lunes, 28 de noviembre de 2011

146. Bellos recuerdos de Adviento

La amable pedagogía de Adviento


1. He aquí un coloquio espiritual – ninguna estancia se prohíbe atravesar al viajero que viaja en alas del amor – que establecemos dialogando sobre el Adviento.
Hoy, que ya hemos aprendido tantas cosas de liturgia, los sabios nos pueden decir para adentrarnos en el tiempo convertido en culto, cómo nació el adviento:
1. Al principio fue el Domingo, fiesta primordial origen de todas las fiestas, fiesta a la que ninguna otra hay que anteponer.
2. Y del Domingo nació la Pascua anual, centro y corona de la liturgia cristiana.
3. Y de la plenitud desbordante de la Pascua nació el tiempo pascual, que es la Pascua prolongada pro una cincuentena.
4. De la Pascua nació la cuaresma.
5. Y del misterio de la Pascua nació la celebración anual de la Encarnación: santa Natividad de Dios hecho carne.
6. Y con la Navidad nació la preparación de la Navidad.
Esta catalogación de fiestas o celebraciones la podemos ver hoy, descrita con toda naturalidad, en el Misal Romano – libro grueso del altar (y libros manuales también) – que tiene unos documentos previos, entre ellos, el “Calendario Romano”, con su adecuada explicación.

2. Con este cuadro por delante, quiero añadir ahora que el Adviento tiene un encanto especial, tema de nuestro coloquio. El aprendizaje de la liturgia, y otras cosas, se hace por ojos y oídos, por vivencia. La vida se traspasa dentro cuando la vida nos envuelve.
No con ánimo nostálgico, sino fraternalmente in simplicitate cordis, voy a recordar mi primer Adviento vivido en la Orden, como novicio capuchino, en el hoy lejano diciembre de 1955. En aquellos tiempos y en el ámbito donde me movía no existía la Corona de Adviento, que luego fue rodando hasta América...  A lo mejor en Cataluña sí había Corona de Adviento, porque los catalanes iban por adelantado en cuanto apertura a Europa. Se iba popularizando el Movimiento litúrgico, y bogaba pujante.
Existían otras cosas bellísimas, milenarias, como Rorate, caeli, desuper y las Antífonas de la O en latín, que esperan salir de los bellos Museos litúrgicos y transitar por casa... Se me escapan los recuerdos por el teclado, pero no es por comparar a desfavor de las nuevas generaciones con las que convivimos... Es porque la literatura tiene sus recuerdos, sus querencias.
A lo que íbamos: que a los cincuenta años de mi profesión fui evocando al por menudo lo que fue mi noviciado – un noviciado de entonces, como la mayoría  – y gratísimamente iba paladeando que el Adviento me enseñó el amor a la liturgia. Lo que escribí fue lo siguiente, evocando mi noviciado en Sangüesa (Navarra), a pocos kilómetros de Leyre.


3. “Adviento, primavera de la liturgia. El Adviento es como la primavera de la liturgia. Por el Adviento yo comencé a gustar la dulzura, la hermosura, la poesía y la teología de la liturgia. Ya en Zaragoza (nuestro colegio de filosofía, precedente al noviciado) leíamos en el comedor las explicaciones litúrgicas del P. Pío Parsch, y nos habíamos adentrado en el espíritu de la celebración de la Iglesia.
En el noviciado, al menos para mí, el sabor de la liturgia fue cosa especial, y desde entonces ha ido creciendo a más y a más. La liturgia, según la entiendas, es el soporte de la teología de la Iglesia. Y viene a ser la estructura esencial del ser Iglesia. El pensamiento penetrante del hasta hace poco teólogo Ratzinger va por ahí..., una Papa, por cierto, de una luz esplendorosa.
Cerca de nosotros está la abadía benedictina de Leyre, entonces un priorato que empezaba a formarse, restaurado por obra del Gobierno de Navarra el antiguo monasterio, donde están enterrados algunos de los reyes de Navarra. El P. Augusto Pascual, superior (luego primer Abad 1979-1993, añado), fue llamado por el P. Maestro a darnos algunas explicaciones de liturgia. Había buena relación entre capuchinos y benedictinos. En Leyre, he podido saber después que vivió el Padre Azcárate, el que escribió La flor de la Liturgia, un manual muy divulgado años atrás. El P. Azcárate vivió muchos años en Argentina.
No recuerdo de qué temas nos habló el P. Augusto Pascual, porque sus charlas no pasaron a mi Cuaderno espiritual. Pero sí recuerdo, y lo que voy a referir me viene a la mente siempre que iniciamos el Adviento, la anécdota de aquel monje anciano. Había en su monasterio un monje anciano que cada año, al llegar el Adviento y oír cantar el responsorio del primer domingo Aspiciens a longe..., se le iluminaba el rostro como a un profeta que miraba a lo lejos venir el Mesías, y parecía como un iluminado y traspuesto; diría - añado yo - como el monje Virila, San Virila, del mismo monasterio de Leyre que salió una tarde a pasear y perdido en el bosque, al oír cantar a un pajarillo, se quedó en éxtasis... trescientos años. La Fuente de San Virila lo recuerda.
¿Qué era y qué es Aspiciens a longe...? Es el responsorio más largo que se encuentra en el oficio divino, un responsorio que nos representa en un cuadro dramatizado, con frases tomadas de la Biblia, la espera anhelante del Adviento. Me agrada recordarlo:

R.  He aquí que veo venir a lo lejos el poder de Dios y una niebla que cubre toda la tierra. * Id a su encuentro y preguntadle: * *Dinos si tú eres el que esperamos, * el que ha de reinar en el pueblo de Israel.+
V.  Plebeyos y nobles, ricos y pobres,
R.  Id a su encuentro y preguntadle:
V.  Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como a un rebaño:
R.  Dinos si tú eres el que esperamos.
V.  (Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.
R.  El que ha de reinar en el pueblo de Israel.
V.  He aquí que veo venir a lo lejos el poder de Dios y una niebla que cubre toda la tierra. * Id a su encuentro y preguntadle: * *Dinos si tú eres el que esperamos, * el que ha de reinar en el pueblo de Israel.+

Es un responsorio musicalizado, en latín, por autores clásicos. Así, uniéndonos a la caravana de los que de lejos miraban al Mesías, entramos en Adviento. “En la fe murieron todos ellos, sin haber conseguido el objeto de las promesas: viéndolas y saludándolas desde lejos: a longe eas aspicientes et salutantes” (Hb 11,13)” (Memoria del noviciado. Historia de un novicio y su noviciado narrada a la vuelta de 50 años, 1956-2006. Pamplona, julio 2006).

4. El Adviento se ha cernido en varios siglos y litúrgicamente es una elaboración exquisita. Los cuatro domingos son los cuatro pilares, y es necesario percibir bien el mensaje de ellos, sin dejarse aprisionar por títulos a los que, sin pretenderlo, a veces quisiéramos ajustar los textos. Ciertamente hay una intencionalidad de selección de textos, pero el espíritu de la liturgia es abarcar siempre, por texto particulares, el misterio total de Cristo. Entrar en Cristo es el arte de entender los textos.
Isaías es el profeta de Adviento. Y es muy bello comenzar a entender el misterio de la celebración desde la profecía. Luego el profeta, que nos ofrece una abundante lectura del mensaje, se desmenuza en partículas a través de las antífonas que esmaltan todo el recorrido del Adviento.
Desde hace ya bastantes años los Directorios o Calendarios “litúrgico-pastorales” nos dan la mistagogía de Adviento, para apreciar las modulaciones que encontramos a lo largo de las cuatro semanas. Para uno que comienza  a saborear la liturgia el estudio minucioso, preciso de estas aparentes minucias le aportan nuevos descubrimientos de filones espirituales.
No se puede cantar cualquier cosa... (Claro que es preciso tener variedad para poder escoger, y disponer de textos verdaderamente nobles y hermosos, que no siempre se encuentran); no se puede subjetivizar la liturgia domándola al gusto de un grupo juvenil... La liturgia hay que conocerla por dentro, y luego desde dentro, cuando proceda, hacer las proyecciones necesarias.

5. Pero me quiero referir, coronando estas consideraciones, a un punto específico, que es delicado de expresar. La liturgia, que sin puritanismos requiere un “sensus” estético, precisa, sobre todo, un sensus fidei y un ánimo contemplativo. La liturgia tiende a la contemplación, es decir, a la “penetración” del misterio. Hay, pues, una actitud de tipo transversal que atraviesa toda la liturgia. Lo podemos ver con un ejemplo que acaba de llegar y se aplica al Adviento.
El cardenal prefecto de la Congregación para el Clero, Mons. Mauro Piacenza, acaba de escribir un mensaje de Adviento, dirigido a los Sacerdotes. Es el límite de su competencia; pero el mensaje como tal sirve para todos.
Habla en torno a la Vigilancia (Evangelio de ayer, domingo I de Adviento) explicándola como “memoria” y “apertura” y centrándola en María:
“...Amigos muy queridos: ¡Cristo vela incesantemente sobre su Iglesia y sobre cada uno de nosotros! Y la vigilancia en la cual nos llama a entrar, es la apasionada mirada de la realidad, que se mueve entre dos directrices fundamentales: la memoria de todo lo sucedido en nuestra vida al encontrarnos con Cristo y con el gran misterio de ser sus sacerdotes, y la apertura a la “categoría de la posibilidad”.
La Virgen María “hacía memoria”, es decir, revivía continuamente en su corazón todo lo que Dios había obrado en Ella y, teniendo certeza de esta realidad, realizaba su tarea de ser la Madre del Altísimo. El Corazón Inmaculado de la Virgen estaba constantemente disponible y abierto a “lo posible”, es decir, a concretar la amorosa Voluntad de Dios tanto en las circunstancias cotidianas como en las más inesperadas. También hoy, desde el Cielo, María Santísima nos custodia en la memoria viva de Cristo y nos abre continuamente a la posibilidad de la divina Misericordia”.
¿Es una pía consideración...? Es mucho más. Es provocar un talante con el cual uno se acerca a los textos, a las oraciones y sienten que los libros hablan de otra manera, por con los libros, con la comunidad está una presencia que todo lo transforma.
Es Jesucristo.
La liturgia es bella, pero el ápice de la hermosura es la presencia de Cristo en el corazón, la presencia de Cristo en la comunidad.

Puebla, lunes de la primera semana de Adviento, 28 noviembre 2011.


Pueden consultarse otros escritos espirituales del autor sobre el Adviento, en mercaba.org, a saber: En el Jardín de la Esperanza (Introducciónpoético-espiritual) --- ADVIENTO: Teología, Liturgia, Estética (Carta de un poeta)
 Adviento interior
Rima meditativa de Adviento


1. Mi Dios inmanente,
candor de belleza,
tu esencia amorosa
es ser la presencia.
¡Oh Dios de la zarza,
que ardía en la estepa
y no se apagaba,
pues tú mismo eras!

2. ¡Oh fuego secreto,
oh brasa y hoguera!,
se anuncia en el alma
que Dios está cerca.
Dios es nuestro hogar
y dentro se asienta,
ninguno más íntimo
que a mí más me quiera.

3. El día primero
de Adán y de Eva,
Dios puso su nido
en un alma bella.
Del mismo pecado,
que trajo su huella,
por obra del Padre
se alzó la promesa.

4. El Verbo Encarnado,
por ser carne nuestra,
más pura, indeleble,
dejó huella impresa.
Su sangre divina
palpita en mis venas;
su Adviento es latido,
mi origen y meta.

5. Vivir el Adviento
con alma despierta,
es ir hacia adentro
cerrando la puerta.
Mi Dios viene entonces
y el diálogo empieza;
mi Dios que me ama
es Dios que me espera.

6. Yo soy el que soy
y el tiempo en su esfera,
es punto que junta
edades enteras.
Yo soy unidad
y llego a tu puerta;
no midas los años
por astros y reglas.

7. Yo soy anticipo
de la hora postrera;
yo hago el instante
historia completa.
En ti yo me instalo,
mi Dios y mi fiesta,
mi Adviento dulcísimo,
ni gozo y tarea.

8. Jesús asociado
a la hora paterna;
su triunfo es el tuyo,
su gloria, tu herencia.
A ti me presento
con gran reverencia;
tu amor es mi amor,
tu gracia en mí sea. Amén.


Puebla, lunes de la primera semana de Adviento,
28 noviembre 2011.

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