miércoles, 30 de junio de 2021

1613. Santos Protomártires de la Iglesia de Roma. Himno

 Mártires hermanos míos

 

Una de las experiencia más gratas y benéficas para nuestra espiritualidad cristiana de hoy es alimentarse de los antiguos escritos de la tradición cristiana de ayer. “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre” (Heb 13,8). Esto lo decimos en este día que sigue a la solemnidad de San Pedro y San Pablo, en el que la Iglesia con memoria libre recuerda a los primeros mártires de la Iglesia de Roma. Y para ello leemos el testimonio de la Carta del Papa San Clemente a los Corintios. San Clemente, según san Irenero, es el «tercero después de los Apóstoles».

“A estos hombres [Pedro y Pablo], maestros de una vida santa, vino a agregarse una gran multitud de elegidos que, habiendo sufrido muchos suplicios y tormentos también por emulación, se han convertido para nosotros en un magnífico ejemplo.

[…]

Todo esto, carísimos, os lo escribimos no sólo Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre recordaros vuestra obligación, sino también para recordarnos la nuestra, ya que todos nos hallamos en la misma palestra y tenemos que luchar el mismo combate. Por esto, debemos abandonar las preocupaciones inútiles y vanas y poner toda nuestra atención en la gloriosa y venerable regla de nuestra tradición, para que veamos qué es lo que complace y agrada a nuestro Hacedor.

Fijémonos atentamente en la sangre de Cristo y démonos cuenta de cuán valiosa es a los ojos de Dios y Padre suyo, ya que, derramada por nuestra salvación, ofreció a todo el mundo la gracia de la conversión” (San Clemente Papa, A los Corintios).

Un testimonio muy importante, no de Roma sino de Asia Menor (de Bitinia) es la carta que escribe Plinio el Joven al emperador Trajano.

“…Les preguntaba a ellos mismos si eran cristianos. A los que respondían afirmativamente, les repetía dos o tres veces la pregunta, amenazando con suplicio; a quienes perseveraban, les hacia matar. Nunca he dudado, de hecho, fuera lo que fuese lo que confesaban, que tal contumacia y obstinación inflexible merece castigo al menos. A otros, convictos de la misma locura, he hecho trámites para enviarlos a Roma, puesto que eran ciudadanos romanos. Y muy pronto, como siempre sucede en estos casos, propagándose el crimen al igual que la indagación, se presentaron numerosos casos distintos…”

Había apóstatas, sin duda, como testifica el mismo escrito. En él advertimo otro dato de primer valor: que el delito supremo, que merecía la pena capital, era no adorar la imagen del Augusto y Divino emperador. “Otros, cuyo nombre me había sido denunciado, dijeron ser cristianos, pero poco después lo negaron; lo habían sido, pero después habían dejado de serlo, algunos al pasar tres años, otros más, otros incluso tras veinte años. También todos estos han adorado tu imagen y las estatuas de nuestros dioses y han maldecido a Cristo. Por otro lado, ellos afirmaban que toda su culpa o error había consistido en la costumbre de reunirse un día fijo antes de salir el sol y cantar a coros sucesivos un himno a Cristo como a un dios, y en comprometerse bajo juramento no ya a perpetuar cualquier delito, sino a no cometer hurtos, fechorías o adulterios, a no faltar a nada prometido, ni a negarse, a hacer un préstamo del depósito. Terminados esos ritos, tienen por costumbre separarse y volverse a reunir para tomar alimento, por lo demás común e inocente…”

 

Mártires hermanos míos

de los primeros cristianos,

ya comienza a ser semilla

la sangre de Pedro Y Pablo.

 

Los siglos no nos separan

de la fe que comulgamos;

Jesucristo, ayer y hoy,

es el mismo, a quien amamos.

 

Nuestra misión es presencia

del Hijo, Verbo encarnado;

anunciar que es el Viviente,

y que obra en nuestras manos.

 

Ser hermanos de verdad

parecía gran pecado…

porque mata el egoísmo

que divide a los humanos.

 

Y tomar su Cuerpo y Sangre…,

locura solo el pensarlo:

con humildad aceptemos

el secreto del arcano.

 

Hermanos, por gracia suya,

pueblo de Dios, pueblo santo,

seamos lo que debemos

pueblo de Dios consagrado.

 

¡A Jesús toda alabanza

porque nos ha convocado,

a Jesús el Redentor

por quien el mundo es salvado! Amén.

 

Madrid, 30 junio 2021, Memoria de los Protomártires de la Iglesia en Roma.

 

martes, 29 de junio de 2021

1612. En la celebración de san Pedro y san Pablo, apóstoles. Un himno.


Jesús es el milagro de su Iglesia


En el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo, celebramos la fidelidad de Dios al proyecto que el Padre llevó a cabo en el mundo por su Hijo, en el Espíritu. Dios, por distintos caminos escogió a dos personas frágiles, para un proyecto único de salvación. Pablo lo recuerda a los Gálatas, evocando el episodio de su encuentro en Jerusalén tras su primera misión apostólica. Los notables de Jerusalén “vieron que se me ha encomendado anunciar el Evangelio a los incircuncisos, lo mismo que a Pedro a los circuncisos, 8 pues el mismo que capacita a Pedro para su misión entre los judíos, me capacita a mí para la mía entre los gentiles; 9 además, reconociendo la gracia que me ha sido otorgada, Santiago, Cefas y Juan, considerados como columnas, nos dieron la mano en señal de comunión a Bernabé y a mí, de modo que nosotros nos dirigiéramos a los gentiles y ellos a los circuncisos”.

La Iglesia  los recuerda juntos, como enlace de la Iglesia con Jesús, los dos mártires en Roma.

El sucesor de Pedro hoy se llama Francisco, y hace unos años se llamaba Benedicto. Y hoy los dos, en unidad de fe y amor, se encuentran en Roma. Hoy es una fecha singular para Benedicto XVI (94 años), porque hace 70 años recibía la ordenación sacerdotal. El Papa Francisco, hace cinco años, escribía este testimonio de Benedicto, que citamos como sentido y filial homenaje a un Papa que tanto bien ha hecho en la Iglesia:

“Cuando leo las obras de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI me resulta cada vez más claro que él ha hecho y hace «teología de rodillas»: de rodillas porque, antes incluso que ser un grandísimo teólogo y maestro de la fe, se ve que es un hombre que cree verdaderamente, que ora verdadera-mente; se ve que es un hombre que personifica la santidad, un hombre de paz, un hombre de Dios. Y así él encarna ejemplarmente el corazón de toda la acción sacerdotal: ese profundo enraizamiento en Dios sin el cual toda la capacidad organizativa posible y toda la presunta superioridad intelectual, todo el dinero y el poder resultan inútiles; él encarna esa constante relación con el Señor Jesús sin la cual nada es ya verdadero, todo se convierte en rutina, los sacerdotes en asalariados, los obispos en burócratas y la Iglesia deja de ser la Iglesia de Cristo y se convierte en un producto nuestro, una ONG a fin de cuentas superflua.

El sacerdote es aquel que «encarna la presencia de Cristo, testimoniando su presencia salvífica», escribe en este sentido Benedicto XVI en la Carta de proclamación del Año sacerdotal.

Leyendo este volumen, se ve claramente como él mismo, en sesenta y cinco años de sacerdocio que hoy celebramos, ha vivido y vive, ha testimoniado y testimonia ejemplarmente esta esencia del actuar sacerdotal”. (Prólogo del Papa Francisco a: Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Enseñar y aprender el amor de Dios, Biblioteca de Autores Cristianos, 320. Publicada el 24 junio 2016).


Jesús es el milagro de su Iglesia,
por él Simón será por siempre Pedro,
por él la nave avanza entre las olas
segura de llegar feliz a puerto.

Con Pedro y Pablo, unidos confesamos
que es Jesús el Mesías verdadero;
y en esta roca, en Cristo sustentada,

la fe se arraiga en sólido cimiento.

Testigos sois y mártires en Roma
y a Roma nuestros ojos hoy tendemos,
buscando en Pedro y Pablo luz y amparo,
con ellos anunciando el Evangelio.

La fe de la alianza ha germinado
y en Jesús se abierto al mundo entero,
Jerusalén y Roma en un abrazo,

hermanos son en paz, judío y griego.

¡A ti, Jesús, presencia que acompañas
Señor de las culturas y milenios,
a ti sea la gloria que derramas

y brilla en el martirio de tus siervos!

Madrid, solemnidad de san Pedro y san Pablo, Apóstoles 2021.


sábado, 26 de junio de 2021

1611 DOM XIII B – Jesús que trae vida

 

Jesús que trae vida
Mc 5,21-43

Texto evangélico

21 Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar. 22 Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva». 24 Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba. 25 Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. 26 Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. 27 Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, 28 pensando: «Con solo tocarle el manto curaré».

29 Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. 30 Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba: «¿Quién me ha tocado el manto?». 31 Los discípulos le contestaban: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”». 32 Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. 33 La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad. 34 Él le dice: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».  35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?». 36 Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe». 37 No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos 39 y después de entrar les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida». 40 Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, 41 la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). 42 La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor. 43 Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

 

Hermanos:

1. Este es uno de los Evangelios más largos que leemos durante el año. Como veis, recoge dos episodios de la vida de Jesús, dos portentos de primera categoría, descritos con todo detalle. Y en esos detalles se percibe la satisfacción del evangelista, que va a compartir con sus lectores cristianos. Al final una nota, que nos sorprende: Les insistió en que nadie se enterase.Y uno piensa: Pero… Señor, ¡cómo no se va a enterar nadie, si esto es maravilloso!

Hermanos, esto es maravilloso para el que cree. Para el que no cree, esto es un cuento que afianza su indiferencia y que, incluso, puede producir risa. Pero nosotros, cristianos, leemos el Evangelio como creyentes. Desde la primera línea aceptamos el Evangelio transmitido y escrito y acogemos lo que san Marcos dice al principio: Comienzo del Evangelio de Jesús, el Cristo, Hijo e Dios. Todo lo que hace Jesús, lo hace como lo que es, hijo del hombre e Hijo de Dios. Esto es la clave esencial de todo lo que narra el Evangelio.

En ambas escenas tenemos la revelación de la divinidad de Jesús, que se muestra como Vida. Como tiene la vida, puede dar vida y ponerla donde no la hay, en la enfermedad y en la muerte.

2. El libro de la Sabiduría, que se había escrito pocos decenios antes del inicio de la era cristiana, ha reflexionado sobre ese Dios de amor, de vida y de sabiduría. Es muy bello el párrafo proclamado como primera lectura de este domingo. Es muy reconfortante leerlo en este tiempo de pandemia:

“Dios no ha hecho la muerte,
ni se complace destruyendo a los vivos.
Él todo lo creó para que subsistiera

y las criaturas del mundo son saludables:

no hay en ellas veneno de muerte,

ni el abismo reina en la tierra” (Sab 1,13-14).

3. En la primera escena tenemos a la mujer que padece flujos de sangre, enfermedad propia de su sexo. Hablando religiosamente, ella no puede participar en el Templo, porque ritualmente es impura. Pero ella puede tocar al Santo de los santos. Dice el texto sagrado lo que pensó la mujer; le tocó el manto, pensando: «Con solo tocarle el manto curaré». Y así fue; tocó el manto y fue sanada.

Y en aquel instante Jesús sintió una explosión dentro de su ser. Su divinidad se expansionaba y divinizaba. Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Esto es absolutamente divino, y esto anuncia y profetiza lo que me puede pasar a mí, si me acerco a Jesús con la fe de aquella humilde mujer.

4. En la segunda escena, ya no se trata de enfermedad; se trata de la muerte. Los seres humanos en la tierra podemos actuar sobre los vivos, pero la muerte traza una barrera infranqueable. Cuando llega la noticia de que la niña ha muerto, los amigos dicen al padre de la enferma: Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro? Este aviso es completamente razonable; pero he aquí que entra Jesús con una palabra poderosa y reveladora, como Dios en el día de la Creación: No temas; basta que tengas fe.

 He aquí la palabra de Jesús que debemos grabar a fuego en nuestro corazón: No temas; basta que tengas fe. Se reirán de nosotros, como se rieron de Jesús cuando dijo, desde su poder divino: La niña no está muerta; está dormida. Porque es así: el poder de Jesús actúa incluso más allá de la muerte. Y él tiene poder y amor para tomar a la niña difunta de la mano y decirle unas palabras, que han quedado escritas así para eterna memoria en la lengua aramea según las dijo. Talitha qumi. Niña, levántate.

La niña se levantó y Jesús ordenó, con un gesto entrañablemente humano, que le dieran de comer. ¡Estaba viva!

5. Hermanos, estamos proclamando a Jesús como Vida, Señor de la vida. A ese Jesús a quien san Pablo, con una expresión de gran fuerza teológica, lo ha definido así: “conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza” (2 Cor 8,9).

Y estamos diciendo estas cosas cuando la televisión esta semana nos ha hablabado del consenso del Parlamento Europeo (integrado por 27 países): el aborto es un derecho de la mujer dueña de su actividad sexual. Por ahí camina la sensibilidad política actual. De hecho, entre nosotros mismos, en España, en la última estadística del Ministerio de Sanidad en el año 2019 se registraron en España 99.149 abortos, 3.232 más que en 2018, y la gran mayoría no por malformaciones del feto, sino por el simple derecho de la madre. Dios no puede bendecir el hecho de que a 90.000 criaturas, que tenían que haber nacido, se les haya cerrado la puerta para venir a su casa y traernos la alegría de la vida.

- “Es que Dios no existe...” y la mujer puede hacer lo que quiera con su cuerpo que es suyo.

Este es el asunto: si existe o no existe Dios y si tiene Dios el derecho a la vida de los seres humanos.

 

Señor Jesús, tú eres el Dios de la vida, y te damos gracias por haber dado vida a esa mujer del Evangelio, porque las amabas y amas la vida. Danos también a nosotros vida y haznos defensores de la vida. Amén.

 

Madrid, 26 junio 2