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(1044) Domingo de la Santísima Trinidad
Domingo
de la Santísima Trinidad 2026
Jn
3-16-18
Texto
6Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito,
para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él
no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el
nombre del Unigénito de Dios.
Hermanos:
1. El Domingo que sigue a la solemnidad de
Pentecostés, fin de la Pascua, que celebramos hace siete dáis, es el Domingo de
la Santísima Trinidad.
El Dios en quien creemos es el misterio de una
presencia que nos envuelve, que está ahí en el fondo del ser y que lena el
universo. Dios es lo más cercano a nosotros. Hace muchos siglos lo dijo san
Agustín: Dios es eso más íntimo que mi propia intimidad. Está ahí y lo ha de
estar siempre, y nunca jamás yo podré salir de su presencia.
Y, al mismo tiempo, como Dios es misterio,
misterio inalcanzable, Dios ese eso, o más bien, Ese que nunca podrá alcanzar
con las fuerzas de mi entendimiento. Misterio de la vida, misterio del ser, al
que se llega por u acto de fe, que es una entrega absoluta y libre.
2. ¿Cómo podremos hablar de esta realidad divina?
A nada que comencemos a pensar y a hablar nos damos cuenta de que somos
nosotros quienes estamos queriendo manejar a un ser infinito, que nuestro
pensamiento y discurso es vano y falaz.
Caemos en laa cuenta de que nuestra relación con Dios no puede ser otra
sino la rendición total ante Él, la adoración, el amor, la gratitud, la
petición.
Dios es el fundamento de nuestro ser, el horizonte
que nos rodea; en fin, que Dios es nuestro presente y nuestro futuro. En fin,
cuando lo descubrimos el corazón se llena de gozo y de paz.
3. Estos sentimientos son los que nos producen las
tres lecturas del día de hoy, todas ellas tan densas y hermosas.
Moisés en el Monte Sinaí. Ha pedido perdón a Dios
por su pueblo, que de repente había cambiado la gloria de Dios, por un becerro
de oro. Una situación que se repite y vuelve a repetirse a lo largo de la
historia. El becerro de oro quiere ser
el Dios dominantes que sacie de nuestros deseos y que nos va a dar la
felicidad; pero es un Dios falso. Moisés lo rompió tirando contra él las tablas
de la ley, lo trituró; que nunca más volviera a levantarse semejante ídolo ante
los ojos de Israel. Subió al monte a pedir perdón y Dios se le apareció en la nube. Y el Dios
que venía a su encuentro, no era el Dios vengador, furioso y castigador; era el
Dios de la misericordia y del perdón. Dice el texto sagrado: El Señor pasó delante de él y exclamó: «El
Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor
y fidelidad.
Ese es el Dios auténtico del Antiguo Testamento.
Nos produce emoción y confianza total.
Pero ese Dios nos e va a cambiar en el Nuevo
Testamento. Todo lo contrario. La revelación que nos ha hecho Jesús y que hoy
nos transmite el Evangelio de san Juan ese ese mismo Dios, pero con un amor que
se quedará cortó en todos nuestros pensamientos, un amor siempre elevado a lo
infinito. Oigámoslo:
4. Porque tanto amó Dios al mundo, que
entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que
tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al
mundo, sino para que el mundo se salve por él.
Con la `presencia de Jesús en medio del mundo, nos
hemso enterado de que el Dios de la inmensa Gloria tiene un Hijo en todo igual
que Él y que ese Hijo ha sido enviado al mundo, para que el mudo llegue a su
plena salvación por medio del, de Jesús, el Señor.
Verdades divinas que llenam de consuelo y que
jamás meditaremos bastante.
5. Jesús en su vida nos enseñó cómo Dios es
Espíritu y ese Espíritu es el Espíritu de Jesús enviado a nosotros. Esto quiere decir cómo toda nuestra vida está
impregnada de divinidad.
Fijémonos en este detalle. San Pablo les ha
escrito a los cristianos de Corinto. Y para despedirse les manda un saludo, y
quiere que se saluden unos a otros. ¿Cómo? ¿Con un apretón de manos? No. ¿Con
un abrazo? No. Que se saluden con un beso, al que lo llama un beso santo. y lo
explica a continuación con otras palabras. Fijémonos, hermanos, en este texto
hermoso: “Saludaos mutuamente con el beso santo. Todos los hermanos les envían
saludos.L a gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del
Espíritu Santo permanezcan con todos vosotros”.
Nuestra vida cristiana está toda ella impregnada
con la gracia de Jesucristo, o sea, con toda su bondad, con todo su amor, con
toda su belleza. Y está saturada del amor que Dios nos tiene. Yesa situación
resulta ser comunión con el Espíritu santo.. San Pablo está diciendo que esto
es la vida cristiana corriente.
Pues este es el misterio de la santa Trinidad, que
estamos invitados a vivir.
5. Los cristianos hacemos la señal de la Cruz en
muchas ocasiones. Y siempre que hacemos la señal de la Cruz invocamos el
misterio de la santa Trinidad. El signo que trazamos con nuestra mano derecha
desde la frente hasta el pechos, desde el hombro izquierdo hasta el derecho,
nos recuerda la Cruz del Calvario por al que fuimos redimidos. . Nuestros
hermanos de Oriente no hacen del hombro izquierdo al derecho, sino al contrario
del hombro derecho al izquierdo, para que los dedos terminen encima del
corazón, donde se resume todo. Y al hacer el signo pronunciamos el nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Y hay costumbres cristianas que merecen todo
respeto. Está mandado que el sacerdote, al empezar la misa invite a toda la
asamblea diciendo, antes de saludar: En el nombre del Padre, y del Hijo y del
Espíritu Santo.
Y ha habido costumbres dignas de todo respeto,
como por ejemplo, al salir de casa de para de mañana, como diciendo: Todo lo
que voy a hacer hoy lo voy a hacer en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo. O en otros momentos de especial significado, al bendecir la
mesa, antes de comer los alimentos que Dios nos concede, como Jesús nos dice:
“el pan nuestro de cada día, dánosle hoy”. O Cuando uno emprende un viaje en
avión. Arranca un vuelo que va a atravesar el océano, miles de kilómetros. Ya
sé que la técnica es segura, pero esa aventura infunde respeto. No hago la
señal de la cruz como un gesto mágico, porque eso sería superstición, sino que
hago la señal de la cruz como un signo de consagración: Pase lo que pase, yo sé
que mi vida entera está en manos de Dios.
Esta e la fiesta de la Santísima Trinidad,
hermanos, para recordarnos que Dios es misterio, misterio infinito, pero
misterio infinito de amor, no de espanto.
Pidámosle a Jesús la gracia del verdadero amor.
Señor
Jesús, que experimentaste la presencia del Padre inifito de amor en el
Bautismo, en la Transfiguración, en la Cruz, cuando dijiste “Padre, en tus
manos encomiendo mi espíritu”, concédeme esta gracia, que cada vez que yo haga
la señal de la cruz, evite toda rutina y la haya con respeto y adoración,
experimentando que el Dios en quien creo es la Santísima Trinidad, Dios de amor
y de salvación. Amén.
Pamplona, sábado, 30 de mayo de 2026.
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