4 de mayo
Beato Ceferino
Giménez Malla,
«El Pelé» (1861-1936)
Texto
de L’Osservatore Romano
Gitano, el primer beatificado de su raza,
conocido familiarmente como «el Pelé», seglar, de la Tercera Orden Franciscana.
Tratante de caballerías, hombre cabal y honrado, era muy devoto de la Virgen y
de la Eucaristía, generoso con los más necesitados y preocupado por la
catequesis de los niños. Le llevaron al martirio en 1936 la defensa de un
sacerdote y el empeño en seguir rezando el rosario.
Datos biográficos del Beato Ceferino
(De
L´Osservatore Romano, ed. esp., 2-V-97)
Hijo de padres gitanos españoles, Ceferino
Giménez Malla, conocido familiarmente como «el Pelé», nació en Fraga (provincia
de Huesca), probablemente el 26 de agosto de 1861, fiesta de san Ceferino Papa,
de quien tomó el nombre, y fue bautizado ese mismo día.
Como su familia, Ceferino también fue un
gitano que vivió siempre como tal, profesando la ley gitana tanto en su
formación como en el desarrollo de su vida.
De niño recorrió los caminos montañosos de
la región, dedicado a la venta ambulante de los cestos que fabricaba con sus
manos. Todavía joven, se casó, al estilo gitano, con Teresa Giménez Castro, una
gitana de Lérida de fuerte personalidad, y se estableció en Barbastro. En 1912
regularizó la unión con «su Teresa» celebrando el matrimonio según el rito
católico. Comenzó desde entonces a frecuentar la iglesia hasta convertirse en
un cristiano modelo. No tuvo hijos, pero adoptó de hecho a una sobrina de su
esposa, llamada Pepita, cuyos hijos viven todavía en 1997.
El Pelé dedicó los mejores años de su vida
a la profesión de tratante experto en la compraventa de caballerías por las
ferias de la región. Llegó a tener una buena posición social y económica, que
estuvo siempre a la disposición de los más necesitados.
Acusado injustamente de robo y
encarcelado, fue declarado inocente. El abogado que lo defendía dijo: «El Pelé
no es un ladrón, es san Ceferino, patrón de los gitanos».
Sumamente honrado, jamás en los tratos
engañó a nadie. Por su reconocida prudencia y sabiduría, lo solicitaban payos y
gitanos para solucionar los conflictos que a veces surgían entro ellos. Piadoso
y caritativo, socorría a todos con sus limosnas. Fue un ejemplo de
religiosidad: misa diaria, comunión frecuente, rezo cotidiano del santo
rosario. Aunque no supo nunca ni leer ni escribir, era amigo de personas cultas
y fue admitido como miembro en diversas asociaciones religiosas: Jueves
eucarísticos, Adoración nocturna, Conferencias de San Vicente de Paúl y Tercera
Orden Franciscana. Le gustaba dedicarse a la catequesis de los niños, a quienes
contaba pasajes de la Biblia y les enseñaba las oraciones y el respeto a la
naturaleza.
Al inicio de la guerra civil española, en
los últimos días de julio de 1936, fue detenido por salir en defensa de un
sacerdote que arrastraban por las calles de Barbastro para llevarlo a la
cárcel, y por llevar un rosario en el bolsillo. Le ofrecieron la libertad si
dejaba de rezar el rosario. Prefirió permanecer en la prisión y afrontar el
martirio. En la madrugada del 8 de agosto de 1936, lo fusilaron junto a las
tapias del cementerio de Barbastro. Murió con el rosario en la mano, mientras
gritaba su fe: «Viva Cristo Rey». Juan Pablo II lo beatificó el 4 de mayo de
1997, y estableció que su fiesta se celebre el 4 de mayo.
«El Pelé» en palabras de Juan Pablo II
(De L´Osservatore Romano, ed. esp.,
9-V-97)
«A vosotros os llamo amigos» (Jn 15,15).
También en Barbastro el gitano Ceferino Giménez Malla, conocido como «el Pelé»,
murió por la fe en la que había vivido. Su vida muestra cómo Cristo está
presente en los diversos pueblos y razas y que todos están llamados a la
santidad, la cual se alcanza guardando sus mandamientos y permaneciendo en su
amor (cf. Jn 15,11). El Pelé fue generoso y acogedor con los pobres, aun siendo
él mismo pobre; honesto en su actividad; fiel a su pueblo y a su raza calé;
dotado de una inteligencia natural extraordinaria y del don de consejo. Fue,
sobre todo, un hombre de profundas creencias religiosas.
La frecuente participación en la santa
misa, la devoción a la Virgen María con el rezo del rosario, la pertenencia a
diversas asociaciones católicas le ayudaron a amar a Dios y al prójimo con
entereza. Así, aun a riesgo de la propia vida, no dudó en defender a un
sacerdote que iba a ser arrestado, por lo que le llevaron a la cárcel, donde no
abandonó nunca la oración, siendo después fusilado mientras estrechaba el
rosario en sus manos. El beato Ceferino Giménez Malla supo sembrar concordia y
solidaridad entre los suyos, mediando también en los conflictos que a veces
empañan las relaciones entre payos y gitanos, demostrando que la caridad de
Cristo no conoce límites de razas ni culturas. Hoy «el Pelé» intercede por
todos ante el Padre común, y la Iglesia lo propone como modelo a seguir y
muestra significativa de la universal vocación a la santidad, especialmente
para los gitanos, que tienen con él estrechos vínculos culturales y étnicos.
(De la homilía de la misa de
beatificación).
.
Flor
de la raza gitana,
Pelé
de apodo castizo,
en
el coro de los Santos
hoy
Beato Ceferino
Casado
con tu Teresa,
fuiste
fiel al compromiso,
pero
el Señor te aguardaba
todo
suyo en nuevo rito.
Tratante
de feria en feria,
analfabeto
de libros,
tu
vida noble y sincera
fue
testimonio de Cristo.
Sin
mentira en los negocios,
piadoso
y caritativo,
fuiste
en tu raza y con todos
para
los pobres alivio.
Era
tu fuerza secreta
el
coloquio ante el Santísimo,
la
comunión y el rosario,
y
el catecismo a los niños.
Tu
alma sencilla y buena
se
enamoró de Francisco,
quisiste
ser de los suyos
como terciario discípulo.
Por
salvar a un sacerdote
fuiste
derecho al martirio,
y
Dios aceptó tu ofrenda,
tu
amor total desprendido.
Por
tu vida luminosa
hoy
a Jesús bendecimos:
¡que
toda raza y nación
cantemos
un mismo himno! Amén.
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