domingo, 30 de enero de 2022

1733. En comunión de amor participamos – Himno para el Día de la vida consagrada 2022

 En comunión de amor participamos

“Comunión, participación, misión” es la pauta y eslogan para avanzar en una “Iglesia Sinodal”, tarea en al que quedamos comprometidos todos los hijos de la Iglesia. La Congregación para la Vida Consagrada nos escribe para el Día de la Vida Consagrada (Presentación del Señor, 2 de febrero): “La incitación el año pasado había sido poner en práctica la espiritualidad de comunión… Este año nos centramos en la segunda palabra del sínodo como invitación a que cada uno de nosotros haga su propia parte, es decir, una invitación a participar: ninguno se excluya, ni se sienta excluido en este camino, ninguno, ninguna piense que no me corresponde”.

“La primera característica de la participación es la pertenencia”.

“Mientras recorremos este camino eclesial peguntémonos, queridos hermanos y hermanas, qué tipo de escucha vivimos en nuestras comunidades: ¿quiénes son las hermanas, los hermanos a quienes y escuchamos? Y antes aún, ¿por qué los escuchamos”.

“La escucha, que significa hacer lugar al otro en nuestra vida tomando en serio aquello que para él es importante”.

Meditando este mensaje de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida apostólica, surge este himno, brota este himno, que acaso pueda tener su utilidad en la oración de este día.

 

En comunión de amor participamos

en tu obra, Jesús, tu santa Iglesia;

hermanos nos hiciste y queremos,

en escucha y unión vivir tu herencia.

 

Tu Iglesia sinodal bien nos sentimos,

unidos sin faltar en la tarea;

tú repartes gracias y carismas

y creas una misma pertenencia.

 

Que se sienta escuchado y acogido

mi hermano en aquello que desea,

y encuentre en mí el bálsamo a su herida

y el apoyo sincero en su faena.

 

Por la mano intercesora de María,

acepta, mi Señor, la humilde ofrenda,

soy tuyo, muy feliz por tu mirada

y quiero hacer mi parte en tu parcela.

 

¡Honor a ti, Jesús, hoy presentado,

cual Hijo y Redentor en carne nuestra

honor a ti, que colmas los deseos

que tú mismo pusiste en nuestras venas! Amén.

Jerusalén, domingo 30 de enero de 2022.

viernes, 28 de enero de 2022

1732 Dom. IV,C – Jesús en la sinagoga de su pueblo

 

Jesús en la sinagoga de su pueblo

Lc 4,21-30

 

Texto evangélico:

Y él [Jesús]comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». 22 Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?».

23 Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún». 24 Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. 25 Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; 26 sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. 27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».

28 Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos 29 y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. 30 Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

 

Hermanos:

1. ¿De qué trata el Evangelio? Del fracaso que tuvo Jesús predicando en su pueblo.

Son frases increíbles las que san Lucas pone al final del relato: levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.

Cuando se escriben estas cosas hacía años que Jesús había muerto, y también había resucitado. En torno a él había nacido una comunidad de fe, la primera comunidad cristiana, que es la que nosotros continuamos. Y san Lucas, al escribir esta escena, justo al principio de la vida pública de Jesús de Nazaret, nos quiere representar anticipado lo que fue el resultado de su vida. Jesús amó a su pueblo con todo su corazón, a su pueblo de Israel, que tenía detrás de sí toda la historia maravillosa de amor, que cuentan los libros de la Biblia, Jesús había venido, ante todo, para las ovejas de la casa de Israel, y precisamente las autoridades del pueblo elegido lo rechazaron.

San Juan, al principio del Evangelio, hace un canto triunfal a Jesús, Verbo de Dios que se hizo carne y habitó entre nosotros, y en esta especie de himno espiritual de entrada en el Evangelio, dice; “Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron”. No obstante, continúa: pero a cuantos le recibieron les dio el poder de ser hijos de Dios

2. Este es, pues, el escenario de algo muy duro. Ahora bien, hermanos, el Evangelio es siempre Evangelio de salvación para todo el que lo acoge con fe. Por eso, si nos quedamos en las palabras que estoy diciendo, no entramos en el mensaje que Dios nos quiere dar, mensaje de salvación, de alegría, de esperanza.

La verdad es que san Lucas ha compuesto una extraña escena. Comenzó Jesús la predicación con un texto maravilloso del profeta Isaías, que se lo aplicó a si  mismo: El Señor me ha ungido para llevar la Buena noticia a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Esto era maravilloso. Y ahora Jesús añadió: Esto se está cumpliendo hoy.

Nadie había podido hablar con se tono, identificarse con ese mensaje, y personalizarlo.

3. La respuesta lógica a este mensaje tenía que haber sido. ¡Bendito sea el Señor, que nos muestra estas maravillas! ¿Qué tenemos que hacer para acoger tanta gracia?

Pero tristemente  la respuesta fue la crítica. En este pueblo nos conocemos todos, y sabemos quién eres y cuál es tu familia. A ver, haz aquí esas cosas maravillosas que dicen que has hecho en Cafarnaúm.

Hermanos, la experiencia de la vida, conforme van pasando rápidos los años, nos dice que a Dios hay que recibirlo con sencillez, con humildad y con alegría; que a Dios no tenemos que pedirle pruebas… Los corazones sencillos ven las obras de Dios, y las disfrutan; e incluso Dios se sirve de ellos para seguir haciendo nuevas maravillas.

Ante esas actitudes de orgullo, de crítica, de autosuficiencia Jesús se encontró con las manos atadas.

Les recordó a dos profetas muy conocidos: a Elías, que socorrió la viuda de Sarepta, una mujer sencilla y pobre, que le dio hospedaje, y el profeta hasta le dio vida al hijo de la viuda, que yacía en el lecho apenas muerto; y les recordó al profeta Eliseo, discípulo de Elías, que curó al leproso Naamán, de Siria.

4. Hermanos, Dios está dispuesto a hacer maravillas, si yo soy humilde y sencillo y le doy entrada en mi corazón. Maravillas en mi corazón, y a través de mi corazón en otros, porque Dios es amor, y sus designios son designios de amor y de paz.

Del Evangelio, hermanos, siempre se pueden sacar diversas consideraciones, según la perspectiva que uno tome.

En este momento quisiera una, sin querer decir con ello que otras muchas son posibles, como el Señor inspire.

La consideración es esta: no caigamos en la crítica como aquellos habitantes de Nazaret, que les impidió ver el mensaje hermoso que Jesús traía consigo. Podemos caer en una crítica de las cosas de la Iglesia, de los ministros de Dios, de cosas que quisiéramos fueran distintas; pero insistir sobre esto nos ciegan los ojos para ver el mensaje de salvación que Dios nos envía, y la alegría que podemos sacar de tanta bondad derramada en el mundo y que los ojos de los sencillos las contemplan.

Mirar el lado positivo de las cosas, comenzando incluso por nosotros mismos, saber apreciar lo bueno, y animarnos desde ahí a sacar mayor bien y esperanza.

5. San Marcos, cuando refiere la visita de Jesús a Nazaret, no al principio, sino cuando iba ya avanzada la vida del Señor, nos cuenta las críticas que le hicieron. Y en su relato nos indica: “Jesús Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe” (Jn 6,4-6).

Como vemos, Jesús mismo quedó sorprendido de la reacción de su pueblo, y no pudo obrar ningún milagro. Pero sí, como corrigiéndose a sí mismo el evangelista: Sí pudo curar algunos enfermos, imponiéndoles las manos. Aquellos sí tenían fe, y donde hay fe entra la gracia de Dios.

 

6. Mirar la vida por el lado positivo no es una ficción, si en realidad ese lado positivo existe, como es verdad que sí existe. Hoy justamente, en la segunda lectura, avanzando en el conocimiento de las cartas de san Pablo, que las vamos leyendo progresivamente, tenemos ese párrafo sublime del Apóstol que es un canto al amor que Dios pone en los corazones, el Himno a la caridad. Cuántos jóvenes, el día de su matrimonio, entre las varias lecturas que posibilita el rito sagrado, han escogido esta página, que al quieren tomar como el propósito de su vida, el capítulo 13 de la primera carta a los Corintios:

Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde. 2 Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada.

¿Qué será, pues, ese divino tesoro del amor? Es el amor que Dios pone en el corazón y que se manifiesta en la rutina de cada día:

El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1Cor 13,4-7).

El amor es lo único que va a quedar en el cielo. Todo lo demás habrá pasado. Esta es una verdad eterna, que nos consuela y nos da fortaleza y esperanza.

Concluyamos mirando a Jesús:

Señor Jesús: un día predicaste en la sinagoga de Nazaret, y hoy continúas predicando en todas nuestras iglesias. Que sepamos recibir tu Palabra como Palabra de Dios, Palabra de vida; y que toda nuestra existencia esté llena de tu amor, alegría y esperanza. Amén.

Jerusalén, viernes 29 enero 2022.