Jesús, Señor del sábado, es sentenciado
Mc 2,23-3,6
Texto evangélico:
23 Sucedió
que un sábado atravesaba él un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban,
iban arrancando espigas. 24 Los fariseos le preguntan: «Mira,
¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?». 25 Él les
responde: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se
vieron faltos y con hambre, 26 cómo entró en la casa de Dios,
en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que
solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes
estaban con él?». 27 Y les decía: «El sábado se hizo para el
hombre y no el hombre para el sábado; 28 así que el Hijo del
hombre es señor también del sábado».
3 1 Entró otra vez en
la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. 2 Lo
estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
3 Entonces
le dice al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en
medio». 4 Y a ellos les pregunta: «¿Qué está permitido en
sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo
morir?». Ellos callaban. 5 Echando en torno una mirada de ira y
dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». La
extendió y su mano quedó restablecida. 6 En cuanto salieron,
los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.
Hermanos:
1. El
lector del Evangelio de san Marcos – que es el evangelista que se lee en el año
o ciclo B de la liturgia – tiene que prestar mucha atención al versículo final
de la sección de hoy, porque es un versículo que orienta toda la vida de Jesús;
es el versículo 6 del capítulo 3. Acabamos de comenzar la vida de Jesús, y
Jesús es sentenciado. Esta sentencia le va a perseguir toda la vida, hasta que
logren derribarlo. Dice el texto sagrado:
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar
con él.
Dos
episodios unidos por una palabra y un tema: el sábado. El sábado es el centro de la fe judía; es el signo de la
alianza permanente de Dios con su pueblo. Observar el sábado no es una
prescripción aleatoria de la Ley; es mucho más. Es salvar el sentido de la
relación del pueblo elegido con Dios, que lo ha preferido como pueblo de su
propiedad. La observancia del sábado es una gracia espiritual y mística que
Dios ha concedido a su pueblo Israel. Todas las alabanzas del sábado serán
pocas.
Nuestros
hermanos hebreos tienen un rito muy bello, el rito de prender y bendecir la
lámpara que santifica el sábado. Si fuéramos judíos, sin duda que saborearíamos
en su belleza espiritual este rito sagrado que los hijos de Israel hoy han
celebrado desde su infancia.
Repito,
hermano, la belleza del sábado judío es digna de todo nuestro respeto. Seríamos
injustos y necios si despreciáramos la observancia del sábado, que ha
consagrado la tradición tres veces milenaria del pueblo de Israel, que para
nosotros es el pueblo de la verdadera alianza, nuestros antepasados en la fe.
2.
Estas consideraciones son necesarias para apreciar la novedad que aporta Jesús,
cuando ha tenido la osadía – que para un hermano judío es una blasfemia, de
proclamarse “Señor del sábado”. Un judío sabe perfectamente que el Señor del
sábado no puede ser otro que Yahveh, el que instituyó el sábado en el alba de
la creación.
Nosotros
nos sentimos tentados de tomar esos episodios y hacer de ellos meras anécdotas
de casuística, acaso hasta ridiculizando el comportamiento de quienes se
sienten esclavos del sábado. Si así lo pensáramos, ¡qué lejos estaríamos de la
veneración que Jesús ha tenido por el sábado, que deberíamos tomar como punto
de partida para entender lo que aquí acontece!
3. Hoy
nos emociona leer el precepto del sábado, como ha quedado formulado en el libro
del Deuteronomio (leído en esta misa) con un humanismo del cual se siente muy orgulloso
el pueblo de Israel, y nosotros con él. El texto sagrado dice así: “Observa el día del sábado, para
santificarlo, como el Señor, tu Dios, te ha mandado. Durante seis días
trabajarás y harás todas tus tareas, pero el día séptimo es día de descanso,
consagrado al Señor, tu Dios. No harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu
hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni tu ganado, ni el
emigrante que reside en tus ciudades, para que descansen, como tú, tu esclavo y
tu esclava. Recuerda que fuiste esclavo en la tierra de Egipto y que el Señor,
tu Dios, te sacó de allí con mano fuerte y con brazo extendido. Por eso te
manda el Señor, tu Dios, guardar el día del sábado” (Deut 5,12-15).
Jesús ha
tenido que escuchar con profunda emoción este precepto del sábado. El sábado
está hecho, desde el principio de la creación, para salvar a Dios como centro
de la vida, para salvar a la comunidad de los hijos de Dios, especialmente a
los más débiles.
4. Lo
que decimos del sábado, nosotros, cristianos lo pasamos al Domingo, que
llamamos “el Día del Señor”. Cuando Jesús misteriosamente anuncia que es “Señor
del Sábado” nos está anticipando el día de su santa Resurrección.
El
Domingo es el día de la Eucaristía, el día del perdón de los pecados, el día de
la comunidad, el día de la misericordia y del amor. Jesús quiere salvar el
Domingo mediante su soberanía de Dios redentor, de Dios amante del hombre, de Dios
Defensor de la viuda y del pobre.
Lo
contrario al Domingo es la economía, la ganancia, el dinero… La última
profanación del Domingo es sacar a Dios del Domingo, y pensar que no tiene que ver
una cosa con la otra…
Sepámoslo
de una vez por todas: Jesús resucitado es el Señor del Domingo, el liberador
del Domingo, día consagrado al amor, a la familia, a la comunidad, a los pobres…
5.
Hermanos, una palabra final, referida a los acontecimientos de estos días. “La
sangre no es agua” – dice el proverbio – y los asuntos de mi patria, a la otra
parte del océano, llegan al corazón. ¿Qué nos está pasando? Yo he leído
análisis políticos… y cada quien puede tener su opinión personal. Pero soy sacerdote,
más allá de toda política, soy (con 900 hermanos más) Misionero de la
Misericordia, de nuevo confirmado por el Papa en el mes de abril pasado, cuando
acudimos a Roma a escuchar su palabra y recibir su aliento y orientación.
Lo que
nos ha pasado tiene, por supuesto un entramado político, que ocasiona estos
derrumbes. Pero la causa última es el corazón del hombre, donde está la
corrupción, donde está la ambición, la envidia, la generosidad, el encuentro y el
desencuentro. Y al corazón humano apelamos. Quien se abre a Dios está en el
buen camino… y en medio de opiniones encontradas será hacedor de paz.
¡Señor, haz de mí un instrumento
de tu paz!
Que allí donde haya odio, ponga
yo amor;
donde haya ofensa, ponga yo
perdón;
donde haya discordia, ponga yo
unión;
donde haya error, ponga yo
verdad;
donde haya duda, ponga yo fe;
donde haya desesperación, ponga
yo esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo
luz;
donde haya tristeza, ponga yo
alegría.
Señor Jesús, Señor del sábado,
danos lo que ni el Senado ni el Parlamento nos pueden dar, danos tu misericordia,
tu amor y tu paz. Amén.
Guadalajara,
Jalisco, viernes 1 de junio de 2018 (viernes de cambio de gobierno en mi patria).
SEÑOR DEL SÁBADO
Jesús, Señor del sábado inicial
que Dios el Creador creó al principio,
y lo santificó para su gozo,
eterna paz de Dios, el Uno y Trino.
Jesús, hijo del hombre en tierra y cielo,
que abrió en el Sábado su señorío,
Jesús Resucitado, eres el Día
el único de Dios, el Uno y Trino.
Eres mi Día, el hoy de mi presente,
plenaria creación de mi destino,
salud, perdón, y vida que amanece,
el Día del Señor, cual yo lo ansío.
Señor del Sábado, mi Dios humilde,
que irradias y bendices cual Domingo,
que seas tú el tiempo de mi vida
y en ti todo temor sea vencido.
Jesús del Evangelio proclamado,
altar de Dios y paz de redimidos,
en ti nuestro coloquio día a día,
que, al ser cual eres, eres mi camino.
¡Bendito del principio, luz del Génesis,
coronación de cuanto el Padre hizo,
a ti que vives, reinas y te muestras,
a ti, Santo de Dios, todos los himnos! Amén.
Guadalajara,
sábado 2 de junio de 2018,
muy bella homilía.Gracias
ResponderEliminarComo siempre, la homilía es muy bonita.
ResponderEliminarSin embargo, si estudiamos el pasaje evangélico, nos daremos cuenta de algo muy “curioso”… y es que se advierte la existencia de un “error bíblico”.
En efecto. En el capítulo II de san Marcos se citan unos determinados personajes… cuya ubicación histórica por parte del copista es incorrecta.
Jesús quiere mostrar a los fariseos que el sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado, y para ello establece una comparación recordando lo que el rey David había hecho cuando, estando él y sus hombres hambrientos, había entrado en el Templo en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y había comido los panes de la proposición, cuyo consumo estaba reservado a los sacerdotes...
El pasaje del AT al que se alude es 1Samuel, XXI.
Sin embargo en realidad David no comió el pan consagrado cuando Abiatar era Sumo Sacerdote, sino cuando lo era Abimelek (también conocido como Ajimelek).
Saludos.
Juan José.