viernes, 16 de noviembre de 2018 2 comentarios

1135 Dom. XXXIII B – Jesús nos habla de su venida al final de los tiempos


Jesús nos habla de su venida al final de los tiempos
Mc 13,24-32

Texto evangélico:
24 En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. 26 Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; 27 enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. 28 Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; 29 pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. 30 En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.

Hermanos:
1. En el curso de los domingos de la liturgia estamos en el domingo penúltimo del ciclo litúrgico. El próximo domingo, el 34, domingo final será la solemnidad de Jesucristo Rey del universo.
El cristiano, que ha aceptado a Jesús como Hijo de Dios, que cree, por tanto, en su divinidad, se encuentra en el santo Evangelio con unos pasajes que no acaba de resolver; pero todo está resuelto, si de verdad creemos que Jesús, enviado del Padre, es el Hijo de Dios. Y esto nos ocurre con esta página que hemos escuchado, el anuncio del final de los tiempos, que Jesús hace en los días finales de su vida.
Hay un cataclismo universal, convulsionados en una danza apocalíptica el sol, la luna, las estrellas y los astros del cielo, y entonces entra en acción soberanamente el misterioso Hijo del hombre, vieja designación bíblica del libro de Ezequiel y del libro de Daniel, que Jesús se la ha aplicado a sí mismo. Él es el protagonista de esta hora, enviando a sus ángeles a los cuatro vientos, a los cuatro puntos cardinales a recoger a los elegidos.
Y allí se dice: En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Pasó aquella generación y no hemos visto la vuelta del Señor. Entonces, ¿es que Jesús se ha equivocado? Nosotros, con toda el alma, nos resistimos a creer esto, que haya que plantearlo en estos términos.
O nos preguntamos también: ¿Es que Jesús ha entrado en una visión mística de la realidad para enfrente al hombre cara a Dios ante un destino eterno que nos estamos jugando mientras corren los días en la rutina de la vida?

2. Además ocurre que acto seguido Jesús, adentrándonos más y más en el misterio, nos dice: En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.
Nos quedamos sin palabras, sabiendo que estamos pisando terreno sagrado.
El lenguaje apocalíptico ha sido un lenguaje muy querido por el pueblo de Dios para dar cuerpo a nuestras esperanzas. Hay una salvación final que en el libro de Daniel se había descrito en una visión grandiosa, que hoy recordamos en la primera lectura:
«Por aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que se ocupa de los hijos de tu pueblo; serán tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los que se encuentran inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza e ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad» (Dan 12,1-3).

3. Las palabras de la Escritura, en un lenguaje muy variado según los escritos, no son para crear dudas, sino certezas. Hay que partir de lo que vemos claro para desde ahí asomarnos al fondo del misterio, y adorar, alabar, dar gracias y ofrendar nuestro ser.
En este discurso apocalíptico recogido por san Marcos hay inmensas verdades que aparecen claras en este pasaje, y que nos invitan a la adoración, a la alabanza, a la acción de gracias, a la petición.
La primera es que la historia tiene un sentido, un remate y un final, el cual está presidido por la persona del Hijo de Dios, que viene en gloria.
Nuestra vida no es una marcha hacia el abismo y el absurdo; nuestra vida que arranca de Dios vuelve a Dios. Dios es el sentido de nuestra existencia como principio y como fin: por lo tanto, Dios debe ser el sentido de nuestra vida en esta trayectoria de tránsito. Dios es la motivación y el impulso de nuestras acciones, hasta el punto de poder gozar y decir: ¡Qué alegría invade mi ser para poder decir que Dios me envuelve por todas partes, que no hay un átomo de mi ser que no tenga relación con Dios, mi creador!

4. Una segunda verdad que podemos compartir de esta visión que Jesús tiene de la historia es esta: Aparentemente su acción en el mundo ha sido un fracaso. Con muchísima dureza habla Jesús de esta generación, “esta generación malvada y perversa”, que no ha entendido su mensaje. Y en estas ocasiones Jesús emplea un lenguaje que parece arrancado de las antiguas profecías.
En cuanto podemos observar, este ha sido el dolor íntimo de su vida. Ahora bien, el balance de su vida de ninguna manera es el fracaso, sino el triunfo de Dios. Dios triunfa, palabra final de la historia. La novedad es que Dios triunfa en su Hijo, como en nadie jamás había triunfado.
La vida de Jesús es el triunfo de Dios, la victoria de Dios sobre el mal y el pecado.
Esa clave no puede dar respuesta a cuestiones que hoy nos planteamos. No estamos de acuerdo ni con la sociedad ni con la Iglesia que nos ha tocado vivir, y de las que formamos parte. Este pronunciamiento resulta corto si termina ahí. Jesús tampoco estuvo de acuerdo, pero su balance fue más allá. Y el punto final que Jesús alcanza es un inmenso himno de gloria. A este balance nos asociamos.

5. Siguiendo con nuestra reflexión, podemos pasar a un tercer punto, desprendido del Evangelio. ¿Qué será de mi vida en este escenario grandioso de la vuelta del Hijo de Dios? Y la respuesta es inequívoca. Por la pura gracia y misericordia de Dios, por la muerte de Jesús, mi Salvador, nuestro Salvador, yo me veo entre los elegidos. ¡Bendita sea la aparición del Hijo del hombre, Señor de la Historia porque viene para mí con la palma del triunfo.
Yo abandono mi vida en Dios, mi Creador y mi Padre, a impulso del Espíritu Santo. Mi salvación es cierta; nada puedo temer. Una luz radiante emana de mi rostro; es la misma luz del Tabor, la luz de Cristo Resucitado.

Terminamos, pues, nuestra homilía dirigiéndonos a Jesús, el Hijo del hombre, el Hijo de Dios.
Señor Jesús, vendrás gloriosamente algún día y enances cantaremos tu triunfo eterno, gloria de la humanidad, y tu triunfo será mi triunfo. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 16 noviembre 2018.

sábado, 10 de noviembre de 2018 2 comentarios

1134 Dom. XXXIIB – Jesús, los escribas y la viuda de las dos monedita


            Jesús, los escribas  y la viuda de las dos moneditas
Mc 12,35-38-44
Video: 

Texto evangélico:
         38 Y él, instruyéndolos, les decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, 39 buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 40 y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
     41 Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; 42 se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. 43 Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. 44 Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Hermanos:
1. Hoy es el Evangelio de Jesús y la viuda de las dos moneditas. Pero lo hemos titulado: Jesús, los escribas  y la viuda de las dos moneditas.
En la sección tomada del Evangelio de san Marcos para este Domingo hay dos cuadros que se confrontan: la religión de los escribas, especialistas en interpretar la Ley de Moisés, que Dios entregó a su pueblo como alianza de amor, y la religión de una pobre del Señor, de una viuda, de la que dice el texto sagrado que entregó al Templo todo lo que tenía para vivir. Y Jesús pronuncia una sentencia para el primer cuadro, y una sentencia para la viuda pobre y piadosa.
Recuerden: estamos dentro de la Semana Santa, la última semana de la vida de Jesús, lo mismo que el pasado domingo, cuando un doctor de la Ley hizo una consulta al Señor sobre el principal mandamiento y Jesús, en aquel maravilloso encuentro, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios. Estás en el verdadero filo que marca la Ley santa de Moisés.
2. No es esta la estampa de lo que hoy nos dice el Evangelio sobre los escribas: ¡Cuidado con los escribas!, dice hoy Jesús. Y los recrimina por su ostentación, por su vanidad, por sus largas oraciones aparentosas, por su autoritarismo en la interpretación de los preceptos del Señor, hasta llegar a  decir Jesús: devoran los bienes de las viudas.
La religión, que sin duda lleva consigo un poder espiritual, se presta a caer en unas derivaciones que no debieran ser. El Papa no se ha cansado de hablar de la “mundanidad espiritual”, un sutil peligro que puede tener formas muy íntimas, apenas perceptibles, pero que puede tener expresiones descaradas en los jerarcas de la Iglesia. En tiempos medievales las ha tenido, en el Renacimiento las ha tenido, en el Barroco también…, y en tiempos posteriores también. ¡Es tan fácil caer en esta falsificación, y convertir el poder espiritual – que tiene que ser siempre servicio, humildad, ultimidad… - es tan fácil deslizarse del poder espiritual al poder mundano, que es la fama, la vanidad, la prepotencia…! Dios nos libres a los sacerdotes utilizar nuestro sacerdocio ante la gente sencilla, como un honor mundano, como un poder para recabar con ello prestigio, e incluso hasta dinero… Sería la profanación de nuestro sacerdocio, que debe ser siempre minoridad, amor, desaparición…
Ya le oímos a Jesús en domingos pasados: El que quiera ser el primero que sea el último de todos, el servidor de todos. El ejemplo lo tenemos en él, que no vino a ser servido sino a servir y dar su vida por nosotros.

3. Pero fijémonos en la viuda, que afectivamente es hoy la protagonista del Evangelio. La circunstancia es esta: que Jesús y los apóstoles estaban en el atrio interior del Templo, mientras la gente transitaba por allí para hacer sus ofrendas y oraciones. Y dice el Evangelio que muchos ricos echaban mucho. En esto le llamó la atención a Jesús una viuda. Esta viuda era pobre y discretamente dejó allí su limosna. Entonces Jesús hizo un comentario, a propósito de la viuda, que fue como una canonización en vida.
Jesús podía haber dicho:
-         Vaya, esta mujer, si era pobre no tenía obligación de dar su limosna. Habría sido un buen comentario.
Incluso Jesús podría haberse acercado a ella, y con respeto haberle sugerido:
-         No, señora, usted no tiene obligación. Esas monedas quédeselas, que usted las necesita.
Nada de esto hizo Jesús, nada de esto dijo. Al contrario, Jesús se quedó admirado de aquella viuda; sí, dejó que su corazón se admirase y contemplara las maravillas ocultas que Dios hace en los sencillo.
Y luego pronunció estas palabras de revelación, porque el Evangelio, como continaumente insistimos en ello, siempre es revelación.

4. ¿Qué dijo Jesús? Jesús convocó a sus discípulos, es decir, a aquella comunidad mesiánica que nacía y de la que nosotros somos los continuadores. ¿Qué nos dijo Jesús?
Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
Esta es la lección que ha quedado en la Iglesia. Esta mujer era pobre, pasaba necesidad, pero no ha dudado en dar a Dios todo lo que tenía para vivir. Jesús pondera el amor, la limpieza, la totalidad de esta mujer, verdadera hija de Israel.

5. Dejemos correr ahora un poco la imaginación. Aquellos días de la semana andaba por Jerusalén la mujer que el día viernes había de estar junto al a cruz de su hijo. Es una suposición razonable.
¿Quién era esa pobre viuda que ha dado todo lo que tenía para vivir y a quién representa? Una viuda sin nombre ni historia que encarna a infinidad de mujeres sencillas de ayer, de hoy, de todos los tiempos.
Y con afecto del corazón podemos decir: María, la Madre de Jesús, está perfectamente representada en la viuda pobre del Evangelio. Desde el día que dijo “sí” María entregó a Dios todo lo que tenía para vivir, y ahora lo va a entregar de nuevo. María es la pobre del Señor.

6. La mujer viuda y pobre es una imagen para todos nosotros. Hemos de dar al Señor todo lo que tenemos para vivir, cada quien a su modo y manera. En el momento en que escribo estos pensamientos vengo de dar unos Ejercicios a una comunidad de religiosas contemplativas, 16 mujeres que en el silencio y en el amor, van desgranando su vida para el Señor, y orando día a día por las necesidades de sus hermanos. Allí a la entrada de su capilla tienen un tablero de papelitos con todas las intenciones que les encomiendan, y en sus oraciones continuamente rezan por todos los pobres y necesitados.
La viuda del Evangelio se llama Patrocinio, Andrea, María Auxilio, tres mujeres catalanas – capuchinas de la Divina Pastora – que pertenecen al grupo de 16 mártires beatificados hoy en Barcelona. ¿Qué delito han cometido esas mujeres de 59, 65, 66 años que han cuidado a unas niñas…, para que les den un tiro porque estorban? ¿Qué saben estas mujeres de mítines y de política?
Esa es la viuda pobre del Evangelio.
Hay tantas viudas pobres que merecen la alabanza de Jesús…
Una aplicación oportuna de este Evangelio acaso sea la consideración de tantas personas que viven solas – más mujeres que hombres – padeciendo una soledad dolorosa, que de alguna manera quisieran colmar. A mujeres de fe sí se les puede decir: Dios es tu riqueza y compañía. Él nunca ha de fallar.

Pero la enseñanza de Jesús no es solo para las viudas; es para todos.

Señor Jesús, que te quedaste admirado ante aquella viuda pobre y con su ejemplo nos diste una lección a todos, danos a nosotros, y a mí en particular un corazón sencillo, humilde y puro, para servir a Dios y a los hermanos. Amén.

Guadalajara, sábado 10 de noviembre de 2018.

viernes, 2 de noviembre de 2018 1 comentarios

1133 Dom. XXXI B – Jesús proclama el primero de todos los mandamientos


Jesús proclama el primero de todos los mandamientos
Mc 12,28-34

Texto evangélico:
28  Un escriba que oyó la discusión, viendo lo acertado de la respuesta, se acercó y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?». 29 Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: 30 amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. 31 El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». 32 El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; 33 y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». 34 Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Hermanos:
1. El centro de la fe de Israel es este pasaje soberano, escrito en el libro del Deuteronomio, capitulo 6:
Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón,

Es el Schemá, Yischrael, que como voz del cielo caen en el corazón de los hijos de Israel. Y no digo de los judíos, porque el verdadero Israel, dice san Pablo, somos nosotros, los hijos de Abraham que por la fe damos culto a Dios en espíritu y verdad.
Las Comunidades Catecumenales han tomado estas palabras del “Schemá” y las cantan en sus celebraciones, al unísono y a todo grito haciendo que resuenen en los corazones y en las paredes.
El texto sagrado del Deuteronomio sigue:
se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales.

2. Si el pueblo judío ha persistido en la historia y no ha sido borrado del mapa como tantos imperios que han caído, ha sido sencillamente por estas palabras. Su fe inquebrantable en Dios ha sustentado su historia.
Con este antecedente, hermanos, nos resulta grandioso y glorioso el Evangelio de Dios. Jesús ha proclamado el Schemá, que, como judío, todos los días, en su oración personal – así es de suponer – lo ha proclamado.
Se acerca, pues, el doctor de la Ley, y con palabra humilde y sincera, le pregunta: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Y Jesús le responde con la verdad de Dios.
Pudo decirle: el primer mandamiento que Dios dio al hombre cuando lo creó y lo bendijo es este: «Sed fecundos y multiplicaos, llenad las aguas del mar; y que las aves se multipliquen en la tierra» (Gen 1,28).
Pero no tomó estas palabras del primer capítulo del Génesis. Fue al centro más puro de la revelación y le dijo; «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”.

3. Al doctor de la Ley se le iluminó el rostro, porque también pensaba así. Israel y Jesús se encontraban en lo más bello y fascinante de la Ley, el amor de Dios.
Este amor de Dios no tiene más característica que la totalidad, la plenitud. Este amor de Dios, que es nuestra absoluta liberación, que es nuestro presente y nuestro futuro, que es el único mandamiento que vamos a cumplir en el cielo, cuando haya pasado este mundo, nos iguala a todos los hijos de Dios. Nos obliga, con dulce obligación, en todo tiempo y segundo del tiempo, por la mañana, al mediodía, a la tarde, a la noche. Y es exactamente el mismo para el niño que para el adulto, para el casado que para el célibe.
Este primerísimo y único mandamiento se podrá decir con otras palabras. Celebrábamos el 1 de noviembre la Solemnidad de todos los santos.
Podíamos recordar las palabras de Jesús:

“Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48). O lo que quedó escrito en las palabras de la primera carta de san Pedro: “Lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: Seréis santos, porque yo soy santo”. (1Pe 1,15-16).
Podíamos ir a lo que primero está dicho en el libro del Levítico, en la Ley de la santidad. “El Señor habló así a Moisés: «Di a la comunidad de los hijos de Israel: “Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. Respete cada uno a su madre y a su padre. Guardad mis sábados. Yo soy el Señor, vuestro Dios” (Levítico 19,1-3).

4. Es sublime, hermanos, que Dios sea la medida de nuestra vida, Dios y solo Dios. Parece increíble que podamos organizar la vida desde Dios, y confesar que Él, nuestro Creador, nuestro Padre, se interesa por nosotros – por nuestra familia, padres e hijos; por nuestro trabajo y economía; por nuestra salud… - y que de todo ello podando hacer una obra de amor total a Dios.
Para completar la lección al doctor bienintencionado, Jesús añade. “El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos»”. Queda definitivamente del todo claro que el amor total a Dios reclama desde dentro el amor total prójimo, y que el amor total al prójimo está pidiendo a gritos el amor total a Dios.

5. Es muy bello el final de este Evangelio, acaso el encuentro más hermoso de Jesús con la fe de su pueblo, que es el mayor anhelo de su corazón. Jesús nació judío y vivió y murió como judío, no es de una raza universal de todos y de nadie. El mayor dolor de Jesús fue el no verse comprendido por su puedo y verse rechazado, que es el problema que llevó san Pablo toda su vida.
Pero en esta escena, no. Aquí se encuentran Israel y Jesús. Jesús felicita al docto escriba: Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios».
Y esto es como una profecía de lo que la Iglesia está aguardando.
Si yo me encontrara con un judío de este talante, podría decirle con la Biblia en la mano: Hermano, yo te amo con todo mi corazón como me enseñó Moisés, y sé que tú me amas con los mismos sentimientos, porque has leído la Torá y la cumples. Que llegue pronto el día de nuestro encuentro ante el único Dios, el Dios de Abraham el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de Jesús.
Señor Jesús, termino mi homilía como todos los domingos con una súplica: Que esto que estoy predicando se cumpla ante ti, que por nosotros has muerto en la cruz. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes, 2 de noviembre de 2018

martes, 30 de octubre de 2018 0 comentarios

1132. Celebración del V aniversario del P. Ignacio Larrañaga (1928-2013)


Memoria de la Pascua del
Padre Ignacio Larrañaga
V aniversario
(28 oct. 2013 – 28 oct. 2018)

En la madrugada del 28 de octubre de 2013, en la fiesta de los santos Simón y Judas, aquí en Guadalajara moría santamente el capuchino P. Ignacio Larragaña (1928-1985). Los seguidores de los Talleres de Oración y Vida, nacidos en 1984, en varias decenas de Países, hablan de este día como de “la Pascua del P. Ignacio”.
Cada año hemos desgranado a su memoria un poema:
1)    Padre de amor infinito (2014),
2)    Padre Ignacio Larrañaga / tu memoria no se apaga (2015),
3)    La Pascua de los cristianos (2016);
4)    Vivir en Dios es real (2017).
5)    Y ahora (2018) el que viene a continuación.

1. Ser amado como hijo
por Dios que me quiere amar,
más allá de mis pecados,
por su entrañable bondad:
ese es el puro Evangelio
que Jesús vino a enseñar.

2. Y sentirse así acogido
por mi Padre celestial,
en confianza y abandono,
en total seguridad:
esa es mi dicha en la tierra
que nadie me ha de quitar.

3. A tus brazos, Padre amado,
con sencillez y humildad,
mi presente y  mi futuro
yo lo quiero confiar:
suceda lo que suceda
yo veré tu voluntad.

4. Ignacio, padre y hermano,
que me has enseñado a orar,
por ti a Jesús damos gracias
orando en la intimidad.
¡Somos hijos muy amados,
amémonos de verdad!

Mini-crónica
Desde este lugar donde me encuentro (Fraternidad de capuchinos / Privada Bugambilias 350 / Colonia Santa Rita / detrás de la Plaza México, de Avda. México, por más señas, a 39 km de la Casa de Oración de las Siervas de Jesús Sacramentado, en Ixtlahuacán de los Membrillos) acudimos a la Misa conmemorativa de este V aniversario del P. Ignacio, celebración preparada por la Coordinación Nacional México, Pacífico I, dirigida por el matrimonio de María Teresa de Jesús Gutiérrez Ramírez y Fermín Gustavo González Estrada. Presidía la celebración el sacerdote diocesano de esta arquidiócesis de Guadalajara Javier Sandoval Jiménez, que es en la actualidad el Asistente espiritual de Talleres de Oración y Vida. A su lado concelebraba quien esto escribe. Uno de los asistentes, haciendo un cálculo por los bancos de la capilla, me dijo que estaríamos, entre guías y familiares, unas 160 personas…
A la hora del Evangelio el P. Javier me invitó a proclamar la Palabra del Señor y predicar… Domingo del Evangelio del ciego de nacimiento (Mc 10,46-52), Domingo en que se clausura el Sínodo de Obispos (XV sesión ordinaria) sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, un documento de 60 páginas, bellísimo para nuestros disfrute,  que se entregaba al Papa el día anterior y que el Santo Padre autorizaba su publicación para conocimiento de todos.
Fue una celebración entrañable la de este mediodía. En una tarjeta de recuerdo, preparada por los Coordinadores, con foto y sonrisa del P. Ignacio, él nos hablaba: “¡Estoy en la Casa del Padre! De rodillas ante mi Padre estaré pidiendo por cada uno de los Guías. Siempre presente”.
Los Coordinadores Tere y Fermín acababan de llegar, d e madrugada la Asamblea Internacional celebrada en Brasil. De ellos pudimos saber que a la asamblea internacional asistieron 12 coordinaciones zonales con sus coordinadores nacionales de las siguientes zonas: América Central, Zona Andina, Asia, Brasil Caribe, Cono Sur 1, Cono Sur 2 Estados Unidos Europa, Luso Africana México Norte, México Sur. Y equipo internacional aproximadamente: 150 Guías.

Guadalajara, 30 de octubre de 2018.




sábado, 27 de octubre de 2018 0 comentarios

1131 - 354 Dom XXVIII B Jesús nos revela cuál es el verdadero seguimiento

jueves, 25 de octubre de 2018 0 comentarios

1130 Dom. XXX B – Jesús y el ciego de Jericó compadecido



Jesús y el ciego de Jericó compadecido
Mc 10,35-446-52


Texto evangélico:
46 Y llegan a Jericó. Y al salir él con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. 47 Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». 48 Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí». 49 Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole:
«Ánimo, levántate, que te llama». 50 Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
51 Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le contestó:
«Rabbuni, que recobre la vista». 52 Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha salvado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Hermanos:
1. El Evangelio hoy proclamado viene a renglón seguido del texto de san Marcos del Domingo pasado, que termina con aquella declaración de Jesús: El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate de mucho. Jesús camina, va hacia Jerusalén, y las líneas siguientes al anuncio de hoy son, la entrada de Jesús en Jerusalén, rumbo a su muerte, consagración última de su existencia. Son relatos que se suceden y cada uno de ellos es una montaña de teología, una revelación de la persona de Jesús, nuestro hermano, nuestro Salvador.
Como introducción a este Evangelio la liturgia dominical ha escogido un pasaje que se refiere a la vuelta de los cautivos del destierro a Jerusalén.
¡Qué hermosura y qué maravilla poder contemplar las acciones de Dios con ese espectáculo que nos transmiten las palabras de la Escritura!

2. He aquí, pues, cómo es introducido el Evangelio de hoy:
“Esto dice el Señor:
«Gritad de alegría por Jacob,
regocijaos por la flor de los pueblos;
proclamad, alabad y decid:
¡El Señor ha salvado a su pueblo,
ha salvado al resto de Israel!
Los traeré del país del norte,
los reuniré de los confines de la tierra.
Entre ellos habrá ciegos y cojos,
lo mismo preñadas que paridas:
volverá una enorme multitud. 
Vendrán todos llorando
y yo los guiaré entre consuelos;
los llevaré a torrentes de agua,
por camino llano, sin tropiezos.
Seré un padre para Israel,
Efraín será mi primogénito» (Jer 31.7-9).

3. El milagro del ciego de Jericó, cuando Jesús va camino de su muerte, transciende con mucho la circunstancia personal de un hombre necesitado y favorecido. Este milagro, como los demás. Cumple en Jesús las expectativas anunciadas por los Profetas, y de otra parte, mirando al futuro, anuncia t promete que Jesús va a hacer lo mismo con nosotros.
Bien podemos decir que nosotros somos el ciego junto al camino, a merced de la caridad de la gente. Una persona tan reducida por esa privación enorme de vida, cuyo apoyo y futuro es el ben corazón de los que pasan.
Y a veces, los gritos de los que no pueden hacer otra cosa sino gritar, nso molestan. Muchos lo increpaban para que se callara.
En la predicación de estos días he vuelto más de una vez a esa realidad bíblica, estremecedora, que vivimos en México, y que nos comparte estos días la televisión con verdadero sentimiento humanitarios. Se trata de una inmensa caravana, calculada en siete mil personas, la mayor parte hondureños, que desde hace días va atravesando los estados de México. Ayer, miércoles, ya había recorrido 120 kilómetros; tienen por delante más de 1.000, y en  esa caravana hay innumerables niños y mujeres. Ya la noticia es de irradiación mundial.

4. El ciego del evangelio, que por ser ciego es un pobre mendigo, es una persona que tienen nombre y familia. Se llama Bartimeo, es decir, el hijo de Timeo.
Es un ciego que pertenece a la Comunidad santa de Israel.
Es un ciego que cree en los profetas y en la esperanza de su pueblo. Y le han dicho que pasa Jesús Nazareno.
Aquí se ha despertado, y se ha encendido la fe.
Lo que sigue es un relato humano, sí, pero es, sobre todo, el relato espiritual de lo que acontece en el encuentro entre Jesús y  un hombre pobre y humilde a quien se le ha dado el regalo de la fe.

5. Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí. ¿De dónde sabe este hombre que js es el Hijo de David? ¿Quién el ha catequizado? ¿Quién s elo ha enseñado. Js le dijo a Pedro, en al confesión de Cesarea, que eso no te lo ha enseñado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Este hombre, pobre y mendigo, ha recibido del Padre del cielo este don inmenso: el conocimiento de Jesús, que nos e alcanza sino por la fe. Este hombre es un creyente. Y desde su fe grita, aunque algunos se sientan molestos. Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí».
Es una fe activa, operativa, que llegó al corazón de Jesús.
-         Llamadlo.
Cuando le han dicho que el Maestro le llama, al punto soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Y aquí se produce el diálogo salvador:
-         ¿Qué quiere que haga por ti?
-         Rabbubí, que recobre la vista.

6. La palabra sagrada de Jesús, llega hoy hasta nosotros, hasta la santa Iglesia: Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha salvado.
Este es el milagro, hermanos, el milagro de la fe. En la fe está la salvación, y la salvación es la salvación integral de la persona, el alma y el cuerpo. No hace falta que siempre se manifieste en el cuerpo.
La fe en Jesús es la que nos salva, la que nos da la verdadera salvación.
Ahora bien, hermanos, este episodio no termina aquí. La salvación que se ha operado en este ciego iluminado, sanada en cuerpo y alma, tiene un signo esplendoroso: es el signo del seguimiento.
Este hombre no vuelve ahora a su familia, este hombre se incorpora al seguimiento de los discípulos rumbo a Jerusalén.
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
 Hemos contemplado todo un itinerario de fe, hermano. Hemos visto el encuentro de la miseria humana y de la compasión del corazón.
Acaso esté leyendo mi historia sin haberme dado cuenta de ello.
Cada uno de nosotros examine su caso persona.
Yo soy un creyente de Jesús. Yo soy alguien que ha confesado su poder divino. Y quizás sea alguien que se ha adherido junto a él y le va siguiendo por el camino.
¿Por qué no sigo siendo el ciego, el pobre junto al camino? Por la pura misericordia de Dios?

Jesús, Rabbuní, te agradezco de todo corazón que en ti se haya mostrado la misericordia del Padre para conmigo. Haz que mi vida sea un canto de amor, y que te siga siempre por el camino.

Cuautitlán Izcalli, Casa de Formación de las hermanas clarisas capuchinas en este momento 47 junioras), jueves 25 de octubre de 2018.

 
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