domingo, 28 de junio de 2026

2104 (1048) Jesús, Hijo de Dios, el primero y el todo

 

2104 (1048) Jesús, Hijo de Dios, el primero y el todo 

Jesús, Hijo de Dios, el primero y el todo

Mt 10.37-42

Texto

37El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí38y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. 39El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará40El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; 41el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. 42El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

 

Hermanos:

1. En la fiesta de San Jerónimo, 30 de septiembre, del año 2010, el Papa Benedicto XVI publicó una bellísima exhortación apostólica como fruto del Sínodo que se acababa de celebrar sobre la Palabra de Dios en la Iglesia y el mundo (5 al 26 de octubre de 2008. El documento se titula “Verbum Domini”. La leí con especial interés, pues por aquellos años mi ministerio desarrollaba como profesor de Biblia en el Seminario donde estaba, allí en América, y la frase que más me conmovió fue esta, en la que explicaba qué es una homilía, en el número 59: “Debe quedar claro a los fieles que lo que interesa al predicador es mostrar a Cristo, que tiene que ser el centro de toda homilía”.

Fíjense, hermanos, lo que aquí se dice: Cristo tiene que ser siempre el centro de toda homilía. Aunque un obispo dijera: Este Domingo la homilía debe ser en torno a las elecciones que se van a celebrar, sobre la responsabilidad que debemos tener todos para contribuir al bien común de todos los ciudadanos. Yo puedo derivar en este tema o en otro, sea el que sea, pero lo que debe quedar claro es que yo estoy hablando desde Jesús, y  que la vida que predicamos es una vida, que nace de él, de su Evangelio, una vida que Dios nos revela.

2. En aquella misma exhortación apostólica, el Papa, biblista de profesión, aclaraba una cosa que se ha revueltos estos días. Decía en ese número 59: “Hay también diferentes oficios y funciones «que corresponden a cada uno, en lo que atañe a la Palabra de Dios; según esto, los fieles escuchan y meditan la palabra, y la explican únicamente aquellos a quienes se encomienda este ministerio», es decir, obispos, presbíteros y diáconos”. Los obispos alemanes han pedido a la Santa Sede que los laicos puedan predicar en la Misa, y la santa Sede ha dicho que no. Un laico, hombre o mujer, puede conocer las santas Escrituras mejor que yo, sencillo sacerdote, puede explicar en la universidad la Biblia, los Evangelios, mucho mejor que yo; puede, incluso, dar ejercicios espirituales a sacerdote y obispos, pero en el acto sagrado, sacramental, de la Misa el que distribuye el Pan de la Palabra de Dios es el humilde sacerdote que preside, o, eventualmente, el diácono que la acompaña.

Termino la cita: “En efecto, ésta  - la homilía - “es parte de la acción litúrgica” […] La homilía constituye una actualización del mensaje bíblico, de modo que se lleve a los fieles a descubrir la presencia y la eficacia de la Palabra de Dios en el hoy de la propia vida. Debe apuntar a la comprensión del misterio que se celebra, invitar a la misión, disponiendo la asamblea a la profesión de fe, a la oración universal y a la liturgia eucarística”.

3. Volviendo, pues, a lo que decíamos al principio: Cristo es el centro de toda homilía. El texto de hoy es extraordinariamente claro y del todo comprometedor: Cristo es el centro de la vida y lo es por ser el Hijo de Dios, no por otra cosa.

Un buen sociólogo, del partido que sea, nos dirá que la familia es, tiene que ser, el centro de la sociedad, y debe estar por encima del estado. El estado ha sido constituido para que las personas, y en concreto, las personas en familia, puedan llegar a su desarrollo completo en todos los órdenes. La economía familiar será parte importantísima, pero no la principal. La vivienda digna, el acceso a la educación superior según las cualidades de uno, la cultura, la solidaridad mutua, y en definitiva la paz, son los valores que han de fomentar las instituciones dl estado.

4. Y ahora viene Jesús y dice: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí”. Evidentemente que la mentalidad de hoy rechaza de plano estas afirmaciones. Porque la mentalidad dominante nos dice: Cada uno es libre para tener las ideas religiosas que quiera tener; incluso para negarlas todas, y nadie le puede discriminar por estas razones.

Es decir, Jesús se atribuye una categoría que solo le corresponde a Dios.  Efectivamente así es. Jesús se autodefine como Hijo de Dios con todos los atributos que a Dios le corresponden.

Decir que Jesús es un profeta, como dice el Islam, es poco decir; decir que Jesús es el mayo bienhechor de la historia y merece todos nuestros respetos, es mucho decir, pero, en úktima instancia, es poco decir; porque decir todo es decir: Jesús es el Hijo de Dios encarnado, y merece la misma atención y culto que Dios merece.

Quien afirma estas cosas no es un fanático; es sencillamente un creyente.

5. Y de ahí se derivan todas las consecuencias.

Jesús nos habla de dos.

La primera: que por él me debo jugar todo. Nos dice: El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

Por él pierdo mi vida, pero en él encuentro mi verdadera vida.

Segunda consecuencia: los enviados de él. Notemos que estamos dentro del capítulo 10 de san Mateo, que empezamos hace dos domingo y todavía no hemos salido de él. Es el capítulo de la misión: El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado.

Un enviado de Jesús es un enviado de Dios. Y así se debe sentir humildemente todo sacerdote.

6. Y luego Jesús nos pone el ejemplo de los profetas. Nosotros, los discípulos de Jesús, somos los profetas de Jesús. Y a Jesús le gusta poner los ejemplos más sencillos y concretos, y fijémonos lo que nos dice: El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa. En tiempos de Jesús no había los refrigeradores que ha creado la industria eléctrica; pero en casa había un rincón fresco para guardar la tinaja con agua fresca. Y ¿quién no puede ofrecer un caso de agua fresca a quien koe necesita?  No es precisamente un acto heroico. Pues Jesús nos llega a decir esta frase solemne: El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

Hoy la primera lectura nos trae el ejemplo de aquella sencilla mujer, ya mayor, que no tenía hijos y que daba hospedaje al profeta Eliseo y su acompañante cuando pasaban por el pueblo. Es un relato que nos llena de emoción y de ternura:

Te has tomado todas estas molestias por nosotros…, ¿qué podemos hacer por ti?; ¿hemos de hablar en tu favor al rey, o al jefe del ejército?». Respondió ella: «Yo vivo tranquila entre las gentes de mi pueblo». Tras irse se preguntó Eliseo: «¿Qué podemos hacer entonces por ella?». Respondió Guejazí: «Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano». Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada. Eliseo le dijo: «El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo». Ella respondió: «No, mi señor, no engañes a tu servidora». Mas la mujer concibió, dando a luz un niño en el tiempo que le había anticipado Eliseo. (2Re 4,13-17).

Ahora Jesús nos dice que el que atienda a un enviado suyo, aunque no sea más que con un vaso de agua fresca, no quedará sin recompensa. 

Señor Jesús, gracias por estas divinas enseñanzas desde tu divinidad, creemos firmemente en ti, y en ti ponemos toda nuestra confianza. Amén.


Pamplona, sábado 27 junio 2026.

2103 (1047) Jesús nos lanza a la misión: No les tengáis miedo

 

2103 (1047) Jesús nos lanza a la misión: No les tengáis miedo 

No les tengáis miedo

Mt 10.26-33

Texto

 26No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. 27Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. 28No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. 29¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. 30Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. 31Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. 32A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos33Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.

 

 

Hermanos:

1. Acabamos  de escuchar un Evangelio que es dramático. Jesús habla de predicación, y habla al mismo tiempo de persecución y muerte. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.

Para comprenderlo en su verdadero sentido, tenemos que saber hermanos que estamos dentro de aquel mensaje que iniciamos el domingo pasado. Recordad: La mies es mucha, pero los trabajadores son pocos, nos decía Jesús. Y fue entonces cuando Jesús dio la misión a los Doce, los nombra el evangelista uno a uno. Id y anunciad que el reino de los cielos ha llegado. Curad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos. Haced lo que yo he hecho; lo habéis recibido gratis, dadlo gratis.

Va añadiendo Jesús nuevas consignas y consejos. Y de pronto nos damos cuenta que ahora no está hablando solo a aquel grupo privilegiado de los Doce; está hablando a toda la Iglesia, nos está hablando a nosotros.

 

2. En esas recomendaciones que va haciendo dice frases como éstas: Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. 17Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas 18y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.

La misión va a crear conflicto, y el discípulo no se va a ver en mejores condiciones que el maestro. Como la hen tratado al maestro, así le van a tratar al discípulo.

 

3. Pero esto es muy viejo, hermanos. El mensajero de Dios, destinado a llevar el mensaje más bello que el mundo ha oído, va sufrir el rechazo. Seis siglos antes de Jesús existió un profeta llamado Jeremías, un profeta muy especial. Dios le dijo que no tomara esposa, porque su misma vida, más allá de sus palabras tenía que ser un mensaje. En su extenso libro tenemos unos oráculos que se llaman “las confesiones de jeremías”, que son las quejas con las que éls e desahoga ante Dios.  Y hoy, en la primera lectura, hemos escuchado uno de estos desgarros del alma, la quinta confesión de Jeremías:

Oía la acusación de la gente:

«“Pavor-en-torno”,

delatadlo, vamos a delatarlo».

Mis amigos acechaban mi traspié:

«A ver si, engañado, lo sometemos

y podemos vengarnos de él».

Pero el Señor es mi fuerte defensor:

me persiguen, pero tropiezan impotentes.

Acabarán avergonzados de su fracaso,

con sonrojo eterno que no se olvidará. (Jn 20,10-13).

 

4. Jesús, que nos confía a nosotros como discípulos llevar el reino de Dios al mundo por medio de la predicación, nos anticipa que con nuestro mensaje va a estallar el conflicto. ¿Cómo es posible si el mensaje que comunicamos es un mensaje de amor y gracia? En el corazón humano late un misterio de maldad, y no es cuestión de análisis, sino de confrontar hechos. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y no puede hacer nada más. Solo hay que etemer a quien puede aniquilar cuerpo y alma.

Pero justamente ese es nuestro Padre, y un padre verdadero no puede dañar a sus hijos. Jesús pone dos comparacioenes ingenuas, llenas de ternura: la de los gorriones y la del acabello que cae de nuestra cabeza. Unos gorriones que se cazan para venderlos en el mercado por cuatro monedas; pues no cae ninguno de ellos a tierra, sin que el Padre del cielo dé su consentimiento.

O un pelo de la cabeza que se va arrastrado por el peine, porque ya la piel va envejeciendo. Entre miles, ¿qué importa tener un cabello más o un cabello menos? No cae un pelo de la cabeza sin que el Dios Creador de cielo y tierra dé un decreto de consentimiento.  Pues no comparemos nosotros lo que vale nuestra vida con lo que vale un gorrión o un pelo de la cabeza. No tengáis miedo, nos dice Jesús.

Quizás, hermanos, no lo hemos pensado, pero una condición del cristiano es que sea valiente: libre y valiente, tratándose de llevar el mensaje de Dios. Que esta seguridad y esta fortaleza de Dios, esta alegría, audacia y valentía se nos meta dentro del cuerpo.

 

5. Jesús en este Evangelio prevé que sus discípulos se van a encontrar en situaciones límite, tanto en ambientes judíos como en ambientes gentiles, y que el defender la fe nos puede costar la vida.  Esto lo estamos viendo con vuestros ojos constantemente: que en tal sitio han quemado una iglesia, han matado a tantos cristianos.  Y es lo que pasó en nuestra propia patria, por mucho que queramos o quieran recolorear la memoria histórica. Quemaron absurdamente iglesias, destrozaron imágenes, mataron a tantos y tantos por ser católicos. 

Al terminara la II Guerra Mundial, en buena hora se formó la Sociedad de las Naciones Unidas y en junio de 1945 – estos días se cumplen 81 años - se firmó la Carta constitucional de las Naciones Unidas. No más guerras, seamos de la religión que sea. Veinte años después el Papa Pablo VI, hoy San Pablo VI, pudo visitar las Naciones Unidas. Dijo que la Iglesia es “experta en humanidad”, y como experto en humanidad pudo invocar la paz mirando o desde su fe el futuro, y como creyente y testigo de Jesús pudo citar al profeta Isaías: De las espadas forjarán arados, | de las lanzas, podaderas. | No alzará la espada pueblo contra pueblo, | no se adiestrarán para la guerra (Is 2).

Hace unos días nos ha visitado el Papa, a quien nosotros veneramos como sucesor de Pedro, que debe confirmar en la fe a sus hermanos.  Fue invitado a hablar en el parlamento. Pudo hablar como experto en humanidad, como representante de una familia humana de mil millones cuatrocientos mil católicos que somos en el  mundo. Sus palabras sabias y concretas merecieron un aplauso prolongado de los políticos de más de siete minutos, cosa que antes no había ocurrido. Pero, al mismo tiempo, como discípulo de Jesucristo tuvo que dar testimonio de la vida que pertenece solo a Dios, y decir en concreto: “Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia”, aunque en España el aborto, que llaman “interrupción voluntaria del embarazo”, sea legal, reconocido como un derecho de la mujer, lo mismo que la eutanasia.

Discurso memorable que queda para la historia por ese humanismo que desarrolló, porque el cuidado de toda persona humana es el centro y la base de todo el progreso humano, que todo eso arranca de la fe. Somo un país jurídicamente no confesional, es verdad; pero el Papa nos recordó cómo la grandeza de España está unida a la fe católica que hemos vivido en nuestra historia y como el derecho internacional ad gentes está fuertemente fundamentamentado en los maestros de las escuela de Salamanca.

Pero habrá puntos y momentos que no nos comprendan y nuestro testimonio de estar preparado hasta el martirio. No tengáis miedo, nos dice Jesús. Aprendamos de memoria estas palabras: A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos.

 

Queridos hermanos: Ser cristianos es la mayor gracia que se nos ha concedido. Seamos felices y seamos valientes. Terminemos, pues, alzando la mirada a Jesús, Hijo de Dios y Redentor del mundo:

Señor Jesús, gracia por la fe y la revelación de Dios que me diste con el santo bautismo; haz que mi vida entera dé testimonio de que tú eres el Hijo de Dios y el verdadero hermano de todos los hombres. Amén.

 

Pamplona, sábado, 20 junio 2026.

viernes, 19 de junio de 2026

2102 (1046) La mies es abundante

 

2102 (1046) La mies es abundante

 

La mies es abundante

Mt 9,36-10,8

Texto

 36Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». 37Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; 38rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

10 1Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. 2Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; 3Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; 4Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. 5A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, 6sino id a las ovejas descarriadas de Israel. 7Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. 8Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.

 

 

Hermanos:

1. Acabamos de pasar las tres fiestas grades que siguen a Pentecostés: Sma. Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón de Jesús. Esta última fue el viernes pasado, cuando todavía el Papa estaba en España, penúltimo día de su vida, en medio de esas maravillas que hemos presenciado y que luego quisiera comentar.  Ese día del Corazón de Jesús el Papa envió un mensaje a todos los sacerdotes del mundo, como hizo el año pasado, al mes siguiente de haber sido elegido. En la fiesta del Corazón de Jesús se celebra la Jornada por la santificación sacerdotal. Y el mensaje que envió el Papa empezaba así: “En el día en el que la Iglesia contempla el Corazón traspasado de su Señor, del que brota una fuente inagotable de paz y unidad para todo el género humano, dirijo sobre todo a mí mismo y a todos ustedes las palabras que Dios dirigió al pueblo de Israel: «Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo» (Lv 19,2; cf. 1 P 1,16)”.

Fíjense cómo comenzaba: Este mensaje va para mí, el primero: ser santo es más importante que ser Papa.

 

2. Después de estas tres fiestas que he mencionado siguen los domingos normales, y continuamos leyendo, página tras página el santo Evangelio . Este año nos toca el Evangelio de san Mateo, y el texto proclamado hoy comienza con esta frase: La mies es mucha. Los exegetas, es decir los analistas y expositores de la Biblia para explicarla en clase a los alumnos, dicen que esta es una de las frases más optimistas que Jesús ha pronunciado.

Él ha visto el mundo como un trigal ya maduro para la siega y ñla cosecha. La mies es mucha; la mies es tanta que los obreros son pocos para recoger tanta cosecha para ofrecerla al dueño de la mies, que es Dios.

Se nos ocurre pensar que esto mismo ha podido decir el Papa al final de su visita: La mies es abundante en España. Allí por donde ha pasado hemos visto las multitudes que se le han acercado con inmensa alegría y entusiasmo. Hay que pedir al dueño de la mies, al Dios del cielo, que envíe muchos trabajadores para recoger tanta mies.

Increíble aquel aplauso que le dieron al Papa en el Congreso todos los que le oyeron su magnífico discurso, diputadores y senadores e invitados, puestos en pie aplaudiendo y aplaudiendo siete minutos largos, hasta que el Papa hizo señal de que ya valía. ¿Esa es la España real o la España imaginaria? Esa es la España real, la España que sale a flote cuando le dejamos al corazón que hable.

 

3.  Esta escena de “La mies es mucha” es la introducción de lo que viene ahora: el primer envío de los apóstoles. Primero les envía a las ovejas descarriadas de la casa de Israel. “A  las ovejas descarriadas de Israel”, que fue su campo de actuación. Jesús no pudo ir a los paganos, como irá san Pablo. Pero Jesús luego les enviará al mundo entero. El Evangelio siempre hermoso e inagotable nos da para pensar y pensar, sin nunca acabar. Vamos a detenernos en la consigna de la misión que Jesús les encomienda. Dice el texto sagrado:

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.

Esta es la misión que tienen la Iglesia en el mundo: anunciar el reino de Dios. Anunciar que Dios es el eje y centro del mundo, que Dios tiene su reinado entre nosotros, y que quiere divinizar toda la vida. No  hay mejor humanismo que el que pone a Dios en el centro, porque el hombre nunca es más hombre que cuando pone a Dios como referencia de todas sus actividades.

 

4. Mirad, hermanos, ahora después de la visita del Papa los comentaristas se han preguntado: El Papa ha hablado de muchas cosas, de la familia, de los pobres, de los emigrantes, de la dignidad de la persona humana; les ha hablado a los políticos, a los hombres de la ciencia y de la cultura, a los deportistas… Entre tantas y tantas palabra, ¿hay una frase en la que podamos resumir todo? Sí, es esta: ¿Cuál es la sociedad que queremos construir y cómo la queremos construir? Sí, la sociedad que queremos construir es la sociedad en la cual la dignidad de toda persona humana esté en el centro de todos nuestros proyectos.

Como bien sabéis el Papa ha escrito su primera encíclica, fechada en el mes de mayo en torno a la Inteligencia Artificial, que es el mayo descubrimiento de la era en que nos encontramos, Mafífica Humanidad. Pero el tema de esta encíclica no es lo de la Inteligencia Artificial, sino “El cuidado de la persona humana en la Inteligencia Artificial”.

La dignidad de la persona humana, de toda persona humana, viene del hecho de que Dios la ha creado. En medio de la sociedad hay que poner a Dios y a la persona. A los presos en la cárcel les ha dicho: Dios te ama como eres, pero sueña con que seas mejor. ¿O sea que a un asesino Dios lo ama? Sí, te ama aun siendo asesino, pero Dios quiere que seas otra cosa distinta.

 

5. Jesús manda a los apóstoles que anuncien el reino de Dios. Dios reina a través de las buenas obras, y el reino del diablo es el mal, la trampa, la mentira, la corrupción. Las obras del reino de Dios son las contrarias: la misericordia, la bondad, la compasión, la acogida, todo lo que puede hacer crecer lo mejor de nosotros mismos que llevamos dentro.

Pero fijémonos bien cómo completa Jesús el mandato. Les dice cuatro cosas: Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.

El Evangelio se predica con palabras y se testifica con hechos. Hay que curar a los enfermos; hay que resucitar a los que están muertos en la vida, porque han perdido toda esperanza; hay que limpiar a los leprosos, a todos los que están sucios de maldades y pecados; hay que arrojar los demonios que quieren entrar y hacerse dueños de la situación.

Hay milagros visible e incluso aparatoso; pero hay otros milagros silenciosos, que no son menos milagros. Un milagro es un hecho en el cual vemos claramente la mano de Dios, la obra de Dios. Y, si tenemos ojos para ver, acaso veamos que mi propia vida ha sido un milagro de Dios. Jesús nos dijo que era Dios el que vestía a las flores, más hermosas que todos los ropajes de Salomón.  Y ¿no soy capaz de ver a Dios que cuida y hermosea mi vida? ¿Y veré a Dios que está haciendo milagros a través de las obras de caridad de tantísimos hombre y mujeres que sin ningún interés humano dedican su vida a cuidar a los más desprotegidos y vulnerables? Mi Padre obra, nos dijo Jesús, y yo sigo obrando. Toda al vida de Jesús fue un milagro de amor, y lo mismo debe ser la nuestra.

 

6. Volviendo a las palabras que hemos leído, un lector del Evangelio podría acaso decir: Esto lo dijo Jesús a los apóstoles, pero aquello pasó y nosotros no somos  apóstoles. Es cierto, pero también es cierto que estos poderes divinos Jesús los ha dado a toda su Iglesia, y nosotros, queridos hermanos, somos Iglesia santa de Jesús. Leamos el Evangelio hasta el final y escuchemos estas palabras He aquí las últimas palabras en el Evangelio de san Marcos:

5Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. 16El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. 17A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, 18cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos». Ya veis, hermanos, donde está Jesús están los milagros de Jesús. Y Jesús hace milagros y maravillas lo mismo por los que predican y anuncia que por los que reciben y creen.

 

Todo esto que estamos escuchando es maravilloso, pero ahora viene el remate y la corona, la última frase de Jesús: Gratis habéis recibido, dad gratis.

Eso es lo más bonito de la vida. El amor, hermanos, no tiene precio. Si me arreglan el motor que se me ha estropeado, yo tengo que pagar la factura. Una caricia a un enfermo, a un niño, a una niña que lo necesita no se paga con ningún otro del mundo. Y es lo que nosotros, como cristianos, como Iglesia, debemos hacer: amar gratuitamente. O, si queréis, más claro: amar del todo, amar gratis, amar para siempre.

Concluyamos con nuestra oración:

 

Señor Jesús, tú nos has traído y regalado el reino de Dios. Haz que lo comprendamos, que lo apreciemos de corazón y que lo compartamos con el mundo entero con nuestras palabras y nuestras obras.

Pamplona, sábado 13 junio 2026 (San Antonio de Padua).

 

 

2101 (1045) Corpus Christi 2026

 

2101 (1045) Corpus Christi 2026

 

El Cuerpo y la Sangre de Cristo

Jn 6,61-68

Texto

 51Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». 52Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». 53Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 57Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. 58Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

 

Hermanos:

1. Cuando termina la Pascua con la solemnidad siguen, siguen tres solemnidades que tienen un resplandor especial: La Santísima Trinidad, el Corpus Christi, llamada Solemnidad del Cuerpo y de la sangre de Cristo, y el Sagrado Corazón.

Hoy es Corpus Christi, solemnidad de la Eucaristía, solemnidad que tiene un encanto especial tradicionalmente celebrada en Jueves y por razones laborales trasladada al Domingo, que es el encanto de ser una fiesta totalmente gratuita, nacida del amor del pueblo cristiano a la Santísima Eucaristía. Uno puede decir: El Jueves Santo ya es de pro sí la fiesta de la Eucaristía. Es cierto. Pero el amor no tiene tope y el amor ha inventado esta fiesta para festejar al Santísimo Sacramento con los más variados recursos. El amor a la Eucaristía ha creado la adoración al Santísimo Sacramento fuera de la Misa; el amor a la Eucaristía ha creado todo ese arte maravillosos para los expositores o Custodias, obras de orfebrería que sobresalen cual ningunas otras; el arte también de elaboración de los sagrarios por dentro y adornados por fuera. El amor siempre quiere hacerse presente.

Y el Corpus Christi tiene además este signo público de la procesión de este día: paseamos a Jesús por nuestras calles, con la representación de los grupos e instituciones que forman la comunidad cristiana, tantas veces con los niños y niñas que han hecho este año la Primera comunión, los adornos y colgaduras  en las casas y los pétalos de flores que se arrojan como homenaje a Jesús que vive entre nosotros.

Todo este contorno que ha creado la fiesta de Corpus Christi tiene un eje y manantial: nuestra creencia de fe de que Jesús, el Hijo de Dios, ascendido al cielo está presente en mediod e nosotros en el Santísimo Sacramento del altar. La Encarnación no terminó con la breve vida terrestre de Jesús. La Encarnación se perpetúa y llena el universo a través del misterio de Jesús Sacramentado, presente en medio de nosotros.

Aquello que dijo Jesús al final de su vida, antes de subir al cielo: Yo estaré con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos, tiene una realización del todo singular, en el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo que celebramos.

No es un símbolo espiritual que nosotros hayamos creado en alas del amor. Es la verdad que salta del Evangelio, y que de una manera tan absolutamente real la acabamos de escuchar en el Evangelio de hoy.

 

 

3. Jesús en la Cena tomó el pan en sus manos, bendijo a Dios, y dijo: Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo. Y lo mismo hizo, después de cenar con aquella copa sagrada: Tomad y bebed todos de este cáliz, porque esto es mi sangre.

Las Iglesias nacidas de la Reforma protestante dicen a sus fieles que esto era un símbolo, digno de todo respeto y amor, pero no la realidad de una presencia que allí se da. Pero fijémonos, hermanos, con qué realismo han hablado los apóstoles al celebrar estos misterios. San Pablo dice a sus fieles de la Iglesia de Corinto: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo? (1Cor 10,16-17).

Cuando nosotros nos acercamos a la Eucaristía nos acercamos a la carne de Cristo, a la sangre de Cristo. Ciertamente que aquella carne humana ya cumplió su recorrido. El Cuerpo y la sangre de Cristo, que recibimos en la Comunión es el cuerpo y la sangre de un ser divino, que vive para siempre en el cielo.

 

4. Hermanos, la Eucaristía, lo que conlleva consigo es el misterio central de nuestra fe. La Eucaristía nos fue entregada por Jesús como el misterio total de su vida. El cuerpo de Cristo en la Eucaristía, según nos dijo Jesús en la Cena es el “cuerpo entregado”; no es cuerpo estático, encapsulado, es un cuerpo en toda su actividad divina, un cuerpo que estando en la gloria, lleva en sí, de una manera que decimos misteriosa, sacramental, todos los misterio de su vida, lleva la historia de la Encarnación, en especial la Pasión y Resurrección, que llamamos “el Misterio pascual”.

Y de un modo igual, la sangre de Cristo, es lasangre que se conserva en una ampolla de cristal, sino la “sangre derramada”; la Sangre de Jesús es el martirio de Jesús por nuestra salvación y  la del mundo entero, de ayer, de hoy, de siempre. Es la sangre por el perdón de los pecados, nos dice el mismo Jesús.

 

4. El texto que hoy hemos escuchado bien podemos considerarlo como la explicación de las palabras de la consagración.  Jesús está presente en la Eucaristía, pero ¿cómo está allí? Para ala experiencia de la realidad física de esta tierra donde vivimos, nada ha cambiado. Una hostia consagrada y una historia sin consagrar son químicamente igual, sometidas al laboratorio. “Una persona celíaca – dice la medicina - es alguien cuyo sistema inmunitario reacciona al gluten, dañando el intestino delgado y afectando la absorción de nutrientes”. Y una hostia, cuya harina viene del trigo, tiene el mismo gluten consagrada que sin consagrar. Por eso a esta persona no se le puede dar. Y hay normas para ello: o bien obleas con un mínimo de gluten o bien que el sacerdote le de un sencillo sorbo del caliz consagrado.

Jesús nos explicó qué es la Eucaristía con palabras tan misteriosas como estas: Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Es decir, la vida de Jesús, que es vida divina, se inyecta en nosotros, para que nuestra vida sea la vida de Jesús Hijo de Dios.  Y esto se hace no con un símbolo, sino con la pura realidad de comer y beber: comer su carne, beber su sangre.

Para explicara la Eucaristía hemos ido a lo mejor del pensamiento humano, a la Filosofía, y hemos usado la palabra “transustanciación”. Pero seamos absolutamente conscientes de que no ha habido, no hay, no puede haber una explicación que resuelva el misterio de fe, que es la santísima Eucaristía.

Digamos sencillamente: la Eucaristía es el misterio mismo de Jesús, que vive por los siglos en medio de nosotros. La Eucaristía es el misterio gozoso y divino de mi vida.

 

La Eucaristía, hermanos, no hemo un acto de devoción; es sin comparación más. Y tenemos el peligro de reducirlo a un acto de devoción.

La Eucaristía no es un acto social. institucional, un espectáculo, que puede ser un espectáculo grandioso, como cuando viene el Papa a España. La Eucaristía, se celebre en una ermita, en una humile capillita de una sencilla comunidad de religiosa. Es el misterio infinito del amor de Dios a nosotros, a mí en particular. No nos perdamos, por nada del mundo, la comunión de los domingos. No nos perdamos los raros de adoración al Santísimo en la penunbra de una iglesia, aunque esté casi vacía. Dios está ahí por mi amor.

Es Corpus Christi, una fiesta dedicada a esto. No nos cansaríamos de hablar, pero es tiempo de concluir.

 

Señor Jesús, por amor y agradecimiento danos un inmenso amor a la Eucaristía; que te celebremos y recibamos muchas, muchísimas veces en la vida, y que a la hora de mi muerte puede recibirte como abrazo final, como viático para el camino de la eternidad, hasta que te encuentre cara a cara en el cielo.

 

Pamplona, sábado 6 de junio de 2026, venida del Papa a España.

2100 (1044) Domingo de la Santísima Trinidad

 

2100 (1044) Domingo de la Santísima Trinidad

 

Domingo de la Santísima Trinidad 2026

Jn 3-16-18

Texto

6Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

 

Hermanos:

1. El Domingo que sigue a la solemnidad de Pentecostés, fin de la Pascua, que celebramos hace siete dáis, es el Domingo de la Santísima Trinidad.

El Dios en quien creemos es el misterio de una presencia que nos envuelve, que está ahí en el fondo del ser y que lena el universo. Dios es lo más cercano a nosotros. Hace muchos siglos lo dijo san Agustín: Dios es eso más íntimo que mi propia intimidad. Está ahí y lo ha de estar siempre, y nunca jamás yo podré salir de su presencia.

Y, al mismo tiempo, como Dios es misterio, misterio inalcanzable, Dios ese eso, o más bien, Ese que nunca podrá alcanzar con las fuerzas de mi entendimiento. Misterio de la vida, misterio del ser, al que se llega por u acto de fe, que es una entrega absoluta y libre.

 

2. ¿Cómo podremos hablar de esta realidad divina? A nada que comencemos a pensar y a hablar nos damos cuenta de que somos nosotros quienes estamos queriendo manejar a un ser infinito, que nuestro pensamiento y discurso es vano y falaz.  Caemos en laa cuenta de que nuestra relación con Dios no puede ser otra sino la rendición total ante Él, la adoración, el amor, la gratitud, la petición.

Dios es el fundamento de nuestro ser, el horizonte que nos rodea; en fin, que Dios es nuestro presente y nuestro futuro. En fin, cuando lo descubrimos el corazón se llena de gozo y de paz.

 

3. Estos sentimientos son los que nos producen las tres lecturas del día de hoy, todas ellas tan densas y hermosas.

Moisés en el Monte Sinaí. Ha pedido perdón a Dios por su pueblo, que de repente había cambiado la gloria de Dios, por un becerro de oro. Una situación que se repite y vuelve a repetirse a lo largo de la historia.  El becerro de oro quiere ser el Dios dominantes que sacie de nuestros deseos y que nos va a dar la felicidad; pero es un Dios falso. Moisés lo rompió tirando contra él las tablas de la ley, lo trituró; que nunca más volviera a levantarse semejante ídolo ante los ojos de Israel. Subió al monte a pedir perdón  y Dios se le apareció en la nube. Y el Dios que venía a su encuentro, no era el Dios vengador, furioso y castigador; era el Dios de la misericordia y del perdón. Dice el texto sagrado: El Señor pasó delante de él y exclamó: «El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad.

Ese es el Dios auténtico del Antiguo Testamento. Nos produce emoción y confianza total.

Pero ese Dios nos e va a cambiar en el Nuevo Testamento. Todo lo contrario. La revelación que nos ha hecho Jesús y que hoy nos transmite el Evangelio de san Juan ese ese mismo Dios, pero con un amor que se quedará cortó en todos nuestros pensamientos, un amor siempre elevado a lo infinito. Oigámoslo:

 

4. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Con la `presencia de Jesús en medio del mundo, nos hemso enterado de que el Dios de la inmensa Gloria tiene un Hijo en todo igual que Él y que ese Hijo ha sido enviado al mundo, para que el mudo llegue a su plena salvación por medio del, de Jesús, el Señor.

Verdades divinas que llenam de consuelo y que jamás meditaremos bastante.

 

5. Jesús en su vida nos enseñó cómo Dios es Espíritu y ese Espíritu es el Espíritu de Jesús enviado a nosotros.  Esto quiere decir cómo toda nuestra vida está impregnada de divinidad.

Fijémonos en este detalle. San Pablo les ha escrito a los cristianos de Corinto. Y para despedirse les manda un saludo, y quiere que se saluden unos a otros. ¿Cómo? ¿Con un apretón de manos? No. ¿Con un abrazo? No. Que se saluden con un beso, al que lo llama un beso santo. y lo explica a continuación con otras palabras. Fijémonos, hermanos, en este texto hermoso: “Saludaos mutuamente con el beso santo. Todos los hermanos les envían saludos.L a gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos vosotros”.

Nuestra vida cristiana está toda ella impregnada con la gracia de Jesucristo, o sea, con toda su bondad, con todo su amor, con toda su belleza. Y está saturada del amor que Dios nos tiene. Yesa situación resulta ser comunión con el Espíritu santo.. San Pablo está diciendo que esto es la vida cristiana corriente.

Pues este es el misterio de la santa Trinidad, que estamos invitados a vivir.

 

5. Los cristianos hacemos la señal de la Cruz en muchas ocasiones. Y siempre que hacemos la señal de la Cruz invocamos el misterio de la santa Trinidad. El signo que trazamos con nuestra mano derecha desde la frente hasta el pechos, desde el hombro izquierdo hasta el derecho, nos recuerda la Cruz del Calvario por al que fuimos redimidos. . Nuestros hermanos de Oriente no hacen del hombro izquierdo al derecho, sino al contrario del hombro derecho al izquierdo, para que los dedos terminen encima del corazón, donde se resume todo. Y al hacer el signo pronunciamos el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Y hay costumbres cristianas que merecen todo respeto. Está mandado que el sacerdote, al empezar la misa invite a toda la asamblea diciendo, antes de saludar: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Y ha habido costumbres dignas de todo respeto, como por ejemplo, al salir de casa de para de mañana, como diciendo: Todo lo que voy a hacer hoy lo voy a hacer en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. O en otros momentos de especial significado, al bendecir la mesa, antes de comer los alimentos que Dios nos concede, como Jesús nos dice: “el pan nuestro de cada día, dánosle hoy”. O Cuando uno emprende un viaje en avión. Arranca un vuelo que va a atravesar el océano, miles de kilómetros. Ya sé que la técnica es segura, pero esa aventura infunde respeto. No hago la señal de la cruz como un gesto mágico, porque eso sería superstición, sino que hago la señal de la cruz como un signo de consagración: Pase lo que pase, yo sé que mi vida entera está en manos de Dios.

 

Esta e la fiesta de la Santísima Trinidad, hermanos, para recordarnos que Dios es misterio, misterio infinito, pero misterio infinito de amor, no de espanto.

Pidámosle a Jesús la gracia del verdadero amor.

 

Señor Jesús, que experimentaste la presencia del Padre inifito de amor en el Bautismo, en la Transfiguración, en la Cruz, cuando dijiste “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, concédeme esta gracia, que cada vez que yo haga la señal de la cruz, evite toda rutina y la haya con respeto y adoración, experimentando que el Dios en quien creo es la Santísima Trinidad, Dios de amor y de salvación. Amén.

 

Pamplona, sábado, 30 de mayo de 2026.