,
porque era varón de dolores,
sufriendo nuestras heridas.

El Cáliz del Padre amado
¿no he de beberlo?, decía,
y hasta la última gota
por mi amor se lo bebía.

Oh Jesús de mis sudores,
que mi pecho en ti latía,
acepta mi vida humilde
en gratitud y latría.

Santo de Dios, ¡oh Jesús!
del Padre dicha infinita,
con el Padre y el Espíritu
mi alabanza vaya unida. Amén 


Segunda Estación: Jesús, traicionado por Judas, es arrestado

Con un beso del traidor
a Jesús, manso cordero,
le prendieron en la noche,
luz de luz, pascual lucero.

Enemigos de Jesús,
que venís con fuertes fierros,
las armas no son precisas
que él se entrega prisionero.

Él para eso ha venido
para ser del todo nuestro,
nuestros pecados son suyos,
nuestro amor y sufrimiento.

Sois mis hermanos, nos dice,
que enemigos yo no tengo,
haced de mí cuanto plazca,
que yo soy del todo vuestro.

Y prendieron a Jesús,
víctima del matadero,
desde Adán hasta mí  mismo
es hermano verdadero.

¡Cristo Jesús, mi Señor,
por todos los hombres muerto,
gracias mi Dios redentor,
por mí prendido en el Huerto!


Tercera Estación: Jesús es condenado por el Sanedrín

Yo te conjuro por Dios,
alzado Caifas le dijo:
que jures ante el Consejo
si eres Hijo del Bendito.

Y humildemente Jesús,
su rostro en el Padre fijo,
ante el pleno Sanedrín
"Sí lo soy, lo testifico".

Anunciado en los Profetas
soy el Hijo prometido,
Hijo del Hombre en Daniel,
de David glorioso Hijo.

Blasfemo y reo de muerte
por el infame delito,
fuiste, Jesús, condenado,
oh Hijo de Dios, dulcísimo.

Hijo de Dios y mi hermano,
que en tu sangre participio,
mi Dios, mi ser, mi futuro
de la Escritura el sentido.

A ti, Jesús, adorado,
gloria y honor te rendimos,
con el cielo y con LA tierra
por los siglos de los siglos! Amén.


Cuarta Estación: Jesús es negado por Pedro

No lo conozco y juró
Pedro el apóstol primero,
Y hasta maldijo su día
Pedro, el apóstol sincero.

¿Cómo es posible, mi Dios,
esta locura aquí dentro?
¿Cómo es posible que un día
rechace yo cuanto creo?

Locura del corazón,
del que ignoro su misterio;
¡piedad, mi Dios, mi Jesús!,
que solo al pensarlo tiemblo.

Aleja, amoroso Cristo,
este horrible sacrilegio,
toma mi vida y mi muerte
que jamás negarte quiero.

Guárdame bajo tu manto
en humildad y silencio,
Jesús en tu corazón,
metido adentro en tu pecho.

¡Jesús testigo del Padre,
nuestro único sendero,
la Verdad de Dios que eres
ha de ser mi eterno cielo! Amén.

Quinta Estación: Jesús es condenado a muerte por Pilato

Con arreglo a humanas leyes
fue por Derecho proscrito:
como Rebelde del Pueblo,
de la Paz Romana indigno.

Crucifícalo, Pilato,
si eres del César amigo
y Pilato se rindió
ante el reclamo judío.

Pilato lavó sus manos,
de un crimen desentendido,
pero firmó la sentencia
y la firmó porque quiso.

El Bienhechor de los hombres
en su Patria no halló sitio.
y fue expulsado a la muerte
por humano veredicto.

Perdona nuestro pecado
el más grave cometido;
lo hicimos por ignorancia
y estamos arrepentidos.

Oh Jesús, Bondad del mundo,
Santo de Dios infinito:
que sea tu santidad
nuestro cielo prometido! Amén.


Sexta Estación: Jesús es flagelado y coronado de espinas.

Azotado y escupido,
a ras de tierra humillado,
el más bello de los hombres
por mi maldad afeado.

Siervo de Dios que el Profeta
contempló desfigurado,
porque hizo suyas mis culpas
y con ellas fue cargado.

En tu hermosura escondida,
Hijo de Dios te adoramos,
que más hermoso hermoseas
cuanto más vilipendiado.

Tu fealdad era mía,
suciedad de mis pecados,
mas tu hermosura divina
es tu amor inmaculado.

¡Pasión de Dios en su Hijo,
todo amor, todo donado,
divina faz de Jesús,
que hoy brilla sacramentado!

Jesús, Vencedor celeste,
por el Padre coronado,
hoy tus espinas radiantes
son mi triunfo deseado! Amén.

Séptima Estación: Jesús carga la cruz

Carga Jesús con su cruz,
que recibe como a esposa;
se abría el camino nuevo:
que es la Vía Dolorosa.

La cruz para sí la quiere
como la dote preciosa;
el Padre se la confía
porque ha llegado la hora.

Ya no hay Jesús sin la Cruz,
amor que a él enamora,
ni hay discípulo en verdad
sin esta Cruz salvadora.

Oh trance de enamorados,
secreto donde Dios obra;
gira el orbe, vuelve y gira,
y la Cruz impera sola.

Tomó Jesús su patíbulo,
y su alma goza y llora;
es este su sacramento
y el mundo entero en él mora.

¡Jesús doliente, amantísimo ,
guárdanos bajo tu sombra,
Jesús, Redentor invicto,
a ti las gracias y gloria! Amén


Octava Estación: Jesús es ayudado por Simón el Cirineo a llevar la cruz

Discípulo señalado
es Simón el Cireneo
que ayuda a llevar la Cruz
a Jesús, humilde reo.

Cruz compartida que es gracia,
que Dios concede a sus siervos,
partícipes de Jesús,
de su misión y su anhelo.

Cruz que a todos nos hermana
en el empeño del Reino,
cruz de dolor, paraíso
que nos ofrece el Maestro.

Como Simón de Cirene
la santa Cruz abracemos
día a día con amor
tras de Jesús Nazareno.

Nos abres tu intimidad,
nos muestras tus sentimientos,
cuando nos dices, Jesús,
cuáles son tus sufrimientos.

¡Oh Cristo dulce esperanza
del cielo camino abierto,
con el Padre y el Espíritu
a ti sea el gozo eterno! Amén.


Novena Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.

Hijas de Jerusalén,
piadosas, santas mujeres,
recordáis a nuestras madres
y el corazón se enternece.

Lloradle a Jesús, lloradle,
que va condenado a muerte,
mirad sus ojos divinos,
mirad la paz en su frente.

Y acoged esa palabra,
que él os habla dulcemente:
No lloréis por mí – suspira –,
llorad por el mal que viene.

Llorad por Dios rechazado,
miradme, que en mí aparece,
llorad por vosotras, sí,
por los hijos increyentes.

Por un mundo que resiste
y el amor de Dios no quiere,
por ese he llorado yo
a quien amo eternamente.

¡Oh Jesús de vivas lágrimas
que de amar no te arrepientes,
por tu infinito perdón
gracias y gloria perenne! Amén. 


Décima Estación: Jesús es crucificado

Sobre aquel árbol de Adán,
árbol de desobediencia,
tendido está el Creador
y clavado con fiereza.

Se alza la cruz del Calvario,
puente del cielo y la tierra,
y a él mira la esperanza
que el amor vence e impera.

Dulce Jesús del madero,
sello y paz de nuestra espera,
nave del mundo agitado,
del buen fin, segura estela.

¡Oh cruz preciosa del Hijo,
que ante mis ojos se eleva,
yo la beso con ternura
y quiero morir con ella!

Que en la santa Trinidad
me acojan al verme en ella,
porque es mi triunfo y mi gloria
mi pertenencia y mi seña.

¡Hermosa cruz salvadora,
que hasta en los cielos penetras,
salve, vida en el Amado,
sacramento y gloria seas! Amén.

Undécima Estación: Jesús promete su reino al buen ladrón

Uno más entre malvados,
desnudo entre dos bandidos,
en esta fosa del mundo
va a morir Jesús purísimo.

Pero el amor no se mancha
y en la maldad sale invicto,
Cuando llegues a tu reino,
acuérdate de este hijo.

Con una dulce mirada,
con un amor infinito
“Hoy mismo estarás – le dice –
conmigo en el Paraíso”.

Dulce Jesús de perdones,
que borras todo delito,
ese eres tú y tu Iglesia:
perdón y nunca castigo.

¡Qué paz derramas, mi Dios,
apenas que yo te miro,
que no hace falta saber
si estoy del todo contrito!

¡Jesús de brazos abiertos,
que nadie queda excluido,
en el corazón del Padre
seas tú nuestro latido! Amén


Duodécima Estación: Jesús en cruz, su madre y el discípulo

Jesús, la Madre, el discípulo
para siempre en unidad,
cuando va a nacer la Iglesia
y Jesús se va ausentar.

Y lo que Dios quiso unido
nadie lo va a separar:
la Madre que ha sido y es,
lo ha de ser hasta el final.

La Madre del Redentor,
Madre del Cristo total,
la que vela e intercede,
como intervino en Caná.

4. La Madre compadeciente,
que dio a luz en el portal,
con su Hijo en el Calvario
es la Madre universal.

5. Llena de gracia, María,
toda Madre en humildad,
a ti, Madre, yo me acojo.
como el discípulo Juan.

6. ¡Gracias, Jesús, nuestro amado
por tu Iglesia maternal,
con ella y tú nuestro guía,
contigo a la Trinidad! Amén.


Decimotercera Estación: Jesús muere en la cruz.

Mirad al Hijo de Dios 
que está muriendo de amor:
es Jesús de Nazaret,
mi Divino Redentor.

Los apóstoles proclaman:
Me amó y por mí se entregó.
Que sea nuestra respuesta:
Es tuyo mi corazón.

Dulce Jesús Nazareno,
Dios de toda compasión;
eres Dios muriendo así,
en labios del centurión.

La historia de cielo y tierra,
la vida y la creación
confesamos, celebramos:
Gracias, Jesús amador.

Acógenos en tus llagas,
Haznos tu respiración.
somos hijos en el Hijo:
Gracias, mi hermano y mi Dios.

¡Gloria al Padre, gloria al Hijo
y al Espíritu de Unción;
por siempre deificados,
gozo y paz, consolación! Amén.


Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.

Lo bajaron de la cruz
para darle sepultura;
la Madre lo toma en brazos,
como un día de la cuna.

Las lágrimas contenidas
hablan férvidas y mudas;
la tarde es de inmensa paz
y el Sábado ya se alumbra.

Pensando estoy, mi Señor,
junto a tu tumba en mi tumba,
será un sueño pasajero:
mi ruta será tu ruta.

Detrás de la tumba el Padre
y nuestra dicha futura,
la familia que me espera
la maravilla absoluta.

Tu cayado nos precede
en la final andadura;
caravana de la fe,
que del cielo nos saludan.

¡Hijo de Dios sepultado
en la esperanza segura,
te adoramos en tu paz,
Dios de toda la ternura! Amén.

Decimoquinta Estación: Jesús resucita al tercer día de entre los muertos.

Vive el Viviente Jesús
y su vida es toda vida,
y si vida queréis ver
miradla en nuestra alegría.

Resucitaste, Jesús,
Cirio que nos ilumina,
Hoguera de nuestra fe,
Presencia que vivifica.

Esposo de mis anhelos,
más mío que el alma mía,
más real que el yo real,
y la tumba está vacía.

Resucitaste, mi Dios,
Nazareno de mis días,
y en ti estoy resucitado
yo que contigo moría.

En ti cantaré contigo
y tú serás mi armonía
en ti me abandonaré
Jesús, mi dicha infinita.

¡Gloria a Dios, amor y gloria,
oh Trinidad beatísima,
por los siglos de los siglos
de amor el alma transida! Amén.

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