San Francisco se atrevió a llamar a la Virgen María “Esposa del Espíritu Santo” (Oficio de la Pasión del Señor, Antífona de la Virgen María), y desde esta inspiración pudo escribir la Salutación a la Virgen María:
1Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres virgen hecha iglesia 2y elegida por el santísimo Padre del cielo, a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito, 3en la cual estuvo y está toda la plenitud de la gracia y todo bien. 4Salve, palacio suyo; salve, tabernáculo suyo; salve, casa suya. 5Salve, vestidura suya; salve, esclava suya; salve, Madre suya 6y todas vosotras, santas virtudes, que sois infundidas por la gracia e iluminación del Espíritu Santo en los corazones de los fieles, para que de infieles hagáis fieles a Dios”.
¿Podemos asomarnos al misterio de la Maternidad divina y contemplar al Espíritu Santo que allí habita?
También dijo san Francisco: “María, que eres virgen hecha iglesia”. María es Iglesia, y en aquel momento era toda la Iglesia, y estaba con el Espíritu Santo.
San Pablo nos advirtió a los cristianos: “Pero nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo; es el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que de Dios recibimos. Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino en el que enseña el Espíritu” (1 Cor 2,12-13).
1. Como esposa del Espíritu
la Virgen Inmaculada,
llevaba la Luz del mundo
en sus maternas entrañas.
2. Era luz, era belleza
lo que en ella se gestaba,
la Gracia increada era
la que batía las alas.
3. Y de su ser femenino
Dios Creador se formaba;
el Espíritu divino
el parto santificaba.
4. Era Madre y era Virgen;
la Trinidad irradiaba,
y de los pechos maternos
el Hijo se amamantaba.
5. Era coloquio el Espíritu
en la Virgen recatada;
la Iglesia nacía pura
en la Palabra encarnada.
6. Por una Iglesia en salida
desde una Iglesia de entrada,
de entrada en la Trinidad
con María fecundada.
7. La Trinidad indivisa
en María se rasgaba,
y el Engendrado Unigénito
era el Hijo de la esclava.
8. Silencio, Teología,
en mi alma alborotada,
silencio, los sinodales,
y escuchemos la Palabra.
9. ¡Qué humilde la Iglesia era
en pobrecita aldeana,
y qué sabia en el Espíritu
la que nunca fue ilustrada!
10. Sabiduría de amores
sí sabía la agraciada,
y esos íntimos saberes
el que es Fuego le enseñaba.
11. Como un hogar de familia
era su alma abrasada,
serenidad y dulzura
en su faz transfigurada.
12. Iglesia fuerte y recóndita
y tiernamente mariana,
Iglesia de Dios Viviente
para el servicio enraizada.
13. Espíritu que viniste
en la noche iluminada,
brillando en Belén en carne
en un pesebre entre pajas
14. ven, silencioso, muy suave,
en noche de luces falsas,
y ablanda en amores nuevos
nuestra alma amedrentada.
15. Espíritu encarnación
en amor que se descarna,
ven y cambia, Creador,
esta red aprisionada.
16. Nace Jesús, que es la Vida,
- solo su nombre embriaga –
el Espíritu dio el germen,
María la sangre humana.
17. Y en nuestra Era Espacial,
los corazones al alza,
vuelve la vida en la Nube
y se aposenta en el alma.
18. Iglesia fraternidad,
que el Espíritu trabaja,
y del Oriente a Poniente
la Madre nos acompaña.
19. Hay algo que está fraguando
y el Espíritu lo fragua;
disfrútenlo los humildes:
son las Bienaventuranzas.
20. Vayamos a Nazaret,
primera iglesia habitada;
el Espíritu se entró
y
nunca se fue de casa. Amén. Aleluya.
Jerusalén, 3 enero 2022 – Santísimo Nombre de Jesús
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