Amor es la palabra milagrosa
Como español que soy, me gusta seguir lo
que está pasando en mi patria. Hoy en el juramento del nuevo Gobierno, y en los
comentarios de los periódicos. Y mirando la vida desde la cima (hace tres años
que los 80 quedaron atrás), el espectáculo me parece muy triste. Y por ello
sufro…, con el doloroso temor de que España se vaya despedazando…; tengo
derecho a situarme en esa postura. Pero, si me pongo en la otra parte, que tranquilamente,
sin ningún escrúpulo moral llamamos “Oposición” (que dentro de la vida
religiosa sonaría horrendo si así funcionáramos con el sistema de partidos:
¿cómo puede haber Oposición si todos buscamos la Verdad?), también sufro por un
tipo de lenguaje, vibrante, ingenioso, insultante… que unos a otros se
propinan.
Soy mayor y todo esto sigue y sigue…, y
la vida se me acaba. Y yo me firmo – porque lo soy – “Misionero de la
Misericordia”
Si miro a la Iglesia, sufro por ella…, y
si leo a los periodistas… ¡horror, qué interpretaciones!
Pero los que nos hemos entregado a las
Tareas del Espíritu – y ¡ojo, a los pobres! – tenemos derecho a ser felices con
los regalos que cada día nos caen del cielo, y con lo que tenemos dentro.
Este atardecer de enero, nostálgico,
para espantar esos pájaros negros que revolotean con sus picos siniestros… me
he puesto a hacer una poesía de amor, sí de Amor, porque en ese Amor, sí somos
felices. La brindo a tantísimas y tantísimos que sienten lo mismo. Y la brindo
sencillamente con amor.
Amor
es la palabra milagrosa
para
que sea cima de mi vida:
y
tiene un nombre fúlgido y divino:
Jesús,
Jesús aquí y en la otra orilla.
Si
miro, veo triste y conturbado
un
mundo en marejada que se agita,
y
yo soy una hojita de este bosque
que
bulle sin la paz que necesita.
Si
entro donde estoy, mi Iglesia santa,
la
sufro en mí, al verla pobrecilla,
pobrecilla
y pecadora y acusada
sin
esa luz que tiene, hermosa mía.
¡Qué
angustia, si así pienso, negro y feo,
que
no es verdad la luz de mis pupilas…!
Amor
y solo amor es el milagro,
que
amor contempla y todo purifica.
Amor,
que es el saber de Dios mi Padre,
y
cuyo fruto es paz, paz infinita,
la
brisa de la tarde ante el descanso
y
el silencio amoroso de una cita.
¡Oh
Padre de mi Amado y Padre mío,
y
Espíritu, Amor en demasía,
me
abandono ahora a lo infinito,
y
goza ya mi alma lo que ansía!
Guadalajara,
Jalisco, 13 de enero de 2020
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