Isidro, labrador, esposo y padre
El Coronavirus me ha detenido
transitoriamente en Madrid, y aquí en la Capital hoy celebramos a San Isidro.
El Calendario litúrgico nos dice que es solemnidad en la Ciudad y Fiesta en la
Provincia. Y otro dato muy significativo: San Isidro es el patrono de esta
Arquidiócesis. No es ciertamente Madrid la diócesis primada, pero sí la
diócesis especialmente relevante por ser la diócesis de la Capital de España. Y
es significativo que un laico, un laico ejemplar, padre de familia, esposo
santo de una mujer santa, santa María de la Cabeza, y no un intelectual, un
obispo… sea referencia espiritual de esta arquidiócesis capitalina.
Ignoro su vida, e ido a informarme en una
obra significativa que hace más de treinta años un capuchino, que fue superior
de esta casa. Una rápida lectura me ha llevado al corazón de este cristiano
singular, y he ofrecido a mis hermanos, para nuestras primeras Vísperas un
himno aquí incluido. Acaso sirva para otros.
* * *
Para los datos de la vida, culto y otras
circunstancias puede verse la obra de nuestro hermano Domingo Fernández Villa, San Isidro Labrador. Santa María
de la Cabeza, su esposa. Editorial Everets, primera edición 1987. PP.
Capuchinos, Jesús de Medinaceli 1987. [80 pp. a doble columna].
Es muy notable la información que allí se
da, incluso fotográfica, de la apertura de la urna y arca que contiene los
restos veranados del santo, cuerpo que en su estado actual alcanza 1.75 cm
(véase pp. 46-49).
César Cervera
Moreno
[Escribo
en la sección de Cultura de ABC y coordino junto a otro compañero la sección de
Historia de este periódico, con más de un millón de usuarios únicos al mes],
escribe hoy, 15 de mayo, un artículo en ABC: Los misteriosos
orígenes de San Isidro Labrador, ¿un pocero mozárabe o un santón musulmán?
Isidro, labrador, esposo
y padre,
aquí nacido, mano en el
arado,
la Villa te recuerda y te
bendice,
memoria bautismal de un
fiel cristiano.
Los siglos han guardado
tu sepulcro,
tesoro de tus huesos
venerados,
cual si ellos tu vida
transpiraran
y el Evangelio allí siguiera
hablando.
¿Qué hiciste, pues,
Isidro en la pradera,
qué hacías cuando orabas
en los campos,
como un labriego más de
aquellos tiempos
sin nombre entre los
héroes de antaño?
Mi vida era sencilla,
toda en Dios:
oraba a la mañana
madrugando,
la fe y la caridad fueron
mi guía,
y mi familia, fruto del
trabajo.
Mi Dios era presencia y
providencia,
mi esposa era mi apoyo
cotidiano,
la Virgen del contorno
era la Madre,
y la Palabra del Señor mi
amparo.
Testigo de la fe, amado
Isidro,
tu vida que hoy revive es
un regalo:
¡Contigo, con tu esposa y
con la Iglesia,
en Cristo al Padre Dios
hoy ensalzamos! Amén.
Madrid, Jesús de Medinaceli, 14 de
mayo de 2020
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