viernes, 31 de enero de 2020

1308. Domingo 2 febrero - La Presentación de Jesús en brazos de María


La Presentación de Jesús en brazos de María
Lc 2,22-40

Texto evangélico:
22Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23 de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», 24 y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
 25 Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. 26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. 27 Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, 28 Simeón* lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
29 «Ahora, Señor, según tu promesa, | puedes dejar a tu siervo irse en paz.  30 Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
31                   a quien has presentado ante todos los pueblos:
32                   luz para alumbrar a las naciones | y gloria de tu pueblo Israel».
33                   Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. 34 Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
 «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción 35 —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
 36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, 37 y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. 38 Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
 39 Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Hermanos:
1. La fiesta de la Presentación del Señor es una fiesta entrañable. Ya pasó la Navidad, porque los acontecimientos de hoy ocurren a los 40 días del nacimiento del Niño, pero de alguna manera hoy se cierra la Navidad. La Guía litúrgica que se sigue en México prevé la bendición de las imágenes del Niño Dios, que se traen a la iglesia para bendecir, bendición que se hace después de la homilía y la oración de los fieles, con una sencilla oración.
La fiesta de hoy tiene dos partes: una procesión con la bendición de las candelas (hoy es La Candelaria) o bien una entrada solemne en el templo, y la misa. En ambos casos, como procesión o como entrada solemne, el sacerdote hace una misma exhortación, muy bella, que termina: “Vayamos al encuentro de Cristo en la casa de Dios. Lo encontraremos y reconoceremos en la fracción del pan, mientras llega el día en que se manifieste glorioso”.

2. El texto de san Lucas, que acabamos de escuchar, es un texto descriptivo, litúrgico. Nos refiere una liturgia sagrada de Israel con el episodio de esos dos ancianos, que han saludado al Señor como gloria de Israel y luz de las naciones. Tenemos, pues, en torno al recién nacido a los pastores, a los magos, a Simeón y a Ana. Jesús en el centro. Jesús ha venido para todos, y su presencia se prolonga hasta nosotros, que estamos celebrando al vivo la presentación y el ofrecimiento que hace al Padre.
Todo esto es muy bello y sugiere cosas preciosas.

3. Con esta sencillísima homilía queremos vivenciar lo que vivimos. María y José llevan al Niño. No aparece el sacerdote, sino un anciano, Simeón, el cual toma al Niño en sus brazos, como si fuera el Sumo sacerdote. Nos está indicando que todo miembro de la Comunidad santa de Dios, de la comunidad de Israel, es sacerdote del Dios altísimo, para ofrecer los dones recibidos. En este caso, el don que se ofrece al Dios Altísimo es nada menos que su propio Hijo, que un día será inmolado en la Cruz por la salvación de Israel y de todo el mundo.
El anciano Simeón bendijo a Dios, es decir, alabó y glorificó al Señor Dios de nuestros padres. Bendijo a María y a José, implorando para ellos la bendición de Dios, y a María le profetizó: Una espada atravesará tu alma.
Muy amable igualmente al figura de Ana, la mujer piadosa, que no se apartaba del templo ni de día ni de noche. Ella reconoció a Jesús como Mesías y hablaba de él a todos los que esperaban la liberación de Israel.

4. Este escenario que describimos, es encantador, pero lo más bello está todavía sin decir. Estamos en una liturgia sagrada y aquí el centro es Jesús y María, María y su Niño.
A María le ha tocado una función que no le ha tocado a ningún Pontífice de esta tierra: María ofrece a su Hijo al Padre. ¿Esto es una función sacerdotal? María no es sacerdote, sacerdotisa; es mucho más que todo sacerdocio instituido. María es la Madre oferente de su Hijo, Salvador del mundo.
La imaginación se pierde piadosamente cuando se hace una pregunta sin respuesta: ¿Cómo vivía la Virgen santa, al Virgen pura, la ofrenda de su Hijo, que el Espíritu Santo había puesto en sus manos? Aquel hijo era suyo, y como ninguna madre ella ha podido decir: Hijo mío, todo mío, solo mío. Y ese Hijo es el que entrega en manos del Padre.
La escena de la Presentación en el Templo y la escena del Calvario son lo mismo. La Virgen oferente, la Virgen pobre, que no tuvo un corderito para el holocausto, y ateniéndose al derecho de los pobres, lo sustituyó por un palomino, la Virgen Madre ofrece al Hijo de Dios al Padre que lo ha enviado. Lo ofrece para el sacrificio del Calvario. Y ella misma se ofrece en esta inmolación.
Verdades de nuestra fe, que hoy celebramos y disfrutamos.

Miramos a la Virgen oferente, Madre de Jesús, Madre mía y Madre de todos los hombres, y le suplicamos:

Virgen Madre del Señor,
Virgen oferente,
con el Hijo que llevas en tus brazos,
ofrécenos al Padre, en el Espíritu Santo,
a gloria y alabanza de la Trinidad,
por los siglos de los siglos. Amén.

Guadalajara; Jalisco, 31 enero 2020.

viernes, 24 de enero de 2020

1307. Dom III A - Jesús anuncia la Palabra de Dios



Jesús anuncia la Palabra de Dios
Mt 4,12-23

Texto evangélico:
12Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. 13Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, 14para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: 15«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. 16El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
17Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
18Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. 19Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». 20Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. 21Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. 22Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
23Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Hermanos:
1. Hoy iniciamos la predicación de Jesús. He aquí una panorámica en tres cuadros:
Lo primero, escenario y mensaje.
Lo segundo, la elección de los primeros anunciadores.
Y lo tercero, Jesús evangelizador por toda Galilea.

2. En el hecho de que Jesús haya comenzado por Galilea, que era su tierra – Nazaret, un pueblo pequeño de Galilea – ve san Mateo el cumplimiento de la profecía: para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías.
La profecía mesiánica de Isaías la hemos tomado hoy como primera lectura: En otro tiempo humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; | habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.
Las caravanas que venían de Oriente en busca del mar, de expansión, de comercio…, salían al Mediterráneo cruzando Galilea. Por eso, Galilea se había convertido en “Galilea de los gentiles”.
El Evangelio comienza en Galilea y termina en Galilea. Es la patria pequeña, Israel, pero es, al mismo tiempo, la puerta al mundo. El último párrafo del Evangelio de san Mateo dice así, recordémoslo: “Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

3. En una carta que el Papa Francisco firmó el día de san Jerónimo del año pasado, la carta apostólica “Aperuit illis” («Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras» Lc 24,45), nos decía: “con esta Carta tengo la intención de responder a las numerosas peticiones que me han llegado del pueblo de Dios, para que en toda la Iglesia se pueda celebrar con un mismo propósito el Domingo de la Palabra de Dios” (n. 2). “Así pues, establezco que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios” (n. 3).
[A las personas que siguen estas homilías, les advierto que el video anterior a este (lo dedicamos, no en forma de homilía, sino en forma de explicación, a esta iniciativa, y muy en particular aclarábamos qué y quién es un auténtico proclamador de la Palabra de Dios, el ministro, hombre o mujer, instituido como “Lector de la Sagrada Escritura”.]

4. Volvamos al centro de este Evangelio, Jesús ha venido al mundo para anunciar el Reino de Dios. Al anunciarlo lo está entregando, mediante sus palabras, y la fuerza de sus palabras que se traduce en el contagio de divinidad que él produce. Jesús contagia al mundo de su propia vida, curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Esta es la imagen de Jesús que se desprende del Evangelio: Jesús enviado por el Padre:
- Él mismo es el Reino de Dios.
- Jesús anuncia el Reino de Dios.
- Jesús inicia en su Comunidad el Reino de Dios.
Es decir, nace un mundo nuevo, y la obra poderosa arranca de la Palabra que Jesús entrega.

5. Jesús no se ha dedicado a escribir, sino a hablar, peregrinando de sinagoga en sinagoga, de aldea en aldea. Esa palabra tiene poder de perdonar pecados, poder de expulsar demonios, poder de curar enfermos y hacer otros milagros. Es decir, es palabra viva, que realiza lo que anuncia. Dice, pues, el versículo último de la sección que hemos escuchado hoy: Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
La Palabra de Dios es operativa; si no obra, no es Palabra divina. Tiene dentro de sí la fuerza de Dios.
En mi juventud escuché a un ilustre profesor de Biblia [P. Luis Alonso Schökel], que aparte de ser un buen biblista, traductor de la Escritura, era poeta y músico. La Biblia es como una gran partitura musical, por ejemplo, de Beethoven. La tienes ahí delante; es todo y es nada. Mientras no venga un músico que se siente al órgano o al piano e “interprete” la partitura, ese papel no es nada.

6. La Biblia es Palabra de Dios no cuando la tienes ahí sobre la mesa, o un bello atril, sino cuando la metes en tu corazón y viene el Espíritu Santo, para hacerla amor y vida, cuando en medio de la Comunidad cristiana, un Lector la proclama dignamente y desciende como rocío celestial sobre la Comunidad que celebra.
El Papa Francisco, citando un documento de Benedicto XVI, escribe: “En este Documento en particular se profundiza el carácter performativo de la Palabra de Dios, especialmente cuando su carácter específicamente sacramental emerge en la acción litúrgica”.

7. Hermanos, a medida que vamos entrando más y más en la Palabra de Dios, en las Santas Escrituras, la Biblia comienza a ser distinta. Ya no es propiamente un libro de estudio, de técnicos, de especialistas. La Biblia, propiedad de todo el Pueblo santo de Dios, es un libro de oración, mejor dicho, de contemplación, traspasado de luz, que contagia consuelo, paz, fuerza, esperanza. Entonces la Palabra de Dios es lo que es: presencia de Cristo, prolongación del Verbo Encarnado.

Señor Jesús, que te entregas cada día a tu santa Iglesia, como palabra vivificadora y santificante, abre mi entendimiento como abriste el entendimiento de los apóstoles, para que entienda las Escrituras y te anuncie a mis hermanos. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 24 enero 2020.