viernes, 19 de junio de 2026

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Domingo de Pentecostés 2026

Jn 20,19-23

Texto

 19Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». 20Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 22Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

 

Hermanos:

1. En el Domingo de Pentecostés, que es la coronación de la cincuentena pascual, todos los años escuchamos ese relato milagroso de lo que ocurrió aquel día. Dios bajó a la tierra con fuerza y fuego, como en el Monte Sinaí. Llamaradas de fuego sobre las cabezas de los apóstoles. Una nueva creación aparecía en el mundo. Unos hombres ignorantes hablaban como Dios les inspiraba, y todos los entendían en su propia lengua:

Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, 10de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, 11tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua»

Aquella invasión de Dios no era un revoltijo de gente alocada. Pedro tuvo que decir: No estamos ebrios, no. Bien al contrario, el Dios maravilloso era el Dios de la unidad.

 

2. Que Pablo nos lo explicará a su modo: Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Queridos hermanos: esto es la Iglesia que Jesús ha fundado, esta es la Iglesia a la que nosotros pertenecemos. Esto es la maravilla de Dios en la tierra.

Nosotros, con la ayuda de las ciencias que tenemos a nuestra disposición, hemos construido un gran tratado para decir qué es la Iglesia. La Iglesia es una sociedad perfecta, igual que un estado, pequeño o grande; es una sociedad perfecta. Por ser sociedad perfecta la Iglesia tiene el triple poder: poder legislativo para darse sus propias leyes, poder gubernativo, para gobernarse con sus propias leyes; y poder penal, coercitivo, para imponer penas a quien no las cumple, o incluso para excluir de la Iglesia, a quien no sea digno de pertenecer a ella. E incluso con una característica única: es una sociedad extendida por todas las naciones, abarcando una población de mil millones cuatrocientos mil habitantes.

 

3. Todo esto es verdadero, pero resulta raquítico para entender la verdad última de lo que es la Iglesia, revelada en los textos de esta celebración. La Iglesia, hermanos, es la Comunidad del Espíritu Santo, cuya alma y vida es la presencia de ese Espíritu que actúa en cada uno de nosotros. La Iglesia es la comunidad de Jesús, la que él estableció en la tierra y a la que está asistiendo desde el cielo. La Iglesia es la familia que ha establecido Dios Padre, por medio  e su amado Hijo Jesucristo, que se hizo hombre para formar esta comunidad de amor. Ninguna otra sociedad del mundo, por avanzada que sea, puede hablar con este lenguaje.

 

4. Dentro de unos días nos va a visitar el Santo Padre León XIV, sucesor del apóstol san Pedro, acontecimiento nacional de primerísima categoría. Entre los actos programados está una recepción el el parlamento de la nación con el discurso correspondiente. Es un acto social sumamente delicado. ¿Lo van a recibir como un líder mundial, que puede decir una palabra moral autorizada, o como un representante de Jesucristo que viene a entregarnos el Evangelio? Lo van a recibir como líder mundial que merece un respeto mundial. El Papa es eso ciertamente, porque representa a mil millones cuatrocientos mil habitantes de la humanidad, pero en la verdad más íntima el Papa es cosa distinta: el Papa es un enviado de Jesucristo, cuya misión es anunciar el Evangelio e invitarnos a la conversión y al amor.

La Iglesia que nace el día milagroso de Pentecostés es la Iglesia fundada por Jesús, la Iglesia del Espíritu Santo. Para entender estas cosas, veamos esa escena divina que ocurre en la tarde del día mismo de la Resurrección.

 

5. Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».

Esto es lo que ocurrió. Jesús murió real y verdaderamente, derrotado por el poder religioso de los judíos y por el poner imperial de los romanos. Resumiendo, dice san Juan al principio de su Evangelio: Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. El mundo fue hecho pro él y nada existe, si él no lo hubiera creado; y el mundo no lo reconoció.

Pero Jesús había vencido y estaba vivo, y aquella misma tarde vino a sus discípulos, encerrados, protegidos por miedo a los judíos. Vino y les dio el don de la paz. La paz es el conjunto de todos los bienes. La paz es el bienestar que se experimenta cuanto todo está en orden. Les da la paz para ellos, para que no tengan miedo y sean felices. Les da la paz, diciéndoles sin palabras: No soy un derrotado; soy un vencedor.  Todo lo ocurrido queda sellado con mi victoria.

Y, al decir estas palabras, que no eran ningún protocolo, les mostró las manos y el costado. Les estaba significando que la paz y todo bien nacía de ahí, de sus llagas, del fruto de su Pasión. Y entonces los discípulos se alegraron al ver al Señor, una alegría que ha traspasado los siglos y dura hasta hoy.

 

6. Y ahora Jesús va a hacer un gesto divino, que es el comienzo de la nueva vida. Sopló sobre ellos, lo mismo que dice la Biblia en la primera página, que cuando Dios formó al hombre de la tierra que había creado, sopló sobre sobre él; le infundió el Espíritu que tenía dentro, lo divinizó, y entonces el hombre fue hombre con espíritu. No era un animal, como como un animal de la tierra. Sopló e infundió espíritu de vida y el hombre fue constituido en dueño de la creación.

Ahora Dios sopla de nuevo para iniciar la nueva creación. Con este soplo divino el Espíritu de santidad vino sobre la Iglesia. Y les dijo Dios encarnado: Destruid el pecado. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados.  Les dio a los apóstoles el poder de distribuir la gracia de la Cruz. Esto no se había dicho nunca en el Antiguo Testamento. Los sacerdotes ofrecían sacrificios a Dios, pero los sacerdotes no podían perdonar los pecados. Los sacerdotes del Nuevo Testamento sí pueden perdonar los pecados con el poder del Espíritu Santo que les ha dado Jesucristo. Y es tan real y tan verdadero este poder, que Jesús lo acentúa con la forma contrario: Y a quienes no perdonéis no les quedan perdonados. Los constituye sus mensajeros plenipotenciarios.

 

7. Aquel día de la Resurrección quedó constituida la santa Iglesia de Jesucristo, destinada a santificar a los hombres. Esto es la santa Iglesia, hermanos, la comunidad santa de Jesús, llena de los dones del Espíritu Santo. Y cada uno de nosotros somos parte de esa Iglesia Santa. Y el Papa no es un líder mundial, que hay que respetar, aunque es cierto que lo es; el Papa es, ante todo, un siervo de Dios, encargada de comunicar la verdad que el Hijo de Dios nos ha traído, el perdón y el amor.

 

Alegrémonos, démosle gracias a nuestro Dios. Somos Iglesia, somos familia de Dios. En todo momento del día podemos vivir con Dios. Desde el cielo Jesús presente, Jesús Viviente, nos asiste. No renunciemos a esa paz que él quiere poner en nuestro corazón.

Señor Jesús, que desde el Padre has enviado a tu Espíritu de amor, el mismo Espíritu que vino sobre el seno de tu madre, María, y lo santifica, haz que nuestra vida, y mi vida en particular, esté todo llena del Espíritu de Pentecostés. Amén.

 

Pamplona, sábado 23 mayo 2026.

 

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