viernes, 15 de mayo de 2026

2096 (1040) Yo estoy en el Padre y el Padre en mí

 


Yo estoy en el Padre y el Padre en mí

Jn 14,1-12

Texto

1No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. 2En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. 3Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros4Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». 5Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». 6Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. 7Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». 8Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». 9Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? 10¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. 11Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. 12En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

 

Hermanos:

1. Ya estamos en el Domingo V de Pascua; dentro de tres semanas será el Domingo de Pentecostés, coronación de la Pascua del Señor.

A partir de hoy la Iglesia entra en el Cenáculo y escucha de labios de Jesús sus palabras de despedida, sus últimas recomendaciones, su oración al Padre, consagrando todo lo que va a venir. Recuerdo con agrado que, siendo joven profesor, debiendo explicar a mis alumnos estas palabras de la Cena, fui a comentarios científicos que las han explicado, y me impresionó lo que leí en un autor anglicano: la Iglesia entra en el Cenáculo. No es la pía consideración de un pastor que prepara su sermón fervorosamente para predicarlo a sus fieles, que está muy bien. Es la postura de un intérprete, teólogo, que quiere interpretar el texto sagrado desde la perspectiva en que se ha puesto el autor que lo ha escrito.

San Juan evangelista, el que recostó la cabeza sobre el pecho del Señor, ha sido muy libre para transmitir las palabras de Jesús, con un lenguaje espiritual que nos toca el corazón. Todo su Evangelio es profundamente afectivo y va directo al corazón. En la Cena Jesús se desborda. Nos deja lo que quiere que sean sus últimos recuerdos y mensaje, como un padre que se despide de sus hijos y quiere decirles sus últimas palabras. Son los capítulos 13, 14, 15, 16 y 17 del Evangelio. Tenemos que leerlos como un verdadero tesoro siempre por descubrir.

Hoy leemos el comienzo del capítulo 14.

2. Una consigna que Jesús nos da: No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí.

Primero Jesús quiere quitarnos la turbación, el miedo. ¿Por qué  nos turbamos y de qué tenemos miedo? Nuestra turbación y nustros miedos son múltiples. Los que amamos a la Iglesia creemos tener razones para estar turbados, por todo lo que vamos viendo en torno, en la vida civil y en la vida íntima de la Iglesia.

Traigamos algunos ejemplos. Uno que escucha una sesión del parlamento, cómo se manejan los partidos unos y otros, al final se pregunta: Pero ¿adónde vamos a ir a parar? ¿Esa es la libertad de expresión, que propicia la democracia, la educación que nos enseñaron en la juventud? ¿Esos son los hombres y mujeres guías de una nación? ¿No nos estaremos equivocando…, por muy sabios y entendidos que sean los que hablan, hombres y mujeres, con una elocuencia de la que yo no puedo presumir?

Es un ejemplo, como digo. Pero hay cosas más graves. ¿Hacia donde avanza una sociedad en la que Dios no es una referencia real que orienta los verdaderos valores? ¿Qué significa el aborto y el divorcio? ¿Son meras conveniencias que nosotros decidimos, o Dios no tendrá que ver en ello como verdadero autor de la dignidad humana?

Y si miramos también a la Iglesia más adentro, también tenemos motivos de turbación. Tantas y tantas casas religiosas que se van cerrando, casas de formación en las que nos formamos, que en aquellos tiempos brillaban, seminarios florecientes hoy vacíos, convertidos hoy en centro de acogida o en geriátricos, utilidades muy buenas, pero que están indicando que aquello ya ha pasado…

3. No se turbe vuestro corazón, nos dice Jesús. Creéis en Dios, creed lo mismo en mí. Y lo primero nos da la seguridad total de nuestro final.  Les está hablando a unos hombres que tienen la vida por delante, no a unos ancianos como buena parte de nosotros, que vemos que el fin se acerca. Y les dice que él les va a preparar la casa del cielo. Su vida no ha sido un fracaso, aunque muchos la consideren así, y la vida de ellos va a tener el mismo final. me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros.

La promesa de Jesús es rotunda, y es la cima de nuestra esperanza. Donde está Él, hemos de estar nosotros. Es lo más hermoso que se puede decir a un anciano, y es una palabra reveladora que se le puede decir a un joven o a un hombre emprendedor.  Lo que definitivamente queremos es alcanzar con certeza el éxito final de mi vida, el cielo, la vida con Jesús Resucitado, porque todo lo demás pasa y se hunde en el olvido.

4. Ahora bien, Jesús deja una tarea que hacer, en la cual estamos todos involucrados. Y aquí dice unas palabras misteriosas que solo un creyente las puede aceptar. el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

Es la última frase del Evangelio de hoy, pero no nos podemos saltar cosas importantísimas que Jesús nos ha dicho. Y quizás la más importante era esta: Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. Jesús para sus discípulos es todo. No se puede decir más en tan pocas palabras. Nadie sino Él ha podido decir lo que acabamos de escuchar. Ni nadie lo podrá decir nunca jamás.

Estas palabras se refieren al sentido total de la existencia. La vida humana se abre a múltiples posibilidades, y cada uno de nosotros, como ciudadano del mundo ha de considerarse protagonista de la historia humana, con una misión que cumplir, sea reconocida o ignorada por los demás. Yo no puedo medir ni la importancia ni la eficacia de mi vida porque de mí se forje en mi entorno la opinión que. Hay vidas que dejan huella, y otras que no la dejan, que desaparecen con la tumba. Ahora bien, solo Dios es el árbitro de la historia, y el único que conoce lo que aquí nos pasa. Sólo Él conoce los hilos con los que se teje la historia. Y yo me puedo considerar agente de esta historia de Dios en medio de los hombres, que los cristianos llamamos “Historia de salvación”.

Jesús se adelante, se pone en el centro, y nos dice: Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida.

Hermanos, miremos a Jesús y Él nos dará la respuesta verdadera de lo que vamos buscando en la vida. Tengamos plena seguridad de ello.

5. Un último comentario para la frase importantísima que hemos citado: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

En el primer envío que Él hizo de sus apóstoles para anunciar el Reino, les dio sus propios poderes divinos: Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis (Mt 10,7-18).

Y efectivamente los apóstoles comprobaron que esto era verdad, que no solamente predicaban el Evangelio del Reino, sino que curaban enfermos y arrojaban demonios. A lo mejor nuestra fe es tibia, si comprobamos que en nuestro ministerio no ocurren estas cosas.

En la Cena Jesús añade algo más. No solamente dice que el que cree en mí, hará las obras que yo hago, sino que añade:  y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

Jesús o pudo hacer todo, sino un poco; Jesús no salió al extranjero a anunciar el Reino de Dios, tuvo que restringirse a la pequeña región de Palestina. Sus discípulos saldrán al mundo y el Evangelio podrá llegar hasta los confines de la tierra. Pero Jesús da una razón: las hará mayores, “porque me voy al Padre”. Desde el Padre Él tiene que completar la obra que inció en la tierra.

Jesús Resucitado es el Viviente, y Él actúa. Si nosotros estamso aquí, si tenemos palabras para anunciarle es porque Él nos ha atraído y Él nos alienta e inspira. Jesús Resucitado sigue actuando.

Estamos en Pascua, hermanos, que es la culminación de la obra de Jesús. ¡Qué gozo saber y confesar que Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y saber y sentir que toda nuestra vida está centrada en Él!

Señor Jesús, te sentimos presente en tu Iglesia; tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, y en ti podemos toda nuestra confianza para vivir el presente y tener segura nuestra eternidad. Amén.

Pamplona, sábado, 2 de mayo de 2026.

2097 (1041) Yo estoy en el Padre y el Padre en mí y yo en vosotros

 

Yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros

Jn 14,15-21

Texto

 15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. 16Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, 17el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. 18No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros19Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. 20Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros21El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Hermanos:

1. En este Domingo VP de Pascua continuamos con las palabras  de despedida de Jesús, con el mismo pasaje del capítulo 14 de san Juan. Uno que va leyendo con atención, línea a línea, como se lee una carta de amor, estos capítulos de la Cena percibe claramente que hay un tono de confianza de intimidad que produce por sí solo una íntima sensación de consuelo, de paz, e incluso de alegría espiritual. Jesús se va, pero no se va. Nos lo dice expresamente: No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros.

No nos deja huérfanos, en soledad y desamparo. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, 17el Espíritu de la verdad.

 

2. Nos asegura que nos va a enviar “otro” Paráclito. Paráclito es lo mismo que Abogado, Defensor, Consolador. ¿Y por qué dice “otro” Paráclito? Porque él ha sido eso, un Paráclito, una compañía que es ha llevado hasta el Padre y que les ha introducido en la intimidad del Padre, que los ha protegido y defendido. Mientars Jesús ha estado con ellos, no había nada que temer.

Ahora parece que todo se viene abajo, porque él se va. Pero no es así. Lo acabamos de oír: No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Sigue dando explicaciones de lo que va a pasar. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.

Es un lenguaje místico, para iniciados. No es un lenguaje  fantástico e ilusorio, para construir, mediante la fantasía, un mundo de ilusiones que apacigüe el corazón.

 

3. En estas confidencias e intimidades, llegamos a una frase que podemos tomarla el resumen y la esencia de todo el mensaje: Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. (San Juan, capítulo 15, versículo 20).  Vamos a centrarnos en ella, y desde aquí, explicar cuál es el ser de la vida cristiana, el ideal de mi vida que quiero vivir en mi paso por este mundo.

Jesús habla en términos existenciales, o más exactamente para los estudiosos: San Juan ha recogido el mensaje verdadero de Jesús y nos lo ha transmitido a nosotros en estos términos abstractos y existenciales: Estas son las tres referencias:

-       Yo en el Padre

-       Vosotros en mí

-       Y yo en vosotros.

-       Y todo ello porque el Espíritu ha venido, porque Jesús Resucitado se lo ha pedido al Padre y el Padre se lo ha concedido, y el Espíritu Santo, Dios como el Padre y el Hijo, hace todas estas maravillas con su presencia.

4. Hermanos, estamos hablando del “mundo interior”, de ese mundo de realidades íntimas que cada uno lleva consigo. Es un mundo real, absolutamente real, y no diremos que tan real como el mundo exterior que ven nuestros ojos, porque el mundo interior es el que sustenta lo que pasa en el mundo exterior. Hoy hay guerra en el mundo y constantes amenazas de guerra. Para parar una guerra, para que no haya bombardeos, ni mísiles supersónicos destructores, basta que dos se siente a la mesa y digan: Sí quiero la paz o No quiero la paz y que siga la guerra. En un sí o en un no, que están dentro, se resuelve todo el conflicto.

Jesús nos da esta garantía: que él está en el Padre y el Padre está en él, que si él habla es lo que escucha del Padre, que si él hace milagros es lo que ve hacer al Padre.

Y ahora nos dice que é quiere que nosotros estemos en él porque él va a estar en nosotros. Es decir, él quiere establecer unidad de vida: el Padre, él y nosotros. De esta unidad de vida vienen todos los bienes. Habrá desgracias externas que uno no puede evitar: terremotos, buenas o malas cosechas, enfermedades que uno no esperabab, cosas todas ellas que hacen sufrir, pero si hay unidad de vida con Dios, todo eso se vive de otra manera.

5. Hermanos, estamos tocando las esencias mismas de la vida para reflexionar y sacar consecuencia. Pensemos que Jesús ha predicador el Reino de Dios, el advenimiento de algo totalmente nuevo con él, pero Jesús no ha organizado ni mandado obras particulares. Edificad hospitales, cread escuelas para niños para adultos. Organizad instituciones sociales para el trabajo, para la cultura, para la política. Nunca ha dado ninguna consigna en ese sentidos. Son obras concretas que las debemos hacer sus discípulos, inspirados por esa vida divina que él ha dejado y cada uno en singulara o corporativa según as cuales que Dios le ha dado, según los medios  y ámbitos de cultura que va formando el devenir humano.

Él nos remite a lo central, a la vida con Dios. La única institución que él ha previsto es el grupo de sus discípulos, que él llama su Iglesia.  Todos los que seguimos su Evangelio somos su Iglesia. ¡Qué hermosamente nos aconseja nos aconseja san Pedro en el pasaje de su primera carta, que hemos leído hoy!

Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo. (1Pe 3,15-16).

Bien sabemos que el Bien y la Bondad se predican y se propagan por sí mismos, y a la larga el amor y la autenticidad de las personas es lo que vence, no precisamente los planes técnicos que uno quisiera diseñar.

Y lo mismo se confirma con el relato de la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, que vamos leyendo en Pascua: Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría (Hech 8,5-8).

Hermanos, el mensaje es claro: vivir la vida de Dios que mora en nosotros, mantener nuestra unión constante, nuestra amistad con Cristo, que mora en nosotros. Pidámoselo a él mismo.

Señor Jesús, tú nos has dado unas consignas de despedida y yo quiero cumplirlas. Yo quiero vivir la vida de Dios, viviendo en mi corazón siempre contigo. Amén.

Pamplona, sábado 9 de mayo de 2026.

2096 (1040) Yo estoy en el Padre y el Padre en mí

 

Yo estoy en el Padre y el Padre en mí

Jn 14,1-12

Texto

1No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. 2En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. 3Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros4Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». 5Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». 6Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. 7Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». 8Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». 9Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? 10¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. 11Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. 12En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

 

Hermanos:

1. Ya estamos en el Domingo V de Pascua; dentro de tres semanas será el Domingo de Pentecostés, coronación de la Pascua del Señor.

A partir de hoy la Iglesia entra en el Cenáculo y escucha de labios de Jesús sus palabras de despedida, sus últimas recomendaciones, su oración al Padre, consagrando todo lo que va a venir. Recuerdo con agrado que, siendo joven profesor, debiendo explicar a mis alumnos estas palabras de la Cena, fui a comentarios científicos que las han explicado, y me impresionó lo que leí en un autor anglicano: la Iglesia entra en el Cenáculo. No es la pía consideración de un pastor que prepara su sermón fervorosamente para predicarlo a sus fieles, que está muy bien. Es la postura de un intérprete, teólogo, que quiere interpretar el texto sagrado desde la perspectiva en que se ha puesto el autor que lo ha escrito.

San Juan evangelista, el que recostó la cabeza sobre el pecho del Señor, ha sido muy libre para transmitir las palabras de Jesús, con un lenguaje espiritual que nos toca el corazón. Todo su Evangelio es profundamente afectivo y va directo al corazón. En la Cena Jesús se desborda. Nos deja lo que quiere que sean sus últimos recuerdos y mensaje, como un padre que se despide de sus hijos y quiere decirles sus últimas palabras. Son los capítulos 13, 14, 15, 16 y 17 del Evangelio. Tenemos que leerlos como un verdadero tesoro siempre por descubrir.

Hoy leemos el comienzo del capítulo 14.

2. Una consigna que Jesús nos da: No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí.

Primero Jesús quiere quitarnos la turbación, el miedo. ¿Por qué  nos turbamos y de qué tenemos miedo? Nuestra turbación y nustros miedos son múltiples. Los que amamos a la Iglesia creemos tener razones para estar turbados, por todo lo que vamos viendo en torno, en la vida civil y en la vida íntima de la Iglesia.

Traigamos algunos ejemplos. Uno que escucha una sesión del parlamento, cómo se manejan los partidos unos y otros, al final se pregunta: Pero ¿adónde vamos a ir a parar? ¿Esa es la libertad de expresión, que propicia la democracia, la educación que nos enseñaron en la juventud? ¿Esos son los hombres y mujeres guías de una nación? ¿No nos estaremos equivocando…, por muy sabios y entendidos que sean los que hablan, hombres y mujeres, con una elocuencia de la que yo no puedo presumir?

Es un ejemplo, como digo. Pero hay cosas más graves. ¿Hacia donde avanza una sociedad en la que Dios no es una referencia real que orienta los verdaderos valores? ¿Qué significa el aborto y el divorcio? ¿Son meras conveniencias que nosotros decidimos, o Dios no tendrá que ver en ello como verdadero autor de la dignidad humana?

Y si miramos también a la Iglesia más adentro, también tenemos motivos de turbación. Tantas y tantas casas religiosas que se van cerrando, casas de formación en las que nos formamos, que en aquellos tiempos brillaban, seminarios florecientes hoy vacíos, convertidos hoy en centro de acogida o en geriátricos, utilidades muy buenas, pero que están indicando que aquello ya ha pasado…

3. No se turbe vuestro corazón, nos dice Jesús. Creéis en Dios, creed lo mismo en mí. Y lo primero nos da la seguridad total de nuestro final.  Les está hablando a unos hombres que tienen la vida por delante, no a unos ancianos como buena parte de nosotros, que vemos que el fin se acerca. Y les dice que él les va a preparar la casa del cielo. Su vida no ha sido un fracaso, aunque muchos la consideren así, y la vida de ellos va a tener el mismo final. me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros.

La promesa de Jesús es rotunda, y es la cima de nuestra esperanza. Donde está Él, hemos de estar nosotros. Es lo más hermoso que se puede decir a un anciano, y es una palabra reveladora que se le puede decir a un joven o a un hombre emprendedor.  Lo que definitivamente queremos es alcanzar con certeza el éxito final de mi vida, el cielo, la vida con Jesús Resucitado, porque todo lo demás pasa y se hunde en el olvido.

4. Ahora bien, Jesús deja una tarea que hacer, en la cual estamos todos involucrados. Y aquí dice unas palabras misteriosas que solo un creyente las puede aceptar. el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

Es la última frase del Evangelio de hoy, pero no nos podemos saltar cosas importantísimas que Jesús nos ha dicho. Y quizás la más importante era esta: Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. Jesús para sus discípulos es todo. No se puede decir más en tan pocas palabras. Nadie sino Él ha podido decir lo que acabamos de escuchar. Ni nadie lo podrá decir nunca jamás.

Estas palabras se refieren al sentido total de la existencia. La vida humana se abre a múltiples posibilidades, y cada uno de nosotros, como ciudadano del mundo ha de considerarse protagonista de la historia humana, con una misión que cumplir, sea reconocida o ignorada por los demás. Yo no puedo medir ni la importancia ni la eficacia de mi vida porque de mí se forje en mi entorno la opinión que. Hay vidas que dejan huella, y otras que no la dejan, que desaparecen con la tumba. Ahora bien, solo Dios es el árbitro de la historia, y el único que conoce lo que aquí nos pasa. Sólo Él conoce los hilos con los que se teje la historia. Y yo me puedo considerar agente de esta historia de Dios en medio de los hombres, que los cristianos llamamos “Historia de salvación”.

Jesús se adelante, se pone en el centro, y nos dice: Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida.

Hermanos, miremos a Jesús y Él nos dará la respuesta verdadera de lo que vamos buscando en la vida. Tengamos plena seguridad de ello.

5. Un último comentario para la frase importantísima que hemos citado: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

En el primer envío que Él hizo de sus apóstoles para anunciar el Reino, les dio sus propios poderes divinos: Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis (Mt 10,7-18).

Y efectivamente los apóstoles comprobaron que esto era verdad, que no solamente predicaban el Evangelio del Reino, sino que curaban enfermos y arrojaban demonios. A lo mejor nuestra fe es tibia, si comprobamos que en nuestro ministerio no ocurren estas cosas.

En la Cena Jesús añade algo más. No solamente dice que el que cree en mí, hará las obras que yo hago, sino que añade:  y aun mayores, porque yo me voy al Padre.

Jesús o pudo hacer todo, sino un poco; Jesús no salió al extranjero a anunciar el Reino de Dios, tuvo que restringirse a la pequeña región de Palestina. Sus discípulos saldrán al mundo y el Evangelio podrá llegar hasta los confines de la tierra. Pero Jesús da una razón: las hará mayores, “porque me voy al Padre”. Desde el Padre Él tiene que completar la obra que inció en la tierra.

Jesús Resucitado es el Viviente, y Él actúa. Si nosotros estamso aquí, si tenemos palabras para anunciarle es porque Él nos ha atraído y Él nos alienta e inspira. Jesús Resucitado sigue actuando.

Estamos en Pascua, hermanos, que es la culminación de la obra de Jesús. ¡Qué gozo saber y confesar que Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y saber y sentir que toda nuestra vida está centrada en Él!

Señor Jesús, te sentimos presente en tu Iglesia; tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, y en ti podemos toda nuestra confianza para vivir el presente y tener segura nuestra eternidad. Amén.

Pamplona, sábado, 2 de mayo de 2026.