sábado, 31 de diciembre de 2022

1846 En la octava de Navidad – Santa María Madre de Dios

Santa María Madre de Dios Lc 2,16-21 Texto 16 Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. 18 Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. 19 María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su cora-zón. 20 Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. 21 Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusie-ron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concep-ción. Hermanos: 1. El tiempo de Navidad comienza con las Vísperas de la Natividad del Se-ñor, a punto de iniciar la Nochebuena y se concluye con el domingo que sigue a la Epifanía o fiesta de los Reyes Magos. La Navidad y la Pascua se juntan en una unidad indivisa, como un único misterio del amor divino, y no hay pala-bras humanas para descomponerlo y para comprenderlo en su totalidad. La Iglesia tiene múltiples celebraciones. El domingo siguiente a la Navidad contempla el misterio desde esta pers-pectiva: la Sagrada Familia. Y el domingo octava de la Navidad, es decir, a los ocho días del 25 de diciembre, el día 1 de enero, primero de año, todos los años es la gran Solemnidad de María Madre de Dios. En el misterio de la En-carnación ha habido una mujer, una humilde mujer, escogida por Dios, la que ha traído a su Hijo al mundo; y a esta solemnidad se le llama Solemnidad de San María, Madre de Dios. Y ha ocurrido este año – así debemos explicarlo – siendo el día 25 de diciembre precisamente Domingo, el Domingo de la octa-va, 1 de enero, sería simultáneamente la Sagrada Familia y Santa María, Madre de Dios. Por tanto, en esta circunstancia la fiesta de la Sagrada Familia se ha adelantado dos días, al viernes, día 30, y el día 1 de enero queda como está: Año Nuevo, Santa María Madre de Dios. 2. La Virgen María tiene en las celebraciones de la Iglesia que llamamos li-turgia, cuatro fiestas principales, que por orden de aparición son las siguientes: - la primera, la Inmaculada Concepción, en Adviento, el 8 de diciembre: María no tuvo pecado original, que todos los hijos de Adán contraemos, por-que Dios la preparó, con una redención anticipada, para ser la digna Morada de su Hijo. San Francisco la llamó a la Virgen Palacio de Dios. Ella, en su po-bre casita, ya desde su nacimiento era el palacio de Dios. - La segunda es la que hoy celebramos: Santa María es no solamente la Ma-dre de Jesús el Mesías, Jesús el Cristo, Jesucristo, sino la Madre de Dios, y di-cho con palabras más estudiadas, la Engendradora de Dios, sancta Dei Gene-trix, que los Santos Padre de la antigüedad, llamaban la Theothocos. Una mu-jer, al ser Madre, no es solo Madre de la carne, como si su útero fue no más que un laboratorio químico; sino es Madre de la persona de su Hijo. El alma la pone Dios, porque el alma es inmortal, y, al poner el alma, Dios le da a la mu-jer, el don de la maternidad. Una mujer queda constituida en Madre de un ser humano, de una persona, cosa que no podemos decir de ningún animal, por-que ningún animal es persona; por eso podemos matar a los animales hasta para comerlos; en cambio, nadie puede matar a una persona humana. Jesús como persona tiene una Madre, que es María de Nazaret, y esta dignidad, que es al mismo tiempo misión, no es igualada por ningún otro título humano. Ma-ría, mujer, no fue sacerdote, porque fue mucho más que sacerdote. Era la Ma-dre de Jesús, Verbo de Dios, Madre del Verbo Encarnado, en el tiempo y en la eternidad. Y de esta amanera, hermanos, tratando de enumerar sencillamente las cuatro fiestas mayores de la Virgen María, ya hemos anunciado el núcleo del misterio que hoy celebramos. Pero sigamos con la tercera y la cuarta. - La tercera fiesta litúrgica de la Virgen es la Anunciación, que mejor que decir “la Anunciación a María” (fijándonos en ella) hoy decimos “la Anuncia-ción del Señor”: el centro de la Anunciación es el don del Señor. Esta fiesta es la que celebramos el 25 de marzo. - Y la cuarta fiesta es la Asunción de María, la plenitud de su ser que en cuerpo y alma, con toda su historia terrenal de gozo y de dolor, vive ya para siempre, coronada por Dios con la gloria del Hijo, una fiesta que nos habla del estado final de los cristianos y de la Iglesia. 3. La Iglesia en esta consideración del misterio nos invita hoy a pensar cuál es la parte que tuvo una simple criatura en el nacimiento del Hijo de Dios. Pero recuerden que también en el domingo anterior a la Navidad, todos los años nuestra atención se fija en la que va ser Madre, y la reflexión que entonces nos hacíamos era esta: Cómo Dios quiso contar, para llevar a cabo un designio eterno, con la participación y el consentimiento libre de una criatura, que de sí es falible, es voluble, como la experiencia lo dice cada día. En el pasaje de hoy san Lucas se ha fijado en un aspecto que lo pone a nuestra consideración, que es el siguiente: María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Es una frase que la repite pos-teriormente, cuando fue Jesús niño hallado en el Templo. La frase del Evangelio sugiere mucho. Nos está diciendo que los misterios de Dios son pertenencia de Dios, y no los vamos a descifrar nosotros, por nuestra cuenta, porque nos rebasan. Los recibimos en el corazón a través de un canal, que no es la inteligencia, sino la meditación, la contemplación, que abar-ca toda esa actitud íntima de amor, de admiración, de adoración y de entrega a la acción de Dios. A Dios le confesamos en su grandeza infinita, y sería total-mente ridículo y absurdo, entrar en competencia con él por nuestros razona-mientos, como si nosotros tuviéramos la clave última de lo que pasa. La cien-cia es el conocimiento ordenado y superior de lo que está ante nuestros ojos, porque Dios lo ha creado y nos lo ha dado. La ciencia es abrir un regalo y dis-frutarlo. Pero la ciencia, que está en descubrimientos continuos, no puede crear un mundo que haya que sacarlo de la nada; la ciencia trabaja sobre lo que exis-te. Y el hombre no puede inventar los misterios de Dios. Simplemente los re-cibe. La Teología es la ciencia de las cosas de Dios. La Teología, si ha de ser la ciencia de las cosas de Dios, ha de ser humilde, receptora y contemplativa. No por más inteligencia uno descubre nuevos misterios de Dios, nuevas maravillas de lo que él ha revelado en la historia; por más humildad, sí. Por ese camino, sí, o con ciencia o con ignorancia. San Francisco era un ignorante, y se confe-saba como ignorante; pero comprendía el amor de Dios y la Pasión de Jesu-cristo, signo supremo del amor de Dios, de una manera sublime que los teólo-gos no alcanzan, hasta verla hecha realidad en su propio cuerpo. María es la iniciadora de este camino. Con María empieza la contempación en la Iglesia, que no ha de acabar nunca. María es la iluminada de Dios, a tra-vés de su humildad. María es la luz de la Iglesia. Tenemsoq que tenerlo muy en cuenta, hoy que tanto debatimos sobre el auténtico puesto de la mujer en la Iglesia. 4. No quiero terminar estas palabras de fe sin referirme a esta circunstancia mundial que compartimos: el Año Nuevo del Calendario más difundido, el estreno del año de gracia de la Encarnación 2023. Los cristianos lo iniciamos con una bendición de Dios. Es la bendición que en la pimera Alianza de Dios, daba el Sumo Sacerdote. Por tres vces ivocaba el nombre santísimo de Dios, y tres veces lo hacía bajar del cielo. En cada una de las tres bendiciones, de las tres bajadas pedía lo mismo: la gracia de la presen-cia de Dios, que esa es su bendición. Y tres veces, con palabras distintas repe-tía lo mismo: Que el Señor te bendiga y te guarde. Que el Señor te mire benig-namente ye te proteja. Que el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz. Y Dios ponía la firma a lo que el Sacerdote pedía: “Y yo los bendeciré”, termina la bendición de Aarón. Esa la presencia de Dios que nos acompañe en todas las acciones de este año. Señor Dios, bendícenos a través de tu Hijo amado, en quien creemos y con el cual celebramos la santa Eucaristía. Amén. La Piedad, Michoacán, capuchinos, 30 diciembre 2022.

martes, 27 de diciembre de 2022

1844. San Juan Evangelista – Melodía pascual navideña, al ritmo de la octava y del Evangelio del día Jn 20,2-8

Corría Juan el amado, corría Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Esta verdad sublime – Dios divino, Dios humano – atraviesa e ilumina todas las palabras del Evangelio del Discípulo Amado. Un Evangelio desconcertante, distinto de los Sinópticos, que la Iglesia desde siempre ha recibido y vivido como norma de él. Un crítico de la aca-tegoría de Ernst Kaesemann (1906-1998), alumno de Rudolf Bultmann, escribe: “su aceptación en el canon de la gran Iglesia tuvo lugar errore hominum el provi-dentia Dei” (por error de los hombres y por la providencia de Dios” ( El testimonio de Jesús. El lugar histórico del Evangelio de Juan. Salamanca. 1983.pp. 166s.). La Encarnación (que tanto Mateo como Lucas, los dos Evangelio de la Infancia ponen en Belén), esencialmente unida a la Pascua, es la norma de nuestra fe. El Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, hecho hombre, nació para divinizar, co-menzando por el perdón de los pecados. Hay opiniones y en redes católicas, se pueden compartir - ¿será justo? – convicciones como esta, que leíamos estos días: “Sobre el nacimiento de Jesús, nadie sabe nada salvo que fue hijo de María y de José (o quizás de un padre desconocido) y que nació en Nazaret en una familia numerosa y pobre. Fue libre y hermano, compasivo y sanador. Por eso sus segui-dores le reconocieron como el Cristo o Mesías, aquel que esperaban y que había de anunciar la buena noticia a los pobres, curar a los enfermos, liberar a los cauti-vos, y con el tiempo poetas como Lucas crearon bellos relatos simbólicos que na-rran su nacimiento. Hubo también quienes le confesaron como el Verbo o el Logos divino creador del mundo. “La Palabra se hizo carne”, se lee en el Evangelio de Juan. En el siglo IV se elaboró el actual Credo que confiesa a Jesús como el único Hijo de Dios, “de la misma naturaleza del Padre”, que “se encarnó de María Vir-gen”. Y así empezaron a celebrar de manera ritual el nacimiento de Jesús” (Navi-dad cristiana y Navidad universal). Ciertamente que no es tal el sentir de la Iglesia, ni la profesión de fe de nues-tros cantos. En la fiesta de san Juan, apóstol y evangelista, queremos cantar la fe que de pequeño aprendimos en el Catecismo y de mayores en la Universidad, la fe que da sentido a nuestro Bautismo y Sacerdocio. Vaya con tales sentimientos, con la hu-mildad que Dios nos permite, esta canción, que es canción pascual y navideña. Corría Juan el amado, corría, más que el viento mañanero que el anhelante rostro hería, hería, y más que Pedro avanzaba, que al correr también gemía, gemía, y corrían rumbo a un huerto donde él, mi Jesús, yacía, yacía. II Corría y llegó el primero, primero, que María, tempranera, encargada de un secreto, secreto, apóstol de los apóstoles, anunciaba del Maestro, maestro, que el Viviente ya vivía, y era Pascua con su cuerpo, su cuerpo. III En las alas del amor, amor, volaba el enamorado, para unirse a su Señor, Señor, Juan que al niño de la cuna el Verbo de Dios llamó, llamó, que volaba como el águila, al pecho que en cruz se abrió, se abrió. IV Fue el primero que llegaba, llegaba, y sus ojos contemplaron los lienzos de la mortaja, mortaja, pero no entró en el santuario y dejó a Pedro la entrada, entrada, y después entró el segundo, y creyó y sació su alma, su alma. V Vio y creyó en la Palabra, Palabra, Que todas las Escrituras eran la santa promesa, promesa, de un Dios de gloria infinita que se encarnaba en pobreza, pobreza, para hacernos hijos suyos y sentarnos a su mesa, su mesa. VI Y ese es nuestro Dios, hermanos, hermanos, el que Juan evangelista, que era el discípulo amado, amado, anunció cual Verbo y Carne Dios divino, Dios humano, Humano Dios entrañable que salva Y nos estrecha a su lado, Su lado. VI Cuna pascual, yo te adoro, Adoro Festejando en Navidad este precioso tesoro, tesoro: que fue por Dios revelado, a la Iglesia en este apóstol, apóstol, Evangelio, Eucaristía, presagio final del gozo, del gozo. Amén, aleluya Cuautitlán Izcalli, san Juan evangelista 2022 (12º aniversario de mi entrada en la red del Internet para anunciar el Evangelio en “Las hermosas palabras del Señor”).

domingo, 25 de diciembre de 2022

1843. En la Natividad del Señor – El Verbo se hizo carne

 

El Verbo se hizo carne

Jn 1, 1-18

 

Jn1 1 En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

2 Él estaba en el principio junto a Dios.

3 Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

5 Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

6 Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:

7 este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

8 No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

9 El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

10 En el mundo estaba; | el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

11 Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

12 Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

13 Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, | ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

14 Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad* .

15 Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

16 Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

17 Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

18 A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

 

Hermanos:

1. El Nacimiento de Jesús, misterio central de nuestra fe, que cada año lo celebramos el día 25 de diciembre, y que popularmente llamamos la Navidad, se despliega en tres momentos celebrativos:

- la Misa de la medianoche, en lenguaje coloquial la Misa del Gallo,

- la Misa de la aurora

- y la Misa del Día.

Los Evangelios de cada una de las tres misas recogen un perfil o momento del mismo y único misterio. En la noche es el anuncio de los ángeles, que dan gloria a Dios y anuncian lo que ha ocurrido en Belén (Lc 2,1-14); en la primera misa de la mañana, el Evangelio nos narra cómo los pastores corren, contemplan lo que pasa y vuelven alabando a Dios (Lc 2,15-20). Y en la tercera Misa, o Misa del día, nos detenemos nosotros ante el misterio, reflexionando, adorando, contemplado: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Es el mensaje que ahora nosotros queremos traer a nuestro corazón, como creyentes y cristianos que somos, y sentir y experimentar cómo nuestra vida es diferente y el mundo cambia, si aceptamos estas verdades, y, una vez aceptadas, nos atenemos a las consecuencias.

 

2. Dios hecho hombre, es decir, el Infinito hecho igual a nosotros, para hacernos a nosotros infinitos como hijos de Dios. San Juan ha puesto esta primera página en su Evangelio, para que entendamos que en cada una de las escenas de la vida de Jesús que nos va a contar se están verificando estas maravillas.

Comienza, pues, diciendo quién era Jesús antes de entrar en este mundo. Y a este Jesús de Nazaret lo llama Verbo de Dios, es decir, Palabra de Dios, lo que sale de Dios mismo. Para explicar esto los Concilios dirán: Dios de Dios, Dios igual a Dios, con la misma eternidad, con los mismos poderes.

Estamos en el misterio que nadie jamás podrá explicar. Lo importante es que caigamos en la cuenta de que el evangelista san Juan no está hablando de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, sino de un individuo concreto de la tierra, que es Jesús de Nazaret. Para que el misterio sea concreto, tangible, nos habla de la Creación. Oigamos: Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

Obviamente, si no tenemos fe, todo esto es pura fantasía, un bello mito, pero en sí mismo absurdo y ridículo. Por el contrario, si tenemos fe, va  resultar que este absurdo es lo más bello y esperanzador que se nos ha anunciado.

 

3. El mismo evangelista trata de meterse en este misterio, para que también nos encontremos allí divinamente perdidos, porque cada una de las palabras que a él se refieren van a repercutir en nosotros. Nos dice: En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La vida, la luz, el amor…, todo lo más deseable que se descubre en el fondo del corazón humano, estaba en él; más aún, él era todo eso. Jesús lo explicará en páginas siguientes de este Evangelio: Yo soy el camino, y la verdad y la vida. Jesús es la libertad, la salvación, el futuro… Todo, absolutamente todo lo que sea bien, lo que sea bueno, estaba en él, porque él, siendo Dios, era eso. Y repitámoslo: Estamos hablando de Jesús de Nazaret; más aún, estamos hablando del Niño Jesús que nació en Belén.

 

Y ahora el evangelista nos recuerda la historia que Dios fue haciendo con los hombres, y que tuvo su punto culminante en Juan Bautista. Juan Bautista fue el enviado de Dios, que preparó el camino; fue testigo de Jesús. No lo vamos a comparar con él.

 

4. Así van sucediendo los acontecimientos cuando llegamos al punto culminante, a la que podríamos decir que es la frase principal, el mensaje divino, de esta grandiosa página que hemos escuchado: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Los apóstoles, antes que nosotros, pensaron en estas cosas y, al ver la gloria de Jesús, la compararon con la gloria y la dignidad de los ángeles. Jesús es más que los ángeles. La carta a los Hebreos, que hemos leído hoy, se expresa así: “¿A qué ángel dijo jamás: | Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy; | y en otro lugar: | Yo seré para él un padre, | y él será para mí un hijo? Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: | Adórenlo todos los ángeles de Dios” (Heb 1,5-6).

Jesús, en quien creemos, Jesús de Nazaret, Jesús, el Hijo de María Virgen concebido por obra del Espíritu Santo, Jesús, el Verbo de Dios, es hombre, mejor dicho, es “carne”, que en el lenguaje bíblico quiere decir hombre en la debilidad, en la contingencia, en la fragilidad que tiene el ser humano.

Y siguiendo el mismo pensamiento, nosotros decimos: El Verbo de Dios, se ha hecho niño, se ha reducido al estado de un bebé; no sabe hablar, no puede defenderse, tiene que tener una madre que lo cuide, que lo limpie, que le bese, que le dé de comer, ahora la leche de su pecho, y luego papillas y suaves alimentos… Se ha hecho uno de nosotros: niño, muchachito, joven hombre…, para hacernos a nosotros hijos de Dios.

 

5. Esto, hermanos, es para quedar locos, o para quedar enamorados. Sí, para quedar enamorados.

Porque san Juan nos dice, extasiado de amor:

y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad ….

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

… la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo”.

 

Hermanos, esta es nuestra fe.

Dicen – y es verdad, y la Iglesia lo proclama: Todas las religiones llevan a Dios; pero no es indiferente pertenece a una o a otra. A ninguna religión se le ocurrió decir que Dios es hombre, hermano nuestro, uno de nosotros, para dar su abrazo y su perdón, si pecamos y nos arrepentimos.

Esto es, mis queridos hermanos, lo que celebramos en Navidad. Que el corazón se llene de alegría, de una alegría tan verdadera y tan grande que nos dure hasta el cielo.

Miremos a la cuna de Belén y oremos: Niño de Belén, que eres verdadero Hijo de Dios, Señor de cielo y tierra, no tengo ni tendré palabras suficientes para alabarte y darte gracias. Pero te digo lo que puedo decirte: Mi vida es toda tuya; contigo quiero vivir y morir, contigo siempre y en todas las cosas para gloria de Dios Padre. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, 25 diciembre 2022

1842 [853] Lágrimas de Nochebuena. Poema espiritual

Lágrimas de Nochebuena

Anoche, la Nochebuena, me tocó celebrar la Eucaristía con solo cuatro hermanas: Vicky, Chayito, Mary y Eva ( es decir, la Madre Virginia, digna Superiora de esta Casa de formación, la Madre Rosario , responsable del Área Espiritual, la Secretaria y la Directora de Estudios); los hermanos habían ido a sus ministerios correspondientes y el Curso formal de tiempo atrás estaba vacante. Y luego cenamos juntos. Antes habíamos hecho “la arrulladita del Niño”.

Estoy contando lo que puede pasar en cualquier comunidad de Pobres Capuchinas.

Y no preparé la homilía. Les dije simplemente después de escuchar a Isaías, a Pablo y el Evangelio de san Lucas, que la Gracias de Nochebuena eran pura y simplemente las Lágrimas de Nochebuena. Quiera el Señor concederlas, ahora que la vida, que ido muy arriba (más cerca de los noventa que de los ochenta) me está diciendo que la Navidad definitiva está más cerca.

El Salmo de Navidad, que adaptó san Francisco para el Oficio de la Pasión, después de invitar a toda la creación a exultar de gozo, termina así:

“Familias de los pueblos, ofreced al Señor,

' ofreced al Señor gloria y honor,

* ofreced al Señor gloria para su nombre (Sal 95,7-8).

Ofreced vuestros cuerpos

' y llevad a cuestas su santa cruz,

* y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos (cf. Lc 14,27; 1 Pe 2,21)”.

 


Lágrimas de Nochebuena

es la gracia que he pedido,

las más dulces de mi vida

las que María ha tenido.

 

Que no son por la pandemia,

Que las merecen a gritos,

Ni tampoco por los pobres

bien llevados y traídos

 

No es por la Guerra de Ucrania

Gran pecado, Gran Delito,

Que Dios puede perdonar

Si estanos arrepentidos.

 

Lágrimas de Nochebuena,

dulcísimas por un Niño,

lágrimas para sentirle

Dios de Dios, por mí nacido.

 

Y en silencio y nada sé

lloro con él y conmigo,

y quiero pensar llorando

más allá de raciocinio.

 

Sin un porqué que lo explique

Dios está ahí, debilito,

Dios es bebé, y hasta algunos

Pueden llamarle Diosito.

 

Y no se molesta por eso,

que bien se lo ha merecido;

ya María se ha aliviado

y puede besar a su hijo.

 

Y aquellas lágrimas puras

eran perfumen divino,

que bañaban la cunita

del más humano cariño.

 

Dios era lo que quería,

Dios era ya mi hermanito,

En secreto lo diré,

Que nadie sepa mis mimos.

 

Con los pañales del niño,

blancos y ya humedecidos,

mis ojos voy a secar

para más llorar lo mismo.

 

Pañales que no los ángeles,

sino la madre los hizo;

la madre los lavará

y siempre estarán muy limpios.

 

Y con hierba de los campos

les dará un olor bonito,

y el niño se va a enterar

que esta tierra es su recinto.

 

Lágrimas aquí en silencio,

que nadie las haya visto,

que son mi homilía bella

que el Niño Dios me la ha oído.

 

Para decirte “Te quiero”

no he de leer ningún libro:

ninguno puede decirme

lo que tú ya me lo has dicho.

 

Para cantarte mi amor

un violín no necesito,

y me sobran los mariachis

y el sombrero tapatío.

 

Lágrimas de Nochebuena,

que destilan de lo íntimo,

lágrimas del corazón,

que solo Dios las ha visto.

 

El pavo de Navidad

no alegrará mi apetito,

que a Dios mismo estoy comiendo

en la Misa que he vivido.

 

No ese ese vino espumante,

creedme que yo lo digo,

es otra cosa más dulce,

que es adentro de mí mismo.

 

          * * *

19. Callaos, Teología, En

hable el amor unitivo;

silencio, hable la escucha,

Dios es hoy, venid y oídlo.

 

Verbo de Dios, te adoramos

encarnado en cuerpo vivo,

tu historia ya ha comenzado

y aquí mismo la seguimos.

 

Hoy es Belén, Nacimiento,

Calvario, y Ramo florido,

Hoy es santa Eucaristía,

Hoy es Dios enternecido.

 

Gloria a ti, Mi Redentor,

gracias por todos los siglos,

recibe mi voluntad,

mis votos y mis gemidos.

 

Soy feliz por ti, por ti,

porque en ti me entiendo y miro,

soy feliz y espero verte

en el cielo prometido.  Amén, aleluya.


 


 

Cuautitlán Izcalli, 25 diciembre 2022.

 

1841 – El Dios de la Encarnación - Al eco de la liturgia y en “en román paladino” (de Berceo)

El Dios de la Encarnación

 

Llevarán en brazos a sus criaturas

y sobre las rodillas las acariciarán;

como a un niño a quien su madre consuela,

así os consolaré yo,

y en Jerusalén seréis consolados (Is 66,12-13).

(Laudes, jueves IV sem. del Salterio)

 

El Dios de la Encarnación

es el Dios de los abrazos;

sin caricias que brindar

Dios no se habría abajado.

 

Un niño que era yo mismo

aquí lo estaba esperando,

con su carita muy triste,

con sus ojitos mirando.

 

¿Será que el Dios de los cielos

se ha cambiado en Dios humano,

pero solo para amar,

libre de todo pecado?

 

Yo navego al infinito,

caminando y caminando,

pero ese Dios sin carruaje

se ha presentado a mi lado.

 

Dios es pequeño, caricia,

como florcita del campo,

empezó siendo bebé

y fue creciendo a muchacho.

 

Dios es nuestro, Dios es mío,

que eso es ser Dios encarnado;

y su Iglesia así confiesa:

Dios es mi entrañable hermano.

 

Pero Dios es siempre Dios,

Creador y soberano,

El que rige cielo y tierra

y juzgará nuestros actos.

 

Misterio y locura juntos

en la fe que profesamos;

solo el amor es la puerta

de cuanto estamos pensando.

 

 

Dios amor, solo existente,

y otro Dios, fetiche vano,

y adorar a Dios distinto

es un ídolo de esclavos.

Venimos, pues, al Portal

con el beso en nuestros labios:

yo te beso, yo te entrego

cuanto soy y cuanto hago.

 

Y gracias solo te digo,

abriendo el pecho explayado,

tú eres mi Dios todo entero,

mi Dios de mí enamorado.

 

Y al decir mi confesión

yo me siento acariciado;

que Dios es siempre el primero

y en amor se ha adelantado.

 

Como la madre  a su niño

en sus brazos me ha tomado,

soy su precioso tesoro

que, al amarme, está gozando.

 

Misterio de Encarnación,

nunca jamás descifrado,

hoy las santas Escrituras

más humildes veneramos.

 

Encarnación, el consuelo

que consuela a los cristianos;

el profeta lo anunciaba,

nosotros lo disfrutamos.

 

Navidad, Eucaristía

de consuelo embriagados;

venid, heridos dolientes

a gozar del gran milagro.

 

Junto a la cuna mecida

resuenen ya nuestros cantos,

y lloremos de alegría

en el cielo arrebatados.

 

Es Navidad, silenciemos

los miedos y desengaños;

Dios es don y solo don,

y nadie podrá arrebatarlo.

 

Bendigamos al Bendito,

que todo regalo ha dado:

la cunita de Belén

es mi Evangelio sagrado.

 

¡Gloria, honor y alabanza

a mi Dios manifestado:

en la santa Trinidad

hoy nos hemos encontrado! Amén, aleluya

 

Cuautitlán Izcalli, viernes de la IV semana de Adviento, 23 diciembre 2022.