viernes, 18 de agosto de 2017 0 comentarios

983. Domingo XX A – Jesús hace una llamada universal por la fe de una mujer



Jesús hace una llamada universal por la fe de una mujer
Mateo 15,21-28

Texto del Evangelio
21 Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. 22 Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». 23 Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». 24 Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». 25 Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». 26 Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». 27 Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
28 Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija.

Hermanos:
1. Para situar esta homilía de hoy, el mensaje que dentro se contiene, podemos abrir el telón con un gran cuadro espiritual que han vislumbrado, en la fe, los profetas, y que a Jesús le ha impresionado: Jerusalén, ciudad de Dios, centro espiritual para convocar a todos los pueblos.
He aquí el texto del libro de Isaías. “A los extranjeros | que se han unido al Señor para servirlo, | para amar el nombre del Señor | y ser sus servidores, | que observan el sábado sin profanarlo | y mantienen mi alianza, | los traeré a mi monte santo, | los llenaré de júbilo en mi casa de oración; | sus holocaustos y sacrificios | serán aceptables sobre mi altar; | porque mi casa es casa de oración, | y así la llamarán todos los pueblos»” (Is 56,6-7).
Jesús llamó al Templo de Jerusalén, templo que iba a ser destruido casa de oración para todos los pueblos. “Casa de oración”, es decir, casa del encuentro con Dios para todos los pueblos.
Todos los pueblos de la tierra estamos convocado para ser el único pueblo de Dios, el pueblo que Dios ama, y por el cual ha entregado a  su propio Hijo como perdón de nuestros pecados y para firmar una alianza de amor que nadie puede destruir.

2. Hace falta valor para decir estas cosas cuando España y Europa están convulsionados por la terrible masacre del jueves en Barcelona, que el estado islámico se la ha atribuido. Niza, Berlín, Estocolmo, Londres, Barcelona, puntos cardinales de un proyecto de odio y destrucción, amparándose sus propios autores bajo el signo de la autoridad de Dios.
Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos. El Evangelio de hoy está verificando esta llamada universal de Dios, que ha llegado al mundo por medio de su Hijo Jesús.

3. Bien sabemos que Jesús no decidió ser un misionero itinerante como mandó a sus apóstoles, como pocos años después será Saulo de Tarso, hijo de Israel, de la tribu de Benjamín. Jesús se movió en las reducidas fronteras de su patria, la Tierra de Israel. Pero hubo una ocasión en que sí salió a territorio de paganos. El Evangelio de hoy comienza: Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Estamos fuera de Israel, estamos en tierra pagana, en tierra de misión.
Una mujer de aquel país se acerca a Jesús. Es una mujer creyente, es una mujer iluminada que llama a Jesús “Hijo de David”; pura y simplemente es una mujer de fe. Y esa mujer grita a Jesús. Ese grito de socorro en favor de su hija, si examinamos la palabra, viene a ser más que un grito: es un ladrido…, un rugido. ¿Qué grita esta mujer?
Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.
Pide compasión para ella, porque la salvación de su hija es su propia salvación.
Esta súplica ha atravesado el corazón de Cristo. Pero la fe, hermanos, ha de ser purificada, como el fuego en el crisol, y Jesús la somete a prueba. La mujer sigue gritando hasta molestar, al grado que los discípulos mismos se sienten incómodos. Atiéndela, que viene detrás gritando. En realidad le están diciendo: Dile algo, concédeselo, despáchala, para que nos deje en paz.

4. Y Jesús nos da una respuesta que  nos deja desconcertados: Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
La oración del pobre, dice al Escritura, atraviesa las nubes y llega hasta el corazón de Dios. Y la oración de una mujer pobre vence a Dios. Es la oración del amor indigente, la oración humilde, perseverante, que agrada a Dios, que vence a Dios.
Se vuelve Jesús de los apóstoles a la mujer y le dice algo que nos suena, de repente, a una barbaridad: No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos. ¿Quién son los hijos? Los hijos de Israel. ¿Quiénes son los perritos? Los de fuera, los paganos.
Y ahora la mujer sabe responder hasta conseguir su propia victoria: Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.
Están frente a frente. Dios y la mujer, y ¿quién vence? ¡La mujer! La fe es la victoria del mundo, dirá años más tarde el anciano apóstol Juan:

5. Y ahora Jesús, por así decir, se postra ante la mujer: Mujer, qué grande es tu fe.
Ahora Jesús pone el padrenuestro al revés (como dice un comentarista): Mujer, hágase tu voluntad. En el Padrenuestro decimos: Padre, hágase tu voluntad. Aquí el Padre del cielo, por boca de su Hijo, dice a la mujer: Hija mía, hágase tu voluntad; literalmente: hágase para ti como quieres. El deseo de la fe se ha hecho deseo de Dios.
Esta es la fuerza de la fe, que vence al mundo, que vence a Dios. “Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe” dice san Juan (1Jn 5,4).
En aquel momento quedó curada su hija.  Así concluye el Evangelio.

6. Dos pensamientos finales para remate de nuestra reflexión creyente, celebrando el culto del Señor Resucitado: Jesús y la mujer. La mujer no tiene nombre, la mujer soy yo, precisamente yo de fuera de los confines de Israel.
Si miramos a Jesús, admiramos en él la llamada universal: Jesús abierto a las naciones. Todos los habitantes del mundo estamos invitados a acudir a él. Él nos va a acoger a todos en un banquete universal de amor.
Si miramos a la mujer, en ella me reencuentro a mí mismo desde cualquier lado en que me encuentre, yo puedo gritar con fe, y mi fe no será defraudada; mi fe es la victoria.

Señor Jesús, yo quiero celebrar el culto cristiano domingo a domingo con gozo y con fe, como la fe total de mi vida en ti. Quiero escuchar de tus labios yo, personalmente yo, lo que tú dijiste a la cananea: Mujer, ¡qué grande es tu fe! Hágase para ti como tú quieres. Amén.

Guadalajara, viernes 18 de agosto de 2017
lunes, 14 de agosto de 2017 1 comentarios

982. Asunción de María 2017



Como Asunta en alma y cuerpo

Día de la Asunción, que en mi provincia capuchina era el día en que tras el año de noviciado se ratificaba el seguimiento a Jesús por medio de los votos. Para mí y mis compañeros, hoy hace 61 años (Sangüesa, Navarra, 15 de agosto de 1956). Pidiendo la humilde fidelidad y el gozo santo del Evangelio, he aquí esta plegaria a la Virgen, Madre de mi Señor.

1. Como Asunta en alma y cuerpo,
eres primicia de Pascua,
Madre de Misericordia,
Luminosa, toda gracia.

2. La creación redimida
en ti, bella, se retrata,
eres promesa cumplida,
Inmaculada ensalzada.

3. Eres nuestra, toda nuestra,
eres suya, Madre santa,
eres paz de su victoria
y toda nuestra esperanza.

4. Camino ya cosumado
de la nada hasta la Patria,
oh bendecida María,
que mi destino señala.

5. Eres ya el Paraíso,
que riegan divinas aguas,
eres mi luz y armonía,
lo que mi alma soñara.

6. De la santa Trinidad
eres humana morada,
divina Madre de Dios
hija de Eva y hermana.

7. Eres tú la Intercesora
de nuestra Historia agitada,
eres la dulce Presencia
que siempre nos acompaña.

8. Eres hoy nuestro regazo,
que acoge nuestras plegarias,
Madre amantísima, Madre,
que con amor de Dios ama.

9. Sublime fiesta, María,
que toda la Iglesia canta,
he venido jubiloso
y al volver brilla mi cara.

10.¡Jesús de santa María
a ti la gloria increada,
y a la Iglesia peregrina
la gracia de tu llegada! Amén

Guadalajara, Jal., tras las I Vísperas de la Asunción de María 2017
 
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