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Domingo
de Pentecostés 2026
Jn
20,19-23
Texto
19Al anochecer de aquel día, el primero de la
semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo
a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a
vosotros». 20Y, diciendo esto,
les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al
ver al Señor. 21Jesús
repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío
yo». 22Y,
dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23a quienes les
perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les
quedan retenidos».
Hermanos:
1. En el Domingo de Pentecostés, que es la
coronación de la cincuentena pascual, todos los años escuchamos ese relato
milagroso de lo que ocurrió aquel día. Dios bajó a la tierra con fuerza y
fuego, como en el Monte Sinaí. Llamaradas de fuego sobre las cabezas de los
apóstoles. Una nueva creación aparecía en el mundo. Unos hombres ignorantes
hablaban como Dios les inspiraba, y todos los entendían en su propia lengua:
Entre
nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y
Capadocia, del Ponto y Asia, 10de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de
Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, 11tanto judíos
como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de
las grandezas de Dios en nuestra propia lengua»
Aquella invasión de Dios no era un revoltijo de
gente alocada. Pedro tuvo que decir: No estamos ebrios, no. Bien al contrario,
el Dios maravilloso era el Dios de la unidad.
2. Que Pablo nos lo explicará a su modo: Hay diversidad de carismas, pero un mismo
Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad
de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se
le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.
Queridos hermanos: esto es la Iglesia que Jesús ha
fundado, esta es la Iglesia a la que nosotros pertenecemos. Esto es la
maravilla de Dios en la tierra.
Nosotros, con la ayuda de las ciencias que tenemos
a nuestra disposición, hemos construido un gran tratado para decir qué es la
Iglesia. La Iglesia es una sociedad perfecta, igual que un estado, pequeño o
grande; es una sociedad perfecta. Por ser sociedad perfecta la Iglesia tiene el
triple poder: poder legislativo para darse sus propias leyes, poder
gubernativo, para gobernarse con sus propias leyes; y poder penal, coercitivo,
para imponer penas a quien no las cumple, o incluso para excluir de la Iglesia,
a quien no sea digno de pertenecer a ella. E incluso con una característica
única: es una sociedad extendida por todas las naciones, abarcando una
población de mil millones cuatrocientos mil habitantes.
3. Todo esto es verdadero, pero resulta raquítico
para entender la verdad última de lo que es la Iglesia, revelada en los textos
de esta celebración. La Iglesia, hermanos, es la Comunidad del Espíritu Santo,
cuya alma y vida es la presencia de ese Espíritu que actúa en cada uno de
nosotros. La Iglesia es la comunidad de Jesús, la que él estableció en la
tierra y a la que está asistiendo desde el cielo. La Iglesia es la familia que ha
establecido Dios Padre, por medio e su
amado Hijo Jesucristo, que se hizo hombre para formar esta comunidad de amor.
Ninguna otra sociedad del mundo, por avanzada que sea, puede hablar con este
lenguaje.
4. Dentro de unos días nos va a visitar el Santo
Padre León XIV, sucesor del apóstol san Pedro, acontecimiento nacional de
primerísima categoría. Entre los actos programados está una recepción el el
parlamento de la nación con el discurso correspondiente. Es un acto social
sumamente delicado. ¿Lo van a recibir como un líder mundial, que puede decir
una palabra moral autorizada, o como un representante de Jesucristo que viene a
entregarnos el Evangelio? Lo van a recibir como líder mundial que merece un
respeto mundial. El Papa es eso ciertamente, porque representa a mil millones
cuatrocientos mil habitantes de la humanidad, pero en la verdad más íntima el
Papa es cosa distinta: el Papa es un enviado de Jesucristo, cuya misión es
anunciar el Evangelio e invitarnos a la conversión y al amor.
La Iglesia que nace el día milagroso de
Pentecostés es la Iglesia fundada por Jesús, la Iglesia del Espíritu Santo.
Para entender estas cosas, veamos esa escena divina que ocurre en la tarde del
día mismo de la Resurrección.
5. Al
anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una
casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús,
se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros».
Esto es lo que ocurrió. Jesús murió real y
verdaderamente, derrotado por el poder religioso de los judíos y por el poner
imperial de los romanos. Resumiendo, dice san Juan al principio de su
Evangelio: Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. El mundo fue hecho
pro él y nada existe, si él no lo hubiera creado; y el mundo no lo reconoció.
Pero Jesús había vencido y estaba vivo, y aquella
misma tarde vino a sus discípulos, encerrados, protegidos por miedo a los
judíos. Vino y les dio el don de la paz. La paz es el conjunto de todos los
bienes. La paz es el bienestar que se experimenta cuanto todo está en orden.
Les da la paz para ellos, para que no tengan miedo y sean felices. Les da la
paz, diciéndoles sin palabras: No soy un derrotado; soy un vencedor. Todo lo ocurrido queda sellado con mi
victoria.
Y, al decir estas palabras, que no eran ningún
protocolo, les mostró las manos y el costado.
Les estaba significando que la paz y todo bien nacía de ahí, de sus llagas, del
fruto de su Pasión. Y entonces los
discípulos se alegraron al ver al Señor, una alegría que ha traspasado los
siglos y dura hasta hoy.
6. Y ahora Jesús va a hacer un gesto divino, que
es el comienzo de la nueva vida. Sopló sobre ellos, lo mismo que dice la Biblia
en la primera página, que cuando Dios formó al hombre de la tierra que había
creado, sopló sobre sobre él; le infundió el Espíritu que tenía dentro, lo
divinizó, y entonces el hombre fue hombre con espíritu. No era un animal, como
como un animal de la tierra. Sopló e infundió espíritu de vida y el hombre fue constituido
en dueño de la creación.
Ahora Dios sopla de nuevo para iniciar la nueva
creación. Con este soplo divino el Espíritu de santidad vino sobre la Iglesia.
Y les dijo Dios encarnado: Destruid el pecado. A quienes les perdonéis los
pecados les quedan perdonados. Les dio a
los apóstoles el poder de distribuir la gracia de la Cruz. Esto no se había
dicho nunca en el Antiguo Testamento. Los sacerdotes ofrecían sacrificios a
Dios, pero los sacerdotes no podían perdonar los pecados. Los sacerdotes del
Nuevo Testamento sí pueden perdonar los pecados con el poder del Espíritu Santo
que les ha dado Jesucristo. Y es tan real y tan verdadero este poder, que Jesús
lo acentúa con la forma contrario: Y a quienes no perdonéis no les quedan
perdonados. Los constituye sus mensajeros plenipotenciarios.
7. Aquel día de la Resurrección quedó constituida
la santa Iglesia de Jesucristo, destinada a santificar a los hombres. Esto es
la santa Iglesia, hermanos, la comunidad santa de Jesús, llena de los dones del
Espíritu Santo. Y cada uno de nosotros somos parte de esa Iglesia Santa. Y el
Papa no es un líder mundial, que hay que respetar, aunque es cierto que lo es;
el Papa es, ante todo, un siervo de Dios, encargada de comunicar la verdad que
el Hijo de Dios nos ha traído, el perdón y el amor.
Alegrémonos, démosle gracias a nuestro Dios. Somos
Iglesia, somos familia de Dios. En todo momento del día podemos vivir con Dios.
Desde el cielo Jesús presente, Jesús Viviente, nos asiste. No renunciemos a esa
paz que él quiere poner en nuestro corazón.
Señor
Jesús, que desde el Padre has enviado a tu Espíritu de amor, el mismo Espíritu
que vino sobre el seno de tu madre, María, y lo santifica, haz que nuestra
vida, y mi vida en particular, esté todo llena del Espíritu de Pentecostés.
Amén.
Pamplona, sábado 23 mayo 2026.
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