jueves, 31 de octubre de 2019

1271. Todos los Santos – Jesús, primogénito de muchos hermanos


Jesús, primogénito de muchos hermanos
Mt 5,1-12

Texto evangélico:
Mt5 1 Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; 2 y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
3«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
5 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
11 Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. 12 Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo..

Hermanos:
1. En el curso del año de nuestras celebraciones el mes de noviembre se abre con esta fiesta celestial de Todos los Santos, y el Evangelio todos los años es el mismo: Las Bienaventuranzas, canto de triunfo de Jesús en medio de su comunidad creyente, llegada a la salvación. Nunca suenan más bellas las Bienaventuranzas que cuando las vemos cumplidas en los hermanos que nos han precedido. Era verdad lo que dijo Jesús.

2. Jesús prometía la dicha escatológica a sus discípulos, a los que siguieran sus huellas. Felizmente la palabra del Señor se ha cumplido.
Las Bienaventuranzas son el retrato de esa comunidad que Jesús ha congregado en torno a sí; pero son, ante todo, su propio retrato verídico. ¿Cómo era Jesús? ¡Si hubiera habido los medios electrónicos de que hoy disponemos para captar la figura de Jesús de Nazaret…! No hace falta. La verdadera imagen de Jesús, la vera effigies que nosotros guardamos,  que conserva la Iglesia, quedó para siempre grabada en las Bienaventuranzas.
Jesús habló como habló porque era lo que era: Jesús es el pobre de espíritu, el manso y humilde de corazón, el que gime ante Dios con todos los gimientes, el que tiene hambre y sed de la santidad de Dios, el misericordioso, el limpio de corazón, el que ha trabajado por la paz del corazón, que es la paz del mundo, y, finalmente, el que ha sido perseguido hasta la muerte, en cuya muerte hemos quedado nosotros salvados.

3. Hoy, en una visión gloriosa, contemplamos esa asamblea de la que pronto nosotros mismos haremos parte.
Para entender el significado de Todos los Santos quisiera compartir con vosotros, hermanos, qué no es esta fiesta y qué pretende ser en realidad, en su sentido profundo, si aceptamos, como dice san Pablo, que Jesucristo es el primogénito entre muchos hermanos.
Hay pensamientos sentimentales, que no son malos, ni mucho menos, pero que no dan en el centro de la grandiosidad de lo que hoy celebramos. En la Iglesia hay muchos, muchísimos santos…, que  no los podemos recordar a todos; hoy sí, hoy, aunque no sepamos sus nombres, quisiéramos venerarlos a todos, y que ninguno quede en el olvido. No se trata de eso, hermanos, hermanos, se trata de algo más simple y sublime.
El Apocalipsis de San Juan, cuando en la Iglesia no había ni Santoral ni Martirologio, nos dice: “Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!» (Ap 7,9-10).
Eso es lo que celebramos: la victoria de Dios y la victoria de su Hijo. Jesús es la corona de todos los Santos, y él es el Santo de los Santos.

4. San Pablo ha tenido la audacia de designar a Jesucristo, como he dicho, Primogénito entre muchos hermanos: “los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8,29).
Si el Hijo de Dios es el primogénito entre muchos hermanos, esto quiere decir, que yo soy hermano del Hijo de Dios. Nadie, ni Dios mismo, me puede  dar un título mayor.
En la tierra y en el cielo yo soy Hermano del Hijo de Dios.
En el cielo, hermanos, no hay santos: no hay papas, obispos, vírgenes, mártires; ni judíos, ni musulmanes, ni católicos ni ortodoxos… Nuestra suprema dignidad será la de ser Hijo de Dios.

5. Los Santos que veneramos en la tierra son ciertamente santos, pero nuestra elección, con ser verdadera, responde a criterios variables y transitorios, según una oportunidad, según unas circunstancias que se han dado, lo cual puede ir variando en el futuro.
La Iglesia Católica podría venerar como verdaderos santos a todos los Santos canonizados por la Iglesia ortodoxa, porque han sido fieles a Cristo Salvador en el modo como han recibido el Evangelio.
Hace un año podíamos leer esta noticia de los medios públicos: “Este martes 6 de noviembre la Iglesia celebra la memoria litúrgica de los mártires españoles de la persecución religiosa del siglo XX, asesinados durante la Guerra Civil  por “odio a la fe”.  Las cifras hablan de más de 10.000 católicos asesinados en este proceso de los que 1.891 ya están en los altares” (incluidos los que iban a ser beatificados en Barcelona).  Han venido más beatificaciones. Son más de 1900 nuestros hermanos mártires.
No se van a “descanonizar” por hacer una reconciliación nacional y dar un paso más en al democracia. Todas las causas han sido examinadas una a una; nunca ha habido una aprobación en conjunto.
Pero con este criterio y sumando los mártires que se agregan de continuo, el Martirologio cristiano puede alcanzar cifras que nos sobrepasan en absoluto.

6. Es una simple mención en este día para significar algo más importante: que Jesús es el primogénito de todos ellos.
Muchos pensamientos se entrecruzan al mirar el cielo de los santos, que va a ser nuestro cielo, que requieren más que una homilía una catequesis ordenada para saber honrar a quienes nos han precedido en el camino de la fe, personas ejemplares con las que hemos convivido. Acaso nuestros padres (yo puedo decir de los míos) que nos dieron no solamente la vida, el pan y la educación, sino la misma fe que ellos guardaron hasta el final. Ellos pertenecen a esa muchedumbre que nadie podría contar y que alaban la gloria de Dios y de Cristo, el Señor.

Señor Jesús, todos los días en la Eucaristía te alabamos con todos los santos, uniendo cielo y tierra, porque solo tú eres Santo, solo tú Señor, en la unidad del Padre y del Espíritu. Amén.

Guadalajara, 31 octubre 2019



Hoy cantamos al Hijo Primogénito

Hoy cantamos al Hijo Primogénito
de todos sus hermanos rodeado;
la sangre inmaculada y el Espíritu
en tierra y cielo hicieron el  milagro.

Los cánticos celestes hoy se escuchan,
latiendo aquí en la Iglesia y resonando;
un solo corazón y un solo coro
en patria y en camino hoy formamos.

La gloria y la alabanza son del Padre
que de ternura hizo su reinado,
y al Hijo de su amor a su derecha
lo tiene a par de honor glorificado.

Con blanca vestidura y verde palma
gocemos victoriosos y agraciados.
Jesús es nuestro triunfo para siempre,
y prometió tenernos a su lado.

María Asunta, hermana y madre y reina
dichosa resplandece entre los santos,
la toda pura, luz desde el principio,
que en su seno llevó al Santificado.

¡Excelsa Trinidad, hogar de paz,
seguridad y gozo en nuestros pasos,
henchidos de alegría y de esperanza
unidos a los santos os cantamos! Amén.

Guadalajara, Jalisco, 31 octubre 2019