sábado, 19 de junio de 2021

1609. Un sueño recio y profundo – Rimas del Evangelio

 

Un sueño recio y profundo


“Vamos a la otra orilla” (Mc 4,35), dijo Jesús aquel atardecer. Y así comenzó la travesía. Marcos nos cuenta la escena y la repiten Mateo (18,18.23-27) y Lucas (8,22-25). Jesús en el mar (ver también Jn 6,16ss; Mt 14,22s: Mc 6,45-52).

Hoy también vamos a la otra orilla – Iglesia en salida – y la barca se ha agitado, mientras Jesús duerme.  Marcos dice que las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Y Jesús dormía, detallando “sobre un cabezal”.

La tormenta se ha abatido sobre la Iglesia, y personalmente también tengo que pasar por la noche y la tormenta. Jesús, dueño del viento y del mar, duerme… Pero él tiene el timón del universo.

 

Un sueño recio y profundo

Jesús dormía en la barca,

pero el lago no dormía

y el huracán azotaba.

 

Cansado Jesús estaba

después de  aquella jornada,

más cansado que los otros

que a duras penas remaban.

 

Muy revuelto el temporal

con las olas encrespadas,

hasta la barca subían

las aguas que amenazaban.

 

Y en un cabezal en popa,

a golpes de marejada,

al vaivén del oleaje

mi Señor cabeceaba.

 

¿Y no te importa, Rabí,

sacudiéndole le hablaban,

que perezcamos hundidos

al furor de  la borrasca?

 

El Señor se levantó

y mandó con mano alzada:

¡Silencio, yo te lo digo,

Silencio, enmudece y calla!

 

Y el viento calló al instante,

y el mar reposaba en calma,

Se hizo serena la noche,

y la paz se respiraba.

 

Y el vencedor de la muerte,

mi Señor que es Cruz y Pascua:

se alzó en la Iglesia y decía

hasta el fondo de mi alma.

 

¿Qué es eso, miedo conmigo?

¿Dónde la fe confesada?

Los discípulos quedaron

con el alma disparada….

 

* * *

Y hoy vuelve a mí la pregunta,

la que Jesús les lanzaba:

¿No tienes fe en que Yo estoy

en la crisis desatada?

 

- Negra es la noche Jesús,

y los miedos me atenazan,

y a ti te siento dormido

en la barca alborotada.

 

Es dura la travesía

y no se ve la alborada,

la soledad dolorosa

y el alma está lastimada.

 

Estoy enfermo de miedo,

mirando tu Iglesia santa,

y acaso el amor peligra

al abrirte mis entrañas.

 

Yo soy el dueño del mar

mi  Dios a Job revelada;

yo le marqué sus fronteras

y yo dispuse las playas.

 

Mi Barquero es el Señor,

su mano el timón agarra;

y en la hora de la prueba

la fe con dolor se ensancha.

 

Tú eres Dios, Jesús invicto,

 y la Iglesia es tu morada,

y en tu amor depositamos,

la fe que, en ti, es esperanza.  Amén.

 

Madrid, Domingo XII del tiempo ordinario, 20 junio 2021.

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