viernes, 28 de junio de 2019

1225. Domingo XIII, C – El camino de Jesús


El camino de Jesús
y el camino de los discípulos de Jesús
Lc 9,51-62

Texto evangélico:
51 Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. 52 Y envió mensajeros delante de él. Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. 53 Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén. 54 Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?». 55 Él se volvió y los regañó. 56 Y se encaminaron hacia otra aldea.
57 Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas».
58 Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». 59 A otro le dijo: «Sígueme». Él respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre». 60 Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios». 61 Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa». 62 Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

 Hermanos:
1. Este año, que es el ciclo C del triple ciclo dominical de la liturgia de la Iglesia, estamos leyendo el Evangelio de san Lucas a lo largo de las 34 semanas que componen el tiempo ordinario de año litúrgico. Y hoy llegamos a un punto que para el evangelista san Lucas se puede considerar como un punto divisorio de la vida de Jesús, el Señor. Hoy se inicia el camino de Jesús hacia Jerusalén. Por eso hemos titulado esta homilía: El camino de Jesús y el camino de los discípulos de Jesús.
Jesús hizo un camino en medio de nosotros, un camino espiritual, que hoy lo hemos también como un camino físico, geográfico y evangelizador. Jerusalén es el punto de llegada.

2. ¿Qué era Jerusalén para Jesús? Para un judío Jerusalén es la ciudad de sus amores. Jerusalén, ciudad de Dios, la Ciudad del Templo de Dios, la ciudad donde Dios puso su trono en la persona del Rey. Hay salmos de peregrinación a Jerusalén. Que se me paralice la mano derecha, si me olvido de ti Jerusalén. Jerusalén, visión de paz a la vuelta de los cautivos de Babilonia.
Jerusalén, la ciudad donde se quedó Jesús adolescente de 12 años, cuando cumplió con sus padres la peregrinación anual.
Jesús nació en Belén, la ciudad de David, al sur de Jerusalén, pero vivió en Nazaret, en Galilea. Para él Jerusalén fue la Ciudad santa. Y en cierta ocasión dijo: No cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén, que era como decir: Yo sé que Jerusalén es mi destino, yo sé que he de morir en Jerusalén.
Pues en este momento de su vida Jesús tomó esta determinación: ir a Jerusalén. San Lucas no remarca este dato como un episodio eventual de su vida, sino como algo íntimo y personal, que pertenece a la historia de Jesús, y con una frase de corte teológico, inicia este relato: Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén.
En suma, Jerusalén es la Ciudad de la muerte de Jesús y la ciudad de la resurrección de Jesús.

3. Detrás de esta decisión de Jesús hay un plan de evangelización como anuncio de la llegada del Reino de Dios. Este plan no se ha cerrado, y nosotros, comunidad mesiánica del Señor, debemos recogerlo. Y he aquí una anécdota, que, en su significado, transciende los límites de la mera anécdota. Una aldea de samaritanos no los recibe por motivos religiosos con sus connotaciones políticas. Samaría y Jerusalén como centros religiosos, son antagónicos.
Que venga Dios y triunfe, que venga fuego del cielo y los arrase, como fuego del cielo vino en el monte Carmelo para reconocer a Elías como verdadero profeta del Señor.
“Cayó el fuego del Señor que devoró el holocausto y la leña, lamiendo el agua de las zanjas. Todo el pueblo lo vio y cayeron rostro en tierra, exclamando: «¡El Señor es Dios. El Señor es Dios!»” (1Re 18,38-39).
Aquella escena sublime terminó con la matanza de los profetas de Baal.
Santiago y Juan, hermanos impetuosos, a los que Jesús llamó “los hijos del trueno” – el hijo del trueno es el rayo – sintieron el celo de Dios para exponer a Jesús una súplica: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Jesús les reprendió. No es ese el camino de la fe. El triunfo de Dios nunca se logra aplastando y matando al enemigo de Dios. Nunca debemos olvidarlo, y podemos estar siempre aprendiéndolo.

4. Y a continuación de este episodio vienen tres escenas de seguimiento. Debemos grabarlas en lo más íntimo del corazón, porque cada una de ellas es el retrato del discípulo de Jesús, del verdadero discípulo de Jesús.
Ser discípulo de Jesús no es aceptar un programa doctrinal y aceptarlo con todas sus consecuencia. Ser discípulo de Jesús es aceptarlo a él, totalmente a él como Dios viviente, y entregarle una vez por todas y cada día la totalidad de nuestro corazón.
Primer ejemplo: «Te seguiré adondequiera que vayas». Esto es maravilloso, seguir a Jesús es fascinante. Ahora bien, atente a las consecuencias. Jesús lo dice con una frase estridente: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
La frase nos está diciendo: que el Hijo del hombre, título de honor, título mesiánico, que el Hijo del hombre, con ser el Hijo del hombre, no tiene lo que tiene una animal del campo en su guarida. Es decir, el Hijo del hombre vive bajo la absoluta provisionalidad. El Hijo del hombre no tiene otra cosa que Dios mismo y la pura providencia.
Esta sentencia es de un contenido sin fondo, y nos resulta una rompiente de luz para afrontar el futuro de la Iglesia. La Iglesia no puede tener otro apoyo que Dios mismo; el futuro de la Iglesia es puramente la pura providencia de Dios, nada más.
5. La segunda frase de Jesús que hiere nuestra sensibilidad: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
La familia es algo sagrado, y Jesús la ha defendido al punto de no aceptar como don para Dios lo que tiene que ser don para los padres necesitados. Y, sin embargo, aquí rompe todas las ataduras, y compara a la familia con los muertos: Deja que los muertos entierren a sus muertos,  palabras que nos infunden muchísimo respeto, y que habrá que iluminarla en esos trances límites de vida. La familia merece todo mi amor, pero Dios está sobre todo, y no me puede interceptar el anuncio del Reino de Dios.

6. Y finalmente: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».
 San Francisco tomó esta frase para aplicarla al hermano que un día profesa la Regla como camino evangélico. Entendió que el que da un sí a Dios, no lo da a prueba, a ver qué tal me resulta, cuál es ese proceso espiritual en el que yo me meto. El que da un sí a Dios, lo da de un modo total y para siempre. Esta, y no otra, es la lógica del Evangelio.
7. Hermanos, la vida cristiana nos puede poner en trances límites, lo mismo abrace uno el camino del matrimonio que el camino de una consagración religiosa celibataria.
Concédenos, Señor Jesús, que el sí que un día te dimos libremente y con generosidad, sea un sí total y para siempre. Amén.
Alfaro (La Rioja), viernes del Sagrado Corazón de Jesús, 28 junio 2019.

jueves, 27 de junio de 2019

1224. Sagrado Corazón, amor de Dios (Un himno)


Sagrado Corazón, amor de Dios

Lo que pretende la Iglesia al presentar la figura de Jesús como “Sagrado Corazón de Jesús” no es presentar “un aspecto” de la figura de Jesús, sino la totalidad de su persona y su mensaje, una síntesis que envuelve todo el Evangelio. Esto es la novedad y la grandeza de la revelación. Dios no es “amor” y otras cosas, sino “Dios es amor”. Ahí está todo Dios, el único Dios de la revelación cristiana.
Y este no es un Evangelio “light”, sino el Evangelio en toda su fuerza renovadora.
Soy libre, por la dignidad de Dios que me ha creado y puedo acoger que “Dios es amor”, o puedo rechazarlo. Si lo rechazara, tendría ante mí el “Anti-dios” (condenación).
Pero no es el caso, porque, por su misericordia, ni lo rechazo ni lo rechazaré.
Dios es Amor; Dios es mi Amor; Dios es el Sagrado Corazón. Es lo que queremos cantar.

Sagrado Corazón, amor de Dios
que todo se deshace y se derrama,
cubriendo como un velo nuestra tierra
que queda en este amor divinizada.

Sagrado Corazón, el Evangelio
de la verdad de Dios, que nos es dada;
el mundo exulta y canta agradecido
pues toda culpa en Cruz fue perdonada.

Sagrado Corazón, historia ardiente
que fuera, por ser nuestra, regalada;
Tú fuiste el Vencedor, y de tu mano
pasaste a nuestra mano esa tu palma.

Sagrado Corazón, nuestro futuro,
la brújula segura que nos marca;
la patria del amor es nuestro hogar,
la luz de la victoria es nuestra carta.

Sagrado Corazón, nuestra confianza,
que eres y serás nuestra alabanza,
¡el celo y tierra, unidos en tu pecho,
por Ti en la Trinidad su gozo cantan! Amén.

Alfaro (La Rioja), 27 junio 2019, 
primeras Vísperas de la Solemnidad del Sagrado Corazón.

domingo, 23 de junio de 2019

1223. Al concluir el Corpus Christi


En esta santa Cena de mi amor
(Al eco de la homilía de Corpus Christi)


En esta santa Cena de mi amor
tomad y masticad este alimento,
mi cuerpo que se entrega en cruz,
y es don de todos, don para comerlo.

Bebed todos del cáliz sacrosanto,
por todos derramado, en paz bebedlo;
bebed todos de él, sentíos juntos,
bebedlo todos, todos sin recelo.

Es don de amor, de entrega y comunión
del Dios de todo don regalo vuestro;
en un abrazo de gracia y de perdón
venid todos, con palmas al Cordero.

Por ser Eucaristía del Señor
la Iglesia es comunión, mantel abierto,
venid, hermanos todos, comensales,
sentid que aquí ha nacido el mundo nuevo.

Jesús nos ha invitado a todos, todos,
que la familia es pan del dulce encuentro;
ahora y en la hora de la muerte,
la Eucaristía sea el Sacramento.

¡Jesús que al despedirte no te fuiste
y te quedaste vivo y verdadero,
que sea tu presencia nuestra gloria,
tu santidad que sea nuestro cielo!

Alfaro, Corpus Christi 2019