jueves, 30 de mayo de 2024

1978. Dulcísima Eucaristía - Rima espiritual para Corpus Christi

 

Dulcísima Eucaristía 

Rima espiritual para Corpus Christi



 

Jueves Santo es el Día de la Eucaristía. Este jueves de la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo es una fiesta de supererogación, impulsada por la piedad de los fieles, que dignidad la pura ofrenda e amor que quiere vivir la Iglesia. Fue en el año 1264 cuando el Papa Urbano IV instituyó esta fiesta con la bula Transiturus de hoc mundo.

“Aunque este sacramento sagrado sea celebrado todos los días en el solemne rito de la misa, sin embargo, cree-mos útil y digno que se celebre, al menos una vez en el año, una fiesta más solemne, en especial para confundir y refutar la hostilidad de los herejes.

Pues en el Jueves Santo, día en que Cristo lo instituyó, la Iglesia universal, ocupada en la confesión de los fieles, en la bendición del crisma, en el cumplimiento del man-dato del lavatorio de los pies y en otras muchas sagradas ceremonias, no puede atender de lleno a la celebración de este gran sacramento”.

El Pontífice deja fluir sus sentimientos, recogiendo la piedad de los hijos de la Iglesia. He aquí uno de los párrafos de esta bula transida de devoción:

“Es un glorioso memorial que llena de gozo al alma de los fieles, infunde alegría y hace brotar lágrimas de devoción. Nos llenamos de gozo al pensar en la Pasión del Se-ñor, por la que hemos sido salvados, pero no podemos contener el llanto. Ante este recuerdo sacrosanto sentimos brotar en nosotras gemidos de gozo y emoción, alegres en el llanto lleno de amor, emocionados por el gozo devoto; nuestro dolor queda templado por el gozo; nuestra alegría se mezcla con el llanto y nuestro corazón rebasa de dicha, deshaciéndose en lágrimas”.

Al eco de los sentimientos espirituales que suscita esta celebración va esta sencilla rima espiritual.

(Nota. En la sección “Comentario” se puede encontrar el enlace o link de la intervención que tuvimos en la Radio Diocesana San Juan Diego, el lunes pasado, sobre “Cuerpo y Sangre de Cristo”, en el programa de Ericka León, Una aventura de Fe”).

 

Dulcísima Eucaristía,

maná del cielo escondido,

que en la Cena deseada

se dio Jesús en Pan vivo.

 

Toda la historia de Dios,

entera desde el principio,

Historia y Encarnación

en este pan se ha metido.

 

Aquí termina y empieza,

la vida eterna del Hijo,

que por amor se hizo carne

y por amor pan y vino.

 

Con eterno pensamiento

en una Virgen se quiso,

hermano en gozo y dolor

hasta una cruz en suplicio.

 

Esto es mi cuerpo entregado

aquella noche nos dijo,

mi cuerpo, vida, Evangelio,

mi ayer, mi hoy, mi destino.

 

Y mi sangre derramada,

que nada retengo mío;

vuestro soy, cual soy del Padre,

y me quedo por los siglos.

 

La Eucaristía soy yo,

no es un don que os transmito,

la Eucaristía es el todo

porque allí yo soy yo mismo.

 

Yo soy Yo Resucitado,

el Viviente a lo infinito,

primero de los humanos,

y como hombre divino.

 

Yo soy yo en el Espíritu,

intimidad en lo íntimo,

Amor que crea y recrea,

amor que amando respiro.

 

Soy presencia como amor,

y el comerme será signo

de la unidad entrañable

como pan de ser comido.

 

Soy la sangre de la vida,

hecha ahora rojo vino,

y al ser sangre de tus venas,

soy en ti tu yo fundido.

 

Soy el Pan de cada día,

que Dios da a los elegidos,

el milagro de la fe,

si tú quieres recibirlo.

 

Soy Jesús de Nazaret,

y de los pueblos vecinos,

de Galilea y Judea

y el Monte de los Olivos.

 

Soy aquel del Evangelio,

soy el que soy yo contigo,

que si mi amor tú no fueras,

tampoco yo habría sido.

 

Soy Jesús Eucaristía,

venga o no venga el gentío,

soy y seré con vosotros

como yo lo he prometido.

 

Ábreme tu corazón,

y tenme por Bienquerido,

y en mi presencia has de ver

lo que hasta ahora nos has visto.

 

* * *

A mi vengo, mi Señor,

que en ti, mi Dios, he creído,

soy ciudadano del mundo

y me siento peregrino.

 

Soy un hambriento de amor,

buscador sin reprimirlo,

con una estrella en la frente

y con un vuelo encendido.

 

La Eucaristía está ahí,

belleza que he apetecido,

amor de amores que nadie

pude darme parecido.

 

Yo vengo para adorar

y estar en silencio unido.

Corpus Christi, Corpus Christi,

con mis recuerdos de niño.

 

Hoy son las calles de pétalos

para que pase el Santísimo,

y mi alma es una alfombra

con unos dibujos finos.

 

MI Jesús, amor sincero,

no quiero ser indeciso.

Mi corazón es del todo tuyo,

que tú los has cogido. Amén.

Cuautitlán Izcalli, Corpus Christi 2024.

1977. La Santísima Trinidad 2024

 

La Santísima Trinidad 2024

Mt 28,16-20


Texto

 16Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. 18Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

 

Hermanos:

1. Después de Pentecostés, que celebramos el domingo pasado coronando la Pascua del Señor, en la Iglesia celebramos unas fiestas importantes, que han tenido un hondo calado en el corazón de los fieles, y que son: la Santísima Trinidad, Corpus Christi, o fiesta del Cuerpo y la sangre de Cristo, el Sagrado Corazón de Jesús.

El Domingo de hoy se titula Domingo de la Santísima Trinidad. Pero ¿esq ue la Santísima Trinidad requiere una fiesta particular en el calendario espiritual de la Iglesia? Ciertamente que no. La Santísima Trinidad la celebramos en todo momento. Para comenzar la Misa, cada vez que celebramos estos santos misterios, comenzando haciendo la señal de la Cruz y diciendo: En el nombre del padre y del Hijo y del Espíritu, y si damos una bendición, por el motivo que sea la Santísima Trinidad habita en nuestros corazones, vienen estas palabras: Que Dios te bendiga en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

En la fe hemos recibido nuestro Dios es uno y trino; es un misterio de vida y amor que jamás podremos entender, y desde pequeño se nos enseñó que, que cuando recibimos el santo bautismo, fuimos bautizados como proclama el Evangelio de hoy en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Es una fiesta de regalo, de supererogación para que nos detengamos a pensar, a admirar, adorar, a gozar de la presencia de Dios que lo llena todo.

 

2. Todos hemso tenido en el mundo una padre y una madre que nos dieron la vida y con la vida todo lo demás. ¿Podemos saber o recordar cuál fue aquel momento en que yo supe que esta mujer que me tenía en brazos poque me daba de comer era mi madre? No, no existe ese momento, porque ese momento va metido dentro de mi ser desde siempre. No existe ese momento como no existe ese momento filosófico en que yo supe que yo era yo, distinto de mis compañeros, como persona individual en mediod e la familia humana. Cuando corrieron los años yo supe que ella fue mi madre, que me trajo al mundo por amor, que sin ella mi vida no habría sido nada, que a ella y a mi padre se lo debo todo, aunque es verdad que yo, con mis propio esfuerzo, he ido labrando mi vida.

Llega un momento en que un niño, que ya ha comenzado a reflexionar por propia cuenta, se ha hecho preguntas y se ha ido dando repuesta. ¿Quién ha hecho esta casa donde vivo? ¿La ha hecho mi padre? No, mi padre no es albañil y no sabe hacer estas cosas. La ha hecho otro y mi padre la ha comprado, o la ha heredado o lo que sea. Pero esta casa tiene alguien que la ha hecho, alguien que la ha dibujado, porque tiene hierro y tiene cemento y tiene baldosas y tiene electricidad. Estamos haciendo filosofía, que no es filosofía barata para tontos, sino filosofía muy sabia para personas inteligentes.

 

3. Por, como comprendemos, hermanos, el asunto no es un cuentecillo curioso que uno se inventa.  El asunto es más grande que mi propia casa. ¿Quién ha hecho el mundo? ¿Quién ah hecho el sol, al luna, las estrellas, los campos, las flores que me gustan, los vientos, los mares…? Nadie. Se han hecho solos; se han hecho por sí mismo… Es uan respuesta necia que no me puede convencer. La respuesta correcta es que Dios ha creado el mundo; que Dios ha creado la vida y la evolución de todas las cosas. La cosa es absolutamente seria, porque ahora la conclusión necesaria es que yo vivo dentro el mundo, luego yo vivo en Dios.

San Pablo, cuando no era san Pablo, sino Saulo de Tarso, haciendo un discurso en la Plaza de Atenas, en el Areópago, les dijo a los atenienses: en Dios vivimos, nos movemos y existimos; así lo han dicho incluso algunos de vuestros poetas: “Somos estirpe suya”.

Hasta los mismos paganos llegaron a decir: Somos estirpe de Dios, somos hijos de Dios.

 

4. Uno comeinza a deshilar estas verdades y empieza a entender la vida de otra manera, pensando en al dirección que quiera:

Si este mundo lo ha hecho Dios, yo vivo dentro e Dios, y felizmente no puedo escapar de us mirada, como dicen los salmos.

Hemos encontrado la presencia de Dios en el mundo. Y de repente el mundo se hace infinitamente más bello para mí si pienso que todo este mundo sin fronteras Dios lo ha hecho precisamente para mí, para que yo lo disfrute; para mí y todos sus hijos, para que todos lo disfrute.

Pero con la presencia de Dios yo encuentro igualmente la providencia de Dios, es decir, la solicitud constante de Dios para que el universo entero siga en la dirección que Dios le ha marcado. Jesús nos dijo. Mi Padre trabaja y yo también trabajo. Y los judíos explicaban que es verdad que Dios descanso al séptimo día e instituyó el sábado para que nosotros entremso en el descanso de Dios, en la vida más íntima de Dios, en el disfrute de Dios, pero Dios sigue trabajando y no deja un instante de trabajar, porque la conservación del mundo es la providencia de Dios. No tengo más que abrir los ojos, observar la vida y me encuentro con Dios.

 

5. Todo esto, hermanos,  que es infinitamente bello – bello hasta cansar mi corazón, Dios mío, dice un himno litúrgico – no es más que el preámbulo de la Trinidad.

Porque al relación nos dice que Dios se ha hecho hombre entre los hombres, Dios se ha encarnado, se ha hecho uno de nosotros, nacido bajo la Ley, nacido de mujer, para tenernos a todos como hermanos carnales, hermanos en el Espíritu y llevarnos hasta la última intimidad con Dios.

Dios es hombre y aquí nace la revelación de la Trinidad. Dios Padre, Dios Hijo, Dios Es

Y vendremos a él y haremos morada en él.

Hermanos, son verdades que nos exceden en absoluto, nos exceden hasta lo infinito, pero son verdades concretas, que por gracias podemos vivir en nuestro corazón. Vivirlas y experimentarlas como verdades que configuran el contorno de nuestra vida. Para esos e ah establecido la solemnidad de la Santísima Trinidad en el Domingo que sigue a Pentecostés.

La Santísima Trinidad es mi familia.

Soy hijo de Dios, soy hermano de Jesús; el Espíritu Santo, que es el Espíritu de Jesús, es el que me colma con sus dones. Todo ello para gloria y alabanza del Padre, fuente de todos los dones.

La historia santa, que llamamos historia de salvación, y que comienza a contarse desde la primera línea de la Biblia, es la historia de esta presencia.

 

. 32Pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra; pregunta desde un extremo al otro del cielo, ¿sucedió jamás algo tan grande como esto o se oyó cosa semejante? 33¿Escuchó algún pueblo, como tú has escuchado, la voz de Dios, hablando desde el fuego, y ha sobrevivido? 34¿Intentó jamás algún dios venir a escogerse una nación entre las otras mediante pruebas, signos, prodigios y guerra y con mano fuerte y brazo poderoso, con terribles portentos, como todo lo que hizo el Señor, vuestro Dios, con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?

 

Queridos hermanos, esta es nuestra fe. Creemos en un Dios vivo y verdaderos, en un Dios que creó un mundo como morada para su Hijo ya para mí, en un Dios que me acompaña y que un día ma ha de recibir en sus brazos en el cielo. Este es el misterio de la Santísima Trinidad.

Dios mío y mi todo, oraba san Francisco.

Pues nosotros decimos lo mismo.

 Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo; mi alma tiene ansia de ti. En ti creo, en ti, confío, en ti es pero. Tú eres el sentido total de mi vida, de mi muerte y de mi eternidad. Amén. Dios mío, te amo.

Cuautitlán Izcalli, viernes, 24 mayo 2024.

domingo, 19 de mayo de 2024

1976. Pentecostés 2024 Jn 20,19-23

 

Pentecostés 2024

Jn 20,19-23


Texto

19Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». 20Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 22Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Hermanos:

1. Pentecostés, culminación y coronación de la Pascua del Señor. Las dos solemnidades forman una unidad indisoluble. Estamos en el momento principal del año de la Iglesia. De aquí, de este misterio unitario de la pascua del Señor, nace todo lo demás. La Navidad nace de la Pascua, y la Pascua llega a su esplendor cuando Jesús entrega el Espíritu a la Iglesia.

El Evangelio de san Juan, como lo acabemos de escuchar, nos dice cómo el mismo día de la Resurrección gloriosa Jesús entregó el Espíritu a su Iglesia.

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.

Con este gesto Jesús nos remite al momento principal de la creación, cuando Dios, Creador de cielo y tierra, creó al ser humano como corona de todas sus obras, Y entonces Dios Creador insufló, de su propio ser, aliento de vida, su propio Espíritu, y entonces el hombre comenzó a ser hombre, ser viviente, no comparable a ningún otro ser del universos, a ninguna estrella ni galaxia, a ningún animal – volátil, acuático o terrestre -, a ninguna planta. El hombre era rey del universo por el Espíritu de Dios, por gracia se le daba una dignidad divina que no la podía ni perder ni profanar. El hombre surgía en la tierra para ser santo con la santidad de Dios; había sido creado, como lo dice otra frase del principio de la Iglesia, a imagen y semejanza de Dios; “hombre y mujer los creó”, con la misma grandeza y dignidad. No es superior el hombre a la mujer, ni es superior al mujer al hombre; los dos han nacido directamente de las manso de Dios, los dos son hijos de Dios, cada uno con su característica propia.

En este momento en que nace la Iglesia de la muerte y Resurrección de Jesús, en este momento en que el Resucitado les muestras las manos y el costado, en este momento infunde el Espíritu, que va a ser el alma de la Iglesia. Recibid el Espíritu Santo, les dice Jesús a los apóstoles la tarde de la Resurrección.

Les habla del perdón de los pecados; es una manifestación de la presencia del Espíritu, pero de ninguna manera se dice que sea la única.

El Espíritu bien podemos decir que es la vida de la Iglesia y allí donde hay vida, está el Espíritu.

 

2. Todos los años, en este día leemos lo que ocurrió, como lo cuenta san Lucas en los Hechos de los Apóstoles:

1Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. 3Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. 4Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse. 5Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. 6Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua”.

Babel había sido la ruptura de la unidad humana y la dispersión de la humanidad, cada quien por su propio lado. Pentecostés es el signo de la reconciliación y de la unidad.

Babel hoy es la guerra, en Ucrania y en Rusia, en Palestina e Israel. Y en otras regiones del mundo, cuyos ecos no nos alcanzan a través de la prensa. Y Pentecostés es el diálogo y la paz, porque toda guerra es un crimen contra Dios y contra los hijos de Dios, que somos todos y cana uno. Pentecostés es la unidad y el amor.

3. Todos los años en este día leemos y escuchamos las mismas palabras de san Pablo, que escribe a la comunidad de Corinto:

 6y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. 7Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común. 8Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. 9Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. 10A este se le ha concedido hacer milagros; a aquel, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas. 11El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”.

4. El Espíritu Santo, hermanos, es el alma de la Iglesia. Estos días, concretamente con fecha 17 de mayo, acaba de publicarse un largo documento titulado: “normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales”.  En la Presentación A la escucha del Espíritu que obra en el Pueblo fiel de Dios”, se dice: “Quien se deja llevar dócilmente por el Espíritu Santo tiene experiencia de la presencia y de la acción de la Trinidad, por lo que una existencia así vivida, como enseña el Papa Francisco, se traduce en una vida mística que, si bien «aun privada de fenómenos extraordinarios, se propone a todos los fieles como experiencia diaria de amor»[13].

En este mismo documento se nos explica cómo el Espíritu de Dios habita en cada uno de nosotros por el bautismo, y cómo los caminos de Dios en cada uno son maravillosos e inescrutables:

“San Juan de la Cruz constataba «cuan bajos y cortos y en alguna manera impropios son todos los términos y vocablos con que en esta vida se trata de las cosas divinas».[1] Ninguno puede expresar plenamente los caminos inescrutables de Dios en las personas: «los santos doctores, aunque mucho dicen y más digan, nunca pueden acabar de declararlo por palabras, así como tampoco por palabras se pudo ello decir».[2] Porqué «este camino de ir a Dios es tan secreto y oculto para el sentido del alma como lo es para el del cuerpo el que se lleva por la mar, cuyas sendas y pisadas no se conocen».[3] En realidad, «pues es él el artífice sobrenatural, él edificará sobrenaturalmente en cada alma el edificio que quisiere».[4]

5. Creyendo firmemente que Dios es grande y maravilloso, que Dios está presente en todas las razas y culturas, hemos de pedirle que por su amor y misericordia siga manifestándose en medio de nosotros en esta época de la historia que nos ha tocado vivir. El Espíritu de Dios no produce ruptura y odio, división, venganza, egoísmos; todo lo contrario, el Espíritu de Dios produce amor, que es la herencia que Jesús dejó en la tierra. En las cartas de los apóstoles hay una frase que nos sorprende en san Pablo y en la Primera de san Pedro: Saludaos unos otros con el beso santo; o con el beso de amor.

Terminamos, pues, mis queridos hermanos, con esa frase que se repite en las reuniones sagradas de la liturgia: Ven, Espíritu Santo, y renueva la faz de la tierra. Ven, Espíritu Santo, y cambia mi corazón; y que yo, con un corazón humilde, sea artífice de un mundo de Paz y Bien, de Paz y Amor.

Cuautitlán Izcalli, sábado 18 de mayo de 2024.

1975. Domingo de las Ascensión 2024

 

                    Domingo de las Ascensión 2024

                                            Mc 16,15-20

Texto

15Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. 16El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. 17A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, 18cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos». 19Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. 20Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

 

Hermanos:

1. Hoy es la Ascensión del Señor.  Una vez más vuelven a neustros oídos aquellos sonsonetes que coreábamos de niños, aprendidos seguramente en la catequesis infantil: “Tres jueves hay en el año / que relucen más que el sopl: / Jueves Santo, Crospus Christi / ý el Día d elas Ascensión”.

El día de la Ascensión lo celebra la Iglesia 40 días después de la Resurrección, ateniéndose la calendario que nos da san Lucas al comienzo de su libro: Hechos de los Apóstoles, que viene a ser la segunda parte del Evangelio. Y en Roma así lo han celebrado. El jueves pasado, 9 de mayo, ha sido la fecha escogida por el Papa Francisco para firmar la bula convocatoria del próximo Jubileo de la Redención, Spes non confundit, la esperanza no defrauda, Dado en Roma, en San Juan de Letrán, el 9 de mayo, Solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, del año 2024, duodécimo de Pontificado.

La bula comienza con este párrafo que es bueno escucharlo precisamente en este día de la Ascensión del Señor a los cielos:

2. “«Spes non confundit», «la esperanza no defrauda» (Rm 5,5). Bajo el signo de la esperanza el apóstol Pablo infundía aliento a la comunidad cristiana de Roma. La esperanza también constituye el mensaje central del próximo Jubileo, que según una antigua tradición el Papa convoca cada veinticinco años. Pienso en todos los peregrinos de esperanza que llegarán a Roma para vivir el Año Santo y en cuantos, no pudiendo venir a la ciudad de los apóstoles Pedro y Pablo, lo celebrarán en las Iglesias particulares. Que pueda ser para todos un momento de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, «puerta» de salvación (cf. Jn 10,7.9); con Él, a quien la Iglesia tiene la misión de anunciar siempre, en todas partes y a todos como «nuestra esperanza» (1 Tm 1,1)”.

 

3. El misterio de la Ascensión de Jesús lo tenemos expresado hoy en los tres lecturas de la misa.

Al empezar a escribir los Hechos de los Apóstoles, san Lucas nos dice: “Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios. 4Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, 5porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

Y un momento después continúa: “9Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. 10Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, 11que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo». 12Entonces se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado”.

Asís pues, el Monte de los Olivos, que había sido el Monte de la Agonía fue el Monte de la Ascensión.

4. El Evangelio de san Marcos no nos da los mismos detalles, y un analista riguroso que quisiera analizar los textos sagrados con los criterios de un acta judicial, nos dirían que no tienen valor porque no coinciden en detalles importantes. Pero ocurre, hermanos, que los textos de la Sagrada Escritura, y específicamente los textos evangélicos, no son la actas históricas de un juicio, consignado por notarios y escribientes; son testimonios de fe de las vivencias de la Iglesia, con las consecuencias imperativas para nuestra vida, porque lo que celebramos no son cosas que un día fueron y se perdieron para siempre, sino realidades celestiales que hoy están ocurriendo, y que están protagonizadas por Jesús, el Viviente, el que vive y reina junto al Padre, el que hoy dirige a la iglesia y que tiene una misión para la Iglesia que nosotros escuchamos y queremos vivir.

¿Qué nos dice, pues, hoy la Ascensión de Jesús? ¿A qué alegría nos invita? ¿A qué tarea nos compromete?

 

5. La Ascensión del Señor cierra la vida terrestre de Jesús, y abre la vida celestial, que nosotros vivimos en la tierra hasta su vuelta.

La última recomendación de Jesús: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

Es la misión que tenemos los cristianos: que el Evangelio que Jesús nos ha entregado, en el cual están todos los dones de Dios, llegue no solo a todos los hombres, sino a toda la creación. San Francisco predicaba el Evangelio no solo a las genets sencillas, sino incluso a las aves del campo. Los domingos, en la oración de la mañana decimos

1. Criaturas del Señor, bendecid al Señor;
        ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles de Dios, bendecid al Señor,
        cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor,
        Sol y Luna, bendecid al Señor,
        astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvias y rocío, bendecid al Señor;
        vientos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor,
        ríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor,
        témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Nieves y escarchas, bendecid al Señor,
        noches y días, bendecid al Señor.

Y así vamos recorriendo la creación para que se una a nuestra alabanza y todos juntos formemos un coro. No es lirismo y poesía sin sentido; es un acto de fraternidad y alabanza con todo lo que Dios ha creado.

5. El Señor ha subido al cielo, pero su obra no ha terminado. En la Iglesia hay mil cosas que hacer. Antes de morir san Francisco dijo a sus hermanos: YO he hecho mi parte; el Señor os enseñe la vuestra. No tenemos que repetir lo que él hizo; tenemos que continuar una obra que él comenzó con la gracia de Dios.

Cada generación tiene su obra. Jesucristo al dirige desde el cielo, pro él necesita nuestra colaboración.

Ahora bien, hay un detalle que no debemos olvidar. Aprendamos de memoria esta frase final del Evangelio de san Marcos: 20Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Hermanos: El Señor desde el cielos se encarga de dar los signos correspondientes. El Evangelio ha recordados cinco signos portentosos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, 18cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

No son el catálogo; son ejemplos de cosas que se han verificado y que estásn testificadas en los Evangelio y el Nuevo Testamentó. San Pablonos dice que ha subido al cielo para llenar el universos, y nos presenta un cuadro maravilloso de lo que Cristo está realizando:

Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, 12para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; 13hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. (Ef 4,11-13).

Hermanos, podemos mirar al cielo para trabajar en la tierra. La obra de Jesús nos llena de alegría y esperanza.

Señor Jesús, por tu santa Resurrección y Ascensión colma a la Iglesia de tus dones. Danos seguridad, paz y alegría y que sepamos cumplir, en estos tiempos tan agitados,  la obra que nos has encomendado. Amén.

Cuautitlán, sábado, 11 mayo 2024.