sábado, 22 de enero de 2022

1727. DOM III,C - Jesús nos explica las santas Escrituras

 Jesús nos explica las santas Escrituras 


Texto evangélico

Lc1 1 Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, 2 como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, 3 también yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, 4 para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

 

          14 Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. 15 Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.

          El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido16 Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. 17 Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: 18 «. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; 19 a proclamar el año de gracia del Señor». 20 Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. 21 Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

 

Hermanos:

1. Hace un par de años el Papa lanzó al mundo católico una iniciativa que esperamos con que el tiempo produzca muchos frutos de florecimiento de vida cristiana. Esta iniciativa era dedicar un domingo, el Domingo III del ciclo ordinario, que sigue a la Navidad, y que es precisamente hoy, para hablar de la Biblia, de las santas Escrituras, para inculcar a los fieles el amor a al Palabra de Dios; en fin, para hacer que realmente sea la Palabra de Dios, y sobre todo el Evangelio, la verdadera fuente de nuestra espiritualidad, de nuestros criterios. En fin, que la Palabra de Dios sea un manantial de gozo, de ese gozo que yo experimento cuando leo una carta que mucho esperaba, porque es la carta de la persona que más quiero. Ya desde antiguo dijeron los santos Padres que la Escritura es una carta que Dios nos envía.

 

2. Hermanos, esto es una homilía, no precisamente una catequesis, y no quiero salirme del espíritu de la homilía. Ahora bien, la homilía la vamos a hacer sobre aquella lectura de la Biblia que, según cuenta san Lucas – que es el evangelista que nos va a acompañar este año – hizo Jesús en la sinagoga de su pueblo. Tantas veces, como fiel judío había ido a la sinagoga a escuchar la Palabra de Dios; ahora a él se le había concedido la Palabra como predicador.

¿Qué hizo Jesús y qué nos enseña con su comportamiento? Del armario sagrado donde se guardaban los rollos santos de la Escritura sacaron el libro que correspondía, o acaso él  mismo buscó el texto que quería anunciar. Y tomó el libro de Isaías en la parte final, en la parte de las promesas divinas.

Un jefe de sinagoga habría comenzado su homilía diciendo:

Hermanos, acabamos de escuchar un texto de la Palabra divina, que nuestros venerables y santos rabinos lo han explicado con su autoridad de esta manera. Jesús, ni ahora ni en otras ocasiones, aludió a los rabinos de antaño. Su autoridad manaba desde una fuente distinta: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Esto que acabáis de escuchar se ha cumplido hoy.

 Jesús entró en picado en la Palabra de Dios, y al anunciar la promesa de Dios se anunció a sí mismo.

 

3. Hemos cortado el texto aquí, para centrarnos en el punto principal: Toda la Sagrada Escritura, todos los libros del antiguo y nuevo Testamento, en última instancia, nos hablan de Cristo: preparan el camino hacia él, nos refieren su vida o reflexionan sobre lo que significa Cristo para nuestra vida. San Jerónimo, que pasó treinta años de su vida en Tierra Santa, en Belén, meditando y traduciendo la Biblia de las lenguas originales al latín, la lengua de occidente, al empezar su comentario sobre el Profeta Isaías, escribió: Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo. Él hablaba desde su propio conocimiento y experiencia y lo proponía así para todos. Es una frase que la ha tomado el Concilio Vaticano II, para decirnos que es verdad y que hagamos la prueba.

 

4. Y el Papa Francisco, en la carta apostólica mediante la cual estableció este día para toda la Iglesia, citando el Evangelio de hoy, nos dice: “Cuando la Sagrada Escritura se lee con el mismo Espíritu que fue escrita, permanece siempre nueva. El Antiguo Testamento no es nunca viejo en cuanto que es parte del Nuevo, porque todo es transformado por el único Espíritu que lo inspira. Todo el texto sagrado tiene una función profética: no se refiere al futuro, sino al presente de aquellos que se nutren de esta Palabra. Jesús mismo lo afirma claramente al comienzo de su ministerio: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,21). Quien se alimenta de la Palabra de Dios todos los días se convierte, como Jesús, en contemporáneo de las personas que encuentra; no tiene tentación de caer en nostalgias estériles por el pasado, ni en utopías desencarnadas hacia el futuro” (Apperuit illis, 30-X-2019, n. 12).

 

También el Papa en la carta citada hace una reflexión sobre la primera lectura de hoy, la primera lectura que se hizo de la Biblia a la vuelta del destierro de Babilonia. Vamos a escuchar este párrafo:

“El regreso del pueblo de Israel a su patria, después del exilio en Babilonia, estuvo marcado de manera significativa por la lectura del libro de la Ley. La Biblia nos ofrece una descripción conmovedora de ese momento en el libro de Nehemías. El pueblo estaba reunido en Jerusalén en la plaza de la Puerta del Agua, escuchando la Ley.

Aquel pueblo había sido dispersado con la deportación, pero ahora se encuentra reunido alrededor de la Sagrada Escritura como si fuera «un solo hombre» (Ne 8,1). Cuando se leía el libro sagrado, el pueblo «escuchaba con atención» (Ne 8,3), sabiendo que podían encontrar en aquellas palabras el significado de los acontecimientos vividos. La reacción al anuncio de aquellas palabras fue la emoción y las lágrimas: «[Los levitas] leyeron el libro de la ley de Dios con claridad y explicando su sentido, de modo que entendieran la lectura. Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras, y los levitas que instruían al pueblo dijeron a toda la asamblea: “Este día está consagrado al Señor, vuestro Dios. No estéis tristes ni lloréis” (y es que todo el pueblo lloraba al escuchar las palabras de la ley). […] “¡No os pongáis tristes; el gozo del Señor es vuestra fuerza!”» (Ne 8,8-10). (Aperuit illis, n. 2).

 

6. Después de estas reflexiones, que darían para tanto tiempo, ¿qué orientaciones concretas podemos sacar?

El Papa ha usado dos palabras para hablar de nuestra relación con la Palabra de Dios en las Escritura: intimidad y familiaridad. Ese es el lema.

Si una persona me pidiera un consejo concreto, le diría:

Empieza por los Evangelios, sigue por las Cartas de los Apóstoles y avanza por el Antiguo Testamento.

Los Evangelios, hermanos, esos sí deben sernos familiares. Y, más en particular: el Evangelio de cada día. Cada día hay un trozo de Evangelio que se leen en todo el mundo, en todas las iglesias al celebrar la Eucaristía. ¿Qué me dice este Evangelio a mí, qué me dice para mi vida? Eso es mucho más que una devoción.

Termino con una sencilla anécdota. Hubo un padre capuchino, padre Ignacio Larrañaga (difunto hace casi diez años, oct. 2013), que puso en marcha los Talleres de Oración y Vida. Y tenía esta consigna: ¿Qué haría Jesús en mi lugar? De eso se trata, hermanos: conocer a Jesús, y copiar la vida de Jesús, recreándola en nuestras propias vidas.  Esto nos da seguridad, dulzura y paz. Esto nos da fortaleza; esto nos da esperanza y vida.

 

Terminemos, pues, diciendo:

Señor Jesús, enséñanos las Escrituras, y que tu Palabra sea la luz de mi sendero. Amén.

 

Jerusalén, sábado 23 enero 20202.

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