¡Bendita tú entre las mujeres!
Lc 1,39-45
Texto evangélico:
39 En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo 42 y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! 43 ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 44 Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
Hermanos:
1. El IV domingo de Adviento todos los años, en el Evangelio, está dedicado a la Virgen María, tomando cada año un texto diferente, siempre de la Virgen. Hoy hemos leído esta escena que ocurre inmediatamente después del anuncio del ángel. María ha sido visitada por Dios, y por obra del Espíritu Santo ya lleva en su vientre al Hijo amado del Padre.
“Y el ángel se retiró”, dice el texto sagrado, y continúa: “En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá”. Esa expresión sagrada se “se levantó y se puso en camino”, esta diciendo cuál es su disponibilidad para cumplir la voluntad. El ángel no le ha dado una orden de que vaya a ver a Isabel y a atenderla. Pero el amor, cuando existe, es un amor activo, operativo. El amor siempre encuentra el modo de hacerse presente.
2. Y María, desde Nazaret corre a la montaña de Judea, al lugar que se llama Aim Karem, junto a Jerusalén. Imaginad una mujer joven, sola, en una caminata de varios días, Tiene todas las razones para quedarse en casa donde está; acaso, aprovechar la oportunidad de algún mensaje, de un familiar… Son consideraciones cortas que nosotros podemos hacernos. El amor divino tiene otro modo.
Y María desde este momento ha sido constituida como la Madre del Amor divino, porque lleva ya, en su vientre de mujer, al Hijo que viene a la tierra. María es el Arca de la Alianza que lleva en sí el tesoro de Dios. María es la portadora de Dios, el signo claro de que Dios se ha enamorado del hombre y no le va a abandonar en ningún instante. “Con amor eterno te quiero” (Is 54,8), dicen las lecturas de Adviento; “eterno”, que quiere decir, en este caso, para siempre, que nunca jamás se va a retirar, amor fiel en vida y eternidad.
El Arca sagrada, que contenía las Tablas de la alianza, cuando caminaba por las montañas, hacia prodigios, como cuenta los libros del Antiguo Testamento; El Arca sagrada caminó con el pueblo de Dios, al salir de Egipto, y, al llegar el Jordán, se abrió el Jordán para que pasara a la Tierra prometida el pueblo liberado de la esclavitud. Hoy María es el Arca santa que lleva a Isabel la alegría de la salvación. Es Misionera y más que Misionera, la que va a consagrar al Precursor del Señor. “en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre”, le va a decir Isabel, la primera beneficiaria de la Encarnación.
3. Todo esto, hermanos, es muy bello; es como un álbum de amor que Dios va escribiendo en las nupcias de su Hijo con la humanidad.
Vamos a tomar las palabras de Isabel y reflexionar sobre ellas. La primera es la palabra de bendición, en la que prorrumpe Isabel, y que la Iglesia ha cogido para completar el Ave maría. ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! Bien podemos Decir que todas las mujeres son benditas del Señor; pero, al decir, “bendita tú entre las mujeres”, le está diciendo: Tú la más bendita de todas; todas las mujeres han de mirarte a ti, porque eres la gloria de Israel, el honor de nuestra raza, como le cantaron a Judit tras la victoria, en un estallido de gozo y alabanza.
María es la mujer, y su nombre vuelve a nosotros como honor y alabanza; en ella, con ella, por ella nos sentido bendecidos.
La mujer, hoy y siempre, adquiere su dignidad divina, mirando a María.
4. Sigue Isabel su letanía y le dice: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Mirad, hermanos, es el título mayor que jamás se ha dado a María, al decir la Madre de mi Señor. “Mi Señor” es mi Dios; ya en la raíz misma del Evangelio encontramos este título, que será luego definido en los concilios, y que es la raíz de todo lo que podemos decir de la Virgen. Mi Señor, en los Salmos, en el lenguaje sagrado de Israel es ni más ni menos que “mis Dios”. María la madre de Dios. La Madre de Cristo, del Ungido, del Mesías, sí, Pero siendo eso es la Madre de Dios, la Madre de mi Dios. Los primeros concilios de la Iglesia definieronq que María es la Theotókos, que literalmente significa la Engendradora de Dios. Sus entrañas de mujer han engendrado a un Hijo, que es verdaderamente el hijo suyo y el Hijo de Dios.
Ni la belleza, ni la profundidad, ni el misterio de este título jamás podrá ser agotado. María es la Madre de Dios, y la Madre de Dios va a ser justamente nuestra Madre, mi Madre.
Misterio de María, que ya ha comenzado a cumplirse, que será del todo real en el nacimiento de su Hijo en Belén, y que llegará a su culminación en al Cruz, en la Ascensión, en Pentecostés.
5. Tiempo de Adviento, tiempo muy singular de María. Nuestra antigua liturgia hispana durante siglos celebraba, unos días antes de la Natividad del Señor, la fiesta de la Expectación del parto, la fiesta principal entonces de la Virgen María, Virgen del vientre henchido, que espera el nacimiento de su Hijo.
Los cristianos hemos tomado las palabras de Isabel para juntarlas con las palabras del ángel, y hacer con todas ellas la principal oración a la Virgen: Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo: bendita tú entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Concluyamos mirando a Jesús, que ah hecho a su Madre como es: Señor Jesús, al contemplar a tu Madre, te contemplamos a ti. Ella fue tu digna morada; por ti y para ti. Que ella nos acompañe en todo momento para recibirte a ti, fuente de toda gracia. Amén.
Jerusalén, 16 diciembre 2021, memoria liturgica del santo Rey David y de los antepasados del Mesías.
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