1914. Dom XXVI A – Jesús la conducta de los dos hijos
Mt 21,28-32
Texto
28 ¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. 29 Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. 30 Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. 31 ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. 32 Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
Hermanos:
1. Siguiendo el Evangelio de san Mateo, que nos acompaña en este año, hemos entrado en la etapa final de la vida de Jesús, y esta parábola que acabamos de escuchar está pronunciada por Jesús en Jerusalén en la semana final de su actividad.
¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Jesús nos lanza una pregunta. Así ocurre con frecuencia en la vida: el hijo malo y el hijo bueno. Y uno se lleva tantos desengaños que, al fin, acaba por preguntarse: ¿Quién es el bueno y quién es el malo, en qué se distingue el uno del otro? Hay un refrán que dice; Obras son amores y no buenas razones. Y sin duda que en tiempos de Jesús también habría refranes del género.
Un padre tenía dos hijos y le dijo el primero: Hala, hijo, vete a trabajar a la viña. Y este hijo, descarado, le responde a su padre:
- - No voy.
- - Y ¿por qué no?
- - Pues porque no voy.
Y se acabó el asunto y es inútil discutir.
Pero luego este muchacho recapacita y piensa:
- Soy un sinvergüenza. ¿Qué manera de contestar a mi padre? Hala, me voy a trabajar y a hacer lo que mi padre me ha dicho.
-
2. Pero sigue el cuento ahora con el segundo:
- Hijo, vete a trabajar a la viña.
Y el hijo responde:
- Pues, ¡claro que sí, padre! Ya voy.
Pero se le cruzó lo que fuera: Pero si precisamente hoy me había comprometido con un amigo; si hoy tenía que hacer tal cosa… Es que no puedo ir. Y no fue.
3. Y ahora viene la pregunta de la verdad. En definitiva, quién de los dos hizo la voluntad de su padre, el bueno o el malo.
- El primero, el descarado, el que se arrepintió; sí, el arrepentido.
Y ahora Jesús va a hacer la aplicación. En tiempos de Jesús, como hoy y siempre, había buenos y malos. ¿Quiénes eran los buenos? Los fariseos, que iban al templo, que estudiaban al Ley de Moisés, que cumplían sus observancias, cosas todas ellas muy buenas y laudables. Y ¿quiénes eran los malos? Los publicanos, y las prostitutas. Los publicanos, manchados por el dinero que manejaban, tantas veces con trampas, y las prostitutas por hacer lo que hacían.
Pero resultan que los publicanos y las prostitutas dijeron: Esto no puede ser así; hay que cambiar de vida. Y se arrepintieron, y los publicados, al escuchar las palabras de Dios, dejaron de ser injustos, y las prostitutas cambiaron su vida de pecado.
No es la aplicación que hacemos nosotros; es la explicación que hizo Jesús mismo: Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron.
Los fariseos podían pensar: No nos arrepentimos, porque de nada tenemos que arrepentirnos.
Jesús es claro y lanza su acusación taxativa: Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis.
Las palabras de Jesús son absolutamente claras. Se deforma el Evangelio cuando se dice que Jesús acogía a todos, pecadores y prostitutas, y no pasa nada. Eso no es cierto, como aquí aparece. Cuando Jesús perdona a la adúltera, que querían apedrear los judíos, al despedirla, Jesús no le dijo: Anda y sigue tu vida, sino: Vete en paz y no peques más. Jesús no da permiso para seguir siendo adúltero; Jesús, como Juan, predica el arrepentimiento, el cambio de vida.
4. Hermanos, hasta aquí la parábola. De la parábola vengamos a nuestra vida. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?, es la pregunta que hace Jesús y a la que nosotros debemos responder.
Hay un pensamiento corriente, que circula a sus anchas, que es este: Cada uno es libre, cada uno haga lo que le dé la gana, con su vida, y si quiere con su pareja, y no se meta con nadie, y todos en paz. Pero, ¿es que no hay Dios y Padre en el cielo, que nos dice que hagamos su voluntad? ¿No decimos en el Padrenuestro: Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo?
- Es que yo no creo en Dios.
- Entonces, hermano, hermana, no tenemos nada que hablar. Haz lo que te dé la gana, que ese es el camino de la confusión. Júntate con esa mujer, porque te gusta, y mañana te juntas con otra, porque la primera ya te aburre. Eso es hacer lo que me da la gana; eso es el camino del absurdo.
Dios existe, y ha puesto en el corazón de todo ser humano unos principios, que llamamos la conciencia. Y nos ha dado tanta libertad que uno puede manipular hasta su propia conciencia y revolver lo que está bien y lo que está mal, si no somos humildes para escuchar esa voz de Dios que nos guía en todo momento.
Y pueden empeorarse tantos las cosas, que pase a ser opinión pública, aceptada por la ley, lo que veíamos en un principio con serenidad que no está bien. Me estoy refiriendo, en concreto, al matrimonio. El matrimonio, me dice mi conciencia, es la unión estable, firme, de un hombre con una mujer, en el amor mutuo, sincero y verdadero, y para toda la vida. Es mi opinión, sí, pero mi opinión que, sin saber cómo, estaba en lo más profundo de mi corazón, antes que vinieran a cambiarme las ideas.
5. Hermanos, quiero fijarme en otro pasaje de las lecturas de hoy, que nos viene como anillo al dedo la lectura en las circunstancias que estamos viviendo. La iglesia no es un parlamento, donde se puede opinar lo que a uno se le ocurra y dialogar a pelotazos. San Pablo nos dice unas palabras que nos estremecen de emoción:
“1 Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, 2 dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. 3 No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. 4 No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús” (Fp 2,1-5).
Esta semana va a comenzar el Sínodo, y por primera vez van a tomar parte fieles cristianos, hombres y mujeres, que no pertenecen a la jerarquía, no simplemente como oyentes, sino como participantes con derecho a todos. El ideal que propone Pablo es que avancemos a un mismo sentir; ese sentir es “los sentimientos propios de Cristo Jesús”.
Esa es la voluntad de Dios para con nosotros. Lo más más grande que podemos hacer en la vida es cumplir la voluntad de Dios. Somos cristianos para eso.
Terminemos mirando a Jesús:
Señor Jesús, solo te pido una cosa, lo que tú nos enseñanaste a pedir en el Padrenuestro: “Hágase tu voluntad, Padre, así en el cielo como en la tierra”. Amén.
Cuautitlán Izcalli, sábado 30 septiembre 2023