Homilía para el Domingo VII del tiempo ordinario, ciclo A
Mt 5,38-48
Texto
evangélico:
38 Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente
por diente”. 39 Pero yo os digo: no hagáis frente al que os
agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la
otra; 40 al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica,
dale también el manto; 41 a quien te requiera para caminar una
milla, acompáñale dos; 42 a quien te pide, dale, y al que te
pide prestado, no lo rehúyas.
43 Habéis oído que se
dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero
yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, 45 para
que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y
buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. 46 Porque, si
amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los
publicanos? 47 Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué
hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? 48 Por
tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.
Hermanos:
1. Quedaba claro, al meditar el mensaje de
Jesús el último domingo:
- que el Dios del Antiguo Nuevo Testamento
y el Dios de Jesús es el mismo, porque el Dios del Antiguo Nuevo Testamento no
es el Dios del castigo y del terror y el Dios de Jesús en el Nuevo Testamento
es el Dios de la ternura y del amor, pues no hay más que un solo Dios verdadero;
- y que la Alianza que Dios estableció con
su pueblo en el Sinaí no ha sido abolida.
Y al mismo tiempo es claro que la Trinidad
no se revela en el Antiguo Nuevo Testamento, sino, mediante la Encarnación, en Jesús,
en su santa muerte y resurrección. Y esto ciertamente da una novedad absoluta a
todo el mensaje. Jesús lo llama “plenitud”,
no sustitución, no complemento.
Y al llegar a esta cima, cabe una
relectura de todo lo anterior, desde la nueva perspectiva trinitaria con un enfoque
nuevo, con un frescor diferente. Todo el Antiguo Nuevo Testamento pasa a ser
Nuevo en Cristo, y en esta perspectiva alcanzan su sentido las seis antítesis
establecidas en el Sermón de la Montaña: “Habéis
oído que se dijo…; pero Yo os digo…”.
2. Hoy acabamos de escuchar las dos últimas
de estas síntesis, y las dos giran en torno a lo mismo: amor y odio, amigo y
enemigo, justicia y perdón. El Ojo por ojo, diente por diente, es justicia, al menos, aparente
justicia. Esta justicia igualitaria nos lleva a estos ejemplos “… si
hay lesiones, pagarás vida por vida, 24 ojo por ojo, diente por diente, mano
por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por
cardenal” (Ex 21,24-25).
Pero frente a esta justicia arrasadora, también el Antiguo Testamento dice,
como nos lo recuerda la primera lectura de hoy: El Señor habló así a Moisés: «Di a la comunidad de los hijos de Israel:
“Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo” (Lev 19,1-2). “No odiarás de corazón a tu hermano, pero
reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás
de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo
como a ti mismo. Yo soy el Señor”. (vv. 17-18).
3. Ante estas frases del Evangelio, ¿qué ha de pensar, hermanos, un
cristiano frente a la pena de muerte?
El mundo va caminando hacia la abolición, pero falta mucho. En las
enciclopedias podemos entrar datos de este género: “De los 49 Estados soberanos
de Europa: 47 han abolido la pena de muerte por completo. 1 mantiene la pena de
muerte pero está bajo una moratoria. 1 mantiene la pena de muerte y la aplica”.
Acerca de México: “La pena de muerte estaba contemplada por la Constitución
de 1917, por homicidio con alevosía, padricidio y traición a la patria. Ultima
ejecución civil en 1937 y militar en 1961. Para 1975, todos los estados de la
república mexicana habían abolido la pena de muerte aunque a nivel federal
seguía existiendo. Abolida en el 2005 para todos los crímenes” (Wikipedia: Pena
de muerte por país).
4. Nos sorprendió enormemente que en el Catecismo de la Iglesia Católica,
que se publicó en el “11 de octubre de 1992, trigésimo aniversario de la
apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II y año decimocuarto de mi
pontificado” (Juan Pablo II), se dijera: “La enseñanza tradicional de la
Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la
responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el
único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas
humanas” (Catecismo de la Iglesia Católica 2267).
Con estas palabras la Iglesia no defendía la legitimidad evangélica de la
pena de muerte, sino que, poniéndose en una plano ético-filosófico, con el
apoyo de los antiguos doctores (Santo Tomás, entre ellos), la Iglesia legitimaba a los estados que la
tenían en su constitución como último recurso. Ahora bien, ¿es esa la palabra
adecuada que la Iglesia tiene que dar al mundo? ¿Es que le importa a la Iglesia
ser Maestra de Ética Filosófica?
Correctamente, “En la última corrección del Catecismo se omite la frase en
la que se decía que la pena de muerte podría admitirse "en caso de no existir otra posibilidad",
y se limita a sostener que el gobierno ha de buscar los medios más adecuados
para castigar a los criminales. Con esto la Iglesia va estrechando las
posibilidades, hacia una condena cada vez más rotunda de la pena de muerte” (Catholic.Net, ¿Aprueba la Iglesia la pena de
muerte?).
5. Así, pues, hermanos, si queremos se discípulos de Jesús, si queremos
seguir el espíritu de las Bienaventuranzas y del Sermón de la Montaña, nunca
jamás la pena de muerte, nunca, absolutamente nunca. Venced al mal con el bien.
La muerte nunca es vida, la muerte es un mal irreparable.
Pero hay un argumento supremo, el único válido de verdad para un creyente. Jesús
fue rechazado por sus hermanos; fue rechazado y murió. Murió uno por todos,
para que todos vivan. Nunca más una muerte. No podemos predicar a Jesús, si
seguimos predicando que se justifica la pena de muerte; de ninguna manera.
6. Veamos ahora qué dice Jesús con respecto a nuestros enemigos, porque
esto nos atañe a todos. ¿Quién no ha sentido en su corazón el rencor, el deseo
de venganza ante una injuria recibida?
¿Qué piensa Jesús? El pensamiento y la respuesta de Jesús es sencillo y
sublime. Mirad al Padre - nos dice – meteos en su corazón. El Padre Dios no
tiene enemigos, porque todos son sus hijos. Amad
a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos
de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda
la lluvia a justos e injustos.
A lo mejor uno, en su locura, quiere ser enemigo de Dios, pero Dios no quiere
ser enemigo de nadie, y da el sol y la lluvia sin distinguir categorías de
personas. Todos somos hijo, ninguno es mirada como enemigo.
Nos dice Jesús que recemos. Esta es la prueba que nos
tranquiliza, Yo puedo sentir vivo rencor contra una persona que me ha hecho
mal. Señor, voy a rezar un Padrenuestro por esa persona… Con esto sé que no le
odio, aunque mis sentimientos no acaben de apaciguarse.
6. Señor Jesús, una vez más te damos
gracias por las sencillas y sublimes palabras del santo Evangelio, porque esas
son palabras de vida para mí y para mis hermanos, ahora y por siempre. Amén.
Guadalajara, 17 febrero 2017.