Un sueño recio y profundo
“Vamos a la otra orilla” (Mc 4,35), dijo Jesús aquel atardecer. Y así comenzó la travesía. Marcos nos cuenta la escena y la repiten Mateo (18,18.23-27) y Lucas (8,22-25). Jesús en el mar (ver también Jn 6,16ss; Mt 14,22s: Mc 6,45-52).
Hoy también vamos a la otra orilla – Iglesia en salida – y la barca se ha agitado, mientras Jesús duerme. Marcos dice que las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Y Jesús dormía, detallando “sobre un cabezal”.
La tormenta se ha abatido sobre la Iglesia, y personalmente también tengo que pasar por la noche y la tormenta. Jesús, dueño del viento y del mar, duerme… Pero él tiene el timón del universo.
Un sueño recio y profundo
Jesús dormía en la barca,
pero el lago no dormía
y el huracán azotaba.
Cansado Jesús estaba
después de aquella jornada,
más cansado que los otros
que a duras penas remaban.
Muy revuelto el temporal
con las olas encrespadas,
hasta la barca subían
las aguas que amenazaban.
Y en un cabezal en popa,
a golpes de marejada,
al vaivén del oleaje
mi Señor cabeceaba.
¿Y no te importa, Rabí,
sacudiéndole le hablaban,
que perezcamos hundidos
al furor de la borrasca?
El Señor se levantó
y mandó con mano alzada:
¡Silencio, yo te lo digo,
Silencio, enmudece y calla!
Y el viento calló al instante,
y el mar reposaba en calma,
Se hizo serena la noche,
y la paz se respiraba.
Y el vencedor de la muerte,
mi Señor que es Cruz y Pascua:
se alzó en la Iglesia y decía
hasta el fondo de mi alma.
¿Qué es eso, miedo conmigo?
¿Dónde la fe confesada?
Los discípulos quedaron
con el alma disparada….
* * *
Y hoy vuelve a mí la pregunta,
la que Jesús les lanzaba:
¿No tienes fe en que Yo estoy
en la crisis desatada?
- Negra es la noche Jesús,
y los miedos me atenazan,
y a ti te siento dormido
en la barca alborotada.
Es dura la travesía
y no se ve la alborada,
la soledad dolorosa
y el alma está lastimada.
Estoy enfermo de miedo,
mirando tu Iglesia santa,
y acaso el amor peligra
al abrirte mis entrañas.
Yo soy el dueño del mar
mi Dios a Job revelada;
yo le marqué sus fronteras
y yo dispuse las playas.
Mi Barquero es el Señor,
su mano el timón agarra;
y en la hora de la prueba
la fe con dolor se ensancha.
Tú eres Dios, Jesús invicto,
y la Iglesia es tu morada,
y en tu amor depositamos,
la fe que, en ti, es esperanza. Amén.
Madrid, Domingo XII del tiempo ordinario, 20 junio 2021.
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