sábado, 30 de septiembre de 2023

1914. Dom XXVi A – Jesús la conducta de los dos hijos

 1914. Dom XXVI A – Jesús la conducta de los dos hijos

Mt 21,28-32

Texto

28 ¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. 29 Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. 30 Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. 31 ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Contestaron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. 32 Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

Hermanos:

1. Siguiendo el Evangelio de san Mateo, que nos acompaña en este año, hemos entrado en la etapa final de la vida de Jesús, y esta parábola que acabamos de escuchar está pronunciada por Jesús en Jerusalén en la semana final de su actividad.

¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Jesús nos lanza una pregunta. Así ocurre con frecuencia en la vida: el hijo malo y el hijo bueno. Y uno se lleva tantos desengaños que, al fin, acaba por preguntarse: ¿Quién es el bueno y quién es el malo, en qué se distingue el uno del otro? Hay un refrán que dice; Obras son amores y no buenas razones. Y sin duda que en tiempos de Jesús también habría refranes del género.

Un padre tenía dos hijos y le dijo el primero: Hala, hijo, vete a trabajar a la viña. Y este hijo, descarado, le responde a su padre:

-      -   No voy.

-        - Y ¿por qué no?

-        - Pues porque no voy.

Y se acabó el asunto y es inútil discutir.

Pero luego este muchacho recapacita y piensa:

-        Soy un sinvergüenza. ¿Qué manera de contestar a mi padre? Hala, me voy a trabajar y a hacer lo que mi padre me ha dicho.

-         

2. Pero sigue el cuento ahora con el segundo:

-     Hijo, vete a trabajar a la viña.

Y el hijo responde:

-         Pues, ¡claro que sí, padre! Ya voy.

Pero se le cruzó lo que fuera: Pero si precisamente hoy me había comprometido con un amigo; si hoy tenía que hacer tal cosa… Es que no puedo ir. Y no fue.

 

3. Y ahora viene la pregunta de la verdad. En definitiva, quién de los dos hizo la voluntad de su padre, el bueno o el malo.

- El primero, el descarado, el que se arrepintió; sí, el arrepentido.

Y ahora Jesús va a hacer la aplicación. En tiempos de Jesús, como hoy y siempre, había buenos y malos. ¿Quiénes eran los buenos? Los fariseos, que iban al templo, que estudiaban al Ley de Moisés, que cumplían sus observancias, cosas todas ellas muy buenas y laudables. Y ¿quiénes eran los malos? Los publicanos, y las prostitutas. Los publicanos, manchados por el dinero que manejaban, tantas veces con trampas, y las prostitutas por hacer lo que hacían.

Pero resultan que los publicanos y las prostitutas dijeron: Esto no puede ser así; hay que cambiar de vida. Y se arrepintieron, y los publicados, al escuchar las palabras de Dios, dejaron de ser injustos, y las prostitutas cambiaron su vida de pecado.

No es la aplicación que hacemos nosotros; es la explicación que hizo Jesús mismo: Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron.

Los fariseos podían pensar: No nos arrepentimos, porque de nada tenemos que arrepentirnos.

Jesús es claro y lanza su acusación taxativa: Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis.

Las palabras de Jesús son absolutamente claras. Se deforma el Evangelio cuando se dice que Jesús acogía a todos, pecadores y prostitutas, y no pasa nada. Eso no es cierto, como aquí aparece. Cuando Jesús perdona a la adúltera, que querían apedrear los judíos, al despedirla, Jesús no le dijo: Anda y sigue tu vida, sino: Vete en paz y no peques más. Jesús no da permiso para seguir siendo adúltero; Jesús, como Juan, predica el arrepentimiento, el cambio de vida.

 

4. Hermanos, hasta aquí la parábola. De la parábola vengamos a nuestra vida. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?, es la pregunta que hace Jesús y a la que nosotros debemos responder.

Hay un pensamiento corriente, que circula a sus anchas, que es este: Cada uno es libre, cada uno haga lo que le dé la gana, con su vida, y si quiere con su pareja, y no se meta con nadie, y todos en paz. Pero, ¿es que no hay Dios y Padre en el cielo, que nos dice que hagamos su voluntad? ¿No decimos en el Padrenuestro: Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo?

-         Es que yo no creo en Dios.

-         Entonces, hermano, hermana, no tenemos nada que hablar. Haz lo que te dé la gana, que ese es el camino de la confusión. Júntate con esa mujer, porque te gusta, y mañana te juntas con otra, porque la primera ya te aburre. Eso es hacer lo que me da la gana; eso es el camino del absurdo.

Dios existe, y ha puesto en el corazón de todo ser humano unos principios, que llamamos la conciencia. Y nos ha dado tanta libertad que uno puede manipular hasta su propia conciencia y revolver lo que está bien y lo que está mal, si no somos humildes para escuchar esa voz de Dios que nos guía en todo momento.

Y pueden empeorarse tantos las cosas, que pase a ser opinión pública, aceptada por la ley, lo que veíamos en un principio con serenidad que no está bien. Me estoy refiriendo, en concreto, al matrimonio. El matrimonio, me dice mi conciencia, es la unión estable, firme, de un hombre con una mujer, en el amor mutuo, sincero y verdadero, y para toda la vida. Es mi opinión, sí, pero mi opinión que, sin saber cómo, estaba en lo más profundo de mi corazón, antes que vinieran a cambiarme las ideas.

 

5. Hermanos, quiero fijarme en otro pasaje de las lecturas de hoy, que nos viene como anillo al dedo la lectura en las circunstancias que estamos viviendo.  La iglesia no es un parlamento, donde se puede opinar lo que a uno se le ocurra y dialogar a pelotazos. San Pablo nos dice unas palabras que nos estremecen de emoción:

1 Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, 2 dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. 3 No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. 4 No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús(Fp 2,1-5).

Esta semana va a comenzar el Sínodo, y por primera vez van a tomar parte fieles cristianos, hombres y mujeres, que no pertenecen a la jerarquía, no simplemente como oyentes, sino como participantes con derecho a todos. El ideal que propone Pablo es que avancemos a un mismo sentir; ese sentir es “los sentimientos propios de Cristo Jesús”.

Esa es la voluntad de Dios para con nosotros. Lo más más grande que podemos hacer en la vida es cumplir la voluntad de Dios. Somos cristianos para eso.

Terminemos mirando a Jesús:

Señor Jesús, solo te pido una cosa, lo que tú nos enseñanaste a pedir en el Padrenuestro: “Hágase tu voluntad, Padre, así en el cielo como en la tierra”. Amén.

Cuautitlán Izcalli, sábado 30 septiembre 2023

sábado, 23 de septiembre de 2023

 

1913. Dom XXV A – Los caminos sorprendentes de un Dios de amor

Mt 20,1-16

Texto

Mt20 1 Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. 2 Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. 3 Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo 4 y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. 5 Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. 6 Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. 7 Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. 8 Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. 9 Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. 10 Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11 Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: 12 “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

13 Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? 14 Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. 15 ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. 16 Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Hermanos:

1. Para introducir esta parábola tan sorprendente de Jesús, que quiere explicarnos qué es el Reino de Dios, hemos escuchado primero una profecía de Isaías:

“… mis planes no son vuestros planes, | vuestros caminos no son mis caminos | —oráculo del Señor—. Cuanto dista el cielo de la tierra, | así distan mis caminos de los vuestros, | y mis planes de vuestros planes” (Is 55,8-9). Y esto lo dice el profeta hablando de la misericordia de Dios.

Por eso hemos titulado esta homilía: Los caminos sorprendentes de un Dios de amor.

2. Para no confundirnos e interpretar correctamente lo que Jesús nos está diciendo, lo que nos está revelando, tenemos que prestar cuidado atención a las primeras palabras. Un propietario se contrata con unos trabajadores, para que trabajen todo el día en su viña, y se contratan con un denario. ¿Qué es un denario? Un denario es un salario justo, un salario familiar., un salario legal, según las costumbres y la ley de entonces. El propietario es, pues, una persona honrada que quiere obrar como se debe.

Por lo que luego sigue, por lo que se inventa Jesús, este propietario tiene mucha necesidad de muchos trabajadores y sale a distintas horas del día: a media mañana, a mediodía, a media tarde e incluso al atardecer. ¿Es esto real? ¿Es que esto pasaba así? Seguramente se lo inventa Jesús para la lección que nos quiere .

 

3. Llega la hora de pagar. Y manda al capataz que pague. Entonces, los que han trabajado jornada completa recibirán el sueldo completo; los que han trabajado media jornada recibirá medio sueldo, y los que han trabajado un cuerto del día, pues un cuarto de sueldo. Esto es lo justo. Pero, no.

A la hora del pago le da la orden el amo al capataz:

-       Que pague a todos igual, un sueldo completo.

-       Y que comience por los últimos.

 

4. Y ahora aquí comienza la sorpresa y el sentido de la parábola. Imaginemos la fila de los trabajadores. A los últimos les ha dado un denario; pues irá aumentando el sueldo, conforme aumenten las horas de trabajo que han realizado: a otros les dará dos o tres, y a los primeros primerísimos les dará cuatro o cinco. Esto es la justicia salarial. Pero resulta que a todos les ha pagado lo mismo. ¡No hay derecho! Y viene la protesta, que parece justa.

Pero ahora viene el discurso del amo:

Primera parte del discurso: Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? 14 Toma lo tuyo y vete.

Efectivamente tiene razón.

Segunda parte del discurso: ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

 

5. Aquí, hermanos, en esta frase está el secreto y la maravilla. Resulta que este hombre es justo, y aparte de ser justo es generoso porque tiene corazón. Este hombre está pensando: ¿Cómo voy a dejar a esta familia con un sueldo mísero, con una cuarta parte o menos, si no van a tener para comer? Hemos encontrado no a un empresario que  mide la vida por el dinero – “tanto vales cuanto produces” – sino que cuenta con otros valores: “te ayudo, para que salgas adelante; ánimo, no me debes nada”.

Pero así no funciona una empresa; seguramente que no, porque una empresa no tiene corazón. Esta frase me la dijo hace muchos años un buen cristiano que trabajaba en la banca. El Banco no tiene corazón, y se me quedó grabada, porque él llevaba años en el asunto y sabía lo que decía.

¿Por qué pone estos ejemplos materiales Jesús?

Para decirnos que Dios, el Reino de Dios, es distinta cosa que un empresario.

Porque ahora tenemos una frase que de repente no se comprende o tantas veces que se cita se comprende mal.

Dice, pues, el texto sagrado del Evangelio; Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.

¿Qué significa este dicho que parece ser misterioso? ¿Quiénes son los primeros y quiénes son los últimos?

Los “primeros” son los judíos: ellos les corresponde recibir la gracia del mensaje que ha traído Jesucristo.

Y quiénes son los últimos. Los últimos, hermanos, somos nosotros, los de fueran, los que no éramos hijos de Abraham. Y Jesús está viendo que los “suyos” no le reciben; en cambio los de fuera, los pecadores, los venidos de la gentilidad, sí le reciben. El mundo al revés, y esto es trágico.

San Juan, al escribir el Evangelio, puso en el Prólogo: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Y entonces a los que el recibieron les dio la gracia de poder llegar a ser hijos verdaderos de Dios.

Hermanos, vengamos a las frases del principio: Dios es sorprendente: mis planes no son vuestros planes, | vuestros caminos no son mis caminos.

6. Hermanos, para concluir, en el Reino de Dios el protagonista es Dios, no los hombres. Yo y mi propia vida pertenecemos al Reino de Dios, y el protagonista es él y no yo. Con inmenso amor, con sentida gratitud, con toda ilusión y esperanza he de aceptar los caminos de Dios en mi vida y en la Iglesia, y saberlo discernir.

Señor Jesús, Hijo amado del Padre, desde el cielo tú eres el que nos guías, eres el Viviente en medio d e tu Iglesia. Haz que yo sepa descubrir tu presencia y que acepte con gozo y gratitud todo lo que tú nos manifiestas. En ti confiamos. Amén.

Cuautitlán Izcalli, sábado 23 sept. 2023 (San Pío de Pietrelcina, capuchino).