El carisma de Ignacio Larrañaga,
a los siete años de su tránsito (2013-2020)
Meditatio
1. El VII aniversario en medio de la
pandemia
Hoy, 28 de octubre
de 2020, fiesta de los Santos apóstoles Simón y Judas, se cumplen 7 años de la
muerte del P. Ignacio Larrañaga en Guadalajara de México, lugar de mi
residencia, la muerte que ocurrió en la Casa de Ejercicios llamada “Nazaret”
(que pertenece exactamente al municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos, a 30
km. de la capital, municipio de 6137 habitantes, según los datos de Wikipedia,
a la fecha). Los años pasados eran convocados los guías para celebrar la
Eucaristía en el lugar donde murió, que gozosamente compartíamos.
Retenido y – hasta
diría – “confinado” por circunstancias en Madrid, pedí a la dirección que me
informaran de lo que se proyectaba en la Casa de Oración para este aniversario,
que a los Guías les gusta llamar “la Pascua del Padre Ignacio”, y me informaron
de que, debido a la pandemia, no iba a realizarse ningún acto presencial. Sí,
en cambio, la dirección central desde Santiago ofrecía un bellísimo programa,
como así ha sido, seguido y comentado por varios millares de internautas.
He podido escuchar
la “Vida del Padre Ignacio”, narrada bellamente por alguien que le conoció de
cerca, la Sra. Sara Sepúlveda, quien junto con su esposo, estuvieron al frente
de la dirección internacional. Es hermoso que desde una exquisita sensibilidad
femenina, que ha vivido el carisma de los Talleres de Oración y Vida, nos
cuenten quién era el capuchino P. Ignacio. (Y a propósito: correctamente dice
Sara Sepúlveda que la ordenación sacerdotal P. Ignacio fue en Pamplona, como es
patente para los hermanos de mi provincia; no en San Sebastián, como figura en
el sitio oficial de TOV).
Y he recordado…
Cuando murió el P. Ignacio, escribí en este blog: “458. Padre Ignacio
Larrañaga, en perfume de oración y en olor de santidad. 30 de octubre de
2013”. Posteriormente he añadido nuevas entradas: 503 – 506 – 610 – 612 – 613 –
614 – 736 – 738 – 739 – 811 – 832 – 851 – 935 – 1132.
Y en esta tarde,
con amor de hermano, y muy especialmente por Ignacio Larrañaga era de mi provincia,
y se formó en los mismos conventos, con los mismos educadores, con los mismos
libros, con los mismos usos y costumbres de la Orden Capuchina, vuelvo a
preguntarme: ¿Cuál fue exactamente el carisma del P. Ignacio Larrañaga, hoy de
los Capuchinos la figura más conocida, después del Padre Pío? La irradiación
que ha tenido, patente en los medios informáticos, es abrumadora. ¿Podía haber
decaído después de su muerte? A la verdad, que no ha sido así.
A esto viene la
reflexión meditativa que ofrezco.
Siete años de
distancia hace que vayan desapareciendo los testigos contemporáneos,
especialmente de sus hermanos capuchinos; mas por otro lado la distancia da más
objetividad. Bien es cierto que la distancia, como ocurre en personajes célebres,
va “aureolándola” más y más la figura del protagonista en la imagen de sus
seguidores.
Para hablar de
cuál es el carisma que el P. Ignacio entrega a la Iglesia, tenemos que perfilar
la noción de lo que es un carisma en medio del pueblo de Dios.
2. Perfiles de lo
que es un carisma en la Iglesia: “Mutuae relationes”
El día 14 de Mayo de 1978, Solemnidad de
Pentecostés se publicó en Roma un documento muy importante e iluminador,
“Mutuae relationes”: criterios pastorales sobre relaciones entre obispos y
religiosos en la Iglesia.
Entonces me llamó mucho la atención la claridad con
que se hablaba de lo que es un carisma en la Iglesia, doctrina que sigue
perfectamente válida hasta hoy. He aquí algunos párrafos como soporte de
nuestra “Meditatio”, correspondientes a los números 11 y 12:
“El carisma mismo de los Fundadores se
revela como una experiencia del Espíritu (Evang. nunt. 11),
transmitida a los propios discípulos para ser por ellos vivida, custodiada,
profundizada y desarrollada constantemente en sintonía con el Cuerpo de Cristo
en crecimiento perenne. Por eso la Iglesia defiende y sostiene la índole
propia de los diversos Institutos religiosos (LG 44; cfr. CD 33; 35, 1, 2,
etc.). La índole propia lleva además consigo, un estilo particular de
santificación y apostolado que va creando una tradición típica cuyos elementos
objetivos pueden ser fácilmente individuados. Es necesario por lo mismo que en
las actuales circunstancias de evolución cultural y de renovación eclesial, la
identidad de cada Instituto sea asegurada de tal manera que pueda evitarse el
peligro de la imprecisión con que los religiosos sin tener suficientemente en
cuenta el modo de actuar propio de su índole, se insertan en la vida de la
Iglesia de manera vaga y ambigua.
Señales del «carisma» genuino
12. - Todo carisma auténtico lleva consigo una cierta
carga de genuina novedad en la vida espiritual de la Iglesia, así como de
peculiar efectividad, que puede resultar tal vez incómoda e incluso crear
situaciones difíciles, dado que no siempre es fácil e inmediato el
reconocimiento de su proveniencia del Espíritu.
La caracterización carismática propia de cada
Instituto requiere, tanto por parte del Fundador cuanto por parte de sus
discípulos, el verificar constantemente la propia fidelidad al Señor, la
docilidad al Espíritu, la atención a las circunstancias y la visión cauta de
los signos de los tiempos, la voluntad de inserción en la Iglesia, la
conciencia de la propia subordinación a la Sda. Jerarquía, la audacia en las
iniciativas, la constancia en la entrega, la humildad en sobrellevar los
contratiempos. La exacta ecuación entre carisma genuino, perspectiva de novedad
y sufrimiento interior, supone una conexión constante entre carisma y cruz; es
precisamente la cruz la que, sin justificar los motivos inmediatos de
incomprensión, resulta sumamente útil al momento de discernir la autenticidad
de una vocación.
Cada religioso personalmente tiene también sus propios
dones que el Espíritu suele dar precisamente para enriquecer, desarrollar y
rejuvenecer la vida del Instituto en su cohesión comunitaria y en su testimonio
de renovación. Pero el discernimiento de tales dones y de su utilización deben
tener como medida la congruencia de los mismos con el estilo comunitario del
Instituto y las necesidades de la Iglesia a juicio de la legítima autoridad”.
3. Dónde está la
“novedad” (el “novum”) y la “efectividad” del carisma de Ignacio Larrañaga
El florecimiento
sorprendente de los Talleres de Oración y Vida es de por sí, mientras no se
demuestre lo contrario, de que estamos ante la irrupción de un carisma. Hoy, el
capuchino Ignacio Larrañaga, tiene una legión de seguidores guías de oración,
que le llaman no “hermano”, sino “Padre”, nuestro “Padre Fundador”, mucho más
numerosa que el conjunto de toda la Orden Capuchina, que a 31 diciembre de 2019
contaba con 10.515 miembros. Evidentemente que la solidez de una Orden como la
nuestra que va a cumplir cinco siglos (1528), el hecho de que esté implantada
en más de 100 países, le da unas garantías que hoy por hoy no tiene un movimiento
espiritual tan laudable como la realidad que con gozo comentamos.
Según la teología
de los carismas, podemos decir:
1) Ignacio
Larrañaga ha sido portador de un carisma.
2) Este carisma ha
sido “institucionalizado” en la Iglesia mediante una aprobación pontificia,
primero “ad experimentum” (1997), luego definitiva (2002).
3) Ese carisma
pasa a la Iglesia, pues los carismas son para el servicio de los hermanos: no
son bienes de propia administración.
4) Y se mantiene mediante
la fidelidad de sus portadores, que no puede ser una fidelidad repetitiva, a
modo mecánico, sino una “fidelidad dinámica”.
5) Desparecida la
persona del Fundador, que siempre será una referencia viviente, los portadores
del carisma en los Talleres de Oración y Vida son los Guías de Oración.
Ya comenzamos a
pisar un terreno muy delicado… Porque quienes hemos seguido las 15 sesiones de
los “Talleres de Oración de Oración y Vida”, hemos visto cómo el Guía o la Guía
debe atenerse meticulosamente, paso a paso, a lo que le va marcando el Manual,
que ciertamente fue elaborado a lo largo de una probada experiencia.
Aclaremos también
que, si es cierto que el carisma normalmente queda plasmado en la persona del
Fundador o Fundadora – lo que, en principio, le da una credibilidad de “santo”
o “santa” – habrá que distinguir netamente entre la singularidad personal del
Fundador o Fundadora y el carácter “institucional” del carisma que se entrega y
se aprueba. El triste caso del P. Marcial Maciel, con respecto a su obra de los
Legionarios de Cristo Rey y del “Regnum Christi” es, desgraciadamente, una
evidencia de este criterio. Esto de modo negativo.
Con otra visión –
esta ya de talante positivo – siempre nos han dicho los espirituales que puede
darse, y se da, el caso de quien recibe una auténtica comunicación de Dios, con
su fantasía le añade, la multiplica…, poniéndola al mismo plano que la gracia
original. Una palabra percibida en el corazón, puede ser el inicio de un
discurso, e incluso de una visión.
Ahora nos
preguntamos: Cuál fue exactamente el carisma de Ignacio Larrañaga y cual es el
“novum”, la novedad que aporta a la Iglesia. Cuál es este carisma que no nace
de una “locución”, ni de una “visión”, sino de una experiencia,
experiencia originante que en el libro de “La rosa y el fuego” está “enmarcada”
en un lugar (Gallipienzo) y en una fecha (Sagrado Corazón de Jesús de 1957).
He aquí cómo
podemos sistemar la respuesta:
1. El carisma
personal de Ignacio Larrañaga fue “la gracia de la oración” como “experiencia
de Dios” de este modo:
- Haber
descubierto la oración personal como la gracia de su vida, entendiendo la
oración como la relación personal, viva y real, con un Dios manifestado como
Padre, y desde este centro abarcar la vida entera.
- Haber podido
expresar y dar método a esta vivencia con una determinada táctica y
pedagogía, de orden psicológico-espiritual, en una praxis llamada “Talleres de
Oración y Vida”. En oración y en otros ámbitos de la vida no es lo mismo tener
una gracia que saber comunicar esa gracia; no es lo mismo ser un gran Matemático
que “saber enseñar” Matemáticas, es decir, ser un buen profesor de Matemáticas.
- Y haber
creado real y efectivamente un cuerpo de cristianos, que garantizan y
sirven esta pedagogía
2. Cuál es la
“novedad” (el “novum”) que aporta este carisma
La novedad de este
carisma consiste en estos dos aspectos:
- El estímulo de
la oración diaria que se brinda a todo hijo de Dios, que se ha encontrado con
su Padre Dios, abierto a toda experiencia espiritual que el Señor quiera regalarla.
- Y el punto
externamente más distintito que esta obra será dirigida exclusivamente por Guías
seglares, lo mismo mujeres que varones, en base a los dones del Espíritu que
confiere el sacramento del bautismo.
3. Cuál es la vitalidad
del carisma y cuál sería su corrupción
- La vitalidad
está en la fidelidad a la “intuición” generadora del carisma y la fidelidad al
hoy de Dios en la Iglesia.
- La corrupción
del carisma sería la “repetición mecánica” de un método que podría funcionar
como un “robot”, en lugar de la infusión carismática del Guía, pues solo puede
ser Guía aquel o aquella que contagia oración, porque vive oración.
En vida del P.
Ignacio el fervor mantuvo vivos los Talleres. Pero él vio claramente que el
fuego se puede apagar, y emprendió una campaña de renovación desde las raíces,
que él llamo las 62 semanas de la “Refundación”. En ese clima espiritual
escribió su último libro, titulado “Conversión permanente”. Un libro dirigido
especialmente a los guías, y en la introducción dice que es su libro principal.
Un libro que es como un diálogo de oración preparando cada uno de las sesiones
de los Talleres.
Un carisma es algo
muy bello y, al mismo tiempo, muy frágil. Se piense, por ejemplo, en el carisma
de la virginidad en la iglesia. Cuando el fervor decae en rutina, comienza a
desaparecer el tal carisma. Una virginidad sin amor, ya no es virginidad… ya ha
dejado de ser carisma, aunque externamente y de modo físico la virginidad siga
siendo la misma.
Ignacio Larrañaga
hizo su camino; ya pasó.
¿Cuál es hoy su
función? El P. Ignacio será referencia; será también intercesor.
La conferencia
citada de Sara Sepúlveda terminaba:
“Comencemos… “Hasta ahora, poco o nada hemos hecho,
comencemos otra vez”.
¡Siempre Presente,
padre Ignacio!”
La rica
personalidad de Ignacio Larrañaga me ha interesado. En un estudio a fondo de “vida
y mensaje” hay puntos pendientes que, por amor a la verdad, hemos de afrontar,
ya en un plan especializado, y, en lo posible, tratar de resolver. No se trata
de meras curiosidades, sino de algo profundo que afecta al ser de la persona, a
esa capacidad creadora, imaginativa, generadora de sentido que uno lleva
consigo, presente en nuestras vivencias. En noviembre de 1993 ante una reunión
importante de guías abrió su corazón y les contó de dónde manaba toda aquella
espiritualidad: “En el año 1957… pues recuerdo que estaba en un pueblito de
Navarra, predicando un fin de semana. … Era el mes de mayo”. Cuatro años más
tarde escribió “La rosa y el fuego”. Este pueblito tiene un nombre:
Gallipienzo. Este fin de semana es una fiesta concreta: Sagrado Corazón. El mes
de mayo es junio… Estas diferencias que están ahí, al evocar una experiencia
que ciertamente se dio, ¿qué indican? ¿Un mero “lapsus memoriae” que a cada uno
nos ocurren…, o algo más profundo pues se trata de cosa tan importante? La
verdad es que en otros sucesos fuertes de su vida se dan estas contradicciones…
A Ignacio le
agradó mucho la frase de un escritor que antepuso a su libro sobre Jesús de
Nazaret: “Nada es como es sino como se recuerda”.
Ignacio trata de
llevarnos a la “experiencia de Dios”. Pero Dios, el Dios de la fe ¿es
experiencia? Sin duda… Si Dios no es experiencia es vacío, y en el vacío yo
puedo navegar a mi antojo, como señor de esos mundos.
El hombre – Yo –
frágil hasta el borde de la nada, y abierto hasta lo Infinito, puede inventar a
Dios-Engaño y vivir en él; pero puede sacar de sí al Dios de la verdad y vivir
embriagado de esa inefable Verdad Amorosa, en esa Ternura, que es cosustantiva
a la Encarnación, en ese Fuego, que es la Cruz. Todo es posible.
Y también es
posible atrofiar el hambre de lo infinito con la Política, el Deporte y la
Pandemia… Y vivir sin vivir, enajenados por esa novedad que nos distrae, y que
es muerta por la siguiente que viene
Dios es
experiencia. Ignacio apunta ese camino… Pero ¡cuidado!, tampoco Ignacio es el
Maestro: es un apuntador, simplemente. Pero un apuntador válido.
4. La liturgia del
28 de octubre y el carisma de Ignacio Larrañaga
Mi último
descubrimiento en torno a Ignacio Larrañaga han sido las lecturas de hoy,
fiesta de los santos Apóstoles Simón y Judas, día en que murió mi hermano
Ignacio.
Del Apóstol Simón,
puesto al final del elenco apostólico, no ha quedado en la Escritura otro dato
que el del sobrenombre que llevó: Simón, el Zelotes, según la tradición lucana.
Los otros dos Sinópticos lo llaman Simón el Cananeo, palabra que, si se ha de
interpretar con la etimología hebrea, significa lo mismo: Simón lleno de celo.
En la primera
lectura acudimos a Ef 2,19-22: “Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros,
sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios. Estáis
edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo
Jesús es la piedra angular”. Esto es divino. Efectivamente: ¡Esa es mi familia,
ese es mi ámbito, ese es mi hábitat!”. Un Taller de oración no es otra cosa
sino introducirnos en ese espacio.
Vayamos a Judas
Tadeo. De él se nos cuenta en la Cena del Señor: “Le dijo Judas, no el
Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al
mundo?». Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi
Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,22-23). Esta
declaración de Jesús pasa a ser hoy la antífona de la Comunión.
¿Qué es, pues, la
experiencia de Dios y qué son los Talleres de Oración y Vida? La experiencia
del Dios viviente que mora en mi corazón y me acompaña noche y día.
Madrid, 28 octubre
2020