sábado, 24 de octubre de 2020

1444. Mi Señor baja muy suave


Mi Señor baja muy suave

El ciclo bienal de lectura nos invita hoy a leer el Sirácida 51,1-17. La búsqueda de la Sabiduría (vv. 13ss) es hallazgo pacífico y gracia del Señor…: “daré gloria a quien me ha dado la sabiduría” (v. 17)  

Y en consonancia la lectura patrística evoca a San Cirilo de Alejandría, Comentario sobre el libro del profeta Isaías (Lib 4, Sermón 4: PG 70, 1090-1091)

“Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. No está fuera de propósito, sino en perfecta sintonía con una correctísima exposición, aplicar estas palabras al coro de los santos apóstoles, e incluso a todos los que creen en el Señor, Cristo Jesús, han sido instruidos por el Espíritu y, en consecuencia, tienen el ánimo y la mente ampliamente iluminados; que fueron hechos partícipes de los divinos carismas y merecieron contemplar, con los ojos puros del alma, las profundidades de la Escritura divinamente inspirada; y que consiguieron una recta y evangélica forma de vivir, una prudencia y un conocimiento típicos de los santos”.

Al eco de tales textos viene este poema meditativo, en esta hora de tanta turbulencia.

(Me ha impresionado mucho la carta que un centenar de intelectuales católicos, con sus firmas, dirigen al Papa Francisco, Madrid 22 oct, 2020,  con motivo de la visita del Presidente de Gobierno el 24 de octubre. El párrafo segundo comienza: “España vive probablemente su momento más difícil desde el fin de nuestra terrible Guerra Civil”, y explican los puntos concretos de esta situación).

 

Mi Señor baja muy suave

hasta el fondo de mi alma;

querencia tiene de mí,

cual si algo le faltara.

 

Puedo decirle en verdad

Sabiduría encarnada,

que es esta su encarnación

cuanto ser de hijo alcanza.

 

Ha venido para estar,

y al llegar, todo se cambia;

hay olvido y armonía

y una paz nunca gustada.

 

Se ha abierto la Trinidad

y ha amanecido la gracia,

se ha deslizado el Espíritu,

perfume, belleza y calma.

 

El Viviente ya es mi vida,

su vida a mi vida pasa,

su palabra manantial

se hace en mí fontana clara.

 

Y me dice – que yo escuche –

que quiere hacerme palabra,

luz de verdad sanadora

certeza de cosas santas.

 

Jesús me habita pacífico,

cual laguna remansada;

no porfíes, él me dice,

sé transparencia y aguarda.

 

Contemplación y silencio,

mi semilla fecundada;

alma buena, sufre y goza…

goza, más bien, y descansa.

 

A tu mirada yo miro,

Jesús de mis muchas ansias,

oteo desde la cima,

donde la vida se acaba.

 

Y lo que veo es amor

detrás del Calvario y lanzas;

con esto lo digo todo,

cuando ya no digo nada.

Madrid, Sábado de la semana XXIX, 24 octubre 2020

 

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