Oriente y occidente son su casa
Himno para la Epifanía del Señor
Epifanía (popularmente la Fiesta de los Reyes
Magos) es la culminación de la Navidad. El Hijo de Dios viene al mundo, no solo
para su “pueblo elegido”, hilo conductor del Antiguo Testamento, sino para
todos. Toda la humanidad, sin distinción, somos para siempre el pueblo elegido
de Dios, misterio antes escondido y ahora revelado. Nos lo dice Pablo en la
segunda lectura del día:
“ …El misterio de Cristo que no había sido manifestado a los hombres en
otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos
apóstoles y profetas: 6que también los gentiles son coherederos, miembros
del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el
Evangelio” (Ef 3,4-5)., Es lo que queremos cantar en este Himno. La Iglesia tiene su
plaa u “0rden mundial”, muy distinto,
por cierto, de la “agenda 2030” aprobada por las Naciones Unidas. muy distinto,
por cierto, de la “agenda 20230
muy
distinto, por cierto, dse la “agenda 2030”jetivo, Plan mundial para el
desarrollo sostenible con 17 objetivos”, bello programa humano, en algunos
puntos cuestionado desde la fe.
El
orden mundial que nos entrega la fe es que todos los humanos, de la raza o
cultura que seamos, estamos destinados a ser la familia de Jesús, en quien
reside corporalmente la divnidad. Y lo que es él nos lo contagia: su santidad,
su divinidad, su amor.
Los
Magos de Oriente son la primicia.
Oriente y occidente son su
casa,
y ya la tierra toda es su
familia,
por todos ha venido, Dios
lo quiso,
y somos sus hermanos, sin
envidia.
Ya somos todos pueblo de
elección,
aun siendo rostro y razas
tan distintas,
que Dios nos hizo hermanos
diferentes,
hermanos con un alma en él
unida.
Hoy llegan a Belén los
santos Magos,
y adoran a su Rey y ante
él se inclinan,
y ponen a los pies del
Salvador
el corazón, que es oro,
incienso y mirra.
Belén es luz, que rompe
las tinieblas,
las gentes se levantan y
caminan,
que el Reino va llegando,
abierto al mundo,
y un Niño y una Madre hoy
lo inician.
Venid de las naciones, mis
hermanos,
mirad a aquella estrella
de allá arriba;
que Dios está presente y
nos conduce,
y el que envió a su Hijo,
Él nos guía.
Ya no existe judío ni
pagano,
que es una la familia
reunida,
los dones celestiales son
de todos,
que el Dios de amor a
todos nos los brinda.
En ti, Jesús, amante y
adorado,
la Iglesia su confianza
deposita.
tú eres el perdón y la
confianza;
¡a ti la gloria eterna y
merecida! Amén.
Cuautitlán
Izcalli, 5 enero 2025
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