domingo, 27 de agosto de 2017

986. Dímelo tú, solo tú - Confesión de Pedro



Dímelo tú, solo tú
(Mt 16,13-20)

1. Dímelo tú, solo tú,
dímelo Jesús amado,
dímelo por tu Espíritu,
que es tu Yo en mí derramado.

2. O dígamelo tu Padre,
a quien llamas Padre santo,
que es la ternura divina
que todo amor ha engendrado.

3. Ni la carne ni la sangre,
ni el más sabio de los sabios,
me pueden decir quién eres
nuevas cimas escalando.

4. Soy el que soy y el que era,
soy Mesías enviado;
me podéis llamar el Hijo
nacido allí en su regazo.

5. Soy presencia y transcendencia,
más que nadie soy humano;
soy historia tan verdad
que soy Dios crucificado.

6. Soy el ser que está detrás
la vida toda alentando;
soy la belleza y miseria,
soy tú que me estás mirando.

7. Soy tu esposo, si me aceptas
el puro beso en tus labios;
soy tu perdón infinito
y más infinito abrazo.

8. Soy Jesús, así me llaman,
como José me ha llamado,
como mi madre María
me acariciaba en sus brazos.

9. Soy vivísimo en tu fe
y soy silencio aceptado;
soy discutido a morir
y soy triunfo desbordado.

10. Soy comunión, pan y vino,
por los siglos celebrado;
soy en trance siempre en trance
esperando el tú lanzado.

11. Mas no lo digáis a nadie
hasta el momento sellado,
que yo no soy lo que soy
sino siendo consumado.

12. Jesús de María Virgen,
siervo Dios, Dios derrochado,
¡seas en mi corazón
dardo por siempre clavado!

Guadalajara, Jalisco, 27 agosto 2017,
Domingo de la confesión de Pedro.

sábado, 26 de agosto de 2017

985. Domingo XX A – Jesús es el Hijo de Dios



Jesús es el Hijo de Dios  
Mateo 16,13-20

Texto del Evangelio
13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». 14 Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». 15 Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». 16 Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
17 Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Ahora yo te digo: tú eres Pedro[*], y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. 19 Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». 20 Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Hermanos:
1. Avanzamos en la lectura del Evangelio de Jesús según san Mateo, que es el Evangelio para este año ciclo A, de los tres ciclos dominicales (A, B y C), y llegamos a un momento crucial de la vida de Jesús: el examen de la fe de los apóstoles, el examen de la fe de la Iglesia.
El texto que hoy se proclama es un desafío lanzado a la fe de la Iglesia, a la confesión de la comunidad cristiana, a mí en particular. ¿Quién dice la Iglesia que es Jesús de Nazaret? Un gran bienhechor de la humanidad, un guía espiritual, digno de respeto, como otros, porque todas las religiones tienen sus guías y sus sabios. Buda (siglo V a. C.) es uno de ellos, y en esta milenaria y millonaria tradición ahí están eminentes sabios de la humanidad, como Laotzé y Confucio. Jesús es uno más en este concierto universal de los pueblos. Hacen muy bien en seguirle los que le siguen.

2. Hermanos, si esta fuera nuestra repuesta tendríamos que seguir pensando a ver si no nos hemos equivocado y pasar a otra religión, basados en un principio, que es verdad: que toda noble y venerable religión lleva a Dios. El Concilio nos tranquiliza en este punto: en este esfuerzo universal del hombre por alcanzar a Dios las grandes religiones que ha gobernado la humanidad nos llevan a Dios.
Desde aquí, solapadamente, se podría introducir otro principio: Todas las religiones son igual, porque todas conducen al mismo punto de salida: a Dios creador, Dios juez de los actos humanos.
Ya es mucho llegar aquí, porque de hecho, una parte notable de las legislaciones humanas funcionan al margen de Dios, como si Dios fuera que estorbo para la soberanía humana, si acaso no un contrincante.
No podemos apartar el pensamiento, al escribir estas cosas, y al ponerlas en voz e imagen, de lo que está pasando en Barcelona, una concentración histórica por la paz, por la convivencia humana. El Islam de ninguna manera justifica la masacre sufrida y la amenaza que se cierne del grupo extremistas que así piensa inmolarse y sacrificarse por Dios, pues la lucha está declarada y sigue…
Dicen, hermanos, que hay que hacer la homilía con el Evangelio me una mano y el periódico en la otra, es decir, Evangelio y vida. Tomo el periódico de hoy y dice en primera páginas que los homicidios, aquí entre nosotros, acaban de romper la cifra record. Del 1 de enero al 25 de agosto de este año ha habido aquí en Jalisco 828 homicidios, asesinatos, el mayor número desde 1997 en que se abrió este registro. Las fuerzas de seguridad explican este aumento, por el combate interno existente entre grupos criminales que reclaman su propia hegemonía.
¿Dónde está Dios en todo esto? ¿Dónde está la religión? Ninguna religión, bien entendida, manda matar.

3. Volvamos a la pura frase del Evangelio. 15 Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
¿De dónde ha sacado Pedro esta confesión? ¿Dónde la ha aprendido? ¿De dónde la ha deducido? No hay pensamiento humano que nos fuerce necesariamente a pronunciar esta confesión. Aquí se opera un salto a lo infinito; no es un salto irracional, pero sí un salto mortal, en cuanto que la fe te pide, sin condiciones, la entrega plena de tu corazón. Jesús le responde: ¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
El acto de fe va unido a una revelación del Padre amoroso. Sin esta revelación no hay fe. La fe es un acto de abandono amoroso en los brazos del Padre, partiendo desde etas evidencias humanas que nos proporciona la razón, la experiencia, y que se apoya al mismo tiempo en una llamada insinuante que llega del corazón.

4. Desde aquí podemos entender esa frase sorprendente con que termina el Evangelio de hoy: Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
Uno piensa – y siempre se ha explicado así – que es una orden temporal, transitoria, porque Jesús resucitado mandará a sus apóstoles que salgan al mundo entero. Pero podemos suponer que hay algo más dentro de esta consigna.
La fe es el secreto de la existencia, y es lo más personal que anida en el corazón. Yo te puedo invitar a que hagas la experiencia; pero la experiencia como tal no te la puedo pasar, ni tú a mí la tuya. La es un purísimo secreto de amor.

5. Avanzando y dando cima a estos pensamientos: La Iglesia, hermanos, se sustenta en este acto amoroso de fe, la fe de Pedro, que la confesamos todos juntos. Si la fe es viva, de la fe nace nuestra generosidad. Señor ¿qué puedo hacer por ti? La fe nos alienta y nos empuja. Cuando es grande la fe, de la fe arrancan las más nobles acciones. El domingo pasado nos quedábamos atónitos ante la fe de aquella mujer: Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se haga lo que me has pedido según tu voluntad!
Otro aparece otro gran creyente: Simón Pedro. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. ¿Cuál es la piedra? La fe, la fe de Pedro. Sobre esta fe Jesús ha levantado a su Iglesia, y desde esta fe continúa asistiéndonos.

Señor Jesús, ahora que, como todos los domingos, tras la proclamación del Evangelio vamos a proferir nuestra fe en el Credo, danos la fe de Pedro, la fe sobre la que hoy estás construyendo tu Iglesia. Amén.

Guadalajara, Jal., sábado 26 de junio de 2017, S. Junípero Serra, evangelizador de California.