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(1030) Dom I Cuaresma – Jesús llevado al desierto para
ser tentado
Jesús
llevado
al desierto para ser tentado
Mt
4,1-11
Texto
1Entonces
Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser
tentado por el diablo. 2Y
después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió
hambre. 3El
tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en panes». 4Pero
él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda
palabra que sale de la boca de Dios”». 5Entonces el diablo
lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo 6y le dijo: «Si eres
Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles
acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las
piedras”». 7Jesús
le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». 8De nuevo el diablo
lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su
gloria, 9y le
dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». 10Entonces le dijo
Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él
solo darás culto”». 11Entonces
lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
Hermanos:
1. La primera frase del Evangelio de hoy es sorprendente.
Jesús acudió al bautismo de Juan; Juan se resistía con toda razón: “Soy yo el
que debe ser bautizado por ti”. Jesús le dijo que obedeciera, que era necesario
cumplir toda justicia, y entonces accedió y Juan bautizó a Jesús. Pero el
bautismo terminó en algo divino. Sobre Jesús vino el Espíritu de Dios en forma
de paloma y se escuchó la voz del Padre: Este es mi Hijo amado, en quien me
complazco.
Esta es la circunstancia, y ahora sigue el evangelista: Entonces
Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.
El evangelista quiere que nos fijemos en dos cosas:
-
Que Jesús fue al desierto lleno de Dios, con todo el amor de
Dios que llevaba dentro, pues tenía toda la complacencia divina; Jesús era el
agrado de Dios, su Padre, la felicidad de Dios. Sin duda que Jesús fue al
desierto para estar con Dios, para perderse en Dios, ante la gran obra que iba
a realizar en el mundo y que estaba a punto de comenzar. En suma, fue llevado
por el impulso del Espíritu Santo. San
Marcos lo dirá de una forma gráfica: “empujado” por el Espíritu.
-
Y al mismo tiempo el Evangelio que hemos escuchado nos dice algo sorprendente: que fue al
desierto para ser tentado por el diablo, Es decir, la gran tentación era
una prueba por la que tenía que pasar. Luego Jesús en su vida nos enseñó a
orar, como Juan había enseñado a sus discípulos; y, al enseñarnos a orar, quiso
poner una petición que se refiere a la tentación: Y no nos dejes caer en la tentación.
Esto quiere decir, hermanos, que todos, absolutamente todos, hemos de pasar,
tenemos que pasar, por la tentación, y en la tentación uno puede sucumbir o
vencer: No nos dejes caer en la tentación.
Muchas cosas, pues, nos sugiere esta primera escena de la
Cuaresma. Con la gracia de Dios, nos acercamos a los textos sagrados para
escuchar, aprender e identificarnos con la voluntad de Dios para nosotros.
Es claro que nosotros no vamos a ir al desierto cuarenta días
a hacer lo que Jesús hizo, pero ¡qué bien nos viene que cada años tengamos 40 días
penitenciales .- que eso significa la palabra Cuaresma o Cuarentena – para
orar, reflexionar, purificar, sacar sabiduría que Dios nos da para la vida.
2. Todo ser humano tiene que ser tentado para saber cómo se
define en la vida. Después de la creación de cielo y tierra, después de la
creación del ser humano, de Adán y Eva, y antes de que vinieran el primer hijo
al mundo, Dios les puso en la prueba. Con un lenguaje de niños, para que todos
lo entendamos, porque ante Dios somos niños, la Biblia nos cuenta lo que pasó.
Dios había creado al hombre y la mujer y estaban tan felices
en el paraíso; incluso hasta estaban desnudos y no había nada malo. Tenían toda
la belleza del mundo ante sus ojos; tenían la comida resuelta; no tenían que
trabajar. Dios los había creado para ser felices. Pero les puso una prueba muy
sencilla. Dios quería saber si le amaban de verdad o no. Podéis comer de todo;
todo es vuestro; pero hay un árbol del que no podéis comer, un árbol muy
especial, plantado en medio del jardín, al que se llama el Árbol del Bien y del
Mal.
Pero veamos lo que pasó, cuento de niños para decir inmensas
verdades:
“La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo
que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:
-
«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del
jardín?».
La mujer contestó a la serpiente:
-
«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del
fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de
él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».
La serpiente replicó a la mujer:
-
«No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis
de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y
el mal» (Gen 3,1-5).
Y ya sabemos cómo continúa la historia. Que la serpiente me engañó…, que la mujer me
lo dio…. En resumen, que cayeron en la tentación, que desobedecieron a Dios y
comieron el fruto prohibido. Y ¿qué
pasó?
“Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que
estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron”. Pero ¿no
sabían antes que estaban desnudos? Y no era malo, no pasaba nada.
Con la desobediencia ya todo se había descompuesto y vino lo
que vino, para reflexionarlo en otros momentos, porque aquí se corta la lectura
de hoy.
3. Y es verdad lo que dice la Biblia: en Adán nos
reconocemos. En Adán hemos pecado.
Los niños y lo mismo las niñas son encantadores; allí no hay
maldad. Pero a nada que crecen, ¿por qué los niños dicen mentiras?, ¿por qué
hacen trampas? ¿Por qué son envidiosos? Porque llevan dentro, llevamos el
pecado de Adán, el pecado original.
Ahora bien, san Pablo nos instruyen y no es menos importante
lo que nos dice san Pablo que lo que nos dice el Génesis:
“…no hay proporción
entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con
mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre,
Jesucristo, se han desbordado sobre todos.
Si por el delito de
uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más
razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán
en la vida gracias a uno solo, Jesucristo”.
4. Hermanos, ¿nos damos cuenta? ¿Por qué Jesús fue al
desierto? Para destruir la obra de Adán. Para ser tentado, dice san Mateo, y
entendemos nosotros: y vencer en la tentación. Las
tentaciones de Jesús nos han santificado a nosotros. Somos santos, somos
vencedores porque Jesús fue tentado y venció en la tentación.
No hace falta que expliquemos una a una las tentaciones de
Jesús.
Y ahora sí, que en nuestra vida, en mi vida en particular, ha
de venir la tentación. Tiene que venir la tentación para mostrar que yo amo a
Dios. Y yo sé que con la tentación vendrá la victoria, pero no por mí, por mis
fuerzas, sino por el Señor. La victoria de Jesús ha sido la victoria en mi
vida.
Señor Jesús, tentado
en el desierto, vencedor en la tentación, prepárame para la tentación que me
espera, y dame tu amor y tu victoria, porque sé y creo firmemente que tu
victoria es mi victoria. Amén.
Pamplona, 21 febrero
2026