martes, 19 de septiembre de 2017 0 comentarios

991. Terremoto de México - Oración tras el temblor



Oración tras el temblor
México, 19 septiembre 2017, 
memoria del 19 de septiembre de 1985

1. Solidaridad se llama
la gracia de esta desgracia:
¡álzate, México, en pie,
mientras se quiebran las casas!

2. Es hermoso contemplar
cómo el dolor nos iguala,
y saca bellos sentires
que Dios germina en las almas.

3. Hoy vuelvo a mi corazón
para saber lo que pasa;
el silencio es la respuesta
la adoración es mi habla.

4. Dios es sorpresa infinita
que adentro palpita y ama,
y en la Cruz del Hijo amado
quedó dicha su Palabra.

5. El sufrimiento fraterno
redima culpas que dañan,
y la fe bruñida a fuego
me dé la perseverancia.

6. Dios que truena trepidante
seas ya caricia y calma;
seas banquete de amor
en la tierra apaciguada.

7. Y hágase tu voluntad,
Dios presencia que me sacia,
Dios de amor, a ti te adoro,
haz de mí lo que te plazca.

Desde Guadalajara, Jalisco,
19 septiembre 2017
viernes, 15 de septiembre de 2017 2 comentarios

990. Domingo XXIII A – Jesús nos enseña a amar y perdonar



Jesús nos enseña a amar y perdonar
Mateo 18,21-35


21 Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». 22 Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
23 Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. 24 Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. 25 Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. 26 El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. 27 Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. 28 Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. 29 El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. 30 Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. 31 Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. 32 Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. 33 ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. 34 Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. 35 Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano»

Hermanos:
1. Terminamos el Evangelio de la última semana con esta frase dulcísima de Jesús: Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ello.
Esta palabra de Jesús, el Señor, nos dice que la Iglesia es una comunidad de amor; nos dice, o, al menos, nos puede decir, que si dos cristianos, con puro corazón, se juntan en la tierra en sincera unión de amor son todopoderosos ante el Padre celestial por Jesús, en Jesús, desde Jesús.
A Dios, como Padre que es, se le puede pedir todo, hasta lo que parece imposible, la conversión del pecador.
A esta frase sigue el Evangelio de hoy: una pregunta de Pedro con una respuesta sorprendente del Señor, y una parábola que Jesús añade, fantástica (es decir, llena de fantasía) y escandalosa, que nos deja lo mismo y más sorprendidos.
Una Iglesia del amor es una Iglesia del perdón. No cabe una cosa sin la otra, dada la fragilidad humana. Radicalmente nosotros, comunidad de Jesús, somos una comunidad de pecadores, perdonados, infinitamente amados. En esta perspectiva el perdón se hace dulce como el amor.

2. Hermanos, al pensar estas cosas, uno que como hijo de Dios se cree ciudadano del mundo, si bien la biología y la “química” (como hoy dicen) nos aten a una tierra particular, a personas muy concretas que se van cruzando en el camino de nuestra vida, al pensar estas cosas… uno no puede menos de pensar en el contexto de realidades que vamos viviendo, y que nos dejan íntimamente pesarosos, y acaso profundamente turbados.
Soy español y como la sangre no es agua, no puedo menos de estar consternado ante lo que los periódicos día a día me dicen de mi tierra. Si todo hijo de Dios tiene derecho a pensar, porque el mundo entero Dios se lo ha dado a sus hijos, ¿no habrá otros medios razonables de plasmar nuestros pensamientos y sentires, nuestros anhelos y diferencias?
Hace muchos años, estando en mi tierra, vi que unos jóvenes habían prendido fuego a una librería. Y pensé: Quien es capaz de quemar un libro, un día será capaz de matar a una persona. Creo que no me equivocaba. Y hoy veo que queman la bandera de Francia, de España, de la Unión Europa… Y vuelve aquel siniestro pensamiento: Quien es capaz de quemar una bandera, será capaz de matar a una persona. Y sigo: Quien es capaz de matar a una persona es capaz de matar a mil personas. Y hasta el final: Quien es capaz de matar a un hombre, será capaz en su locura – porque el pecado es locura - de aniquilar el mundo entero si tiene una bomba universal en sus manos.

3. Jesús ha puesto en la parábola un ejemplo absurdo, horrísono. Ha hablado de vender a la mujer y a los hijos. ¿Es que en tiempos de Jesús ocurría tal barbarie? Cierto que no. Entonces ¿por qué pone él como ejemplo esa monstruosidad para explicar su doctrina?
Porque eso, que no existe en la crónica política de la vida, sí que existe en la maldad radical de nuestros corazón. Somos capaces…, no hablemos en genérico; hablemos en particular: Yo soy capaz de matar, de destruir…, de hacer que el mundo vuelva a la nada. Yo, precisamente, que siento dentro de mí los deseos más divinos. ¿Quién entiende esta contradicción inherente al ser humano?
Cuando hace unos meses, al relevo del Presidente de los Estados Unidos, se habló de levantar un muro entre México y Estados Unidos, saltó una pregunta en las personas de bien. Pero ¿es verdad o es una broma? ¿Esto va en serio? ¿Estamos en el siglo XXI de la nueva Era de la Humanidad?
Pero estos días llegan noticias mortíferas de pruebas de nucleares que son muchísimos más destructivas que la bomba atómica que arrasó Hiroshima con millares de seres humanos inocentes.
Y todas las amenazas del Yihadismo…, que nos están diciendo a gritos que, a pesar de todos los avances humanos de humanidad y comprensión, estamos en los días más agresivos que recuerda la historia humana. ¿Esta es la época que nos ha tocado cruzar en los breves días de nuestra humana existencia? Esta es. O acaso no hay más malas y peores, sino que en toda época el hombre se ve enfrentado con su pecado, con su capacidad destructiva.

4. Y en este contexto, justamente en este contexto, a mí, cristiano, llega la pregunta que Pedro hace a su Maestro. «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
¿Qué responde Jesús? Que el perdón por su propia naturaleza es infinito, porque el perdón es un acto divino.

5. Fijémonos, hermanos, en dónde está la novedad de la doctrina de Jesús. La novedad de Jesús está en que él quiere asimilar la conducta humana a la conducta de Dios. Esta es la tesis: Exactamente como Dios obra con el hombre, así debe obrar el hombre como el hombre. Mejor dicho: Exactamente igual a como el Padre Dios obra con cada uno de nosotros, que somos sus hijos, exac mente igual debemos obrar nosotros con nada uno de los hombres, que son nuestros hermanos.
Esto es lo que nosotros enseñamos en nuestras iglesias y capillas y esto es lo que debemos enseñar en el foro de las naciones. Hay un Dios poderoso, Dios lleno de amor. Hay un Dios que nos perdonar. Así debemos amar y perdonar.
La conclusión del Evangelio nos estremece: Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.
 Quedémonos con esa frase final: perdonar de corazón a mi hermano, de corazón, de corazón.

6. Señor, Dios mío, he pedido y recibido tu perdón y con tu perdón me presentaré ante ti. Pido perdón a todos los que en mi vida, queriendo o sin querer, haya ofendido. Y a mí vez, ofrezco mi perdón a quienes, queriendo o sin querer, me han ofendido. Sois mis hermanos. Amén.

Guadalajara, Jalisco, 15 de septiembre de 2017, Nuestra Señora de los Dolores.
sábado, 9 de septiembre de 2017 0 comentarios

989. Domingo XXIII A – Jesús en su comunidad frágil y creyente



Jesús en su comunidad frágil y creyente
Mateo 18,15-20


Texto del Evangelio
                15 Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. 16 Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. 17 Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. 18 En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.
19 Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Hermanos:
1. Vamos a comenzar a interpretar esa sección del Evangelio desde la frase final, y desde aquí trataremos de tomar perspectiva para entender lo que nos dice Jesús acerca del pecado y la comunidad. Donde hay hombres hay pecado, y donde hay pecado hay una llamada de perdón y reconciliación.
Dice, pues, el Señor: donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Es una de esas frases nuevas en la historia de la humanidad, que son el retrato de su propia identidad, de lo que él piensa de sí y de la que nosotros le tributamos. Esta presencia de Jesús en medio de los suyos no es esa presencia memorial, que tantas veces ocurre en los funerales. “Te has marchado, pero estás con nosotros. Tu recuerdo permanecerá siempre con nosotros”.
La memoria de Jesús en medio de nosotros no es una simple memoria afectuosa, una referencia del corazón de aquel a quien un día escogimos como maestro. Yo puedo tener esa referencia de mi padre y de mi madre, y puedo reavivar esta memoria mediante una foto que he mandado enmarcar para que nunca se borre su recuerdo visible: que sepan los hijos y los nietos quién fue el padre y la madre, a quienes profesamos un cariño que dura hasta la muerte.
Todo esto es digno y laudable, y puede resultar profundamente educativo para mantener la unidad familiar.

2. Pues, bien, hermanos, siendo todo esto tan bello, aquí no hablamos de un recuerdo rememorativo de Jesús, sino que hablamos de algo más profundo, de la presencia real de Jesús en medio de su comunidad. Esta presencia de Jesús en medio de los suyos es de orden sacramental, mistérico, y, sobre todo, de orden celebrativo.
Los libros litúrgicos nos hablan de cuatro clases de presencias de Cristo cuando se celebra la Eucaristía:
Está presente el Señor en al asamblea, reunida en su nombre.
Está presente en el sacerdote que presidente y que encarna sacramentalmente a Jesús; de otra manera no podría pronunciar las palabras consecratorias.
Está presente cuando se proclaman las Escrituras y se las explica.
Está presente en el pan y el vino consagrados, presencia que es del todo singular, pero que en nada quita el realismo espiritual y verdadero a los otros  modos de presencia.

3. Jesús ha dignificado de tal manera su presencia en la comunidad que nos ha dicho, tan significativamente, que bastan dos o tres para que él venga a habitar en medio, como la Shekináh, la Presencia de Dios reposaba en Israel. Acaso Jesús está diciendo que no es necesario lograr un “quorum” de 10 personas para constituir asamblea litúrgica, miktán, como ha querido la tradición de Israel. O acaso…, acaso…, transcendiendo toda liturgia, Jesús nos esté diciendo que donde dos nos juntamos “a su nombre” (es la expresión dinámica original), para honrarle a él porque tenemos fe en él…, entonces él mismo se hace presente.
Y hay más: al hacerse él presente, la mini-comunidad, enlazada a Jesús, queda enlaza al Padre. Allí estoy yo con vosotros, nos dice Jesús. Tenemos derecho a pensar que una fuerte y seria amistad entre dos cristianos por la causa de Jesús es garantía de la presencia de Jesús. La presencia de Jesús, del Hijo amado del Padre, es eficaz.
Y afirma el Señor. “Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos”.  ¡Qué cosa ínfimamente amable esta de tener la seguridad de nuestra unión con Jesús, sincera y total, es garantía plena de que nuestra petición es escuchada!
Ayer (8 de septiembre) decía el Papa en su homilía en Villavicencio, en Colombia: “¡Basta una persona buena para que haya esperanza! ¡No lo olviden, basta una persona buena para que haya esperanza! ¡Y cada uno de nosotros puede ser esa persona!”. Les hablaba en concreto de esos procesos de reconciliación, a los que siempre debemos estar abiertos, en un país terriblemente maltratado como ha sido Colombia.
Donde hay una persona buena…, pero ¡si se juntan dos personas buenas, y se juntan en nombre de Jesús! Entonces la esperanza se hace infinitamente bella y adquiere las dimensiones de las palabras de Jesús en el Evangelio.

4. Esta comunidad de Jesús, que somos  nosotros, es decir, nosotros en la tierra, unidos ciertamente a los que ya han llegado a la patria, esta comunidad de nosotros es una comunidad de pecadores. Puede llegar el momento en el que el pecado ya no sea la rutina del cada día, sino algo realmente serio y grave. Y aquí encontramos una norma de proceder, que es una praxis de vida eclesial en los primeros días del cristianismo. Los tres pasos que hay que dar en caso del fallo serio del hermano:
- la corrección fraterna, a solas,
- la corrección testimonial ante dos testigos,
- el pronunciamiento judicial ante la comunidad.
Era, por lo demás, una praxis judía. En los tiempos de Jesús existía en las cuevas del Mar Muerto la comunidad de Qunrán, que tenían sus maestros, su disciplina y su praxis.
En las órdenes religiosas es una praxis aceptada. Si el religioso o la religiosa ha tenido un comportamiento indigno, el superior o la superiora lo corrige a solas, en caridad. Si no se sigue la enmienda y la cosa continúa, entonces viene lo que se llama la “amonestación canónica”, que se hace por escrito y en presencia de dos testigos. Y si esto no resultara, en la tercera amonestación canónica se presenta el caso a la Santa Sede para que haya un decreto de expulsión. Pero nunca jamás se puede hacer nada de este desde la venganza, sino desde el amor y la misericordia, mirando únicamente el bien de los hermanos, el bien de la comunidad convocada en el nombre del Señor.
El derecho penal de la Iglesia es un derecho desde la Misericordia y para la Misericordia, siempre abierta la puerta al arrepentimiento y a la reconciliación.

Escribiendo esta homilía desde México, nuestro recuerdo y solidaridad por lo que están sufriendo tantas personas, por el terremoto ocurrido en la noche del 7 al ocho. La tierra tiembla con un movimiento que empieza a 19 km bajo el suelo. 50 muertos según datos oficiales hasta ahora. Con escenas particularmente conmovedoras: dos bebés conectados a máquina respiratoria; se corta la electricidad, mueren los niños.
Dios Creador también está en la naturaleza, sin que nosotros tengamos que pedirle cuentas.

5. Concluyamos, hermanos, mirando a Jesús. Señor Jesús, nosotros confesamos que la belleza de la Iglesia eres tú. Danos ojos limpios para encontrarte, y danos el gozo incomparable de sentir que tú estás presente en medio de nosotros. Que tu presencia sea nuestra seguridad y nuestra fortaleza. Amén.

Guadalajara, Jalisco, sábado 9 septiembre 2017.
 
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