viernes, 27 de julio de 2018

1103. Dom. XVII B – Eucaristía I/V. Jesús en el misterio de la multiplicación de los panes, relato de fe


Jesús en el misterio de la multiplicación de los panes, relato de fe
Jn 6,1-15 


Texto evangélico:
6 1 Después de esto, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea (o de Tiberíades). 2 Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. 3 Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
4 Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. 5 Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?». 6 Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. 7 Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo». 8 Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: 9 «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?». 10 Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo». Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. 11 Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. 12 Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda». 13 Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. 14 La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».
15 Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Hermanos:
1. Este año, que es el año B del ciclo trienal A, B y C, estamos  escuchando el Evangelio de Jesús según san Marcos. Y de repente hemos  saltado de Marcos a Juan, y durante 5 domingos seguidos, los domingos XVII, XVIII, XIX; XX y XXI vamos  a ir reflexionando sobre este capítulo VI de san Juan, que es un amplio capítulo de 71 versículos, dedicado todo él a la Eucaristía; es decir el episodio de Jesús en la multiplicación de los panes, la retirada al monte de la oración, la caminada sobre el mar y el discurso en la sinagoga de Cafarnaúm sobre el Pan de vida. Un salto de un Evangelio a otro, pero un salto lógico.
Recordad el Evangelio del domingo último: Jesús invita a los apóstoles a descansar, y cruzan en barca el lago con esta intención. La gente los ve, se adelanta, y Jesús los acoge con ternura (con compasión, dice el texto), y se puso a enseñarles.
Hasta aquí el domingo pasado. El Evangelio de Marcos continúa: “Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer». Él les replicó: «Dadles vosotros de comer»” (Mc 6,35-37). Comienza pues, el relato de la multiplicación de los panes.
Y aquí hemos saltado a Juan. Un relato al que el evangelista le ha dado suma importancia, tanto más que ese cuarto Evangelio no habla de la institución de la Eucaristía en la última Cena.
Vamos, pues, a hablar hoy y los próximos domingos de la Eucaristía. Y nuestra primera homilía es esta: La Eucaristía, misterio de fe.

2. Cuando celebramos  la Eucaristía, memorial del Señor, el sacerdote que presidente en nombre y representación de Cristo, después de la consagración del pan y del vino, después de haberse arrodillado para adorar el pan consagrado y segunda vez el cáliz que contiene la Sangre de Cristo, al alzarse, proclama: ¡Este es el misterio de la fe!
Y el pueblo asistente y copartícipe responde:
- Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
Hay otras respuestas posibles al anuncio que hace el sacerdote:
- Cada vez que comemos  de este pan y bebemos  de este cáliz, anunciamos  tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
- Salvador del mundo, sálvanos, tú que  nos has liberado por tu cruz y tu resurrección. 
En cada una de estas tres posibles respuestas afirmamos lo mismo: que en la Eucaristía está la muerte y resurrección del Señor. Por eso, la Eucaristía es “misterio de fe”, no solamente “misterio de fe”, sino “El Misterio de la Fe”.

3. El pan consagrado químicamente contiene gluten, o como se llame el elemento principal que hace al pan, pan de comer; por eso los “celíacos” reciben la Sagrada Comunión en la especie del Vino. Lo mismo, el vino consagrado químicamente contiene alcohol y puede emborrachar; por eso, si hay un sacerdote afectado de alcoholismo, ha de conocer las posibilidades que le da la Iglesia con respecto a la materia de consagración.
El misterio, hermanos, no está en la química del pan o del vino, sino en la acción poderosa de Dios, presente en la historia, que en este memorial implanta la muerte y resurrección de su Hijo.
Yo, cristiano, cuando recibo el Cuerpo y la Sangre del Señor me uno vitalmente con todo mi ser a su ser humano-divino: comulgo la muerte de Cristo, comulgo la resurrección de Cristo en espera de su venida; comulgo, incluso toda su vida terrestre, si, en efecto, la vida terrestre de Jesús, es la vida humana del Hijo de Dios.

4. Con esta lección de teología, hermanos, pasamos al relato de la multiplicación. ¿Qué es el relato de la multiplicación de los panes y peces? ¿Es un relato histórico? Sí lo es, a condición de que digamos primero que es un Misterio de la vida del Señor. Sin este misterio se diluye el relato, y nadie jamás podrá demostrarme científicamente los pormenores de lo que allí pasó: cómo comieron pan y pescado 5.000 hombres, sin contar las mujeres y los niños. La pura historia externa no es el contenido del Evangelio, sino el misterio que encierra. Dios había alimentado con el maná a su pueblo amado durante 40 años continuos. ¿Quién puede creer esto, si la historia fuera meramente crónica de periódico? Nadie. Pero aquel alimento del cielo era real.
En el Evangelio Jesús no es comparable con Moisés. Jesús ha alimentado al pueblo de la nueva Alianza de un modo superior. Esto es la verdad histórica del relato evangélico.

5. Hemos de pedir al Señor que nos dé la gracia de comprender los misterios cristianos. Hay una circunstancia de estos días que la quiero comentar en el ámbito de esta homilía del misterio eucarístico. El miércoles pasado, 25 de julio, se cumplieron 50 años de la encíclica de Pablo VI “Humanae vitae, sobre la regulación de la natalidad”. El Beato Pablo VI será canonizado en el mes de octubre y desde entonces será San Pablo VI.
¿Es válida o no es válida esta encíclica? Es válida solo a condición de que aceptes que el matrimonio es un misterio en el que Dios está presente, como único dueño de la vida y de la generación por la vía del amor. Cuando se publicó, hubo teólogos y obispos que no estuvieron de acuerdo con la doctrina, incluso más que obispos, el Sínodo de la Iglesia en Holanda. Pero ningún Papa ha podido contradecirla. De entonces acá el matrimonio en todo el mundo va sufriendo una demolición alarmante: la legalización del aborto en tantos países (como en España, donde ha habido desde la aprobación de la ley, más de 2 millones de abortos legales), la creciente tasa de divorcios, el matrimonio civil abierto a una posible disolución según nos vaya, las uniones libres con certificado de que somos parejas de hecho.
El que está en esta mentalidad evidentemente rechaza de plano la encíclica. El discípulo de Jesús acepta la doctrina de la encíclica, comprendiendo también, como es cierto, que siempre hay un campo de estudio, y se abren nuevos perfiles de encuentro entre la fe y la ciencia al servicio del amor y de la realización plenaria del ser humano. Pero esto ya no sería una homilía sino una conferencia, una clase de teología.
He mencionado el tema por la vida actualidad del asunto y del personaje.

Señor Jesús, con gozo, con humildad y confianza, te pedimos: Ábrenos al misterio de tu persona, de tu Iglesia, y de tus sacramentos. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 27 de julio de 2018.

domingo, 22 de julio de 2018

1102. Hoy santa María Magdalena, no pecadora


 Hoy santa María Magdalena, no pecadora


Hoy, 22 de julio, el Misal de nuestras celebraciones tiene una santa: Santa María Magdalena; y desde hace dos años (desde el 3 de junio de 2016) esta santa tiene la categoría de “fiesta”. (Las celebraciones de la Iglesia son: Solemnidades, Fiestas, Memorias). Por orden del Papa Francisco la Congregación del culto divino dicto este decreto: A partir de ahora santa María Magdalena será celebrada con la misma categoría litúrgica que los Apóstoles. Los textos serán los mismos texto de la santa que teníamos después del Concilio; en el nuevo Misal se habían cambiado los anteriores. Pero el nuevo decreto aportaba también un Prefacio propio para Santa. El secretario de la Congregación, el arzobispo Arthur Roche, brindaba como documentación complementaria al decreto un amplio estudio para mejor entender el decreto y otro estudio para explicar la riqueza contenida en este prefacio nuevo para santa María Magdalena.
De santa María Magdalena se han escrito novelas…: no he leído ninguna. De la Magdalena los pintores han pintado muchos cuadros. De esta mujer singular los exegetas (en este caso mujeres y varones) han escrito mucho.
De santa María Magdalena también quien esto escribe, escribió un poema, que ha pasado a la liturgia: Estaba al alba María…, llamándole con sus lágrimas…, porque era la enamorada…
María Magdalena tiene un encanto muy especial, toda la fascinación que puede provocar una mujer enamorada de corazón.
María Magdalena es
- la que seguía a Jesús (una de las que le seguían)
- la que estuvo al pie de la cruz
- la que fue la sepulcro “con una unción preparada”
- la que recibió el encargo de llevar el anuncio a los apóstoles, la apóstol de los apóstoles (apostolorum apostola).

Antigua liturgia: “Santa María Magdalena, Penitente” (por lo tanto, Pecadora)
Ya en mis años jóvenes (fui ordenado sacerdote en 1960) aprendí dónde estaba el “problema exegético” de santa María Magdalena.
Cada uno de los cuatro evangelistas tiene una divina escena de unión de una mujer a Jesús, pero, a decir verdad, con características diferenciadas…, que intrigan a los exegetas, porque hoy sabemos muy bien que hay que leer cada Evangelio con sus características y tradiciones propias y que no hay que mezclar datos de uno con datos de otro para completar la información.

María Magdalena no tiene por qué ser la pecadora que ungió a Jesús
San Lucas nos habla de una mujer que irrumpíó en casa de Simón el fariseo, y a la brava fue a los pies de Jesús, lloró todo lo que quiso, “regándole los pies con sus lágrimas”, los perfumó, los secó con su cabellera desatada, los cubrió de besos. “Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora” (Lc 7,42). Para Simón y la gente, la mujer era una pecadora. Pero ¿qué pecadora…? ¿Una prostituta…? Tampoco dice el texto tal cosa. Una pecadora… - no podemos precisar – que se saltaba la Ley de Moisés…
Esta mujer no tiene nombre. Justo después de esta escena dice el evangelista que Jesús iba de ciudad en ciudad “acompañado por los Doce, y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes” (Lc 8,2-3).
Al parecer, ya tenemos una pista: la pecadora de la que habían salido siete demonios es María Magdalena. La acabamos de identificar.
Pero ¡atención con dos datos!
1) el texto sagrado no la ha identificado; somos nosotros los que queremos identificarla por deducción…, por evidencias.
2) Y otra cosa: el que una mujer tuviese un demonio o siete demonios no significa que fuese una pecadora. En la mentalidad de entonces podía ser un espíritu de enfermedad… A lo mejor María Magdalena era una mujer enferma (¿de qué?) curada y agradecida…

María Magdalena no tiene por qué ser María de Betania, hermana de Marta y Lázaro
“Había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro” (Jn 11,1-2).
El lector del Evangelio a lo mejor diga. Ahora sí está claro: la hermana del muerto Lázaro es aquella pecadora que en la casa de Simón, el Fariseo, ungió los pies del Señor.
Pero, de nuevo ¡atención a este dato! Porque sucede que este Evangelio de Juan, justo en el capítulo siguiente, va a describir “la unción de Betania”, lo que pasó en Betania en casa de Marta y de María y Lázaro, habiendo resucitado Lázaro. Que le hicieron un banquete a Jesús. “Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume” (Jn 12,2-3).
El exegeta crítico puede decir perfectamente: Hay leer a Juan por Juan…, y el escritor, al narrar lo que pasó cuando la muerte de Lázaro y componer su obra como un todo, pude anticipar en la descripción de los personajes en escena una dato de identificación, que, por otra parte, tiene una carga teológica.
Exegéticamente no se deduce que María de Betania haya de ser la pecadora del principio. La antigua oración colecta decía: “Ayúdanos, Señor, pues por la intercesión de Santa María Magdalena, pues movido por sus ruegos resucitaste del seol (ab inferís) a su hermano Lázaro, muerto de cuatro días”. Y dado que Marta es hermana de María de Betania, cuando se introdujo en el calendario la memoria de Santa Marta se la puso en el octava de su “hermana” María Magdalena; santa Marta se celebra el 29 de julio, octava del día 22.

En conclusión. Con suficiente solidez de exégesis
1) La Pecadora no es la Magdalena: son mujeres distintas.
2) María de Betania, hermana de Marta y de Lázaro, no es la Magdalena.
3) La Pecadora, la Magdalena, y María de Betania son tres personas distintas de los santos Evangelio.
4) Y por último, por estos avatares del destino, hoy por hoy María de Betania no está representada en la liturgia. Lo cual está pidiendo que las dos santas hermanas, María y Marta, tengan una celebración en conjunto: Las Santa Hermanas María y Marta.

Nueva liturgia (después del Concilio)

En la liturgia modificada después del Concilio (ya en el Misal de 1970) la oración colecta de santa María Magdalena, adquiere una orientación diferente:
Dios nuestro,
que quisiste que santa María Magdalena
fuera la primera en recibir de tu Unigénito
el encargo de anunciar el gozo pascual,
concédenos, por su intercesión que, siguiendo su ejemplo,
anunciemos a  Cristo Resucitado
y merezcamos contemplarlo reinando en el cielo.


Para los lectores interesados

El arzobispo Secretario de la Congregación para el Culto Divina y Disciplina de los Sacramentos ha publicado un amplio comentario sobre el decreto que lleva por título “Apostolorum apostola”
                  
“APOSTOLORUM APOSTOLA”
Por expreso deseo del Santo Padre Francisco, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha publicado un nuevo decreto, con fecha 3 de junio de 2016, -solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús-, con el que la celebración de Santa María Magdalena, hasta ahora memoria obligatoria, será elevada en el Calendario Romano General al grado de fiesta.
Esta decisión se enmarca en el actual contexto eclesial que quiere reflexionar más profundamente sobre la dignidad de la mujer, la nueva evangelización y la grandeza del misterio de la misericordia divina. Fue san Juan Pablo II quien dedicó una gran atención no sólo a la importancia de las mujeres en la misión del mismo Cristo y de la Iglesia, sino también, y con especial subrayado, al papel especial de María de Magdala como la primera testigo que vio al Resucitado y la primera mensajera que anunció la resurrección del Señor a los apóstoles (cfr. Mulieris dignitatem, n. 16). Esta importancia continua hoy en la Iglesia, -tal como revela el empeño actual de una nueva evangelización-, que quiere acoger a todos los hombres y mujeres de cualquier raza, pueblo, lengua y nación (cfr. Ap 5,9), sin distinción alguna, para anunciarles la buena noticia del Evangelio de Jesucristo, acompañarles en su peregrinar terreno y ofrecerles las maravillas de la salvación de Dios. Santa María Magdalena es ejemplo de una verdadera y auténtica evangelizadora, es decir, de una evangelista que anuncia el gozoso mensaje central de la Pascua (cfr. Oración colecta del 22 julio y nuevo prefacio).
El Santo Padre Francisco ha tomado esta decisión precisamente en el contexto del Jubileo de la Misericordia para significar la relevancia de esta mujer que mostró un gran amor a Cristo y fue tan amada por Cristo, como afirman varias veces Rabano Mauro al hablar de ella (“dilectrix Christi et a Christo plurimum dilecta”: De vita beatae Mariae Magdalenae, Prologus) y san Anselmo de Canterbury (“electa dilectrix et dilecta electrix Dei”: Oratio LXXIII ad sanctam Mariam Magdalenam). Es cierto que la tradición eclesial in Occidente, sobre todo después de san Gregorio Magno, identifica en la misma persona a María de Magdala, la mujer que derramó el perfume en casa de Simón, el fariseo, y la hermana de Lázaro y Marta. Esta interpretación continuó e influyó en los autores eclesiásticos occidentales, en el arte cristiano y en los textos litúrgicos relativos a la Santa. Los Bolandistas expusieron ampliamente el problema de la identificación de las tres mujeres y prepararon el camino para la reforma litúrgica del Calendario Romano. Con la puesta en práctica de esta reforma, los textos del Missale Romanum, de la Liturgia Horarum y del Martyrologium se refieren ya a María de Magdala. Lo que es cierto es que María Magdalena formó parte del grupo de discípulas de Jesús, le acompañó a los pies de la cruz y, en el jardín donde se encontraba el sepulcro, fue la primera “testis divinae misericordiae” (Gregorio Magno, XL Hom. In Evangelia, lib. II, Hom. 25,10). El Evangelio de Juan relata que María Magdalena lloraba, porque no había encontrado el cuerpo del Señor (cfr. Jn 20, 11); y Jesús tuvo misericordia de ella al darse a conocer como su Maestro y transformar sus lágrimas en gozo pascual.
Aprovechando esta oportuna circunstancia, quisiera subrayar dos ideas inherentes a los textos bíblicos y litúrgicos de esta nueva fiesta, que pueden ayudarnos a captar mejor la importancia actual de esta santa mujer.
Por un lado, tiene el honor de ser la primera testigo (“prima testis”) de la resurrección del Señor (Hymnus. Ad Laudes matutinas), la primera que ve el sepulcro vacío y la primera en escuchar la verdad de su resurrección. Cristo tiene una especial consideración y misericordia con esta mujer, que manifiesta su amor hacia Él, buscándole en el huerto con angustia y sufrimiento, con “lacrimas humilitatis”, como dice san Anselmo en la mencionada Oración. A este propósito, quisiera señalar el contraste entre las dos mujeres presentes en el jardín del paraíso y en el jardín de la resurrección. La primera, difundió muerte donde había vida; la segunda, anunció la Vida desde un sepulcro, lugar de muerte. Así lo indica el mismo Gregorio Magno: “Quia in paradiso mulier viro propinavit mortem, a sepulcro mulier viris annunciat vitam” (XL Hom. In Evangelia, lib. II, Hom. 25). Más aún, es precisamente en el jardín de la resurrección donde el Señor dice a María Magdalena “Noli me tangere”. Es una invitación dirigida no sólo a María, sino también a toda la Iglesia para entrar en una experiencia de fe que supera toda apropiación materialista y aprehensión humana del misterio divino. ¡Es un acontecimiento eclesial! ¡Una buena lección para todo discípulo de Jesucristo: no buscar las seguridades humanas y los títulos de este mundo, sino la fe en Cristo Vivo y Resucitado!
Precisamente porque fue testigo ocular de Cristo Resucitado, fue también, por otro lado, la primera en dar testimonio de él ante los apóstoles. Cumple el mandado del Resucitado: “Anda, ve a mis hermanos y diles… María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: He visto al Señor y ha dicho esto” (Jn 20, 17-18). De este modo se convierte, como ya hemos indicado, en evangelista, es decir, en mensajera que anuncia la buena noticia de la resurrección del Señor; o, como decía el mismo Rábano Mauro y Santo Tomás de Aquino, en “apostolorum apostola”, porque anuncia a los apóstoles lo que a su vez anunciarán ellos por todo el mundo (Rábano Mauro, De vita beatae Mariae Magdalenae,c. XXVIIS. Tomás de Aquino, In Ioannem Evangelistam Expositio, c. XX, L. III, 6). Con razón utiliza el Doctor Angélico este término para aplicarlo a María Magdalena: ella es testigo de Cristo Resucitado y anuncia el mensaje de la Resurrección del Señor, como el resto de los Apóstoles. Por eso, es justo que la celebración litúrgica de esta mujer adquiera el mismo grado de fiesta dado a la celebración de los apóstoles en el Calendario Romano General y que se destaque la especial misión de esta mujer, que es ejemplo y modelo de toda mujer en la Iglesia.
X Arthur Roche
Arzobispo Secretario de la Congregación para el
Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos


El Prefacio para la fiesta de santa María Magdalena

Con motivo del decreto de la elevación a “Fiesta” la memoria de santa María Magdalena se ha publicado un prefacio para la santa, (que se puede ver comentario por el Secretario de la Congregación, arriba consignado).

Prefacio
APÓSTOL DE LOS APÓSTOLES
V/. El Señor esté con vosotros. R/. Y con tu espíritu.
V/. Levantemos el corazón. R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
aclamarte siempre,
Padre todopoderoso,
de quien la misericordia
no es menor que el poder,
por Cristo, Señor nuestro.
El cual se apareció visiblemente en el huerto
a María Magdalena,
pues ella lo había amado en vida,
lo había visto morir en la cruz,
lo buscaba yacente en el sepulcro,
y fue la primera en adorarlo
resucitado de entre los muertos;
y él la honró ante los apóstoles
con el oficio del apostolado
para que la buena noticia de la vida nueva
llegase hasta los confines del mundo.
Por eso, Señor,
nosotros, llenos de alegría,
te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo:
Santo, Santo, Santo…

Guadalajara, Jalisco, hoy domingo 22 de abril 2018 (Por las normas litúrgica comunes el Domingo ha prevalecido sobre la fiesta del 22 de julio).