viernes, 26 de diciembre de 2025

20227 -Dios vino al mundo desnudo - Poema contemplativo

 

2077 - Dios vino al mundo desnudo

(Contemplación del misterio de Navidad en pobreza)

Para Francisco, y lo miso para Clara, la pobreza no es una virtud moral del tronco de las cardinales. El Mysterium paupertatis es una actitud teologal, ya revelada en el modo de nacer que ha tenido Cristo, que determina todo el perfil de su vida posterior, y que tiene relación especial con su muerte y regreso al Padre. Belén, la Cruz, el sepulcro del resucitado son el mismo misterio de amor.

San Francisco. No recordaba sin lágrimas la penuria que rodeó aquel día a la Virgen pobrecilla […]. De ahí que afirmase que esta virtud es virtud regia, pues ha brillado con tales resplandores en el Rey en la Reina. Y que a los hermanos -reunidos en capítulo- que le pedían su parecer acerca de la virtud que le hace a uno más amigo de Cristo respondiese -como confiando un secreto del corazón-: «Sabed, hijos, que la pobreza es camino especial de salvación, de frutos muy variados, bien conocidos por pocos»(Celano, Vida II. n. 188)

Santa Clara. Y por amor del santísimo y amadísimo Niño envuelto en pobrecillos pañales, acostado en un pesebre, y de su santísima Madre, amonesto, ruego y exhorto a mis hermanas que se vistan siempre de ropas viles.  (Regla de santa Clara, cap. II).


Dios vino al mundo desnudo,

desnudo en cuerpo de niño,

cual todo mortal desnudo,

que pide un pecho y cariño.

 

Dios Creador indigente,

requiere nuestros servicios

el de una madre amorosa

que le dé vida y auxilio.

 

Lo envuelve en pobres pañales, 

al niño recién nacido,

que es tierno como un capullo

y necesita de abrigo.

 

Lo mira y besa extasiada,

sabiendo cómo ha venido,

porque es fruto del Espíritu

en su vientre concebido.

 

Hijo del Dios de la Gloria,

y cual nadie pobrecillo,

que la pobreza es de reyes,

si el Rey es el Dios altísimo.

 

Y la creyente María

adora el don recibido,

y la cuna es un pesebre

para animales sufridos.

 

Desnudo el rey de los cielos,

porque así Él lo ha escogido,

desnudo como en la Cruz

de su ropa desprendido.

 

Como nació así moría,

desnudo de sus vestidos,

sin nada propio en su cuerpo

por nosotros ofrecido.

 

Y la túnica inconsútil

(¿María la habrá tejido?)

no fue a pedazos partida,

porque era un divino signo.

 

Y desnudo fue el sepulcro

por las mujeres ungido;

aquel cuerpo sacrosanto

mujeres lo han sostenido.

 

Los lienzos apresurados,

preparados para ungirlo

eran como pañales

de la cuna del principio.

 

Cuerpo santo venerado,

mi tesoro preciosísimo,

eres riqueza infinita,

don para todos tus hijos.

 

La pobreza es el despojo

para tener a Dios mismo,

a quien tu cuerpo posee,

le sobra todo artificio.

 

Cuerpo bendito adorado

por los siglos de los siglos,

cuerpo que es la Eucaristía,

que yo en mi carne recibo.

 

Cuerpo de santa María

del todo humano y divino,

a ti te abrazo y me entrego

con un abrazo purísimo.

 

Cuautitlán Izcalli, 26 diciembre 2025

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Navidad 2025 - Coontemplación ante la cuna, en el 1700 anivesario de Nicea 325

 

NAVIDAD 2025

(Contemplación ante la Cuna,

recordando el 1700 aniversario de Nicea 325-2025)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Cristo revela la inefable paternidad intradivina de Dios, fundamento de su paternidad ad extra. Si Cristo es Hijo de Dios, de manera única, implica que hay una generación en Dios: Dios Padre da todo lo que tiene y todo lo que es. Dios no es un principio pobre y egoísta: es sine invidia. Su paternidad, como su omnipotencia, es la capacidad de entregarse por completo. Este don paterno no es un aspecto entre otros, sino que define al Padre, que es enteramente paternidad. Dios siempre ha sido Padre y nunca ha sido un Dios “solitario”. Esta paternidad del Dios uno es el primer aspecto de la fe cristiana que suscita asombro y cuya inmensidad debemos celebrar al redescubrir Nicea 1700 años después. Se trata, por tanto, de explorar sus implicaciones para la comprensión del misterio trinitario”.

(Jesucristo. Hijo de Dios Salvador, núm. 9, de la Comisión Teológica Internacional)

 

1. Navidad Encarnación

ab aeterno decidida;

Dios es Dios siendo encarnado,

compartiendo nuestra vida.

 

2. Desde siempre libremente

Dios me quiso su familia,

y sembró divinidad

poniendo en mí su semilla.

 

3. Yo nací divinizado,

que nací cuando él nacía,

con el Hijo fui pensado

y sin él yo no sería..

 

4. Hijo creado en el Hijo,

aunque yo no lo sabía,

si Jesús es nuestro hermano

su sangre es la sangre mía.

 

5. Y su origen y destino

conmigo lo compartía,

mi vida es la Trinidad

y mi dicha eterna dicha.

 

6. Que Dios es quien es cual don,

que si no, no existiría.

y el ser Hijo y ser Espíritu

penetran su esencia misma.

 

7. Dios es amor solo Amor

Y amor es vida divina,

Dios es Bien, mi todo Bien,

y así se nos comunica.

 

8. Dios es tiempo, siendo eterno,

y mi tiempo y mi medida,

y siendo cual es, el Ser,

Dios es mi yo sin medida.

 

9. Dios naciente es esperanza,

y a ser su plan me destina

que no hay otra vocación

que hacer lo que Dios combina.

 

10. Dios es presente y futuro

y el verlo me tranquiliza.

que, al ser la historia, mi historia

Él me la toma asumida.

 

11. Con la Esposa del Espíritu,

en nuestra tierra ¡María!,

me abandono, Virgen Madre,

en tu divina armonía.

 

12. Soy consagrado a mi Dios

ante la muerte vecina:

de Dios vine y a Dios vuelvo,

la muerte será mi amiga.

 

21 diciembre 2025

sábado, 25 de enero de 2025

2026 (971) III Dom C – La Carta Magna de la predicación de Jesús

 

La Carta Magna de la predicación de Jesús

Lc 1,1-4: 4,14-21



Texto:

1Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, 2como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, 3también yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, 4para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

14Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. 15Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. 16Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. 17Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: 18«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; 19a proclamar el año de gracia del Señor». 20Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. 21Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Hermanos:

El Domingo del Bautismo del Señor cerraba el misterio de la Navidad, misterio de la Encarnación del Hijo de Dios entre nosotros, para hacernos hermanos suyos, herederos de los bienes que nos traía del cielo, misterio abierto a lo infinito.

El Domingo siguiente, es decir el Domingo pasado, era el inicio de la actividad pública de Jesús con las Bodas de Caná de Galilea, Una escena tan bella y emocionante. Un banquete nupcial es el que trae Jesús a la tierra, para el cual el Padre ha guardado el vino mejor.  La escena terminaba con una frase muy significativa: Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él (Jn 2,11). Los milagros de Jesús son “signos”. Llevan un contenido real, pero en ese mismo contenido están significando las riquezas inagotables que Dios nos comunica. La vida de Jesús va a ser un banquete de bodas que se nos ofrece, siendo él el esposo y toda su comunidad su amante esposa. Primer milagro de Jesús, que, al mismo tiempo, viene a ser paradigma de todos los demás. Su obra entre nosotros va a ser un continuo milagro de amor.

Y hoy estamos en el tercer domingo del tiempo que llamamos “tiempo ordinario”. Durante el año nos va a acompañar el Evangelio según san Lucas, y el evangelista nos hace su propia presentación, que nos resulta tan interesante. San Lucas, que acompañó a san Pablo en la evangelización, era médico. Era, pues, un hombre culto e instruido; pero no va a luir sus propias cualidades, que no eran las comunes de la gente, sino que se nos autopresenta como testigo de la tradición viviente que ha comenzado a germinar en la Iglesia. Comienza diciendo: muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros. Él no es uno de los Doce apóstoles elegidos por Jesús, como lo era Juan, como lo era Mateo; pero él es el testigo fiel de todo lo que ha ocurrido desde el principio. Es la voz de la Iglesia viva y vivificante. San Lucas escribió un amplio Evangelio, que tiene 24 capítulos, y luego escribió un segundo libro, llamado los Hechos de los Apóstoles. La Iglesia le debe imperecedera gratitud por toda la inmensa obra que él realizó y que nosotros la disfrutamos.

Y ahora damos un salto en su escrito, para ver cómo nos presenta la figura y estilo de Jesús, en aquella visita que el Señor hizo a la propia aldea de Nazaret, donde se había criado. San Lucas nos está diciendo: Lo que ocurrió en Nazaret es el estilo de todo lo que va a venir.  ¿Qué es, pues, lo que pasó, y cuál es el estilo de este predicador, que es distinto de los demás, como también nos dicen los otros evangelistas?

Jesús fue a la sinagoga de su pueblo. Ya su fama se había extendido por toda aquella región de Galilea, al norte e la Tierra Santa. Y aquí san Lucas tiene un inciso, un detalle – fijémonos, porque es importante.  Dice: entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados. Jesús es un judío, que se siente miembro de su pueblo elegido y observa la piedad de Israel. El sábado es un día consagrado a Dios, y hay que ir a la sinagoga, a escuchar la Palabra de Dios, y a orar y cantar salmos y oraciones. Y los sábados se predica la Palabra de Dios.

Le dieron el libro o rollo del profeta Isaías y apareció un texto sorprendente, o porque era el texto que tocaba ese sábado, o porque Jesús mismo lo escogió porque le interesaba. Allí estaba su retrato, su mensaje, su misión.

¿Qué decía el texto, que hoy podemos buscar en nuestras Biblias en el capítulo 61? El texto decía esto: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». 

Atención, Jesús va a hablar. Él no había estudiado en las academias judías; no había hecho los exámenes para tener el título de Rabí. Pero los mismos Evangelios nos dicen que hablaba con una autoridad que no tenía ningún otro. Y esta autoridad la mostraba lo mismo en sus palabras que en sus acciones.

Sigamos lo que dice san Lucas: Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. ¿Qué irá a decir? No va a repetir lo que otros habían dicho, no va a citar la autoridad de otros maestros respetados. Jesús dijo simplemente: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Jesús contemplaba la historia de Dios, y se veía a sí mismo como protagonista y artífice de esa historia. Dios, su Padre, le había enviado con una misión en el mundo. Se sentía ungido por el Espíritu, ya manifestado en el Bautismo, como lo dicen todos los Evangelios, y su misión era muy simple significada en estas palabras:

-         evangelizar a los pobres,

-         proclamar a los cautivos la libertad,

-         y a los ciegos, la vista;

-         poner en libertad a los oprimidos; 

-         en suma, proclamar el año de gracia del Señor.

Es decir, Jesús veía al mundo en pobreza, en esclavitud, en opresión y sufrimiento, y él venía a consolar, a sanar, a perdonar. Él no venía con la vara del castigo a poner orden; no venía tampoco como un conquistador triunfante a engrandecer y dar gloria a su pueblo. Todo lo contrario: él venía como consolador, como redentor, como liberador. Él no necesitaba ejércitos que le acompañaran, ni quería ostentar ningún poder o grandeza. Venía en otro plan; dicho con otras palabras: venía a amarnos, fuera como fuera. El Espíritu que llevaba consigo y que quería derramar en todos era eso: Espíritu de amor y comprensión, Espíritu de ternura y de bien.

Pero ocurre que ese su retrato es el que quiere traspasar a su Iglesia, a nosotros. La Iglesia, la comunidad de discípulos que somos nosotros, ha de llevar las características y estilo de su Fundador. Si la Iglesia aspirara a grandezas humanas, a medios de poder, aunque fuera para hacer el bien, a ser una potencia mundial, se equivocaría. Estaría fuera de las intenciones de su Fundador. Y ciertamente la Iglesia se ha equivocado cuando ha buscado estas grandezas humanas.

Estos días hemos asistido y presenciado mediante la televisión grandes acontecimientos mundiales, como la juramentación del Presidente de los EE. UU. Dios nos libre de juzgar a ninguna persona, porque solo Dios es el dueño de los corazones. Pero tenemos hechos y palabras ante los ojos, y es de sabios ver, comparar, reflexionar. Comparemos el lenguaje que usan los poderosos de la tierra y el lenguaje que trae Jesús. Son dos órbitas diferentes. Esa grandeza que quieren los líderes mundiales para sí mismos y su país no es la grandeza que busca Jesús.

En el Sermón de la montaña Jesús nos dice que somos “sal de la tierra” y “luz del mundo”, pero ¿cómo?  Desde la sencillez y la humildad, de tal forma que cada cristiano, yo mismo, he de ser un profeta de Dios por la bondad que irradio, por el amor que me lleva a hacer el bien donde pueda y como pueda, sin pretender triunfos y alabanzas por ello.

San Lucas, a lo largo de su Evangelio, va a recalcar fortísimamente la misericordia de Jesús, como si ese fuese su rasgo principal, la acogida que tuvo con los pecadores. Si Jesús hacía milagros, no los hacía para mostrar su superioridad sobre todos, sino pura y sencillamente para mostrar la bondad de Dios en medio de nosotros.

Hermanos, vamos a cortar aquí nuestras palabras, que podríamos prolongar y prolongar. Durante las semanas del tiempo ordinario seguiremos la historia de Jesús con san Lucas al lado. Con unas palabras y otras, porque cada evangelista podía componer las escenas a su modo, los cuatro nos dicen lo mismo: Dios es amor, y podemos fiarnos sin condiciones de ese amor que, pase lo que pase, no nos puede fallar.

Terminemos, pues, dirigiendo nuestra mirada a Jesús que con tanta dulzura habló aquel día en la sinagoga de su pueblo de Nazaret.

Señor Jesús, te agradecemos el habernos revelado el corazón del Padre. Nosotros queremos ir por ese camino; queremos, como tú, estar cerca de los pobres, de los oprimidos, de todos los que sufren, y bien sabemos que tú vives entre nosotros y tú nos ayudarás. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, sábado 25 de enero de 2025.

lunes, 6 de enero de 2025

2025 (970). Oriente y occidente son su casa

Oriente y occidente son su casa

Himno para la Epifanía del Señor



 

Epifanía (popularmente la Fiesta de los Reyes Magos) es la culminación de la Navidad. El Hijo de Dios viene al mundo, no solo para su “pueblo elegido”, hilo conductor del Antiguo Testamento, sino para todos. Toda la humanidad, sin distinción, somos para siempre el pueblo elegido de Dios, misterio antes escondido y ahora revelado. Nos lo dice Pablo en la segunda lectura del día:

“ …El misterio de Cristo que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: 6que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio” (Ef 3,4-5)., Es lo que queremos cantar en este Himno. La Iglesia tiene su plaa u “0rden mundial”, muy distinto, por cierto, de la “agenda 2030” aprobada por las Naciones Unidas. muy distinto, por cierto, de la “agenda 20230

muy distinto, por cierto, dse la “agenda 2030”jetivo, Plan mundial para el desarrollo sostenible con 17 objetivos”, bello programa humano, en algunos puntos cuestionado desde la fe.

El orden mundial que nos entrega la fe es que todos los humanos, de la raza o cultura que seamos, estamos destinados a ser la familia de Jesús, en quien reside corporalmente la divnidad. Y lo que es él nos lo contagia: su santidad, su divinidad, su amor.

Los Magos de Oriente son la primicia.

 

 

 

Oriente y occidente son su casa,

y ya la tierra toda es su familia,

por todos ha venido, Dios lo quiso,

y somos sus hermanos, sin envidia.

 

Ya somos todos pueblo de elección,

aun siendo rostro y razas tan distintas,

que Dios nos hizo hermanos diferentes,

hermanos con un alma en él unida.

 

Hoy llegan a Belén los santos Magos,

y adoran a su Rey y ante él se inclinan,

y ponen a los pies del Salvador

el corazón, que es oro, incienso y mirra.

 

Belén es luz, que rompe las tinieblas,

las gentes se levantan y caminan,

que el Reino va llegando, abierto al mundo,

y un Niño y una Madre hoy lo inician.

 

Venid de las naciones, mis hermanos,

mirad a aquella estrella de allá arriba;

que Dios está presente y nos conduce,

y el que envió a su Hijo, Él nos guía.

 

Ya no existe judío ni pagano,

que es una la familia reunida,

los dones celestiales son de todos,

que el Dios de amor a todos nos los brinda.

 

En ti, Jesús, amante y adorado,

la Iglesia su confianza deposita.

tú eres el perdón y la confianza;

¡a ti la gloria eterna y merecida! Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, 5 enero 2025

2024 (969). La Epifanía del Señor 2025

 La Epifanía del Señor 2025

Mt 2,1-12

 

 

Texto

1Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén 2preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». 3Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; 4convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. 5Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: 6“Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”». 7Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, 8y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». 

9Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. 10Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. 11Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. 12Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino. 

Hermanos:

1. Estamos celebrando la Epifanía del Señor. Este es el título que da la sagrada liturgia a esta fiesta, que en el lenguaje popular decimos: la fiesta de los Reyes Magos. A decir verdad, los protagonistas de este episodio no son los reyes magos que adoran al Niño y el ofrecen sus dones. El protagonista es Dios mismos que les ha traído hasta aquí; se les ha revelado y les ha conducido hasta el Niño recién nacido por mediod e una estrella misteriosa. Epifanía quiere decir Manifestación, Revelación. Y es esto lo que celebramos: la manifestación de Dios a los pueblos que estaban fuera de la alianza de Dios con el pueblo elegido.

Ciertamente que estamos tratando de estas cosas, que son los misterios de nuestra fe con un lenguaje maravilloso, que, de pronto, podría parecer que esto es un lenguaje cuentos para niños. Un lector sabio pronto comprende que el lenguaje y estilo de estos relatos es un lenguaje singular, de maravillas, un lenguaje cuidado para transmitir unas verdades centrales de nuestra fe.

Los relatos de la Navidad que celebramos en nuestra sagrada liturgia tienen tres puntos culminantes:

El primero es el relato del Nacimiento del Hijo de Dios, en una cueva de las afueras de Belén, la ciudad de David, de donde había de venir el Mesías, y la manifestación a los pastores, representantes del pueblo elegido de Israel.

El segundo punto culminante de nuestras celebraciones es la octava del día de Navidad (que siempre será 1 de enero, Año Nuevo), y que la litúrgica define como Solemnidad de la maternidad de María, Santa María, Madre de Dios. Dios ha escogido a aúna mujer de esta tierra, a una hija de Adán, para que a través de ella se llevara a cabo la Encarnación del Hijo de Dios.

El tercer punto principal del misterio de la Navidad es la fiesta de hoy: la Manifestación del misterio a los magos de Oriente, indicando que el Hijo de Dios no ha venido solo para un pueblo privilegiado, el pueblo de las promesas, al cual se le había ido revelando la alianza de Dios, sino que ha venido para todos los pueblos, A partir de ahora el pueblo de Dios somos todos los hombres, y no hay una raza elegida. Todos estamos destinados a ser la familia de Dios; todos estamos destinados a ser hijos en el Hijo, aceptando a Jesús como a nuestro Salvador.

No son unos los privilegiados; todos por igual estamos destinados a recibir la salvación que se nos ofrece, todos estamos destinados a recibir la sublime gracia de hijos de Dios. Ya nunca más podremos hablar de judíos y gentiles, porque todos por igual estamos destinado a recibir a recibir el don infinito de la Encarnación del Hijo de Dios, que quiere construir una sola familia humana.

Las viejas profecías adquieren hoy un sentido nuevo:

Levántate y resplandece, | porque llega tu luz; | la gloria del Señor amanece sobre ti! Las tinieblas cubren la tierra, | la oscuridad los pueblos, | pero sobre ti amanecerá el Señor | y su gloria se verá sobre ti. Caminarán los pueblos a tu luz, | los reyes al resplandor de tu aurora (Is 60,1-3).

Estas palabras están dichas por primera vez a Israel que desde el destierro vuelve a su patria. Dios lo ha liberado y lo ha privilegiado, porque este pueblo pequeño va a ser luz de las naciones.

Ese amor gratuito que Dios ha prodigado al pueblo de Abraham, ese mismo amor lo quiere extender a todas las naciones. Israel fue un ejemplo y unas primicias, pero la intención de Dios es clara. Dios es el Dios de todos por igual, y ha enviado a su hijo a la tierra no para un sector privilegiado, sino para todos.

Esto es la Epifanía: la llamada universal a ser hijos de Dios.

Hermanos: Voy hablando como cristiano que soy, desde la fe que sustenta la vida de los que nos hemos adherido, por gracia, a Jesús. Ahora bien, las escuchara un ferviente adorador de otra religión, nos diría: Qué forma más presuntuosa de exponer el camino de Dios, qué fantasías.

Y otros oyentes, más radicales, podrían decir: ¡Qué engaño! Para vivir en este mundo, no hay que contar con Dios, que es un ente inventado; somos nosotros los responsables, los artífices y constructores.

Vivimos en una humanidad plural, que en la vida real tiende al agnosticismo, y que se refugia en la creatividad constante que va perfeccionando nuestros recursos, pero que, a pesar de ellos tampoco aumenta nuestra felicidad última, a la que todos aspiramos.

Hermanos, la vida es un misterio que no lo puede descifrar el progreso. Una respuesta que late en la conciencia de muchos es esta: Todas las religiones tienen el mismo valor; todas llevan al mismo Dios, si existe; por tanto, no molestemos a nadie. La religión es un asunto personal: cada uno haga lo que le parezca. Con este modo de pensar, hermanos, destruimos el cristianismo, y sobra decir que el Hijo de Dios vino a la tierra, y nos trajo la revelación de Dios, el camino de salvación, y él mismo murió, condenado injustamente por su pueblo, para salvarnos a todos por su muerte y resurrección.

Esto que creemos y anunciamos, es lo que vivimos y por defender esta fe han muerto tantos de neustros hermanos. No todas las religiones sirven lo mismo, aunque nuestros Dios Creador y Padre providente llevará a la salvación a todo aquel que con buena voluntad haya practicado una religión según sus conocimientos, porque la redención que ha obrado Jesús no conoce fronteras: Jesús ha muerto por todos, lo hayan llegado a conocer o no lo hayan conocido.

La escena de los magos venidos de Oriente, guiados por una misteriosa estrella, sea cual sea la explicación que se dé de estos misteriosos personajes, que no se dicen que fueran reyes, nos está anunciando esta verdad: que el Hijo de Dios enviado al mundo es para todos, y que los que lo hemos conocido, hemo de anunciarlo con sencillez, con alegría, con respeto a todos los que nos quieran escuchar.

En mi oficio de maestro de las santas Escrituras, ministerio que he ejercido toda mi vida, una vez, en plan académico, me preguntaron los seminaristas:

-         Vamos a ver, usted ¿por qué es católico?

MI respuesta fue simple:

-         Muy sencillo, dame otra cosa mejor, y me cambio. Por eso soy católico.

Y les convenció. Jesús es la oferta mejor que Dios Creador, que nos ama, ha dado al mundo. Los cristianos podemos ser pecadores. Pero él es santo, y nos santifica, y en él nos apoyamos, y queremos seguir su doctrina. Él es santo; en él no hay pecado. Él es la verdad y la vida; él es la Luz, quien le sigue no camina en tinieblas. Él es el amor, amor que nunca falla.

Terminemos orando.

Señor Jesús, que, al manifestarte a los Magos de Oriente, nos dijiste que eras la luz de todo el mundo, y que había venido para hacernso a todos hijos de Dios, hermanos tuyos, haz que permanezcamos siempre en la gracia de esta fe, y que nunca nos apartemos de tus mandamientos. Amén.

Cuautitlán Izcalli, 4 enero 2025.