Theiosis – Divinización
“….así las almas portadoras del Espíritu
y por él iluminadas se hacen ellas también espirituales e irradian a los demás
su gracia
De ahí procede el conocimiento de las
cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprensión de las cosas
ocultas, la distribución de dones, el trato celestial, la unión con los coros
angélicos; de ahí deriva el gozo que no termina, la perseverancia en Dios, la
semejanza con Dios y, lo más sublime que imaginarse pueda, nuestra propia
deificación” (Del Libro de san Basilio Magno, obispo, Sobre el Espíritu Santo.
Cap. 9, núms. 22-23. – Lectura del Oficio de hoy).
He aquí como explica la Teología esta Theiosis, que se nos da por gracia:
“Esta novedad de vida, que nos hace
posible Dios, se indica en el Nuevo Testamento con las expresiones
regeneración, renovación en el Espíritu Santo (Tit 3,5), nueva criatura (2 Cor
5,17. Gál 6,15), nacimiento de lo alto o del Espíritu (Jn 3,3-8), nacimiento de
Dios (Jn 1,13). En2 Pe 1,3-7 se recurre a palabras muy incisivas para expresar
esta nueva situación: el hombre se hace partícipe de la naturaleza divina. En
este texto, recogiendo una expresión muy difundida entre los filósofos griegos,
el autor afirma la posibilidad para los creyentes de gozar ciertas propiedades
que son características de Dios. Los Padres de la Iglesia, aunque evitan dar a
la divinización un significado panteísta, no tuvieron reparo en entenderla en
sentido real; contra cualquier interpretación puramente moral y metafórica de
la participación en la vida de Dios por parte de los redimidos, piensan que son
verdaderamente asumidos en la esfera de lo divino y que realmente Dios está
presente en el hombre. valorando globalmente el pensamiento de los Padres, hay
que reconocer que ellos, adoptando una perspectiva platonizante, consideraron
la divinización más bien en el sentido de una regeneración, de una
participación en la iluminación divina (Juan Damasceno), de una semejanza
especial con Dios. Cuando la teología adoptó la perspectiva filosófica
aristotélica, la realidad de la divinización se expresó en términos más
rigurosos. Tomás, por ejemplo, entenderá la gracia como «participación en la
naturaleza divina no só1o moral, sino física, no só1o virtual, sino formal,
pero analógica, que imita imperfectamente -como accidente- lo que es Dios en
substancian (R. Garrigou-Lagrange); se trata, en una palabra, de “una
participación de la divinidad como es en sí” (R. Garrigou-Lagrange).
G. M. Salvati (Diccionario Teológico en
mercaba.org.
1.
Con humilde sencillez
al
Espíritu me arrimo,
y
saber cosas divinas
como
hijo se las pido.
2.
Cuanto en Jesús, Hijo amado,
en
su Pascua se ha cumplido,
por
la gracia del Espíritu
en
mí ha de ser compartido.
3.
Vida evangélica llaman
la
que vivió san Francisco,
y
san Francisco nos dice
que
el Espíritu lo hizo.
4.
Sentir cual Jesús sentía,
y
actuar con sus latidos
nadie
jamás lo podrá
si
no lleva a Dios consigo.
5.
Francisco es espiritual,
del
Espíritu invadido,
Francisco
es la Pascua viva,
y
lleva al Dios prometido.
6.
Es puramente cristiano,
un
siervo de Jesucristo,
existencia
teologal,
que
escucha y vive lo oído.
7.
Y ese divino proyecto,
a
mí, cristiano, ha venido:
mi
vida es vida de Dios,
por
un Ósculo encendido.
8.
Mansamente el santo Espíritu,
me
conduce a su recinto,
y
cobijado a sus alas
todo
es pascual y divino.
9.
Espíritu personal,
que
por mí gimes a gritos,
sé
caricia, sé consuelo,
sé
el Amor, que eses tú mismo.
10.
Y sea yo tu creyente,
eterno
y agradecido,
en
tu amor abandonado
Espíritu
enternecido.
Ciudad
de México, martes de la VII semana de Pascua,
30
de mayo de 2017