viernes, 29 de abril de 2022

1761. Domingo III Pascua 2022. Jesús en familia con su Iglesia

Jesús en familia con su Iglesia

Jn 21,1-19


Texto evangélico:

Jn21 1 Después de esto Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: 2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. 3 Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. 4 Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 5 Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron: «No». 6 Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. 7 Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el Señor». Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. 8 Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. 9 Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. 10 Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger». 11 Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.        12 Jesús les dice: «Vamos, almorzad». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. 13 Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

14         Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

15         Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro*: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

 Jesús le dice: «Apacienta mis corderos». 16 Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Él le dice:

«Pastorea mis ovejas». 17 Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».

Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. 18 En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras». 19 Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».

Hermanos:

 1.  Cuando uno escucha el Evangelio que acabamos de oír uno queda embargado por una misteriosa impresión: sorpresa, dulzura intimidad, confianza, y deseo de conocer más de qué se trata.

Todo está lleno de símbolos que uno se los puede aplicar; pero resulta al mismo tiempo, que los datos que se nos dan son de un realismo histórico inmediato. Están siete discípulos, de los que se nos dan los nombres de cinco, a saber: Simón, Tomás, Natanael, los dos hermanos hijos de Zebedeo, es decir, Santiago y Juan (“aquel discípulo a quien Jesús amaba”) y otros dos discípulos más.

Se nos dice que, al mando de Jesús, pescaron – lo que no habían podido conseguir durante la noche – y que al sacar las redes a tierra contaron los peces, que, seguro, los iban a llevar al mercado, y resulta que eran 153, ni uno más ni uno menos.

El misterio comienza cuando el discípulo al que amaba Jesús dice: ¡Es el señor! Y entonces Simón se lanza al agua para ser el primero en llegar.

Sorprendente y divino que Jesús había hecho un fuego y tenía un pez encima, ya asado, y allí junto, pan. Todo dispuesto para u almuerzo de madrugada después de una noche de trabajo: Vamos, almorzad.

Y se entiende que él almorzó con ello. Un pez no era bastante. “Traed los peces que acabáis de coger”.

Todo esto parece una fantasía mística…, pero ocurre que el evangelista, como un narrador detallista, nos da datos de la conversación que se produjo después de comer, con la misma naturalidad que el mismo evangelista narró la larga conversación que siguió a la cena del Señor. Es una narración, pero una narración singular, una narración espiritual que tiene sentido si nosotros nos la aplicamos y la vivimos como acontecimiento que ocurre entre morosos, cuando somos invitados a la mesa del Señor.

Fijémonos también, hermanos, como alguna vez he dicho, que el Evangelista san Juan, en sus narraciones de la vida de Jesús, va introduciendo sus propias reflexiones para guiar al lector, o mejor dicho, a la comunidad cristiana, donde se proclamar el Evangelio, y sepa cuál es el recto sentido. Y aquí nos da este toque espiritual: Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.

Nos está indicando como que había razones para dudar, porque todo lo que estaba sucediendo era fuera de lo normal; se trataba, en suma, de una realidad de fe. Todas las apariciones de Jesús son realidades de fe, y la fe para ellos y para nosotros es el único camino para alcanzar al Resucitado y comprender lo que allí sucede.

 

2. Jesús nos está indicando que Iglesia es una mesa de familia; que él es el que convoca y preside y que él puede hablar y transmitirnos un mensaje.

No es ninguna fantasía, hermanos, decir que cada vez que se reúne la comunidad Cristian para la Eucaristía dominical se actualiza el misterio que la escena sugiere: la presencia de Jesús, la palabra divina de Jesús, la entrega no ya de un pez y pan, sino en este banquete sagrado de su propio ser en el pan y el vino.

En la intimidad con Jesús, en mi propia habitación o en un banco solitario de la Iglesia, uno puede vivir y soñar con Jesús estas realidades de la fe, que son realidades espirituales, realidades ciertas. San Pablo decía: “Sabiduría, sí, hablamos entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria” (1 Cor 2,6-7).

Las escenas del santo Evangelio, que un día fueron escritas para que nosotros las leamos y las gustemos con su sabor divino, están abiertas a nuestro corazón, y Dios quiere entrar hoy en nosotros a través de ellas.

 

Señor Jesús, tú vives para siempre como Resucitado, tú vives en la Iglesia y en mi corazón, haz que sepa disfrutar de tu presencia y de cada una de las escenas del Evangelio a través de las cuales hoy llegas a cada uno de nosotros del modo como tú quieres. Amén.

 

Madrid, viernes 29 abril 2022.

domingo, 24 de abril de 2022

1760. Domingo octava de Pascua 2022.– En Jesús está la Divina Misericordia

 

En Jesús está la Divina Misericordia

Jn 20,19-31

 

Texto evangélico:

19 Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». 20 Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21 Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 22 Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23 a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

 24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25 Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». 26 A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». 27 Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». 28 Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». 29 Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

30 Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. 31 Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

 

Hermanos:

 1.  Esta homilía es diferente de todas las demás, porque la escribo y pronuncio, aquí desde Roma, después de haber celebrado esta mañana con el Santo Padre junto con varios centenares de compañeros y hermanos sacerdotes Misioneros de la Misericordia, después de haber escuchado lo que el Papa ha dicho y de haber tenido la oportunidad de leerlo, con los medios técnicos de hoy. Una homilía sencilla, meditada, salida del corazón. Un consejo oportuno podía ser: lean lo que el Papa ha hablado. Olvídense de mí.

Pero, por otra parte, todo sacerdote ah recibido este ministerio sublime de entregar la Palabra de Dios a la comunidad de los fieles, y Dios se sirve de nosotros – sea cual sea nuestra competencia en el arte del lenguaje, y en los conocimientos de la Biblia y de la realidad humana – para llegar al corazón de sus hijos del modo maravilloso que él quiere.

He de precisar algunas circunstancias, no por interés periodístico, sino como ocasionales acontecimientos de fe. Estaba previsto que el Papa Francisco presidiera esta Santa Misa en el Domingo de la Divina Misericordia, y así está escrito en el folleto que se nos ha llegado: Ahora el Papa dice estas palabras y la asamblea responde con estas otras. Pero no ha ocurrido así. Antes de empezar la Santa Misa, hemos visto que el Papa venía caminando, saliendo de una parte lateral e la basílica, caminando con dificultad por la enfermedad que lleva en la rodilla. Le han colocado en una hermosa sede, antes de la primera fila de los fieles, mirando al altar. Espontáneamente de la asamblea ha brotado un aplauso, que era decirle: ¡Gracias, Santo Padre! Después de la proclamación del Evangelio, le han cambiado la sede y mirando a la asamblea ha dirigido su homilía.

La Eucaristía la ha presidido el obispo encargado de los Misioneros de la Misericordia, Mons. Rino Fisichella.

 

2. ¿De qué vamos hablar en esta homilía, hermanos, explicando el Evangelio? El Evangelio es una fuente que mana vida eterna y nunca se agota. Podemos escuchar esta palabra de Jesús o esta otra, y Dios actuará. El Papa nos ha dicho ye repetido en este Domingo de la Divina Misericordia que la Misericordia de Dios llega a todos, se abre a todos sin excepción, como a hijos suyos que somos, aunque nos hayamos equivocado. Y para hablar de este misterio nos ha explicado las tres veces que se repite en este Evangelio las palabras: La paz con nosotros.

En determinado momento se ha dirigido a los cerca de 400 misioneros de la misericordia, que estábamos allí con nuestras vestiduras blancas y la estola blanca que el Papa nos ha regalado, y nos ha dicho:

Y me dirijo a ustedes misioneros de la Misericordia, si cada uno de ustedes no se siente perdonado, que se detenga en este ministerio, hasta el momento de sentirse perdonado. Y de esa misericordia recibida será capaz de dar mucha misericordia, de dar mucho perdón. Y, hoy y siempre, el perdón en la Iglesia nos debe llegar así, por medio de la humilde bondad de un confesor misericordioso, que sabe que no es el poseedor de un poder, sino un canal de la misericordia, que derrama sobre los demás el perdón del que él mismo ha sido el primer beneficiado. Y de aquí nace ese “perdonar todo”, porque Dios perdona todo, todo y siempre. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón, pero Él perdona siempre. Y ustedes deben ser canales de este perdón, a través de su propia experiencia de ser perdonados. No hay que torturar a los fieles que viene con sus pecados, sino tratar de entender qué sucede, escuchar y perdonar y dar un buen consejo ayudando a seguir adelante. Dios perdona todo, no hay que cerrar esa puerta”.

Hermanos, la figura del Evangelio de hoy es Jesús mostrando la llaga de su costado, es decir su Corazón abierto, y mostrando sus manos abiertas y llagas para recibirnos a todos. Tantas veces hemos rezado: “Dentro de tus llagas escóndeme”.

En Viernes Santo, hermanos, leíamos un texto de los profetas: Sus heridas nos han curado. ¡Ojalá que nuestras heridas sean la salvación de otros hermanos! La redención se hace a través del sufrimiento aceptado con amor.

3. Jesús Resucitado ha pasado junto al Padre y nadie lo puede representar, pues vive en el mundo nuevo. Pero los Evangelios nos quieren garantizar que está también junto a nosotros, que lo podemos ver de otra manera diferencia, que de alguna manera, mediante la fe, lo podemos tocar, palpara, en una palabra, adorar.

Tomás se ha rendido ante Jesús y le ha dicho: ¡Señor mío y Dios mío! Y ahora, mirándonos Jesús a nosotros, dice a Tomás: Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

 Está comparando Jesús dos situaciones, la de Tomás y la nuestra, y en esta comparación el “Bienaventurados” significa: Tú eres bienaventurado, más bienaventurados son los que están creyendo sin pruebas. Esos somos nosotros, hermanos.

 

Terminemos con una oración a Jesús:

Señor Jesús, tú eres el Resucitado, el Viviente. Que te sintamos vivo en nuestras vidas; qué tú seas el amor verdadero, que nos dé paz y felicidad, y la entrega total para el servicio de nuestros hermanos, los hombres.

Roma. Domingo de la Divina Misericordia, 24 abril 2022.

viernes, 22 de abril de 2022

1759. Junto a la Roca vacía – Mistagogía de Pascua

 

Junto a la Roca vacía

 

La Iniciación cristiana de Adultos comporta varias etapas progresivas, desrrolladas en el curso de un tiempo conveniente: Evangelización y Catecumenado / Tiempo de purificación e iluminación (que suele coincidir con la Cuaresma) / Los Sacramentos de la Iniciación (Bautismo, Confirmación, Eucaristía) / La Mistagogía. “Ésta es la última etapa de la iniciación, a saber el tiempo de la «Mystgogia» de lMistagogía es la “conducción” (verbo “agô”, conducir) al iniciado (“mystes” iniciado en el “misterio”), como similarmente “Pedagogía” es la conducción del niño (“pais, paidós” , niño).

La nuevo nacido cristiano (el “neófito”) se le conduce en Pascua a la interioridad de los misterios de Pascua. Son famosas las catequesis mistagógicas de san Ambrosio, de san Cirilo de Jerusalén, de Teodoro de Mopsuestia y de san Juan Cristómo.


El Mistagogo de la Iglesia es el Espíritu Santo.

Junto a la Roca vacía

la Magdalena lloraba,

y el Hortelano le dijo

a la amante enamorada:

 

Dime, mujer, por qué lloras

del fondo desconsolada.

- Si eres tú quien lo ha llevado

dime a mí dónde descansa.

 

Que yo quiero perfumarlo

con el fuego de mis lágrimas,

y embalsamarlo con besos

que han estallado en mi alma.

 

¡María!, dijo aquel Hombre

a la mujer extasiada,

y ella, sabiéndose  esposa,

se lanzó a las plantas santas.

 

Tú eres mío, Rabbuní,

delirio que me traspasa,

y nunca te dejaré

porque tú nunca te apartas.

 

Tú eres mío, más adentro

que el clamor de mis entrañas;

y el aliento he percibido:

¡Hermosa mía, mi amada!

 

Yo el Cantar te cantaré

si en mi seno te desmayas,

y en tu Iglesia yo seré

la mujer que solo ama.

 

          * * *

Hoy te consagro, María,

como apóstol y enviada;

anuncia y diles que amo

con amor puro de Pascua.

 

Y tu misión ha de ser 

ser madre, sierva y hermana,

ser del amor el sagrario,

del Dios encarnado entrañas.

 

Sin ti mi Iglesia no existe,

mujeres me acompañaban,

y al lado de los apóstoles

de no menor importancia.

 

Con María Magdalena,

Juana de Cusa y Susana,

soporte del Evangelio

cuando yo lo predicaba.

 

Eres, Mujer, en mi Iglesia

la armonía de la casa,

el bienestar que se siente

cuando el amor todo apaña.

 

Eres fuente de verdad

y más que palabra sabia,

fidelidad y ternura

que a ningún precio se paga.

 

Recuerda, María mía,

cuando yo estaba en Magdala,

recuerda tus provisiones,

guarda en tus ojos la Barca.

 

Yo estoy ahora lo mismo

y necesito que hagas,

lo que tú sabes hacer

con solo ver mi mirada.

 

Sé siempre la esposa fiel

en la mar en marejada;

y en medio de la tormenta

guárdame con esperanza.

 

Soy tuyo, todo tuyo,

como don cada mañana,

soy tuyo en la Trinidad

y eres mía en cruz sellada. Amén. Aleluya.

 

Roma, 22 abril 2022