jueves, 14 de mayo de 2020

1379. San Isidro Labrador – Un himno para la Liturgia



Isidro, labrador, esposo y padre

El Coronavirus me ha detenido transitoriamente en Madrid, y aquí en la Capital hoy celebramos a San Isidro. El Calendario litúrgico nos dice que es solemnidad en la Ciudad y Fiesta en la Provincia. Y otro dato muy significativo: San Isidro es el patrono de esta Arquidiócesis. No es ciertamente Madrid la diócesis primada, pero sí la diócesis especialmente relevante por ser la diócesis de la Capital de España. Y es significativo que un laico, un laico ejemplar, padre de familia, esposo santo de una mujer santa, santa María de la Cabeza, y no un intelectual, un obispo… sea referencia espiritual de esta arquidiócesis capitalina.
Ignoro su vida, e ido a informarme en una obra significativa que hace más de treinta años un capuchino, que fue superior de esta casa. Una rápida lectura me ha llevado al corazón de este cristiano singular, y he ofrecido a mis hermanos, para nuestras primeras Vísperas un himno aquí incluido. Acaso sirva para otros.

* * *
Para los datos de la vida, culto y otras circunstancias puede verse la obra de nuestro hermano Domingo Fernández Villa, San Isidro Labrador. Santa María de la Cabeza, su esposa. Editorial Everets, primera edición 1987. PP. Capuchinos, Jesús de Medinaceli 1987. [80 pp. a doble columna].
Es muy notable la información que allí se da, incluso fotográfica, de la apertura de la urna y arca que contiene los restos veranados del santo, cuerpo que en su estado actual alcanza 1.75 cm (véase pp. 46-49).
César Cervera Moreno [Escribo en la sección de Cultura de ABC y coordino junto a otro compañero la sección de Historia de este periódico, con más de un millón de usuarios únicos al mes], escribe hoy, 15 de mayo, un artículo en ABC: Los misteriosos orígenes de San Isidro Labrador, ¿un pocero mozárabe o un santón musulmán?


Isidro, labrador, esposo y padre,
aquí nacido, mano en el arado,
la Villa te recuerda y te bendice,
memoria bautismal de un fiel cristiano.

Los siglos han guardado tu sepulcro,
tesoro de tus huesos venerados,
cual si ellos tu vida transpiraran
y el Evangelio allí siguiera hablando.

¿Qué hiciste, pues, Isidro en la pradera,
qué hacías cuando orabas en los campos,
como un labriego más de aquellos tiempos
sin nombre entre los héroes de antaño?

Mi vida era sencilla, toda en Dios:
oraba a la mañana madrugando,
la fe y la caridad fueron mi guía,
y mi familia, fruto del trabajo.

Mi Dios era presencia y providencia,
mi esposa era mi apoyo cotidiano,
la Virgen del contorno era la Madre,
y la Palabra del Señor mi amparo.

Testigo de la fe, amado Isidro,
tu vida que hoy revive es un regalo:
¡Contigo, con tu esposa y con la Iglesia,
en Cristo al Padre Dios hoy ensalzamos! Amén.

Madrid, Jesús de Medinaceli, 14 de mayo de 2020

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