sábado, 14 de septiembre de 2019 0 comentarios

1252. Dom. XXIII, C – Jesús anuncia: Dios es Padre de ternura


Jesús anuncia: Dios es Padre de ternura
Lc 15,1-32

Texto evangélico:
Lc15 1 Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. 2 Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
3 Jesús les dijo esta parábola: 4 «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? 5 Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; 6 y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. 7 Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
8 O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? 9 Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. 10 Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
11 También les dijo: «Un hombre tenía dos hijos; 12 el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. 13 No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. 14 Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. 15 Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. 16 Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. 17 Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. 18 Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; 19 ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. 20 Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. 21 Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo
22 Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; 23 traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, 24 porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. 25 Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, 26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. 28 Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. 29 Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; 30 en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. 31 Él le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; 32 pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Hermanos:
1. Nunca nos cansaremos de decir que lo que Jesús anuncia y proclama en esta forma de hablar tan original y suya, como son las parábolas, no son ejemplos de buen comportamiento, sino sencillamente y siempre revelación de Dios, revelación de ese corazón Dios que es misterio para el hombre. Este célebre capítulo 15 de san Lucas es el capítulo de las tres parábolas de la misericordia. Vamos a centrar nuestra atención muy particularmente en la tercera, la del hijo pródigo, derrochador. Parábola del mal hijo, que después de haber deshecho todo, cuando se encuentra en la miseria, quiere arreglar como sea su vida y piensa en su padre. Parábola de la alegría de Dios, de la ternura de Dios.
Esta parábola descompone todos los cánones del buen pensar, descompone la teología.

2. Una persona correcta de pensamiento, una persona bien pensante diría: Sí, pero…
¿Qué significa ese “pero”?
Que las cosas no se arreglan como las pinta Jesús. La vida es otra cosa. Sí, pero… La vida es otra cosa, ese final puede ser la hecatombe de la sociedad. El que la hace la paga; existe la cárcel. Y una sociedad sin cárcel ni castigo, va a la deriva.
Hermanos, si a esta parábola le ponemos un “pero”, no la hemos entendido. Yendo a lo profundo de lo que Jesús está diciendo, hemos de consentir en esto: Que esta no es la parábola del hijo malo, sino la parábola del Padre bueno. El protagonista del relato inventado por Jesús no es el hijo aventurero, sino que el protagonista es el padre, y no precisamente el padre de la tierra, sino el Padre del cielo.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia, dicen los salmos. Jesús profundiza y llega al fondo de esta frase: Es eterna su misericordia. Su misericordia es alegría y ternura infinita.
Si vemos la vida con esta perspectiva, no hay ningún “pero” a la parábola, sino que todos los peros nos los tenemos que poner a nosotros. Y la pregunta que nos da a la cara, es esta: ¿Cuál es nuestro Dios? ¿Cuál es mi Dios? ¿Cuál es el Dios de mi oración? ¿Es el Dios del hijo pródigo? ¿O no será, más bien, el Dios del hijo bueno?

3. El hijo bueno tiene razón. Es el hijo trabajador y cumplidor, el hijo que ha hecho todo lo que debía hacer, el hijo que nunca ha faltado a los mandatos y órdenes de su padre. Este hijo exige poner las cosas en su punto. Si mi hermano ha vuelto (que la parábola no dice “mi hermano”, sino “ese hijo tuyo”), primero que lo pague, y luego veremos.
Este es el Dios del hijo bueno, y quizás ese es mi Dios, que no he tenido especiales aventuras en la vida, que no me he lanzado a la locura y al disparate.
Ese es el Dios de los fariseos, de comportamiento correcto, caminando en el cumplimiento de los mandatos de la ley del Señor. Porque la parábola tiene una introducción, que orienta nuestro pensamiento: 1 Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. 2 Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». Los fariseos, hermanos, eran los piadosos y cumplidores; los escribas eran los doctos, los teólogos, los intérpretes de la Ley del Señor, los que podían dar cuenta de la gran tradición de Israel. Jesús, con su lenguaje, ha desbaratado esta imagen de Dios.

4. Seguramente que nosotros, hermanos, estamos escondidos en la figura del hijo descompuesto, que ha malbaratado la herencia paterna, aunque en nuestro comportamiento no hayamos llegado a tanto. Pero tampoco es eso el sentido de lo que Jesús nos quiere enseñar.
Jesús no quiere hablar de nuestros pecados, de mis pecados y aventuras. Jesús quiere hablar de Dios, amor, perdonador y ternura,
Y lo último, último de la parábola: Jesús quiere hablar de sí mismo. Jesús está diciendo: este soy yo. Venid a mí los que andáis agobiados y afligidos y yo os aliviaré.
Esta es la verdadera imagen de Jesús.

Concluyamos, hermanos, mirándole a él:
Jesús, tú eres el amor, la misericordia, la acogida, la ternura del Padre. Ahora y en la hora de mi muerte, Jesús, yo confío en ti.

Ciudad de México, sábado, 14 de septiembre de 2019.
lunes, 9 de septiembre de 2019 0 comentarios

1251 Desde la selva y el río Napo


Dios de amor, Dios de la vida

Dios es Uno y Trinidad, Dios es Dios Encarnación. Dios, al a obrar, deja la huella divina de lo que es, y no puede obrar de otra manera. Si un día, por pura gracia y misericordia, llegamos a sabr que Jesús es Dios Encarnado, desde esa revelación pudimos ver al mundo pudimos ver el mundo, con una visión que ante no teníamos. La huella de la Encarnación, la huella de la Trinidad ha quedado grabada en el corazón  del cosmos y en el corazón del hombre. El cosmos es infinitamente bello por Dios Encarnado, y más hermoso es el hombre – radiante en el humilde, en el pequeño, en el pobre (lo dijo Jesús) – que es el rostro del Verbo Encarnado.
“En el principio era el Verbo…” (Jn 1,1), el Verbo concreto, el Verbo historia, es decir: En el principio era Jesús.
Por él es bella la creación.

Dios de amor, Dios de la vida,
lo que creaste, Señor,
lleva impreso en sus entrañas
rasgos de tu corazón.

En un misterio infinito
de ternura y compasión
todo el mundo es un regalo
del don de la Encarnación.

Te adoramos, Padre amado,
viéndote como te vio,
tu Hijo cuando miraba
desde ti la creación.

Eres fuente de las aguas
eres belleza y color,
eres canto de los pájaros
y moras en cada flor.

El mundo es el Paraíso,
que nuestra culpa dañó,
que un día será liberado
por Jesús el Redentor.

Eres Dios resplandeciente
en cada hermano menor,
en cada hombre y mujer
que vive a  mi alrededor.

Esa presencia divina
es tu divina mansión,
más preciosa que la tierra,
más clara que el claro sol.

El Espíritu que un día
era mi Dios Creador,
hoy es mi Dios cotidiano,
compañía y oración.

Beso y abrazo este mundo
redimido en tu perdón,
Dios está aquí y se nota
su aroma de bendición.

En este templo grandioso,
gracias, mi Dios, siempre Dios.
Dios de paz y de alegría,
en Jesús revelación. Amén,


Coca, Francisco de Orellana, junto al río Napo, 9 septiembre 2019
 
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