viernes, 19 de junio de 2026

2100 (1044) Domingo de la Santísima Trinidad

 

2100 (1044) Domingo de la Santísima Trinidad

 

Domingo de la Santísima Trinidad 2026

Jn 3-16-18

Texto

6Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

 

Hermanos:

1. El Domingo que sigue a la solemnidad de Pentecostés, fin de la Pascua, que celebramos hace siete dáis, es el Domingo de la Santísima Trinidad.

El Dios en quien creemos es el misterio de una presencia que nos envuelve, que está ahí en el fondo del ser y que lena el universo. Dios es lo más cercano a nosotros. Hace muchos siglos lo dijo san Agustín: Dios es eso más íntimo que mi propia intimidad. Está ahí y lo ha de estar siempre, y nunca jamás yo podré salir de su presencia.

Y, al mismo tiempo, como Dios es misterio, misterio inalcanzable, Dios ese eso, o más bien, Ese que nunca podrá alcanzar con las fuerzas de mi entendimiento. Misterio de la vida, misterio del ser, al que se llega por u acto de fe, que es una entrega absoluta y libre.

 

2. ¿Cómo podremos hablar de esta realidad divina? A nada que comencemos a pensar y a hablar nos damos cuenta de que somos nosotros quienes estamos queriendo manejar a un ser infinito, que nuestro pensamiento y discurso es vano y falaz.  Caemos en laa cuenta de que nuestra relación con Dios no puede ser otra sino la rendición total ante Él, la adoración, el amor, la gratitud, la petición.

Dios es el fundamento de nuestro ser, el horizonte que nos rodea; en fin, que Dios es nuestro presente y nuestro futuro. En fin, cuando lo descubrimos el corazón se llena de gozo y de paz.

 

3. Estos sentimientos son los que nos producen las tres lecturas del día de hoy, todas ellas tan densas y hermosas.

Moisés en el Monte Sinaí. Ha pedido perdón a Dios por su pueblo, que de repente había cambiado la gloria de Dios, por un becerro de oro. Una situación que se repite y vuelve a repetirse a lo largo de la historia.  El becerro de oro quiere ser el Dios dominantes que sacie de nuestros deseos y que nos va a dar la felicidad; pero es un Dios falso. Moisés lo rompió tirando contra él las tablas de la ley, lo trituró; que nunca más volviera a levantarse semejante ídolo ante los ojos de Israel. Subió al monte a pedir perdón  y Dios se le apareció en la nube. Y el Dios que venía a su encuentro, no era el Dios vengador, furioso y castigador; era el Dios de la misericordia y del perdón. Dice el texto sagrado: El Señor pasó delante de él y exclamó: «El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad.

Ese es el Dios auténtico del Antiguo Testamento. Nos produce emoción y confianza total.

Pero ese Dios nos e va a cambiar en el Nuevo Testamento. Todo lo contrario. La revelación que nos ha hecho Jesús y que hoy nos transmite el Evangelio de san Juan ese ese mismo Dios, pero con un amor que se quedará cortó en todos nuestros pensamientos, un amor siempre elevado a lo infinito. Oigámoslo:

 

4. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Con la `presencia de Jesús en medio del mundo, nos hemso enterado de que el Dios de la inmensa Gloria tiene un Hijo en todo igual que Él y que ese Hijo ha sido enviado al mundo, para que el mudo llegue a su plena salvación por medio del, de Jesús, el Señor.

Verdades divinas que llenam de consuelo y que jamás meditaremos bastante.

 

5. Jesús en su vida nos enseñó cómo Dios es Espíritu y ese Espíritu es el Espíritu de Jesús enviado a nosotros.  Esto quiere decir cómo toda nuestra vida está impregnada de divinidad.

Fijémonos en este detalle. San Pablo les ha escrito a los cristianos de Corinto. Y para despedirse les manda un saludo, y quiere que se saluden unos a otros. ¿Cómo? ¿Con un apretón de manos? No. ¿Con un abrazo? No. Que se saluden con un beso, al que lo llama un beso santo. y lo explica a continuación con otras palabras. Fijémonos, hermanos, en este texto hermoso: “Saludaos mutuamente con el beso santo. Todos los hermanos les envían saludos.L a gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos vosotros”.

Nuestra vida cristiana está toda ella impregnada con la gracia de Jesucristo, o sea, con toda su bondad, con todo su amor, con toda su belleza. Y está saturada del amor que Dios nos tiene. Yesa situación resulta ser comunión con el Espíritu santo.. San Pablo está diciendo que esto es la vida cristiana corriente.

Pues este es el misterio de la santa Trinidad, que estamos invitados a vivir.

 

5. Los cristianos hacemos la señal de la Cruz en muchas ocasiones. Y siempre que hacemos la señal de la Cruz invocamos el misterio de la santa Trinidad. El signo que trazamos con nuestra mano derecha desde la frente hasta el pechos, desde el hombro izquierdo hasta el derecho, nos recuerda la Cruz del Calvario por al que fuimos redimidos. . Nuestros hermanos de Oriente no hacen del hombro izquierdo al derecho, sino al contrario del hombro derecho al izquierdo, para que los dedos terminen encima del corazón, donde se resume todo. Y al hacer el signo pronunciamos el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Y hay costumbres cristianas que merecen todo respeto. Está mandado que el sacerdote, al empezar la misa invite a toda la asamblea diciendo, antes de saludar: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Y ha habido costumbres dignas de todo respeto, como por ejemplo, al salir de casa de para de mañana, como diciendo: Todo lo que voy a hacer hoy lo voy a hacer en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. O en otros momentos de especial significado, al bendecir la mesa, antes de comer los alimentos que Dios nos concede, como Jesús nos dice: “el pan nuestro de cada día, dánosle hoy”. O Cuando uno emprende un viaje en avión. Arranca un vuelo que va a atravesar el océano, miles de kilómetros. Ya sé que la técnica es segura, pero esa aventura infunde respeto. No hago la señal de la cruz como un gesto mágico, porque eso sería superstición, sino que hago la señal de la cruz como un signo de consagración: Pase lo que pase, yo sé que mi vida entera está en manos de Dios.

 

Esta e la fiesta de la Santísima Trinidad, hermanos, para recordarnos que Dios es misterio, misterio infinito, pero misterio infinito de amor, no de espanto.

Pidámosle a Jesús la gracia del verdadero amor.

 

Señor Jesús, que experimentaste la presencia del Padre inifito de amor en el Bautismo, en la Transfiguración, en la Cruz, cuando dijiste “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, concédeme esta gracia, que cada vez que yo haga la señal de la cruz, evite toda rutina y la haya con respeto y adoración, experimentando que el Dios en quien creo es la Santísima Trinidad, Dios de amor y de salvación. Amén.

 

Pamplona, sábado, 30 de mayo de 2026.

 

 

 

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