(Contemplación del misterio de Navidad en pobreza)
Para
Francisco, y lo miso para Clara, la pobreza no es una virtud moral del tronco
de las cardinales. El Mysterium
paupertatis es una actitud teologal, ya revelada en el modo de nacer que ha
tenido Cristo, que determina todo el perfil de su vida posterior, y que tiene
relación especial con su muerte y regreso al Padre. Belén, la Cruz, el sepulcro
del resucitado son el mismo misterio de amor.
San Francisco. No
recordaba sin lágrimas la penuria que rodeó aquel día a la Virgen pobrecilla
[…]. De ahí que afirmase que esta virtud es virtud regia, pues ha brillado con
tales resplandores en el Rey en la Reina. Y que a los hermanos -reunidos en
capítulo- que le pedían su parecer acerca de la virtud que le hace a uno más
amigo de Cristo respondiese -como confiando un secreto del corazón-: «Sabed,
hijos, que la pobreza es camino especial de salvación, de frutos muy variados,
bien conocidos por pocos»(Celano, Vida II. n. 188)
Santa Clara. Y por amor del santísimo
y amadísimo Niño envuelto en pobrecillos pañales, acostado en un pesebre, y de
su santísima Madre, amonesto, ruego y exhorto a mis hermanas que se vistan
siempre de ropas viles.(Regla de santa Clara, cap. II).
“Cristo
revela la inefable paternidad intradivina de Dios, fundamento de su paternidad
ad extra. Si Cristo es Hijo de Dios, de manera única, implica que hay una
generación en Dios: Dios Padre da todo lo que tiene y todo lo que es. Dios no
es un principio pobre y egoísta: es sine invidia. Su paternidad, como su
omnipotencia, es la capacidad de entregarse por completo. Este don paterno no
es un aspecto entre otros, sino que define al Padre, que es enteramente
paternidad. Dios siempre ha sido Padre y nunca ha sido un Dios “solitario”.
Esta paternidad del Dios uno es el primer aspecto de la fe cristiana que
suscita asombro y cuya inmensidad debemos celebrar al redescubrir Nicea 1700
años después. Se trata, por tanto, de explorar sus implicaciones para la
comprensión del misterio trinitario”.
(Jesucristo. Hijo de Dios Salvador, núm.
9, de la Comisión Teológica Internacional)
1Puesto que muchos
han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido
entre nosotros, 2como nos los
transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores
de la palabra, 3también yo he
resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo
todo diligentemente desde el principio, 4para que conozcas
la solidez de las enseñanzas que has recibido.
14Jesús volvió a
Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la
comarca. 15Enseñaba en las
sinagogas, y todos lo alababan.16Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como
era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. 17Le entregaron el rollo
del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba
escrito: 18«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.
Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la
libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; 19a proclamar el año de
gracia del Señor». 20Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se
sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. 21Y él comenzó a
decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Hermanos:
El Domingo del Bautismo del Señor cerraba el
misterio de la Navidad, misterio de la Encarnación del Hijo de Dios entre
nosotros, para hacernos hermanos suyos, herederos de los bienes que nos traía
del cielo, misterio abierto a lo infinito.
El Domingo siguiente, es decir el Domingo pasado,
era el inicio de la actividad pública de Jesús con las Bodas de Caná de
Galilea, Una escena tan bella y emocionante. Un banquete nupcial es el que trae
Jesús a la tierra, para el cual el Padre ha guardado el vino mejor.La escena terminaba con una frase muy
significativa: Este fue el primero de los
signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus
discípulos creyeron en él (Jn 2,11). Los milagros de Jesús son “signos”.
Llevan un contenido real, pero en ese mismo contenido están significando las
riquezas inagotables que Dios nos comunica. La vida de Jesús va a ser un
banquete de bodas que se nos ofrece, siendo él el esposo y toda su comunidad su
amante esposa. Primer milagro de Jesús, que, al mismo tiempo, viene a ser paradigma
de todos los demás. Su obra entre nosotros va a ser un continuo milagro de
amor.
Y hoy estamos en el tercer domingo del tiempo que
llamamos “tiempo ordinario”. Durante el año nos va a acompañar el Evangelio
según san Lucas, y el evangelista nos hace su propia presentación, que nos
resulta tan interesante. San Lucas, que acompañó a san Pablo en la evangelización,
era médico. Era, pues, un hombre culto e instruido; pero no va a luir sus
propias cualidades, que no eran las comunes de la gente, sino que se nos
autopresenta como testigo de la tradición viviente que ha comenzado a germinar
en la Iglesia. Comienza diciendo: muchos han
emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido
entre nosotros. Él
no es uno de los Doce apóstoles elegidos por Jesús, como lo era Juan, como lo
era Mateo; pero él es el testigo fiel de todo lo que ha ocurrido desde el
principio. Es la voz de la Iglesia viva y vivificante. San Lucas escribió un
amplio Evangelio, que tiene 24 capítulos, y luego escribió un segundo libro,
llamado los Hechos de los Apóstoles. La Iglesia le debe imperecedera gratitud
por toda la inmensa obra que él realizó y que nosotros la disfrutamos.
Y ahora damos un salto en su escrito, para ver
cómo nos presenta la figura y estilo de Jesús, en aquella visita que el Señor
hizo a la propia aldea de Nazaret, donde se había criado. San Lucas nos está
diciendo: Lo que ocurrió en Nazaret es el estilo de todo lo que va a
venir.¿Qué es, pues, lo que pasó, y cuál
es el estilo de este predicador, que es distinto de los demás, como también nos
dicen los otros evangelistas?
Jesús fue a la sinagoga de su pueblo. Ya su fama
se había extendido por toda aquella región de Galilea, al norte e la Tierra
Santa. Y aquí san Lucas tiene un inciso, un detalle – fijémonos, porque es
importante.Dice: entró en la sinagoga, como era su costumbre los
sábados.
Jesús es un judío, que se siente miembro de su pueblo elegido y observa la
piedad de Israel. El sábado es un día consagrado a Dios, y hay que ir a la
sinagoga, a escuchar la Palabra de Dios, y a orar y cantar salmos y oraciones.
Y los sábados se predica la Palabra de Dios.
Le dieron el libro o rollo del profeta Isaías y
apareció un texto sorprendente, o porque era el texto que tocaba ese sábado, o
porque Jesús mismo lo escogió porque le interesaba. Allí estaba su retrato, su
mensaje, su misión.
¿Qué decía el texto, que hoy podemos buscar en nuestras
Biblias en el capítulo 61? El texto decía esto: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me
ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos
la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los
oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».
Atención, Jesús va a hablar. Él no había estudiado
en las academias judías; no había hecho los exámenes para tener el título de
Rabí. Pero los mismos Evangelios nos dicen que hablaba con una autoridad que no
tenía ningún otro. Y esta autoridad la mostraba lo mismo en sus palabras que en
sus acciones.
Sigamos lo que dice san Lucas: Toda
la sinagoga tenía los ojos clavados en él. ¿Qué irá a decir? No va a repetir
lo que otros habían dicho, no va a citar la autoridad de otros maestros
respetados. Jesús dijo simplemente: «Hoy
se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Jesús contemplaba la historia de Dios, y se veía a
sí mismo como protagonista y artífice de esa historia. Dios, su Padre, le había
enviado con una misión en el mundo. Se sentía ungido por el Espíritu, ya
manifestado en el Bautismo, como lo dicen todos los Evangelios, y su misión era
muy simple significada en estas palabras:
-evangelizar a los pobres,
-proclamar a los cautivos la libertad,
-y a los ciegos, la vista;
-poner en libertad a los oprimidos;
-en suma, proclamar el año de gracia del Señor.
Es decir, Jesús veía al mundo en pobreza, en
esclavitud, en opresión y sufrimiento, y él venía a consolar, a sanar, a
perdonar. Él no venía con la vara del castigo a poner orden; no venía tampoco
como un conquistador triunfante a engrandecer y dar gloria a su pueblo. Todo lo
contrario: él venía como consolador, como redentor, como liberador. Él no
necesitaba ejércitos que le acompañaran, ni quería ostentar ningún poder o
grandeza. Venía en otro plan; dicho con otras palabras: venía a amarnos, fuera
como fuera. El Espíritu que llevaba consigo y que quería derramar en todos era
eso: Espíritu de amor y comprensión, Espíritu de ternura y de bien.
Pero ocurre que ese su retrato es el que quiere traspasar
a su Iglesia, a nosotros. La Iglesia, la comunidad de discípulos que somos
nosotros, ha de llevar las características y estilo de su Fundador. Si la
Iglesia aspirara a grandezas humanas, a medios de poder, aunque fuera para
hacer el bien, a ser una potencia mundial, se equivocaría. Estaría fuera de las
intenciones de su Fundador. Y ciertamente la Iglesia se ha equivocado cuando ha
buscado estas grandezas humanas.
Estos días hemos asistido y presenciado mediante
la televisión grandes acontecimientos mundiales, como la juramentación del
Presidente de los EE. UU. Dios nos libre de juzgar a ninguna persona, porque
solo Dios es el dueño de los corazones. Pero tenemos hechos y palabras ante los
ojos, y es de sabios ver, comparar, reflexionar. Comparemos el lenguaje que
usan los poderosos de la tierra y el lenguaje que trae Jesús. Son dos órbitas
diferentes. Esa grandeza que quieren los líderes mundiales para sí mismos y su
país no es la grandeza que busca Jesús.
En el Sermón de la montaña Jesús nos dice que
somos “sal de la tierra” y “luz del mundo”, pero ¿cómo?Desde la sencillez y la humildad, de tal
forma que cada cristiano, yo mismo, he de ser un profeta de Dios por la bondad
que irradio, por el amor que me lleva a hacer el bien donde pueda y como pueda,
sin pretender triunfos y alabanzas por ello.
San Lucas, a lo largo de su Evangelio, va a
recalcar fortísimamente la misericordia de Jesús, como si ese fuese su rasgo
principal, la acogida que tuvo con los pecadores. Si Jesús hacía milagros, no
los hacía para mostrar su superioridad sobre todos, sino pura y sencillamente
para mostrar la bondad de Dios en medio de nosotros.
Hermanos, vamos a cortar aquí nuestras palabras,
que podríamos prolongar y prolongar. Durante las semanas del tiempo ordinario
seguiremos la historia de Jesús con san Lucas al lado. Con unas palabras y
otras, porque cada evangelista podía componer las escenas a su modo, los cuatro
nos dicen lo mismo: Dios es amor, y podemos fiarnos sin condiciones de ese amor
que, pase lo que pase, no nos puede fallar.
Terminemos, pues, dirigiendo nuestra mirada a
Jesús que con tanta dulzura habló aquel día en la sinagoga de su pueblo de
Nazaret.
Señor
Jesús, te agradecemos el habernos revelado el corazón del Padre. Nosotros
queremos ir por ese camino; queremos, como tú, estar cerca de los pobres, de
los oprimidos, de todos los que sufren, y bien sabemos que tú vives entre
nosotros y tú nos ayudarás. Amén.
Epifanía (popularmente la Fiesta de los Reyes
Magos) es la culminación de la Navidad. El Hijo de Dios viene al mundo, no solo
para su “pueblo elegido”, hilo conductor del Antiguo Testamento, sino para
todos. Toda la humanidad, sin distinción, somos para siempre el pueblo elegido
de Dios, misterio antes escondido y ahora revelado. Nos lo dice Pablo en la
segunda lectura del día:
“ …El misterio de Cristo que no había sido manifestado a los hombres en
otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos
apóstoles y profetas: 6que también los gentiles son coherederos, miembros
del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el
Evangelio” (Ef 3,4-5)., Es lo que queremos cantar en este Himno. La Iglesia tiene su
plaa u “0rden mundial”, muy distinto,
por cierto, de la “agenda 2030” aprobada por las Naciones Unidas. muy distinto,
por cierto, de la “agenda 20230
muy
distinto, por cierto, dse la “agenda 2030”jetivo, Plan mundial para el
desarrollo sostenible con 17 objetivos”, bello programa humano, en algunos
puntos cuestionado desde la fe.
El
orden mundial que nos entrega la fe es que todos los humanos, de la raza o
cultura que seamos, estamos destinados a ser la familia de Jesús, en quien
reside corporalmente la divnidad. Y lo que es él nos lo contagia: su santidad,
su divinidad, su amor.
1Habiendo nacido
Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se
presentaron en Jerusalén 2preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su
estrella y venimos a adorarlo». 3Al
enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; 4convocó a los
sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que
nacer el Mesías. 5Ellos
le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: 6“Y tú, Belén,
tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá,
pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”». 7Entonces Herodes
llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había
aparecido la estrella, 8y
los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño
y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».
9Ellos, después de
oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto
salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el
niño. 10Al ver la
estrella, se llenaron de inmensa alegría. 11Entraron en la
casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron;
después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y
mirra. 12Y habiendo
recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a
su tierra por otro camino.
Hermanos:
1. Estamos celebrando la Epifanía del Señor. Este
es el título que da la sagrada liturgia a esta fiesta, que en el lenguaje
popular decimos: la fiesta de los Reyes Magos. A decir verdad, los
protagonistas de este episodio no son los reyes magos que adoran al Niño y el
ofrecen sus dones. El protagonista es Dios mismos que les ha traído hasta aquí;
se les ha revelado y les ha conducido hasta el Niño recién nacido por mediod e
una estrella misteriosa. Epifanía quiere decir Manifestación, Revelación. Y es
esto lo que celebramos: la manifestación de Dios a los pueblos que estaban
fuera de la alianza de Dios con el pueblo elegido.
Ciertamente que estamos tratando de estas cosas,
que son los misterios de nuestra fe con un lenguaje maravilloso, que, de
pronto, podría parecer que esto es un lenguaje cuentos para niños. Un lector
sabio pronto comprende que el lenguaje y estilo de estos relatos es un lenguaje
singular, de maravillas, un lenguaje cuidado para transmitir unas verdades
centrales de nuestra fe.
Los relatos de la Navidad que celebramos en nuestra
sagrada liturgia tienen tres puntos culminantes:
El primero es el relato del Nacimiento del Hijo de
Dios, en una cueva de las afueras de Belén, la ciudad de David, de donde había
de venir el Mesías, y la manifestación a los pastores, representantes del
pueblo elegido de Israel.
El segundo punto culminante de nuestras
celebraciones es la octava del día de Navidad (que siempre será 1 de enero, Año
Nuevo), y que la litúrgica define como Solemnidad de la maternidad de María,
Santa María, Madre de Dios. Dios ha escogido a aúna mujer de esta tierra, a una
hija de Adán, para que a través de ella se llevara a cabo la Encarnación del
Hijo de Dios.
El tercer punto principal del misterio de la
Navidad es la fiesta de hoy: la Manifestación del misterio a los magos de
Oriente, indicando que el Hijo de Dios no ha venido solo para un pueblo
privilegiado, el pueblo de las promesas, al cual se le había ido revelando la
alianza de Dios, sino que ha venido para todos los pueblos, A partir de ahora
el pueblo de Dios somos todos los hombres, y no hay una raza elegida. Todos
estamos destinados a ser la familia de Dios; todos estamos destinados a ser
hijos en el Hijo, aceptando a Jesús como a nuestro Salvador.
No son unos los privilegiados; todos por igual
estamos destinados a recibir la salvación que se nos ofrece, todos estamos
destinados a recibir la sublime gracia de hijos de Dios. Ya nunca más podremos
hablar de judíos y gentiles, porque todos por igual estamos destinado a recibir
a recibir el don infinito de la Encarnación del Hijo de Dios, que quiere
construir una sola familia humana.
Las viejas profecías adquieren hoy un sentido
nuevo:
Levántate y
resplandece, | porque llega tu luz; | la gloria del Señor amanece sobre ti! Las
tinieblas cubren la tierra, | la oscuridad los pueblos, | pero sobre ti
amanecerá el Señor | y su gloria se verá sobre ti. Caminarán los pueblos a tu
luz, | los reyes al resplandor de tu aurora
(Is 60,1-3).
Estas palabras están dichas por primera vez a
Israel que desde el destierro vuelve a su patria. Dios lo ha liberado y lo ha
privilegiado, porque este pueblo pequeño va a ser luz de las naciones.
Ese amor gratuito que Dios ha prodigado al pueblo
de Abraham, ese mismo amor lo quiere extender a todas las naciones. Israel fue
un ejemplo y unas primicias, pero la intención de Dios es clara. Dios es el
Dios de todos por igual, y ha enviado a su hijo a la tierra no para un sector
privilegiado, sino para todos.
Esto es la Epifanía: la llamada universal a ser
hijos de Dios.
Hermanos: Voy hablando como cristiano que soy,
desde la fe que sustenta la vida de los que nos hemos adherido, por gracia, a
Jesús. Ahora bien, las escuchara un ferviente adorador de otra religión, nos
diría: Qué forma más presuntuosa de exponer el camino de Dios, qué fantasías.
Y otros oyentes, más radicales, podrían decir: ¡Qué
engaño! Para vivir en este mundo, no hay que contar con Dios, que es un ente
inventado; somos nosotros los responsables, los artífices y constructores.
Vivimos en una humanidad plural, que en la vida
real tiende al agnosticismo, y que se refugia en la creatividad constante que
va perfeccionando nuestros recursos, pero que, a pesar de ellos tampoco aumenta
nuestra felicidad última, a la que todos aspiramos.
Hermanos, la vida es un misterio que no lo puede
descifrar el progreso. Una respuesta que late en la conciencia de muchos es
esta: Todas las religiones tienen el mismo valor; todas llevan al mismo Dios,
si existe; por tanto, no molestemos a nadie. La religión es un asunto personal:
cada uno haga lo que le parezca. Con este modo de pensar, hermanos, destruimos
el cristianismo, y sobra decir que el Hijo de Dios vino a la tierra, y nos
trajo la revelación de Dios, el camino de salvación, y él mismo murió,
condenado injustamente por su pueblo, para salvarnos a todos por su muerte y
resurrección.
Esto que creemos y anunciamos, es lo que vivimos y
por defender esta fe han muerto tantos de neustros hermanos. No todas las
religiones sirven lo mismo, aunque nuestros Dios Creador y Padre providente
llevará a la salvación a todo aquel que con buena voluntad haya practicado una
religión según sus conocimientos, porque la redención que ha obrado Jesús no
conoce fronteras: Jesús ha muerto por todos, lo hayan llegado a conocer o no lo
hayan conocido.
La escena de los magos venidos de Oriente, guiados
por una misteriosa estrella, sea cual sea la explicación que se dé de estos
misteriosos personajes, que no se dicen que fueran reyes, nos está anunciando
esta verdad: que el Hijo de Dios enviado al mundo es para todos, y que los que
lo hemos conocido, hemo de anunciarlo con sencillez, con alegría, con respeto a
todos los que nos quieran escuchar.
En mi oficio de maestro de las santas Escrituras,
ministerio que he ejercido toda mi vida, una vez, en plan académico, me
preguntaron los seminaristas:
-Vamos a ver, usted ¿por
qué es católico?
MI respuesta fue simple:
-Muy sencillo, dame otra
cosa mejor, y me cambio. Por eso soy católico.
Y les convenció. Jesús es la oferta mejor que Dios
Creador, que nos ama, ha dado al mundo. Los cristianos podemos ser pecadores.
Pero él es santo, y nos santifica, y en él nos apoyamos, y queremos seguir su
doctrina. Él es santo; en él no hay pecado. Él es la verdad y la vida; él es la
Luz, quien le sigue no camina en tinieblas. Él es el amor, amor que nunca
falla.
Terminemos orando.
Señor Jesús, que,
al manifestarte a los Magos de Oriente, nos dijiste que eras la luz de todo el
mundo, y que había venido para hacernso a todos hijos de Dios, hermanos tuyos,
haz que permanezcamos siempre en la gracia de esta fe, y que nunca nos
apartemos de tus mandamientos. Amén.