Homilía para el Domingo II de Cuaresma
Mc 9,2-10
Domingo
II de Cuaresma, Ciclo B
Gn
22; Rm 8,31-34; Mc 9,2-10
Texto
evangélico:
Seis
días más tarde Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, sube aparte con
ellos solo a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se
volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del
mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro
tomó la palabra y dijo a Jesús: “¡Maestro, ¡qué bueno que estemos aquí!. Vamos a
hacer tres tiendas, unas para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No sabía
qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube, que los cubrió y salió
una voz de la nube: “Este es mi Hijo amado; escuchadlo”. De pronto, al mirar
alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban
del monte, les ordenó que no contasen a
nadie lo que habían visto hasta que el hijo del hombre resucitara de entre los
muertos. Esto se les quedó grabado y discutían que quería decir
Aquello de
resucitar de entre los muertos.
Hermanos:
1.
En el camino de Cuaresma que nos lleva hasta la Pascua, marcado por seis etapas
– cada una de ellas inicia con uno de los seis domingos de la santa Cuaresma - el primer domingo es todos los años Jesús en
el desierto, llevado pro el Espíritu y orando a su Padre, Dios, tentado y
vencedor del demonio. El segundo, aparentemente todo lo contrario: Jesús transfigurado,
irradiando esa gloria que recibe del Padre y que anticipa el estado de la
Pascua. Parecería que un Evangelio de este género sería más propio para el
tiempo pascual.
Pero
todo tiene su razón. Lo que celebramos cada vez que celebramos la Eucaristía es
el Misterio pascual de Cristo, se trate del tiempo de Adviento, de Navidad, de
Cuaresma, de Pascua o del tiempo ordinario. Y el domingo especialmente, todos y
cada uno de los domingos conmemoramos la Pascua del Señor y es la fiesta primordial
de los cristianos.
2.
Pero hay un detalle que también nos puede sorprender. En la transfiguración de Jesús
en el monte aparecen Moisés y Elías – o Elías y Moisés, como prefiere escribir
san Marcos, por algo será – y entonces lo propio sería recordar algo de la
historia de Moisés o de Elías. Y, sin embargo, la lectura era de Abraham. ¿Por
qué este desajuste? Y todos los años, el segundo domingo de Cuaresma
recordaremos a Abraham, en una escena u otra de su vida. Tenemos saber por qué
razón.
3.
Miren hermanos, si estamos atentos a las lecturas veremos que la Iglesia nos
instruye con una catequesis. En las semanas de Cuaresma en la primera lectura
se va haciendo un recorrido de la Historia de salvación de Dios con su pueblo,
según esta secuencia:
el primer domingo, la historia de
salvación en los orígenes del mundo;
el segundo, la historia de salvación
en Abraham, como lo acabamos de escuchar;
el tercero, en la época de Moisés;
el cuarto, en la época de los reyes;
el quinto, la historia de salvación
en los profetas.
Y el sexto, llamado domingo de Pasión, es
entrada de Jesús en Jerusalén, con su mensaje apropiado.
Por todo esto se nos va mostrando cómo
la Cuaresma es un camino hacia la Pascua del Señor.
4. Centrándonos, pues, en el mensaje de
hoy, ante nosotros tenemos dos cuadros: uno, Abraham en el Monte Moria; otro,
Jesús en el Monte de la Transfiguración, identificado como el Monte Tabor,
aunque ninguno de los evangelistas que nos han relatado este episodio nos habla
del monte Tabor, que aparece en los salmos.
Veamos, primero, lo que nos está
diciendo Dios por medio del creyente Abraham. La historia de Abraham es mi
propia historia, y nos está haciendo ver lo que Dios pide a quien ama, y lo que
debe darle el creyente. El resumen podría ser esta frase: El todo es la
medida del amor.
5. Cuando Abraham tenía 99 años Dios le
promete un hijo. Dios le había pedido al principio sacrificar todo el pasado;
ahora le pedía machacar todo el futuro. La primera oblación fue grandísima;
esta última fue total.
Abraham no objetó, ni pidió
explicaciones. Dios le pedía todo, y Abraham le dio todo. Abraham es el hombre
de la fe y del amor.
Cuando Dios vio que Abraham le había
dado todo, le perdonó la ofrenda, y un carnero fue la sustitución del hijo.
Pero observad lo que nos ha dicho san
Pablo en la segunda lectura: Dios no se perdonó a sí mismo. Entregó a su Hijo a
la muerte, y no quiso sustitución por el Hijo. No quiso el sacrificio en
holocausto de un carnero o de una oveja; no quiso ninguno de aquellos de los
sacrificios del Templo. Dios entregó a su Hijo a la muerte por mí.
Y san Pablo discurre: “El que no perdonó
ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos
dará con él graciosamente todas las cosas?” (Rm 8,32).
Esta es nuestra fe, hermanos; ésta es la
fe que meditamos en Cuaresma, camino de la Pascua.
6. Pasemos a la Transfiguración. Fue
cuando la vida de Jesús iba avanzando. Aquella popularidad primera había
pasado. El rechazo era cada vez más patente.
Jesús tiene que orar. Su refugio sólo puede ser Dios mismo. Y sube a la
montaña a orar, acompañado de los tres que van a ser sus confidentes en el
Huerto de Getsemaní.
¿Y qué ocurrió? Que cuando el hombre
está en el abismo de la nada, entonces aparece la luz de Dios. Se dejó ver lo
que Jesús llevaba dentro. Llevaba en su corazón a Moisés y a Elías, la Ley y
los profetas. Conversaban con él. Eran la oración íntima de Jesús.
La Nube misterio de la Presencia divina
los cubrió, como había cubierto a María en la Anunciación, y de en medio de la
Nube se escuchó una voz. “Este es mi Hijo amado, escuchadle”.
Esa voz iba dirigida a Jesús, para
confortarle en su camino; e iba dirigida a nosotros, para mostrarnos al Hijo
como Evangelio y vida.
Jesús es el Hijo amado del Padre. No
puede inventarse definición mejor.
7. Desde esta declaración entendemos lo
que es la vida de Jesús, y lo que, por él, con él y en él, es igualmente
nuestra vida.
Jesús es el Hijo amado del Padre, y yo
soy el hijo amado, la hija amada.
La historia de Jesús conmigo va a ser una
historia de amor. El amor pide todo y el amor da todo.
El Padre no perdonó a su Hijo. Le pidió
todo: la muerte en Cruz. Y le dio todo: la resurrección, la gloria, el tener en
la historia una legión de amadores cual nadie los tuvo. Nosotros mismos somos los
amadores del Hijo, somos regalo que el Padre da a su Hijo.
Hermanos, como Abraham, el Padre de la
fe; como Jesús, con nadie comparable, vayamos por la senda del amor. Esta es
nuestra Cuaresma.
Señor
Jesús, una sola te pido: Que el todo sea la medida de mi amor, hoy, al recibirte
en la Eucaristía y todos los días de mi vida. Amén.
(Guadalajara,
27 febrero 2015).
Poema-himno para orar, sobre la frase:
El todo es la medida del amor
El todo es la
medida del amor
y es Abraham la
prueba luminosa,
el fiel que amó,
creyendo y esperando:
creer y amar son
una misma cosa.
Llamado fue en
la cumbre de su vida
y todo lo dejó
en la patria hermosa;
salió sin otro
rumbo que la fe,
sin más
seguridad que una Persona.
El Dios de la
Palabra fue su ruta
y la amistad con
Dios fue su corona;
su vida fue
Divina Providencia
dejándose en
quien nunca se equivoca.
Un hijo tuvo,
don de la Promesa,
regalo de la fe
que se abandona,
y Dios que se lo
dio se lo quitaba,
y fue el amor
mayor que la congoja.
Amar del todo es
tránsito sin ver,
decirle a Él: lo
que me diste toma,
y déjame decirte
que te amo,
y tú, mi Dios,
sabrás hacer tu obra.
Que Dios pide el
pasado y el futuro,
que sólo hay una
entrega generosa.
Amor del todo
amor tan sólo hay uno:
decirle “Sí” con
cuerpo y alma toda.
¡Mi Dios y Padre
mío, aquí me tienes,
de ti nací y el
alma a ti retorna:
con este hijo
haz cuanto te agrade,
y guste yo tu
gracia deliciosa! Amén. (Puebla, 9 marzo 2009).
TRATADO
DE LA TRANSFIGURACIÓN
Para entrar más y más en el misterio del
Transfiguración el lector puede visitar estos lugares de nuestra reflexión en este
blog:
196. Transfigurado (1): Jesús hombre, mi divina
hermosura.
197. Transfigurado (2): La conversación de
Moisés y Elías con Jesús (Meditatio
cordis)
199. Transfigurado (3): La luz tabórica del
rostro.
200. Transfigurado (4): ¡Escuchadle!: La
Biblia, lugar de la Transfiguración.
201. Transfigurado (5): Los ecos del silencio.
202. Transfigurado (6): ¡Escuchadle!: Y el
silencio de Dios.
Como himnos para la Transfiguración en mercaba.org / El pan de unos versos / Año litúrgico /
Cuaresma: Himnos en torno a los domingos de Cuaresma.
1 Segundo
domingo: Aquel hombre que asciende a la montaña
2 Segundo domingo: Llega el Reino de Dios en ese
rostro
3 Segundo domingo: Ha transido tu carne