viernes, 29 de junio de 2018

1095. Dom. XIII B – Jesús, vida de Dios y resurrección nuestra


Jesús, vida de Dios y resurrección nuestra
Mc 4,21-43


Texto evangélico:     

 21 Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar. 22 Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva». 24 Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.
 25 Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. 26 Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. 27 Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, 28 pensando: «Con solo tocarle el manto curaré». 29 Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. 30 Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba: «¿Quién me ha tocado el manto?». 31 Los discípulos le contestaban: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”». 32 Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. 33 La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad. 34 Él le dice: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».
 35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?». 36 Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe». 37 No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos 39 y después de entrar les dijo: « ¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida». 40 Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, 41 la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). 42 La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor. 43 Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.
Hermanos:
1. Nosotros leemos el Evangelio de Jesús como creyentes, por eso nos evitamos hacer consideraciones que serían oportunas para uno que anda lejos de estas cosas y que tiene que atravesar muchas barreras para llegar al encuentro. Leemos, pues, el Evangelio para gozarnos de lo que aquí acontece. Los hechos y las palabras de Jesús son irradiaciones de su divinidad que llegan hasta nosotros, y he aquí que estamos ávidos de oírle, de compartir la fuerza misteriosa que de él dimana.
Y leemos el Evangelio en la celebración dominical, que es el día en que la asamblea cristiana se reúne para celebrar gozosamente la resurrección de su Señor.
2. Dos escenas maravillosas que nos hablan de fe, de vida y de resurrección. Y de esto vamos a hablar, centrándonos en la resurrección de la hija del Jefe de la sinagoga. Jesús fue la resurrección de aquella niña, Jesús será nuestra resurrección; Jesús es hoy nuestra resurrección. La palabra poderosa de Jesús, Creador, que dirige a la niña, es la palabra que llega a mi corazón: Talitha qumi, dice Jesús a la niña: Niña, levántate. En masculino o en femenino, es lo que Jesús me dice hoy a mí: Niño, Joven, Hombre… levántate.
3. Los Evangelios nos hablan de tres resurrecciones de Jesús: aparte de esta, la resurrección de Lázaro, que estaba en el sepulcro. Esto ocurrió en Betania cerca de Jerusalén. Otra fue la del joven muerto que sacaban a enterrar en la pequeña población de Naím, en la parte de Samaría. La de hoy ocurre en una ciudad principal del lago de Genesaret.
El padre de la niña, judío, y sin duda ferviente judío en cuanto que era el jefe de la sinagoga, por lo mismo el rabino que explicaba las Escrituras acude a otro judío, el Rabbí Jesús de Nazaret, predicador ambulante que también con la Escritura anuncia el Reino de Dios, pero con un estilo y autoridad diferente.
La súplica del rabino es esta: Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva.
Estamos en la más pura fe judía. La imposición de las manos y la oración pueden curar a un enfermo; es decir, Dios se atiene a este acto de fe y concede lo que se le pide. Esto es lo que espera Jairo de este Santo de Dios, Jesús de Nazaret, cuya fama ha cundido por la región.
Cuando llegan a la casa, la trágica noticia cae sobre el padre como una losa: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?
Bien es verdad que el Antiguo Nuevo Testamento habla de escenas maravillosas de resurrección atribuidas a los grandes profetas Ellas y Eliseo, pero serenamente hay que pensar que el poder el hombre termina en los términos de tiempo, espacio y duración de una vida. Todo lo que pertenece al más allá de la muerte pertenece a la sola soberanía de Dios.
4. La respuesta de Jesús es sorprendente: Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe».
“No temas; ten fe”. Dos palabras que pueden ser la coraza de nuestra vida, el peto y espaldar.
¿Puede haber algo imposible para Dios, Señor de la vida y la muerte? Nadie puede quitarle a Dios esta soberanía. Evidentemente nada es imposible para Dios, y Jesús ha puesto irreversiblemente su confianza en Dios su Padre. Por eso, puede hablar como habla.
Todo el poder de Dios está en este acto de abandono, de confianza sin límites de Jesús en el Padre. Puede entonces acercarse a la niña y mandar a la muerte: Talitha qumi. La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años
5. El gesto humilde y decidido de Jesús es grandioso. Contiene la divinidad del Padre Dios que da la vida a la niña, a través de su hijo Jesús.
Jesús, por otra parte, nos comunica una última revelación cuando la escena concluye: Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.
En nuestra lógica lo obvio parecería que se entere la gente y que den gloria a Dios. La decisión taxativa de Jesús nos deja muy pensativos: Qué nadie se entere; Dios hará lo que quiera hacer.
6. Hermanos, pongamos nuestra atención en Cristo, el que da la salud como a la mujer que padecía flujos de sangre (la hemorroísa la llama san Mateo), en Cristo que es mi resurrección y mi vida. La fe de Israel adquiere aquí un esplendor nuevo. Dicen los textos sagrados, el Libro de la Sabiduría:
Dios no ha hecho la muerte, | ni se complace destruyendo a los vivos.
Él todo lo creó para que subsistiera | y las criaturas del mundo son saludables: | no hay en ellas veneno de muerte, | ni el abismo reina en la tierra” (1,13-14)
“Dios creó al hombre incorruptible | y lo hizo a imagen de su propio ser;
mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, | y la experimentan los de su bando” (vv. 23-24).
Dios es vida, Dios es riqueza, Dios es plenitud. San Pablo ha proclamado de Jesús, Hijo de Dios: “Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza” (1 Cor 8,9).
Al concluir este mensaje de gracia, hermanos, dirijamos nuestra mirada a Cristo Resucitado, en quien está toda la vida de Dios que celebramos en la Eucaristía, y digámosles:
Señor Jesús, tú eres mi resurrección y mi vida. Amén.
Casa de oración de San Pío,
A los pies del Iztaccihuatl Puebla, México), jueves 27 de junio de 2018.

martes, 19 de junio de 2018

1093. Querido Jesús, querido – San Romualdo: Care Iesu


Querido Jesús, querido – San Romualdo: Care Iesu

Frequénter enim tanta illum divinitátis contemplátio rapiébat, ut quasi totus in lácrimas resolútus, æstuánte inenarrábili divíni amóris ardóre, clamáret: Care Iesu, care, mel meum dulce, desidérium ineffábile, dulcédo sanctórum, suávitas angelórum, et cétera huiúsmodi. Quæ ille Sancto Spíritu dictánte in iúbilum proferébat, nos humáno sensu exprímere non valémus.
Con frecuencia, era arrebatado a un grado tan elevado de contemplación que, deshecho todo él en lágrimas, abrasado por el ardor inefable del amor divino, exclamaba: “Amado Jesús, mi dulce miel, deseo inefable, dulzura de los santos, encanto de los ángeles.” Y otras cosas semejantes. Nosotros somos incapaces de expresar con palabras humanas todo lo que él profería, movido por el gozo del Espíritu Santo.
(Oficio divino 19 junio, de la Vida escrita por S. Pedro Damiani)

Dulzura de la dulzura
es Jesús dulzura adentro,
y quisiera no decirlo
quisiera solo beberlo

Solo en éxtasis de amor
si queremos comprenderlo,
que hay un lenguaje de unión:
enamorado silencio.

Obligados a pensar
es fatiga el intelecto,
los pensamientos combaten
y todos parecen ciertos.

Y ya la vida ha ascendido
como para pensar en el cielo,
pero si el cielo es persona
 es divino pensamiento.

Mas si es divino me callo,
porque al pensar yo me estrello,
y he pensado que el amor
es puramente el encuentro.

Dulce Jesús, yo te amo,
y en ese amor yo me quedo;
mi ignorancia es infinita,
pero amarte es lo que anhelo.

Te pido que deposites
sobre mi alma tu beso,
y ese beso de tus labios
será mi puro secreto.

De las raíces de Dios
nací, y hacia ellas vuelvo,
dame tu paz, Dios amor,
por Jesucristo tu siervo.

Dulce Jesús, mi Jesús,  
a quien miro y a quien veo,
tu dulce misericordia
es mi paz, y en ella duermo.

Guadalajara, Jalisco, San Romualdo 19 junio 2018, noche.