viernes, 28 de julio de 2023

1903. 900-19 Dom XVII A – Jesús, el tesoro escondido, la perla preciosa

 Jesús, el tesoro escondido, la perla preciosa 

Mt 13,44-52

Texto

44 El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

45 El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, 46 que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

47 El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: 48 cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. 49 Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos 50 y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

51 ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». 52 Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo». 

 

 

Hermanos:

1. Por tercer domingo consecutivo el Evangelio que se nos anuncia es un Evangelio de parábolas de Jesús: parábola del tesoro escondido, parábola de la perla preciosa y parábola de la red barredera. Las dos primeras, una con sensibilidad masculina, la del tesoro en el campo; otra, con sensibilidad femenina, la de la perla preciosa.

La de la red es distinta, parábola fulminante, como la de la cizaña, cuando Jesús nos remite al juicio final de la vida, a lo que sucederá al final de los tiempos, cuando haya que separar a los buenos de los malos.

 

2. Nos detenemos primero en las dos primeras parábolas para ver qué es lo que Jesús nos quiere revelar.

En ellas Jesús nos da, por de pronto, un doble mensaje:

-        El primero, que el reino de Dios, que es lo más precioso, es algo escondido, es decir, que solo Dios lo puede revelar; que el reino de Dios no es un programa sublime, el mejor programa que se haya inventado, como una alternativa a todos los demás. No es un programa: es un tesoro escondido, y si tú un día lo recibes, tendrás la sensación de que no puedes convencer a nadie, si Dios mismo no le concede a esa persona la gracia que a ti te ha concedido.

-        En segundo lugar, las dos parábolas nos dicen que ante ese bien supremo, yo puedo renunciar a todo lo que tengo, puedo vender todo lo que tengo a cambio de ello, porque lo que yo recibo vale infinitamente más que todo lo que tengo y puedo tener.

Pero hay un dato que lo ha recalcado la primera parábola, la del tesoro escondido, y los expertos en los Evangelios lo hacen notar diciéndolo: eso es precisamente la punta de la parábola. ¿Y cuál es este dato? Este detalle es lo que dice el Evangelio: que lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene. Este hombre, que ha tenido esta suerte, no es ningún héroe porque venda todo lo que tiene; bien al contrario, es el hombre de la suerte y puede hacer eso con alegría.

Si uno ha encontrado el Reino de Dios, hermanos, ser cristiano no es un acto heroico; no soy yo el que le estoy haciendo un favor a Dios, con mi entrega, con mi generosidad, dejándolo todo, es Dios el que me está dando la suerte a mí, que me ha hecho encontrar el tesoro de mi vida.

 

3. Según este modo de hablar de Jesús, el Reino de Dios, que es lo que Jesús nos ha predicado y lo que sigue anunciando misteriosamente, es un secreto, es un tesoro escondido. Esto quiere decir que yo no lo puedo alcanzar, ni lo puedo entregar a otro, como puedo entregar un programa político o los conocimientos de una ciencia. La comparación más próxima acaso sea la del amor. ¿Qué has visto tú en esta persona, que no han visto los demás, para que tú digas que es la mujer de tu vida? El amor es un hallazgo, es un encuentro, que establece una sintonía vital, de vida a vida. Así es la Fe. La Fe no es ni una ciencia ni una mercancía. La Fe es un don que Dios nos regala a modo de encuentro vital. La Fe da un sentido a toda la vida: todo es igual que antes y, al mismo tiempo, es distinto. Todo lo que llamábamos valores verdaderos no pierden su valor, pero quedan ordenados, a lo mejor corregidos, completados, y de todas formas iluminados por una luz superior.

El que ha encontrado a Dios como eje de su vida, ve que la vida en salud y enfermedad, en trabajos e ingresos no ha cambiado, pero que ahora es distinto bajo una luz diferente. Dios no nos aparta de las cosas humanas, pero nos las hace ver de modo bien diferente.

Hermanos, si no tenemos esta experiencia personal, nuestra fe puede tambalearse fácilmente, y podemos ser cristianos por tradición, por cultura, por ambiente, por familia, pero si eso no es absolutamente mío, como experiencia de mi corazón, eso se puede ir.

Estos días estamos sintiendo en España algo muy especial: programas y programas de discusiones políticas para ver cómo se va a formar el nuevo gobierno. Todos tienen el mismo derecho de discutir y de opinar.

Cuando se conoció el resultado de las elecciones, el episcopado, por medio del Secretario de la Conferencia Episcopal, tuvo unas palabras: "El resultado de las elecciones pide diálogos y acuerdos, y eso exige altura de miras de los líderes políticos".

Ahora bien, no hace falta ni ser obispo, ni ser cristiano, para dar este pronunciamiento, que, ciertamente es muy sensato. Pero este criterio no es Evangelio; puede ser preámbulo de Evangelio.

Lo que Jesús anunció en el Evangelio no fue eso: sentaos, dialogad, entendeos. Lo que Jesús nos anunció es que Dios, su Padre y nuestro Padre, está en medio de la vida y allí reina. Dios está – debe estar – en medio de la vida, de la familia, del matrimonio, del noviazgo, del trabajo, de la economía, del comercio, de la sanidad, de la educación, en una palabra, en el centro de la vida y de la muerte.

El político quizás diga: Eso puede ser en otras épocas; un estado es laico, y a Dios, si existe, hay que dejarlo en otra parte…

 

Pero resulta que Jesús veía a Dios en los niños, y por eso los defendía. Jesús veía a Dios en los enfermos, y si hacía milagros con ellos, no era para dar un golpe de poder y tumbar al adversario, sino para decir: Hija, tu fe te ha salvado, mira cómo Dios te ama y está presente en ti, hasta curarte de tu enfermedad.

El Reino de Dios es real, del todo real, está presente, pero está escondido. Dichosos los humildes, que han abierto sus ojos y han visto lo que los soberbios nunca pueden ver: que Dios viviente es el tesoro de mi vida.

Pero, hermanos, nosotros como cristianos predicamos que Dios está en Jesús y que Jesús, su vida y su doctrina, su acción presente, es lo que llevamos al mundo. Y esto nos llena de una alegría que nadie nos podrá quitar, sea este partido el que gobierne, sea este otro. La fe cristiana se abrió camino en medio de gobiernos hostiles, en medio de prácticas aberrantes.

Jesús nos está invitando a que con nuestra vida demos testimonio de nuestra fe; desde ahí s eproduce el cambio. Si tenemos el don de la palabra, que hablemos, de acuerdo a lo que él nos ha dicho; incluso, si hace falta hacer milagros, que los hagamos, que él desde el cielo nos ha de ayudar.

 

4. Nos hemos detenido en las dos primeras parábolas. Pero digamos algo de la parábola de la red. En la red entran todos los peces: los que han de ir al mercado y los que no pueden ir a la venta. Pero a la hora de la verdad el pescador, que prepara la venta para el mercado hace una selección: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Y la aplicación la hace Jesús con unas palabras que nosotros no nos atreveríamos a inventar: Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos 50 y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Es lo mismo que lo de la cizaña. ¿Existe el infierno, hermanos? No cabe en nuestra mente. Pero Jesús ha hablado así, y sus palabras quedan ahí.

Hemos de concluir. Miremos humilde y confiadamente a Jesús y digámosle:

 

Señor, por tu misericordia, he encontrado como tesoro escondido el Reino de Dios que tú has predicado. Con alegría daré todo lo que tengo para disfrutar de este regalo infinito, y entregarlo al mundo con el testimonio de mi vida y mis palabras.

 

Alfaro (La Rioja), 27 julio 2023.

miércoles, 26 de julio de 2023

1902. - 900.18 ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? Rima espiritual

 ¿Podéis beber ese cáliz?


Ayer, fiesta de Santiago Apóstol, Patrón de España, escuchábamos esta lectura:

20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. 21 Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». 22 Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». 23 Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». 24 Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. 25 Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. 26 No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, 27 y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo (Mt 19, 20-27).

La madre de aquellos dos hermanos pide mucho, el todo para sus hijos, nada para ella. Y Jesús les va a conceder no lo que ella pide, sino algo distinto y sin comparación más, muchísimo más, la mayor gracia que Jesús puede conceder: hacernos partícipes de su Pasión, en definitiva de su Misterio Pascual. Desde esta consideración va esta rima del Evangelio.

 

¿Podéis beber ese cáliz,

el cáliz que he de beber?

Flotando está la pregunta,

invitando a responder.

 

Mucho pedía la madre,

el todo a más no poder:

pedía diestra y siniestra

de sus hijos junto al Rey.

 

Pero nada para sí

aquella invicta mujer,

que el bien total de sus hijos

sería todo su bien.

 

Mas muy corta se quedaba

en su ambición y querer,

que mucho más deseaba

el rabbí de Nazaret.

 

No sabéis lo que pedís,

que es mucho y que nada es,

y es mucho más de lo vuestro

lo que yo quiero ofrecer.

 

¿Podéis compartir mi cáliz,

para saciar vuestra sed,

beber la misma amargura

de amor y sangre a la vez.

 

Podemos, ellos dijeron,

como quien echa la red,

sin saber a ciencia cierta

lo que venía después.

 

Podemos, que era decir,

Si pides, sabes por qué,

y nuestra vida no es nuestra,

que está arrojada a tus pies.

 

Podemos, sí que podemos,

pues todo puede la fe;

podemos, tú por delante,

adonde vayas, yo iré.

 

Y entonces Jesús les dio

lo mayor que puede ser:

participar en su cruz

hasta morir como él.

 

Morir unido a Jesús

por lo que él vino a traer,

de todas gracias y dones

es la más grande merced.

 

Mucho pedía la madre

a quien puede conceder,

y más se le concedió

que lo que quiso escoger.

 

+ + +

 

Y hoy medito en mi silencio

qué petición traeré

para decirle a Jesús

que me colme este placer.

 

Ser el último, nos dijo,

que es el primero al revés,

ser esclavo, ser de todos

el servidor más cortés.

 

Y nunca querer la gloria,

ni estar en el palmarés,

igual que el Hijo del hombre

el último siempre fue.

 

Que no vino a ser servido,

sino a servir sin estrés,

y a dar su vida preciosa

a quien la quiera tener.

 

Jesús me dio su camino,

desde la cuna en Belén,

el amor si es de verdad

se da sin retroceder.

 

18. Y busca el bien de quien ama,

sin pedir un pagaré,

que Dios nos ha amado así,

gratis y por siempre amén.

 

Dios es amor puro amor,

hoguera de siempre arder,

que se hizo toda de fuego

y allí nos quiere encender.

 

Amor con mi vida humilde,

amando sin entender,

hasta el fondo que es sin fondo,

que es el amor de mi fe.

 

Mi Dios de amor, mi Jesús,

mi vida a ti consagré,

te pido saber amar,

que no quiero otro saber.

 

Ser en mis días destello

del Amor que se hizo ver,

y hacer amar al Amor

sin que yo sea traspiés

 

ser tuyo, Jesús, sin más,

en la pura sencillez,

será mi gloria y ventura,

mi dignidad y mi prez. Amén, aleluya.

 

Alfaro, 26 julio 2023