LA VIRGEN MARÍA EN EL CORAZÓN DE
LA IGLESIA
Retiro espiritual o meditación al coronar el mes de
mayo
Homenaje a la Virgen María en la fiesta de la
Visitación de la santísima Virgen María de 2016. Nos remitimos a los
anteriormente escribimos en este blog, hoy hace tres años: 405. Visitación de
María - La Madre de Dios, primera evangelizadora del mundo (31 de mayo de 2016)
María: sorpresa, desconcierto,
fascinación, fe
1. En la vida cristiana
el nombre de María y todo lo asociado a ella es un hecho lleno de sorpresas
siempre por descubrir.
Los Evangelios son
parcos. Con todo, no hay otra mariología que la que nos entregan los Evangelio,
servidos por la fe de la Iglesia, es decir, los creyentes. Estoe s verdad de
tal modo que bien podemos decir que la vía de acceso a la Virgen María es la
“vida evangélica”.
El fenómeno mariano nos
desborda:
- Innumerables imágenes.
- Innumerables
advocaciones y devociones.
- Innumerables vivencias
personales, donde destaca: “Las glorias de María” (1750), de San Alfonso María
de Ligorio, y el “Tratado de la a verdadera devoción a la Santísima Virgen
María”, de San Luis María Grignon de Montfort, obra escrita en 1712, sepultada
“en las tinieblas y el silencio de un cofre” (VD 114), y descubierta el 29 de
abril de 1842. (Se publicó en 1843, 127 años después de haber muerto su autor.
La espiritualidad de S. Juan Pablo II, con el lema del “Totus tuus”, está muy
enraizada en este libro).
- Desde hace siglos
innumerables apariciones (contadas son las que han sido reconocidas por la
Iglesia). Y las apariciones llevan sus mensajes. Centrados en al conversión y
la escatología.
2. Nada extraño que en un
panorama de este género, un maestro de garantía, haya podido escribir este
párrafo:
“En el año
1975 se organizó y llevó a cabo en un teatro de Sao Paulo (Brasil) como preparación
para Navidad, un ciclo de conferencias marianas durante tres días, que
estuvieron a mi cargo.
Ya he descrito
más arriba la historia íntimamente dramática de mi relación con María. He explicado
que aquella mujer aureolada y endiosada que nos presentaban en las clases de
mariología no me convencía, porque la encontraba irreal y poco humana. He
puntualizado también mi íntima contrariedad, en los primeros años de
sacerdocio, al tener que proclamar afirmaciones con las que no estaba de
acuerdo; y de qué manera, bastantes años después, Dios me concedió la gracia de
encontrarme con María a través del prisma de la espiritualidad de los anawim.
Al terminar el
ciclo de conferencias marianas de Sao Paulo, las Hermanas Paulinas de la ciudad
se ofrecieron a editar inmediatamente las charlas, tal como yo las había
pronunciado, les respondí que esperaran un poco para ampliar el material hasta
transformarlo en un libro cabal sobre María. Y así se hizo.
En los
primeros meses del año 1976 se editó simultáneamente en varios países El
silencio de María. También este libro supera ampliamente el centenar de
ediciones en siete idiomas” (Padre Ignacio Larrañaga, El silencio de María).
Obviamente
también estas palabras podrían ser perfiladas con un análisis crítico, pero no
es el caso.
3. Hemos de
tener en cuenta que el Concilio representa una cima sagrada para sedimentar una
tradición milenaria y poner las cosas en su punto. Nunca un Concilio en la
Iglesia se había expresado con un documento unitario de tal extensión. Se trata
del capítulo final, apítulo VIII, de las Constitución de la Iglesia, Lumen
Gentium (aprobada el 21 de noviembre de 1964). “La santísima Virgen María,
Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia”.
Al Concilio siguieron estos documentos, todos ellos
de primera categoría para orientar la verdadera devoción y culto a la Virgen
María:
-
Pablo VI, Exhortación apostólica “Marialis cultus, para la recta ordenación
y desarrollo del culto a la santísima Virgen maría” (2 febrero 1974).
-
Juan Pablo II, Misas de la Virgen María: I. Misal. II. Leccionario. “El
Sumo Pontífice Juan Pablo II, con su Autoridad Apostólica, aprobó y mandó
publicar estas Misas de la Virgen María, que pueden considerarse como un
apéndice del Misal Romano” (Congregación para el Culto Divino, 15 agosto 1986).
-
Juan Pablo II, encíclica “Redemptoris Mater. Sobre la bienaventurada Virgen
María
en la vida de la Iglesia
peregrina” (25 marzo 1987).
4. Las
características de este fenómeno que se ha dado en la Iglesia católica nos
lleva a ciertas consideraciones en una visión panorámica del fenómeno:
1)
Desde el reconocimiento de María como “Mater Dei”, Theotókos
(exactamente Deipara, Dei Génetrix el Concilio de Éfeso (431) que es la
versión correcta de “Madre de Cristo”, Christotókos, ha desatado en el
seno de la Iglesia un “marianismo” de una exuberancia total. Pero nótese que el
Concilio no inventa el título: existía en el pueblo cristiano, pues la oración
“Bajo tu amparo” (Sub tuum praesidium, redactata primero en griego, daba
a María el título de Theotókos, lo mismo que “siempre virgen”.
2)
Se trata de un fenómeno del “sensus fidei”, en el cual el pueblo cristiano
lleva el protagonista, “sensus fidei” que adopta la Iglesia.
3)
Es evidente el peligro de “inflación”, sustituyendo a Cristo por María…,
que sería efecto de una sensibilidad pietista exacerbada; pero es claro, que la
hondura insondable del misterio mariano, siempre fecunda, ha sido entregada a
los sencillos y espirituales, y esto es un tesoro la que la Iglesia santa,
guiada por el Espíritu, no puede renunciar. La posición de María en el misterio
cristiano es siempre “subordinada” a Cristo, nunca “paralela”. De Cristo recibe
lo que ella es y lo que entrega a la Iglesia. Un ejemplo: Si decimos que Cristo
es el “Redentor”, y añadimos que María es “Corredentora”, esto solo puede tener
sentido interpretado como “Asociada” al Redentor, en “comunión” con el
Redentor, por voluntad del Redentor.
4)
Las dificultades de discernimiento en ocasiones son sumas, como actualmente
ocurre con el sorprendente fenómeno de Medjugorje, centro de muchos millones de
peregrinos, centro de Eucaristía y de Reconciliación. “Este viernes 17 de enero
(de 2014), el Papa Francisco tendrá sobre su mesa de trabajo el informe final
de la Comisión de Investigación para las supuestas apariciones de la Virgen en
Medjugorje. Será el resultado de casi cuatro años de trabajo por un equipo
formado por teólogos, médicos, psicólogos, mariólogos y líderes de la Iglesia
bosnia y croata, encabezados por el cardenal Camillo Ruini, quien en marzo de
2010 recibió el encargo de Benedicto XVI de crear un equipo de trabajo para
aclarar los sucesos del pequeño pueblo de Bosnia y Herzegovina, en el que según
seis de sus habitantes, la Virgen María se aparece desde 1981, dando una serie
de mensajes con diferentes destinatarios: los propios videntes; la parroquia de
Medjugorje; la Iglesia; y la Humanidad” (Informe de ACI). Hasta el momento la
Santa Sede no ha dado un veredicto definitivo de tipo “teológico” y “pastoral”,
simplemente deja que actúe el pueblo de Dios. Las declaraciones del cardenal
Secretario de estado (Mons. Tarsicio Bertone) en 1991 fueron estas, que siguen
válidas: "Mientras continúa la investigación, están permitidas las
peregrinaciones privadas a Medjugorje y que los fieles cuenten con
acompañamiento pastoral. Todos los peregrinos católicos pueden acudir a
Medjugorje, lugar de culto mariano en el que es posible expresarse a través de
todas las formas de devoción".
La “vía evangélica”: el
camino de María en el corazón de la Iglesia hasta llegar a mí
Ya de entrada
en nuestra reflexión percibimos que María está ahí. Está ahí como obra del
Espíritu Santo. Yo puedo manipular el hecho como efecto de mi “habilidad
interpretativa”, pero negarlo iría contra la fe.
De la
presencia de María en la Iglesia hablar la encíclica “Redemptoris Mater” más de
diez veces. Y nada extraño, porque el Concilio reconoce esta presencia y la
expresa así con palabra autorizada: “La Iglesia no duda en confesar esta
función subordinada de María, la
experimenta continuamente y la recomienda
a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se
unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador” (Lumen Gentium, 62).
El Concilio
habla de una “experiencia”, experiencia que es “experiencia continua”. Para que
haya experiencia real, es necesario que una “realidad existente” (María) se
haga presente en “otra realidad existente”, las cuales dos realidades tienen
que ser verdaderas e individuales. La Virgen es alguien individual como
personal y yo soy alguien individual como persona. En el encuentro de persona
con persona está al experiencia.
Podríamos a
trazar, a modo de hipótesis, el camino que ha recorrido la Iglesia en su camino.
Primer
momento. El primer texto mariano
escrito del Nuevo Testamento posiblemente sea la afirmación grandiosa de san
Pablo en Gal 4,4-5: “Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su
Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo
la ley, para que recibiéramos la adopción filial”.
En torno al
año 57 se escribe la Carta a los Gálatas, antes que la de los Romanos. Aquí
encontramos un pronunciamiento teológico sobre la Encarnación del “Hijo”: la
Mujer y la Ley. El Hijo, que es Jesús, hijo de Dios, es enviado al mundo de
Mujer y bajo el régimen de la Ley, para dar la adopción filial justamente a los
que estaban bajo el régimen de la Ley. Jesús, Hijo de Dios, es “verus Homo”
precisamente porque es nacido de Mujer. No se menciona el Varón, porque tampoco
lo exigía la frase; pero quizás esta ausencia comience a ser significativa.
Con el
Concilio Vaticano II nos quedamos atónitos cuando reflexionamos: “Pero el Padre de la misericordia quiso que
precediera a la encarnación la aceptación de la Madre predestinada, para que de
esta manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer
contribuyese a la vida. Lo cual se cumple de modo eminentísimo en la Madre de Jesús
por haber dado al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas y por haber sido
adornada por Dios con los dones dignos de un oficio tan grande. Por lo que nada
tiene de extraño que entre los Santos Padres prevaleciera la costumbre de
llamar a la Madre de Dios totalmente santa e inmune de toda mancha de pecado, como
plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo [176]. Enriquecida desde el primer
instante de su concepción con el resplandor de una santidad enteramente
singular, la Virgen Nazarena, por orden de Dios, es saludada por el ángel de la
Anunciación como «llena de gracia» (cf. Lc 1, 28), a la vez que ella responde al
mensajero celestial: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu
palabra» (Lc 1, 38)”
(Lumen Gentium, 56).
¿Cómo es posible que la Encarnación quede vinculada al
consentimiento de una mujer, de una criatura, que de sí, por ser criatura, es
voluble? La Mujer, y específicamente María, queda “esencialmente” vinculada por
los siglos al misterio de Dios con nosotros.
Segundo
momento. La tradición sinóptica
sobre la Madre de Jesús en la vida pública de Jesús. Hay tres escenas:
- ¿Quién es mi
madre y quiénes son mis hermanos?
- Los hermanos
de Jesús
- Bendito el
vientre que te crió.
Primera
escena: Mc 3,31-35. Paralelos: Mt
12,46-50; Lc 8,19-21.
31 Llegan su madre
y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. 32 La gente
que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas
están fuera y te buscan». 33 Él les pregunta: «¿Quiénes son mi
madre y mis hermanos?». 34 Y mirando a los que estaban sentados
alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. 35 El que
haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Segunda escena: Los hermanos de
Jesús: Mc 6,1-6. Paralelos: Mt 13,53-58; Lc 4,16-30
1 Saliendo de allí
se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos. 2 Cuando
llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba
asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada?
¿Y esos milagros que realizan sus manos? 3 ¿No es este el
carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus
hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Y se escandalizaban a cuenta de él.
Tercera escena: Elogio a la madre de Jesús: Lc 11,27-28
27 Mientras él
hablaba estas cosas, aconteció que una mujer de entre el gentío, levantando la
voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te
criaron». 28 Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan
la palabra de Dios y la cumplen».
No entramos en la exégesis detallada. Simplemente decimos que en sso
primitivos textos de nuestra fe María pertenece al reino de Dios como discípula.
María, como los demás llamados al Reino, no tiene otro camino sino el camino de
la fe. María acepta el misterio desde la humildad, desde la obediencia de la
fe. No hay ni puede haber otra ruta.
El nacimiento de Jesús, todos y cada uno de los pasos de la vida, la
muerte y resurrección y ascensión el hijo, lo mismo que al venida del Espíritu
Santo son para la Virgen María “mysteria fidei”, exactamente igual que para
Jesús fueron misterios de obediencia al Padre, en oblación y plena confianza al
Padre. Jesús murió en obedeincia.
Tercer momento: El Evangelio de la infancia de Mateo y Lucas. Teología
de la virginidad y de la divina maternidad.
Es patente que el género de redacción de la Infancia de Jesús, de los llamamos
Evangelliod e la Infancia (Mt 1-2 y Lc 1-2), es diverso que el estilo usado en
el resto de estos primeros documentos de nuestra fe. Por lo que respecta al
misterio de María, la Iglesia llega en estos textos una alta maduración de su
fe, que abre el camino para seguir avanzando. ¿Quién es María? No se pretende
dar un “anecdotario” de lo que pasó, sino confesar la fe de lo que cree la
Iglesia, de lo que forja su identidad. La respuesta a la pregunta formulada es
esta:
1) María es la desembocadura de las promesas
y profecía de la Alianza. La Escritura se realiza en ella.
2) María es “toda de Jesús” y “toda para
Jesús”; este, y no otro, es su perfil.
3) María es la “Virgen” por el Espíritu
Santo.
4) María es la “Madre” por el Espíritu
Santo.
La Iglesia, ya en sus primeros decenios de su existencia, alcanza estas
verdades como dogmas cristológicos, antes que marianos. María es virgen, no por
decisión personal, sino como morada del Hijo de Dios, que es hijo suyo, totalmente
suyo.
Las “dudas de José” en Mateo – creemos –
hay que interpretarlas en este contexto teológicos en que está escrito el
Evangelio. Las dudas de José, de quien el Evangelio no dice una palabra, hay
que interpretarlas, sin que obste el análisis verbal, en tal estilo: “José, es
cierto lo que estás pensando: que aquí actúa el Misterio de Dios y tú debes
retirarte; pero no te retires, acepta a María como esposa, porque tú ha sido
asociado al misterio…”. El texto evangélico dice: “José, hijo de David, no
temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del
Espíritu Santo” (Mt 1,20). Y da la razón última: “Todo esto sucedió para que se
cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la Virgen
concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa
“Dios-con-nosotros”» (vv. 22-23).
En Lucas encontramos la expresión de “Madre de mi Señor”. “¿Quién soy yo
para que me visite la madre de mi Señor?” (Lc 1,43). María, a esta altura de la
Iglesia, es la Madre del Kýrios, y el Kyrios, en este contexto, es el Kyrios de
dignidad divina. María, nueva Arca de la alianza (Foederis Arca) lleva
al Señor en sus entrañas y a su llegada a casa de Zacarías da saltos de alegría
el hijo que Israel lleva en sus entrañas, como “cuando Israel salió de Egipto”
acompañado del Arca.
Cuarto
momento: El Evangelio de Juan. Teología de la Hora y de la maternidad
espiritual de María con la comunidad de los discípulos de Jesús.
La Iglesia
avanza en la meditación total del misterio de Jesús. Yen Juan nos encontramos
en las mismas alturas teológicas de la contemplación del misterio de María.
- María en
Caná hace presente la Hora de Jesús. Y la Hora de Jesús no es otra hora que al
hora pascual, el Misterio íntegro del Hijo a nosotros comunicado.
- María en la
Cruz es constituida Madre del discípulo a quien Jesús quería. María es
constituida Madre de la comunidad. La escena no es una escena pietista, de
piedad familia, la solicitud del hijo que provee pro el futuro de su madre, lo
cual iría en contra de todo el estilo dogmático y simbólico del cuarto
Evangelio. Todo propicia para pensar que el sentido verbal “literal e inmediato”
del texto juaneo es para conferir a María, Mujer (nueva Eva), la solicitud
maternal por la comunidad de discípulos, que viene de la muerte de Jesús en la
cruz, y la acogida de María en al comunidad como Madre. “Jesús, al ver a su madre
y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a
tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre»” (Jn 19,26-27).
La Madre del Señor en
el ámbito de mi propia vida personal
María avanza
en el curso de la historia. Nadie puede “controlar” el fenómeno de lo que acontece,
aunque, como explicamos, la sabiduría en el Espíritu que se nos ha dado debe
discernir. Que nunca sea el hecho de María un fenómeno “a se”, sino siempre
referencia: con Cristo y con la Iglesia.
Y situados en
ese ámbito de fe, sí que tiene pleno sentido el individualizar el hecho de la
Virgen en mi vida, lo que formulamos en este apartado como “La Madre del Señor
en el ámbito de mi propia vida personal”. Acaso tenga su expresión plástica en
un cuadro de la Virgen en mi cuarto de trabajo…, en una sencilla imagen de ella
en mi escritorio…
He aquí
algunos pensamientos conclusivos.
1. Ser
conscientes de que ha habido santos que han sido llevados por el camino de la
devoción mariana, pero no absolutizar estas vivencias que han tenido otros. Entre nosotros, hermanos menores capuchinos, es
admirable el caso de san Lorenzo de Brindis, doctor de la Iglesia. “Las
peculiares características de su espiritualidad, típicamente franciscana y cristocéntrica,
fueron el culto a la Eucaristía y la devoción a la Virgen. La santa Misa,
celebrada con un fervor incontenible, y ardientes invocaciones, se prolongaba
normalmente durante una, dos o tres horas y, por un indulto de Pablo V, hasta
ocho, diez y doce horas. Atribuía a la Virgen María todo don y toda gracia, y
no escatimaba esfuerzos para difundir su devoción” (Vincenzo Criscuolo, en Sulle
orme dei santi, Roma 2000, p. 158). De san Lorenzo de Brindis véase: Marial
(BAC 645). Madrid 2004. 692 pp.
2. No
podemos absolutizar devociones, como diciendo: “Si no rezas el rosario, no eres
devoto de la Virgen”. El Beato
Pablo VI, recomendaba altamente el rosario y el Ángelus, pero decía: “Después
de la celebración de la Liturgia de las Horas —cumbre a la que puede llegar la
oración doméstica—, no cabe duda de que el Rosario a la Santísima Virgen debe
ser considerado como una de las más excelentes y eficaces oraciones comunes que
la familia cristiana está invitada a rezar” (Marialis cultus, 54). ¿Hemos pensado
alguna vez que sería más aconsejable rezar en familia las Vísperas que el
Rosario…?
3. He
de resituar mi ser entero ante el misterio de la fe y ver qué lugar ha de ocupar la Virgen María: con
qué sentido objetivo sitúo las fiestas de la Virgen en el curso de la celebración
cristiana.
4. Al
final, hay algo personal e intransferible, y es descubrir cuál es el lugar de María
en mi vida… El Espíritu del Señor tiene la palabra…, y yo la docilidad. Véase del hermano marista
Basilio Rueda Guzmán (1924-1996), cuya causa de beatificación está introducida en
esta diócesis de Guadalajara, Jalisco. “Un nuevo espacio para María”, Circular
del 8 de septiembre de 1976 Serie meditativa 01 cepam H. Basilio Rueda Guzmán,
“Un nuevo."— Transcripción de la presentación: (Internet: http://slideplayer.es/user/6614438/)
Guadalajara, Jalisco, 31 de mayo de 2016.
NOTA
PERSONAL (publicitaria o no publicitaria…, en todo caso salida del corazón). El
autor tiene en prensa (Ediciones San Pablo, México…) una obra titulada: La Madre de mi Señor.
Himnario de la Virgen María, algo más de 90 himnos compuestos para las celebraciones de la Virgen
María