sábado, 31 de diciembre de 2022
1846 En la octava de Navidad – Santa María Madre de Dios
martes, 27 de diciembre de 2022
1844. San Juan Evangelista – Melodía pascual navideña, al ritmo de la octava y del Evangelio del día Jn 20,2-8
domingo, 25 de diciembre de 2022
1843. En la Natividad del Señor – El Verbo se hizo carne
El Verbo se hizo carne
Jn 1, 1-18
Jn1 1 En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
2 Él estaba en el principio junto a Dios.
3 Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5 Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
6 Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:
7 este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
8 No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
9 El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
10 En el mundo estaba; | el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
11 Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
12 Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
13 Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, | ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
14 Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad* .
15 Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
16 Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
17 Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
18 A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Hermanos:
1. El Nacimiento de Jesús, misterio central de nuestra fe, que cada año lo celebramos el día 25 de diciembre, y que popularmente llamamos la Navidad, se despliega en tres momentos celebrativos:
- la Misa de la medianoche, en lenguaje coloquial la Misa del Gallo,
- la Misa de la aurora
- y la Misa del Día.
Los Evangelios de cada una de las tres misas recogen un perfil o momento del mismo y único misterio. En la noche es el anuncio de los ángeles, que dan gloria a Dios y anuncian lo que ha ocurrido en Belén (Lc 2,1-14); en la primera misa de la mañana, el Evangelio nos narra cómo los pastores corren, contemplan lo que pasa y vuelven alabando a Dios (Lc 2,15-20). Y en la tercera Misa, o Misa del día, nos detenemos nosotros ante el misterio, reflexionando, adorando, contemplado: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Es el mensaje que ahora nosotros queremos traer a nuestro corazón, como creyentes y cristianos que somos, y sentir y experimentar cómo nuestra vida es diferente y el mundo cambia, si aceptamos estas verdades, y, una vez aceptadas, nos atenemos a las consecuencias.
2. Dios hecho hombre, es decir, el Infinito hecho igual a nosotros, para hacernos a nosotros infinitos como hijos de Dios. San Juan ha puesto esta primera página en su Evangelio, para que entendamos que en cada una de las escenas de la vida de Jesús que nos va a contar se están verificando estas maravillas.
Comienza, pues, diciendo quién era Jesús antes de entrar en este mundo. Y a este Jesús de Nazaret lo llama Verbo de Dios, es decir, Palabra de Dios, lo que sale de Dios mismo. Para explicar esto los Concilios dirán: Dios de Dios, Dios igual a Dios, con la misma eternidad, con los mismos poderes.
Estamos en el misterio que nadie jamás podrá explicar. Lo importante es que caigamos en la cuenta de que el evangelista san Juan no está hablando de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, sino de un individuo concreto de la tierra, que es Jesús de Nazaret. Para que el misterio sea concreto, tangible, nos habla de la Creación. Oigamos: Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
Obviamente, si no tenemos fe, todo esto es pura fantasía, un bello mito, pero en sí mismo absurdo y ridículo. Por el contrario, si tenemos fe, va resultar que este absurdo es lo más bello y esperanzador que se nos ha anunciado.
3. El mismo evangelista trata de meterse en este misterio, para que también nos encontremos allí divinamente perdidos, porque cada una de las palabras que a él se refieren van a repercutir en nosotros. Nos dice: En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La vida, la luz, el amor…, todo lo más deseable que se descubre en el fondo del corazón humano, estaba en él; más aún, él era todo eso. Jesús lo explicará en páginas siguientes de este Evangelio: Yo soy el camino, y la verdad y la vida. Jesús es la libertad, la salvación, el futuro… Todo, absolutamente todo lo que sea bien, lo que sea bueno, estaba en él, porque él, siendo Dios, era eso. Y repitámoslo: Estamos hablando de Jesús de Nazaret; más aún, estamos hablando del Niño Jesús que nació en Belén.
Y ahora el evangelista nos recuerda la historia que Dios fue haciendo con los hombres, y que tuvo su punto culminante en Juan Bautista. Juan Bautista fue el enviado de Dios, que preparó el camino; fue testigo de Jesús. No lo vamos a comparar con él.
4. Así van sucediendo los acontecimientos cuando llegamos al punto culminante, a la que podríamos decir que es la frase principal, el mensaje divino, de esta grandiosa página que hemos escuchado: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Los apóstoles, antes que nosotros, pensaron en estas cosas y, al ver la gloria de Jesús, la compararon con la gloria y la dignidad de los ángeles. Jesús es más que los ángeles. La carta a los Hebreos, que hemos leído hoy, se expresa así: “¿A qué ángel dijo jamás: | Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy; | y en otro lugar: | Yo seré para él un padre, | y él será para mí un hijo? Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: | Adórenlo todos los ángeles de Dios” (Heb 1,5-6).
Jesús, en quien creemos, Jesús de Nazaret, Jesús, el Hijo de María Virgen concebido por obra del Espíritu Santo, Jesús, el Verbo de Dios, es hombre, mejor dicho, es “carne”, que en el lenguaje bíblico quiere decir hombre en la debilidad, en la contingencia, en la fragilidad que tiene el ser humano.
Y siguiendo el mismo pensamiento, nosotros decimos: El Verbo de Dios, se ha hecho niño, se ha reducido al estado de un bebé; no sabe hablar, no puede defenderse, tiene que tener una madre que lo cuide, que lo limpie, que le bese, que le dé de comer, ahora la leche de su pecho, y luego papillas y suaves alimentos… Se ha hecho uno de nosotros: niño, muchachito, joven hombre…, para hacernos a nosotros hijos de Dios.
5. Esto, hermanos, es para quedar locos, o para quedar enamorados. Sí, para quedar enamorados.
Porque san Juan nos dice, extasiado de amor:
y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad ….
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
… la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo”.
Hermanos, esta es nuestra fe.
Dicen – y es verdad, y la Iglesia lo proclama: Todas las religiones llevan a Dios; pero no es indiferente pertenece a una o a otra. A ninguna religión se le ocurrió decir que Dios es hombre, hermano nuestro, uno de nosotros, para dar su abrazo y su perdón, si pecamos y nos arrepentimos.
Esto es, mis queridos hermanos, lo que celebramos en Navidad. Que el corazón se llene de alegría, de una alegría tan verdadera y tan grande que nos dure hasta el cielo.
Miremos a la cuna de Belén y oremos: Niño de Belén, que eres verdadero Hijo de Dios, Señor de cielo y tierra, no tengo ni tendré palabras suficientes para alabarte y darte gracias. Pero te digo lo que puedo decirte: Mi vida es toda tuya; contigo quiero vivir y morir, contigo siempre y en todas las cosas para gloria de Dios Padre. Amén.
Cuautitlán Izcalli, 25 diciembre 2022
1842 [853] Lágrimas de Nochebuena. Poema espiritual
Lágrimas de Nochebuena
Anoche, la Nochebuena, me tocó celebrar la Eucaristía con solo cuatro hermanas: Vicky, Chayito, Mary y Eva ( es decir, la Madre Virginia, digna Superiora de esta Casa de formación, la Madre Rosario , responsable del Área Espiritual, la Secretaria y la Directora de Estudios); los hermanos habían ido a sus ministerios correspondientes y el Curso formal de tiempo atrás estaba vacante. Y luego cenamos juntos. Antes habíamos hecho “la arrulladita del Niño”.
Estoy contando lo que puede pasar en cualquier comunidad de Pobres Capuchinas.
Y no preparé la homilía. Les dije simplemente después de escuchar a Isaías, a Pablo y el Evangelio de san Lucas, que la Gracias de Nochebuena eran pura y simplemente las Lágrimas de Nochebuena. Quiera el Señor concederlas, ahora que la vida, que ido muy arriba (más cerca de los noventa que de los ochenta) me está diciendo que la Navidad definitiva está más cerca.
El Salmo de Navidad, que adaptó san Francisco para el Oficio de la Pasión, después de invitar a toda la creación a exultar de gozo, termina así:
“Familias de los pueblos, ofreced al Señor,
' ofreced al Señor gloria y honor,
* ofreced al Señor gloria para su nombre (Sal 95,7-8).
Ofreced vuestros cuerpos
' y llevad a cuestas su santa cruz,
* y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos (cf. Lc 14,27; 1 Pe 2,21)”.
Lágrimas de Nochebuena
es la gracia que he pedido,
las más dulces de mi vida
las que María ha tenido.
Que no son por la pandemia,
Que las merecen a gritos,
Ni tampoco por los pobres
bien llevados y traídos
No es por la Guerra de Ucrania
Gran pecado, Gran Delito,
Que Dios puede perdonar
Si estanos arrepentidos.
Lágrimas de Nochebuena,
dulcísimas por un Niño,
lágrimas para sentirle
Dios de Dios, por mí nacido.
Y en silencio y nada sé
lloro con él y conmigo,
y quiero pensar llorando
más allá de raciocinio.
Sin un porqué que lo explique
Dios está ahí, debilito,
Dios es bebé, y hasta algunos
Pueden llamarle Diosito.
Y no se molesta por eso,
que bien se lo ha merecido;
ya María se ha aliviado
y puede besar a su hijo.
Y aquellas lágrimas puras
eran perfumen divino,
que bañaban la cunita
del más humano cariño.
Dios era lo que quería,
Dios era ya mi hermanito,
En secreto lo diré,
Que nadie sepa mis mimos.
Con los pañales del niño,
blancos y ya humedecidos,
mis ojos voy a secar
para más llorar lo mismo.
Pañales que no los ángeles,
sino la madre los hizo;
la madre los lavará
y siempre estarán muy limpios.
Y con hierba de los campos
les dará un olor bonito,
y el niño se va a enterar
que esta tierra es su recinto.
Lágrimas aquí en silencio,
que nadie las haya visto,
que son mi homilía bella
que el Niño Dios me la ha oído.
Para decirte “Te quiero”
no he de leer ningún libro:
ninguno puede decirme
lo que tú ya me lo has dicho.
Para cantarte mi amor
un violín no necesito,
y me sobran los mariachis
y el sombrero tapatío.
Lágrimas de Nochebuena,
que destilan de lo íntimo,
lágrimas del corazón,
que solo Dios las ha visto.
El pavo de Navidad
no alegrará mi apetito,
que a Dios mismo estoy comiendo
en la Misa que he vivido.
No ese ese vino espumante,
creedme que yo lo digo,
es otra cosa más dulce,
que es adentro de mí mismo.
* * *
19. Callaos, Teología, En
hable el amor unitivo;
silencio, hable la escucha,
Dios es hoy, venid y oídlo.
Verbo de Dios, te adoramos
encarnado en cuerpo vivo,
tu historia ya ha comenzado
y aquí mismo la seguimos.
Hoy es Belén, Nacimiento,
Calvario, y Ramo florido,
Hoy es santa Eucaristía,
Hoy es Dios enternecido.
Gloria a ti, Mi Redentor,
gracias por todos los siglos,
recibe mi voluntad,
mis votos y mis gemidos.
Soy feliz por ti, por ti,
porque en ti me entiendo y miro,
soy feliz y espero verte
en el cielo prometido. Amén, aleluya.
Cuautitlán Izcalli, 25 diciembre 2022.
1841 – El Dios de la Encarnación - Al eco de la liturgia y en “en román paladino” (de Berceo)
El Dios de la Encarnación
Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré yo,
y en Jerusalén seréis consolados (Is 66,12-13).
(Laudes, jueves IV sem. del Salterio)
El Dios de la Encarnación
es el Dios de los abrazos;
sin caricias que brindar
Dios no se habría abajado.
Un niño que era yo mismo
aquí lo estaba esperando,
con su carita muy triste,
con sus ojitos mirando.
¿Será que el Dios de los cielos
se ha cambiado en Dios humano,
pero solo para amar,
libre de todo pecado?
Yo navego al infinito,
caminando y caminando,
pero ese Dios sin carruaje
se ha presentado a mi lado.
Dios es pequeño, caricia,
como florcita del campo,
empezó siendo bebé
y fue creciendo a muchacho.
Dios es nuestro, Dios es mío,
que eso es ser Dios encarnado;
y su Iglesia así confiesa:
Dios es mi entrañable hermano.
Pero Dios es siempre Dios,
Creador y soberano,
El que rige cielo y tierra
y juzgará nuestros actos.
Misterio y locura juntos
en la fe que profesamos;
solo el amor es la puerta
de cuanto estamos pensando.
Dios amor, solo existente,
y otro Dios, fetiche vano,
y adorar a Dios distinto
es un ídolo de esclavos.
Venimos, pues, al Portal
con el beso en nuestros labios:
yo te beso, yo te entrego
cuanto soy y cuanto hago.
Y gracias solo te digo,
abriendo el pecho explayado,
tú eres mi Dios todo entero,
mi Dios de mí enamorado.
Y al decir mi confesión
yo me siento acariciado;
que Dios es siempre el primero
y en amor se ha adelantado.
Como la madre a su niño
en sus brazos me ha tomado,
soy su precioso tesoro
que, al amarme, está gozando.
Misterio de Encarnación,
nunca jamás descifrado,
hoy las santas Escrituras
más humildes veneramos.
Encarnación, el consuelo
que consuela a los cristianos;
el profeta lo anunciaba,
nosotros lo disfrutamos.
Navidad, Eucaristía
de consuelo embriagados;
venid, heridos dolientes
a gozar del gran milagro.
Junto a la cuna mecida
resuenen ya nuestros cantos,
y lloremos de alegría
en el cielo arrebatados.
Es Navidad, silenciemos
los miedos y desengaños;
Dios es don y solo don,
y nadie podrá arrebatarlo.
Bendigamos al Bendito,
que todo regalo ha dado:
la cunita de Belén
es mi Evangelio sagrado.
¡Gloria, honor y alabanza
a mi Dios manifestado:
en la santa Trinidad
hoy nos hemos encontrado! Amén, aleluya
Cuautitlán Izcalli, viernes de la IV semana de Adviento, 23 diciembre 2022.