viernes, 27 de noviembre de 2020

1458. Domingo I de Adviento, 2020-2021, ciclo B – Jesús nos anuncia su venida


Jesús nos anuncia su venida

Mc 13,31-37


Texto evangélico

 33 Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. 34 Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. 35 Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: 36 no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. 37 Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».

Hermanos:

1. Hoy iniciamos el nuevo “ciclo” de los misterios que anualmente celebra la Iglesia. Iniciamos el año pascual 2021. La Pascua del Señor, que este año cae el día 4 de abril.  Se prepara con la Cuaresma, que son 40 días; y se vive con el tiempo pascual, que son cincuenta días, los cuales son como un domingo sin interrupción, presididos por la gloria de Jesús Resucitado, que es el centro de toda  la espiritualidad de la Iglesia.

En correspondencia con ese misterio pascual, que es el contenido de cada domingo del año – el domingo es la “fiesta primordial” de los cristianos, nos ha dicho el Concilio – en correspondencia con ese tiempo, celebramos este conjunto de domingo que llamamos: Adviento, Navidad, Epifanía. Hoy iniciamos el Adviento, y con él arranca el nuevo ciclo.

2. Adviento es una palabra latina que significa “la llegada” (en griego se dice parusía). Notémoslo bien; Adviento no es la espera, sino la llegada. Si decimos que el Adviento es la preparación de la Navidad decimos una verdad a media. Adviento significa llegada, Navidad significa: Nacimiento, Epifanía significa manifestación. Tres palabras que aluden a una última realidad que es la misma: la comunicación de Dios con los hombres.

3. Adviento la llegada, Dios llegó un día. Dios llega, Dios llegará, Y el evangelio de hoy, primer domingo de Adviento, este domingo y todos los años, al abrir el Adviento, está centrado en esa llegada que nos prometió Jesús. Jesús lo explica con una parábola: Un hombre que se va de viaje, que deja todo organizado y encargado, y que da una orden: que estén preparados en todo momento, porque un día vendré, volveré. Lo acabamos de escuchar: Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer. Son las cuatro partes en que el calendario romano dividía la mitad del día.

Cuando san Pablo se dirigía a la comunidad de Corinto, les hablaba así de esta venida del señor. Al saludarles, al comienzo de la primera carta, les decía. “…no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor” (1Cor 1,7-9).

Este es el ideal de nuestra vida cristianas: mantenernos enteros y firmes, vivir de tal forma que seamos irreprensibles en el momento del encuentro. Y esto es posible; pero fijémonos bien en la razón que Pablo nos da: Fiel es Dios.

Creer en la existencia y en la soberanía de Dios es lo que pacifica el corazón y pone las cosas en orden en medio de toda situación humana, pase lo que pase, y actualmente en esta prolongada situación de la pandemia.

4. La semana pasada se juntaron los obispos de la conferencia episcopal, como siempre lo hace en el mes de noviembre. El punto central de este encuentro era el análisis de esta situación, para ver por una parte cuál es la respuesta que está dando el estado como tal, y cuál es la respuesta que debe dar y está dando la Iglesia. Y al final se dio un documento muy amplio para nuestra reflexión: “Sobre la situación social creada por la pandemia”.

En el análisis de los hechos la dura realidad se presentaba así: “Hace poco más de un año, el VIII Informe ‘que daba Cáritas’ (FOESSA [Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada]) nos alertaba, en un contexto de crecimiento económico, de que 8,5 millones de personas estaban en una situación de exclusión social en nuestro país. De estas personas, 1,2 millones viven en la supervivencia pura y dura, y otros seis millones temían que la próxima sacudida se los llevara por delante. Pues bien, la pandemia ha venido a agravar la situación, a evidenciar las rupturas, tendencia y fallos de nuestra sociedad. Así ha dejado al descubierto una estructura social precaria, una desigualdad profunda, una falta de oportunidades para los últimos, una protección social claramente insuficiente y una comunidad debilitada que, aunque resurgió en el primer momento de la crisis, no es capaz de mantener la llama viva para avanzar hacia la “nueva normalidad”.

5. En medio de esta situación, ¿Dios está presente? Sin duda. Pero hay que tener ojos de fe para verlo, para clamar a él y actuar en consecuencia. Hemos leído una oración bellísima, sorprendente de tiempos difíciles, que se encuentra en los capítulos finales del libro de Isaías. El pueblo se sentía como abandonado por Dios para atreverse a orar: “Somos desde hace tiempo aquellos sobre los que tú ya no gobiernas, | los que no llevamos ya tu nombre. | ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses! | En tu presencia se estremecerían las montañas…” (Is 63,19).

Y en medio de esta grandísima tribulación, lo más precioso de esta oración es que el pueblo se lanzaba a llamar a Dios “Padre”, y se refugiaba en la ternura de este Padre.

“¡Tú eres nuestro padre! | Abrahán nos desconoce, Israel nos ignora. | Tú, Señor, eres nuestro padre, | tu nombre desde siempre es «nuestro Libertador»” (63,16).

Y siguiendo con estos sentimientos, en el mismo texto sagrado, oramos: “Señor, tú eres nuestro padre, | nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero: | todos somos obra de tu mano” (Is 64,7).

 

6. Si es verdad que Dios es nuestro Padre, entonces es verdad que Dios está presente en medio de todo lo que nos pasa. Pensando en estas cosas, y preparando en tales circunstancias me he atrevido a pensar que la Pandemia es la cuna en que nació y nace el niño Jesús, y cantar la Navidad que nos viene con este villancico:

 

La Pandemia es una cuna

para que Dios entre en ella,

y llene los continentes

con su divina presencia.

 

La Pandemia es el pesebre

que el Verbo de Dios anhela,

lo que Él escogió muy libre

naciendo en nuestra pobreza.

 

La Pandemia es Navidad

con misteriosa belleza,

que explica la Encarnación,

que es el amor sin defensa.

 

Hermanos, Dios está presente. Tengamos ojos para verlo. Decía un teólogo de gran renombre: “Cuando el cielo se vacía de Dios, la tierra se llena de ídolos” (Karl Barth).

Es así. Los ídolos abundan, pero los ídolos no van a resolver lo que anhela nuestro corazón.

Señor Jesús, Tú anunciaste tu venida. Te pedimos lo que tú nos pediste: que estemos en todo instante preparados, para recibirte, no con miedo, sino con alegría, porque tú eres nuestra liberación. Amén.

Madrid, viernes, 27 noviembre 2020.

domingo, 22 de noviembre de 2020

1457. La Pandemia es una cuna - Primer villancico de Navidad 2020


La Pandemia es una cuna

Primer villancico de Navidad 2020

La Pandemia sigue y sigue. Acaba de cumplir un año desde que se manifestó en China. Madrid confinado el 4 al 13 de diciembre, y a ver si así en Navidad podemos circular. Y en estas circunstancias he aquí el primer Villancico, preparando la Navidad de este año de la Pandemia. Un villancico escrito después de leer un documento que nos estremece al ver la realidad con detalles y números: “Sobre la situación social creada por la Pandemia”, que nos entrega la Conferencia Episcopal Española, al final de su reunión otoñal (16-20 noviembre 2020).

En el documento se recogen los datos crueles que han transmitido los diez departamentos que trabajan en la proyección social del Evangelio, que son: Cáritas / Migraciones / Pastoral del Trabajo / Departamento de Turismo / Departamentos de movilidad humana: gitanos, ferias, circos y carreteras / Apostolado del Mar “Stella Maris” / Pastoral Penitenciaria / Trata de personas / Justicia y Paz / Semanas Sociales.

Pensemos, por ejemplo, que Caritas nos hace saber: “Especialmente preocupante es el escenario de unas 200.000 personas acompañadas por Cáritas que ya no contaban con ningún ingreso económico el pasado mes de septiembre…”

En estas circunstancias ¿podemos poetizar espiritualmente con la Pandemia? Si hay una revelación en humildad y fe, sí. La Pandemia es revelación del misterio de la Encarnación, de aquel que se hizo uno de nosotros hasta lo último.

 

La Pandemia es una cuna

para que Dios entre en ella,

y llene los continentes

con su divina presencia.

 

La Pandemia es el pesebre

que el Verbo de Dios anhela,

lo que Él escogió muy libre

naciendo en nuestra pobreza.

 

La Pandemia es Navidad

con misteriosa belleza,

que explica la Encarnación,

que es el amor sin defensa.

 

La Pandemia que ha cumplido

un año ya en el planeta,

está diciendo a los sabios

que Dios es más que la ciencia.

 

La Pandemia vino al mundo

de una bacteria milésima

y ha matado a más humanos

que los tanques en la guerra.

 

La Pandemia está diciendo:

discurrid con la cabeza,

y ved tras mi cabecita

al Dueño de las estrellas.

 

La Pandemia está anunciando:

Ya me iré, no tengáis pena;

Pero aprended la lección

que mi visita os deja.

 

Que sois frágiles del todo

y es demonio la soberbia,

y que sois Fratelli tutti

y nadie por más se tenga.

 

Pandemia que en Navidad

al Hijo de Dios nos muestra;

¡Dios mío, no te veía,

y estabas tan cerca…, cerca!

 

Dios mío, virus de amor,

que en mi pecho se aposenta,

yo quiero esta enfermedad

y con ella viva y muera.

 

Dios Encarnado, metido

en mi carne y en mis venas:

tú eres hoy mi Navidad

y un día mi vida eterna. Amén

Madrid, 21 noviembre 2020, Presentación de María.