jueves, 28 de mayo de 2020

1392. Pentecostés 2020. El don del Espíritu, Paz a vosotros



El don del Espíritu, Paz a vosotros
Jn 20,19-23


Texto evangélico:
19 Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». 20 Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
21 Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 22 Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23 a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Hermanos:
1. Ha llegado el día de Pentecostés. Celebramos esta solemnidad con la misma alegría, con el mismo espíritu festivo que la Pascua de Jesús. No es una fiesta dedicada al Espíritu Santo. Es la fiesta de Pascua de Jesús, en la cual el Señor Resucitado, como fruto total de su vida, nos entrega a Dios vivo y verdadero, al Espíritu de Dios que él lleva consigo.
El Evangelio que leemos todos los años es el Evangelio de lo que ocurrió aquel día primero de Pascua, al anochecer.
La homilía de hoy quisiera recoger el obsequio que Jesús nos entrega y que en este breve Evangelio nos lo repite dos veces.

2. La muerte de Jesús había sido, de pronto, como la catástrofe de los ideales alimentados en torno al Maestro que traía la liberación de Israel. Y los apóstoles estaban encerrados, por miedo a los judíos. Así lo dice expresamente san Juan, uno de ellos. La causa del Maestro les implicaba a ellos; la muerte del guía podía complicar la vida de todo el grupo. ¿Qué hacer? Por de pronto, encerrarse, y defenderse de los judíos. ¿Qué pensaban? ¿Qué planeaban? Lo ignoramos. La turbación y el miedo los había confinado. Había que ver en qué iba a parar todo aquello, que se había presentado de una manera tan imprevista.
En esta situación Jesús entra sin llamar y les saluda, dándoles lo más grande que tiene: La paz con vosotros.
Ahora puede hacer un gesto que nunca había hecho: Al decirles estas palabras, les mostró las manos y el costado. Les estaba diciendo que justamente de ahí brotaba el río de la paz.
Tantas veces, hermanos, cuando nosotros hablamos de la paz, pensamos que la paz es la victoria; esa es la paz para unos, pero no es la paz para otros. La paz no es el triunfo de los vencedores y la derrota de los vencidos. La paz es la victoria de Dios cuando vencedores y vencidos se puedan dar un abrazo. La paz es la victoria de Jesús, en cuanto que él, en la cruz ha dado muerte al odio y ha hecho la reconciliación de los pueblos.
Él ha dado el abrazo al mundo judío y al mundo de los gentiles muriendo en la cruz lo mismo por unos que por otros. Así explicó san Pablo la paz cristiana.

3. Así, pues, queridos hermanos, la paz es ese río de amor que viene del costado de Cristo, que quedó abierto en la cruz. Repito y grabémoslo bien en el corazón: la paz no es el triunfo de un bando sobre otros, sino la situación nueva que solo Dios, Creador de todos, Padre de todos, puede crear entre los hombres.
Les mostró las manos y el costado. Nunca nos cansaremos de recibir ese don infinito de amor que brota de Jesús Crucificado.

4. Este fue el primer momento de la escena. Pero leamos con atención lo que sigue. De nuevo repite que nos trae la paz: La paz con vosotros. Y añade: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y ahora, en esta atmósfera divina que se ha creado, Jesús hace el mismo gesto de Dios al principio del mundo. Dios alentó sobre sobre nuestro padre Adán y le infundió su aliento divino, su Espíritu. Evidentemente es un modo de hablar simbólico, que incluye una realidad superior al mismo símbolo que nosotros imaginamos. Jesús resucitado ha alentado sobre sus discípulos y nos ha entregado su Espíritu, para que comience la nueva creación. A partir de ahora tenemos que vivir como recreados por Dios, según el Espíritu de Dios.
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados.
El primer fruto el Espíritu es el perdón; sin el perdón de Dios  no podríamos vivir, porque ciertamente nosotros somos pecadores. Y Jesús entrega el perdón a su Iglesia para que lo conserve y lo vaya prodigando día a día.

5. Hermanos, esta paz de la que nos habla Jesús se refiere a la paz total del corazón, que incluye todos los bienes. Y esta paz tiene muchos reflejos en la vida: la paz de cada persona consigo misma, la paz en las familias, la paz en la sociedad.
Hay una oración muy bella que no la escribió san Francisco, y que se le atribuye a él, pero que refleja muy bien los sentimientos de san Francisco. San Francisco nos escribió en la Regla que en toda casa adonde fuéramos lleváramos el saludo de la paz, y es una de las recomendaciones que nos hizo en el Testamento: la paz, por todas partes llevar la paz.
Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Estos deseos no son deseos poéticos. Son vivencias reales, fruto del Espíritu Santo cuando entra en un corazón.
En el ambiente que estamos viviendo en España hay una enorme crispación política, y eso no es bueno. Claro que la culpa la tienen los otros. Pero ¿quiénes son los otros? Los que no piensan como yo.
Pero, hermanos, ese no es el camino de la paz.
El camino de la paz es la reconciliación y el abrazo.

6. En este Pentecostés le pedimos al Señor el excelso don de la paz yd e la solidaridad. La pandemia que compartimos nos ha hecho evidente qué frágiles somos, y cómo nos necesitamos unos a otros. Van a seguir consecuencias durísimas. Ya han comenzado cerrando empresas con las protestas que esto ha producido. Nos necesitamos unos a otros, y desde esta mutua necesidad y encuentro han de brotar la buena comprensión, la paz.

Pedimos a Jesús Resucitado:
Envíanos Señor, desde tu costado, abierto por nosotros, el Espíritu de Dios, que es tu Espíritu, que renueve nuestros corazones y nos haga entrarnos fraternalmente unos a otros en un abrazo de paz. Amén.

Madrid, jueves 28 de mayo de 2020.

martes, 26 de mayo de 2020

1391. Pascua 2020,32 - La Reina de los Apóstoles


Con flores a María
Mayo 2020, en el Coronavirus
Cantar de un juglar

La Reina de los Apóstoles
en el silencio existía:
era la Virgen prudente
con la lámpara encendida.

Al pie de la Cruz estaba
cuando su Hijo moría;
no estaba en la sepultura
cabe la tumba vacía.

La Virgen de Nazaret
es Madre de la Agonía,
y el Ángel Gabriel no era
porque ni falta que hacía.

Estaba con los apóstoles
y con las otras Marías,
sí que estaba con la Iglesia,
cuando la Iglesia nacía.

Resurrección es la fe,
la fe que en silencio ardía;
Resurrección es ser Madre
y Madre una sola había.

Reina de los apóstoles,
dulcísima compañía,
Reina hoy de la pandemia
para madre doloridas.

Reina de Pentecostés
con toda la Profecía,
la que en silencio anunciaba
lo que las lenguas decían.

Reina de mis pensamientos,
Virgen y palabra mía;
sudario de mis dolores,
sonrisa de mi alegría.

Virgen del mayo florido
que cantan las cofradías:
Regina caeli, alleluia,
Amén, mi Madre purísima.

Madrid, 27 mayo 2020

1390. Pascua 2020,31 – Espíritu confidente



Espíritu confidente
Coloquio espiritual y súplica

“Sobre todas las cosas deben desear tener el Espíritu del Señor y su santa operación”, nos dice a los hermanos san Francisco en la Regla. La liturgia vuelva a páginas admirables de la antigüedad. En el siglo IV hablaba así san Cirilo de Jerusalén:
“Se sirve de la lengua de unos para el carisma de la sabiduría; ilustra la mente de otros con el don de la profecía; a éste le concede poder para expulsar los demonios; a aquél le otorga el don de interpretar las divinas Escrituras. Fortalece, en unos, la templanza; en otros, la misericordia; a éste enseña a practicar el ayuno y la vida ascética; a aquél, a dominar las pasiones; al otro, le prepara para el martirio. El Espíritu se manifiesta, pues, distinto en cada uno, pero nunca distinto de sí mismo, según está escrito: En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
Llega mansa y suavemente, se le experimenta como finísima fragancia, su yugo no puede ser más ligero. Fulgurantes rayos de luz y de conocimiento anuncian su venida. Se acerca con los sentimientos entrañables de un auténtico protector: pues viene a salvar, a sanar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar el alma, primero de quien lo recibe, luego, mediante éste, las de los demás (catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo, Catequesis 16, sobre el Espíritu Santo, lunes VII semana de Pascua)

Espíritu confidente,
el de los suaves impulsos,
visita de cada día
con clarísimo susurro.

Espíritu de oración,
me arrancas de mis refugios,
me llevas por tus praderas,
abriéndome al Nuevo Mundo.

Espíritu claridad,
que eres mi luz cuando dudo,
por senderos de humildad
marcas el certero rumbo.

Espíritu de consuelo,
te necesito y te busco,
tú serás la suave unción
en los trances más oscuros.

Espíritu de silencio
en medio de los barullos,
de entre miles de wasaps,
solo tú, si no sucumbo.

Espíritu de esta Hora
- ¿qué será?, yo me pregunto -;
que mi pregunta se quede
oída por ti, yo mudo.

Espíritu de mi fe
y mi abandono absoluto,
tú eres mi paz y dulzura,
tú eres de Dios pleno triunfo.

¡Espíritu en Trinidad,
de Dios Comunión y Uno,
como ofrenda de la Pascua
acepta el amante culto!

Madrid, Jesús de Medinaceli, martes VII semana de Pascua,
26 mayo 2020.

lunes, 25 de mayo de 2020

1389. Pascua 2020,30 – Espíritu divino, gloria y paz



Espíritu divino, gloria y paz
Después de la Ascensión


El gran movimiento carismático que ha irrumpido en la Iglesia hace medio siglo (17 de febrero de 19671, Universidad Duquesne, Pittsburgh, Pensilvania, Estados Unidos), ha removido nuestra conciencia para acercarnos, a veces atónicos, a esencias de nuestra fe. Las lecturas de hoy nos recuerdan aquel episodio de Éfeso: “... Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres” (Hech 19,5-7).
La renovación litúrgica suprimió la octava de Pentecostés. Pentecostés no es una fiesta al honor del Espíritu Santo; es sin más la plenitud de la Pascua. Textos que entonces se leían en la octava han pasado a la semana anterior de la culminación pascual.
Quiera el Señor comunicarnos la gracia de experimentar la presencia del Dios Uno y Trino como Espíritu Santo.


Espíritu divino, gloria y paz,
que por Jesús desciendes a tu Iglesia,
tú fuiste en mi bautismo derramado
para vivir conmigo tu presencia.

Tú eres creador de cuanto existe,
de todo ser su esencia y su belleza,
de toda perfección el toque exacto,
de toda bella historia luz secreta.

Tú eres el pasado y el futuro,
de toda maravilla sello y seña,
y estás en el presente que hoy vivimos
abiertos al fulgor de tu sorpresa.

Tú eres mi latido y esperanza
mi peana y mi entraña y mi excelencia,
mi mesa y comunión con los hermanos
y el fuego y la ternura en cielo y tierra.

Tú eres la misión y la esperanza,
seguridad pascual de nuestra espera,
abrazo de perdón y de amistad,
delicia del amor que nos sustenta.

¡Desciende cual rocío, cual esposo,
a quien hiciste esposa que te anhela,
y sé el estrecho abrazo eternamente,
Espíritu de amor y gracia plena! Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, lunes de la VII semana pascual,
25 de mayo de 2020

domingo, 24 de mayo de 2020

1388. Pascua 2020,29 - En brazos de la Verdad


En brazos de la Verdad
Anhelo y plegaria

Tras la solemnidad de la Ascensión nuestros ojos se dirigen al Espíritu, donde de los dones, prometido por Jesús como culminación de su obra. El Espíritu es la exhaustividad de Dios, el remate de toda revelación. Tres veces lo llama Jesús en su Despedida “Espíritu de la verdad” (Jn 14,17; 15,26; 16,12). “el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena”.
La tragedia humana, por encima de cualquier otra, es la división. Y el Espíritu, en que fructifica la vida de Jesús, es Espíritu de Amor. La verdad y el amor se abrazan, se funden, igual que en al Trinidad.
Y este es nuestro dolor, mientras caminamos peregrinos…


En brazos de la Verdad
quisiera arrojar mi vida,
y encontrarme en la unidad
que del amor es la cima.

Los pensadores dividen
y solo Dios unifica,
yo, pensador bien pensante,
acaso avivo la herida.

Venga el Espíritu Santo,
y haga la paz y armonía;
solo tú, mi Dios recóndito
puedes lo que el hombre aspira.

¡Cómo quisieran mis ojos
ver el mundo cual familia:
un Creador, una mesa,
y una fe, que nos convida?

No lo fue, ¿No lo será…?
Esa espada fratricida,
¿ha de ser mi maleficio
mientras piense, mientras viva?

Que, al menos, mi Dios amado,
los nacidos de la Biblia,
una Iglesia y un abrazo
seamos con alma unida.

Espíritu de unidad,
regalo de Eucaristía,
ven y toma posesión
por el Hijo que moría.

Espíritu de Verdad,
que fue donado al Mesías,
por su trofeo pascual,
llénanos como él quería.

¡Oh Viviente Comunión,
Trinidad una y distinta,
en vida y eternidad,
gloria, alabanza y latría! Amén.

Madrid, Ascensión del Señor 2020

1387. Pascua 2020,28 – La intimidad sin barrera


La intimidad sin barrera
Anhelos de la Ascensión

“Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15,15).
La intimidad se hace confidencia. La confidencia quiere ser cotidianeidad y marcar un estilo del todo diferente. El cristiano, que de corazón se ha entregado a Jesús, vive en una “escatología realizada”; es decir, lo que viene ya lo tiene. Y el diálogo con Dios, con Dios confidente de amor, marca un talante de vida. Las Constituciones capuchinas dicen que la oración es: “la respiración del amor”.
Es más que audaz esta concepción de vida, este trato con las personas divinas. Parece como un delirio espiritual. Pero así ha quedado grabado en los Evangelio, y lo que está en los Evangelios no es teología ni espiritualidad; es “revelación”. Aceptémoslo…, vivámoslo.

La intimidad sin barreras
brillaba en sus ojos claros;
no os trato como a siervos
de amigo a amigo os hablo.

Intimidad de Dios trino,
que trae un divino diálogo;
con la confianza que nunca
podrá tener desengaño.

Así fue su despedida,
cuenta el discípulo amado;
que se marchaba y quedaba
para siempre aposentado.

Mi Jesús de la Ascensión,
yo me quedo meditando,
y ya dejo de pensar,
si siento que estás morando.

Mi casita es tu mansión,
y mi cocina tu plato;
mi sala de descansar
es sala a dos de descanso.

Y ahí caen las palabras
que jamás se han acabado,
palabras del cielo son
para avatares humanos.

Palabras del corazón
para un corazón sanado,
pero abierto siempre más
a que sigas revelando.

A ti, Señor ascendido,
fijos seguimos mirando;
acepta nuestra mirada
de ojos enamorados.

Madrid, Ascensión del Señor 2020

viernes, 22 de mayo de 2020

1386. Pascua 2020,27 – La gracia de aparecerse


Si él viniera y yo quisiera
Soliloquio de las tres apariciones

Yo quisiera que Jesús Resucitado se me apareciera… Yo quisiera unas estas unas apariciones como las del Evangelio. Quisiera, para comenzar, tres apariciones: Que Jesús se me aparezca cuando celebro la Eucaristía: que lo vea, que lo toque, que lo guste. La segunda, que algún día se me aparezca leyendo la Biblia. La tercera, que se me aparezca en los hermanos, que lo vea a él, entre los hermanos de casa (que un día un superior me dijo: “La cruz estará donde tú estés”) o entre mis hermanos, la gente en general, o la gente de los pobres…
Para que Jesús se me aparezca hace falta dos cosas:
1) Que el Padre le conceda a su Hijo la gracia de aparecerse (que ahora llaman también “manifestarse”) a mí.
2) Y que yo esté dispuesto a recibirle.
Pedro, en casa de Cornelio, dice: “Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse [de aparecerse, traduce la Biblia de Jerusalén], no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos” (Hech 10,40-41). Vayamos al texto griego, recogido al máximo en la versión de la Nova Vulgata.
En esta visión bíblica, las apariciones de Jesús las “organiza” el Padre, según su querer y providencia. La palabra esencial es que Dios “da”. Es un “don” a la Iglesia que Dios “da”, y cuyo destinatario primero es Jesús. Lo primero, por tanto, es que Dios quiera, que Dios tenar esta disposición.
Y lo segundo es que yo quiera recibir el don.

Si él viniera y yo quisiera
¡cómo lo agradecería…!
Que viniera al descubierto
dentro de la Eucaristía.

Si él viniera de repente
con su luz y poesía,
cuando un día me encontrara
rebuscando en Isaías…

Y otro día se quitara
de quien vivo en compañía
la cara que no me gusta,
y ver la que yo quería…

Esas tres apariciones
como en el Huerto a María,
voy buscando, voy buscando…
a ver cuándo llega el día.

Mi Jesús Resucitado,
cómo yo te gozaría,
con mis ojos, con mis manos,
con los besos que daría…

Pequeño de poca fe,
- Jesús adentro decía –
que muy otra aparición
te estoy dando en demasía.

La fe regalo del cielo,
en la prueba bien cernida,
la fe que es fidelidad,
abierta a la Parusía…

Sacramento de la Pascua
y luz que a la Iglesia guía
es la fe de la alborada
o la fe de mediodía.

La fe del atardecer,
la fe de la noche fría,
la fe e mi hogar casero,
la fe sencilla, la mía.

¡Cómo quisiera, Jesús,
que esa fe fuera fe viva,
la fe de la espera fiel,
la fe pura sin mancilla!

Es lo que ahora te pido,
una fe luminosísima,
sabrosa como un banquete,
dulce como una caricia.

La fe en la Resurrección,
que mi alma necesita,
fe del vidente creyente
del que en silencio suspira.

¡Vive y reina Jesús mío,
saberlo es mi sola dicha;
olvidaré lo demás…,
Jesús, Jesús de mi vida! Amén.

Sábado de la VI emana de Pascua, en espera de la Ascensión (Domingo de la Ascensión), 23 mayo 2020.