Junto a la cuna preciosa
Nuevos versos navideños. Versos repititivos acaso. Pero son los versos de un Juglar franciscano, que al eco de Francisco y de las santas Escrituras quiere cantar el Amo que se nos ha dado. Con la segunda Vida de Tomás de Celano recordemos qué era la Navidad para san Francisco:
La devoción a la Navidad del Señor y cómo quería que se atendiera a todos en esa fiesta
199. Con preferencia a las demás solemnidades, celebraba con inefable alegría la del nacimiento del niño Jesús; la llamaba fiesta de las fiestas, en la que Dios, hecho niño pequeñuelo, se crió a los pechos de madre humana. Representaba en su mente imágenes del niño, que besaba con avidez; y la compasión hacia el niño, que había penetrado en su corazón, le hacía incluso balbucir palabras de ternura al modo de los niños. Y era este nombre para él como miel y panal en la boca (1 Cel 84-86 y 115; Prov 16,24). […]
200. Quería que en ese día los ricos den de comer en abundancia a los pobres y hambrientos y que los bueyes y los asnos tengan más pienso y hierba de lo acostumbrado. «Si llegare a hablar con el emperador -dijo-, le rogaré que dicte una disposición general por la que todos los pudientes estén obligados a arrojar trigo y grano por los caminos, para que en tan gran solemnidad las avecillas, sobre todo las hermanas alondras, tengan en abundancia»
Junto a la cuna preciosa
del Hijo y Verbo Encarnado
yo vengo a dejar conmigo
a todo el género humano.
Como aprendiz de poeta,
vengo rezando y cantando,
y también a ti te invito
que soy Juglar franciscano.
Este racimo de uvas
te lo ofrezco a fin de año;
para esta Noche de Oro
que Jesús ha regalado.
Como padre, como madre,
con los hijos a su lado,
como familia feliz
gracias sin fin le digamos.
Dios es Padre, siempre Padre,
como Jesús ha enseñado,
Padre en el cielo y la tierra
y juntos así rezamos.
Gracias, oh Padre de amor,
por cuanto Tú nos has dado,
y gracias anticipadas
por todo lo que esperamos.
Pongo mi historia en un puño
para saber qué ha pasado
y la voz de mi conciencia
me dice que he sido amado.
Entremos, hermanos míos,
en el propio Santuario,
y oigamos una palabra
que Dios Verdad ha guardado.
Hagamos silencio en torno,
entremos con pies descalzos;
en lo profundo, ¿qué escucho?
“Hijo mío, yo te amo”.
Yo te amo, yo te cuido,
todo está purificado;
yo por amor te creé,
y hoy en mi amor te consagro.
Yo por amor envié
al Hijo Dios humanado,
él agotó el pensamiento
de todo el amor pensado.
Si amor más grande existiera
en los divinos arcanos,
ese amor nunca pensable
en Jesús lo habría dado.
Amor de Dios infinito
es el amor que ha bajado,
es el amor que yo beso
en la cuna recostado.
Amor de Dios en mi pecho
para vivirlo y gustarlo,
amor para ser feliz,
y sintiéndolo anunciarlo.
Ser amado es lo importante,
y lo tengo asegurado;
el Niño que está en la cuna
es Jesús Resucitado.
Es mi Dios de cada día,
en mi ser sacramentado,
el que palpita en mis venas,
el que me ha divinizado.
La humana familia entera
yo la siento en mi trabajo;
para escribir un papel
millones lo han preparado.
Mas vamos a lo esencial,
que con mis manos alcanzo:
el Dios de la Encarnación
dentro de mí se ha quedado.
Y es Jesús: en Él, por Él
todo fue santificado:
el Viviente está presente;
si Él es Vida, de Él vivamos.
Gracias, oh Dios poderoso,
por este año pasado;
en la vida y en la muerte
sé corazón adorado. Amén. Aleluya.
Desde Jerusalén, Casa de los Hermanos Capuchinos “Yo soy la Luz del mundo” (Jn 8,12), 31 diciembre 2021.