Presencia que acompaña
La gracia de la Pascua es una Presencia.
Esa presencia va unida al propio evento, inmanente y transcendente, de la
Resurrección. Aparecerse es transfundir la Presencia al dominio de los
sentidos. Pero Jesús no está menos presente porque no se aparezca.
Su presencia es real, incorpórea a los ojos; gloriosamente
corpórea en sí misma. Presencia que está plena de la actividad de Dios, pues
dijo el Señor: “Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo” (Jn 5,17 Biblia
de Jerusalén. - : «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo»).
Quiera el Señor, en su misericordia,
darnos a gozar de esta su presencia, permanente compañía.
Como
si viera un alma corporal,
como
si la belleza se tocara,
como
si el aire fuera transparente,
ahí
está: Presencia que acompaña.
Presente
mi Señor Resucitado,
que
cielo y tierra con su luz traspasa,
y
crea así un ámbito de vida,
abriendo
del que viene la ventana.
Como
él está, se puede dialogar,
o
en silencio mirarle la mirada;
es
dulce la quietud del simple estar,
si
es cierto que él está y no se marcha.
La
hondura de su estar es infinita,
es
creadora tras la muda calma,
que
Dios sigue actuando, día y noche,
y
el Hijo de su amor con él trabaja.
Resurrección,
presencia difundida,
que
al hoy de nuestra historia nos alcanza,
eternizando
ahora al Hijo amado
delante
de mi cara iluminada.
Jesús,
calor purísimo de vida,
aquí
al instante, enlace con la patria,
por
tu presencia, gracias sin descanso
y
en tu regazo quede mi confianza. Amén.
Madrid,
viernes de la V semana de Pascua, 15 mayo 2020.
"...Es dulce la quietud del simple estar..." Sé Tú siempre, Nuestro Señor Resucitado, la dulce presencia que acompaña...
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