miércoles, 27 de febrero de 2019

1169. María, rosa pulchritudinis


María, rosa pulchritudinis

 (Meditación nocturna)

Estamos alterados y no es normal vivir así…, es destructor y patológico. Como si la Iglesia fuese escándalo tras escándalo, como si un espíritu maligno te insinuara por lo bajo: Caiga quien caiga, y cuantos más caigan mejor.
Al final del Encuentro “La protección de los menores en la Iglesia” (Vaticano, 21-24 febrero 2019), el Santo Padre Francisco tuvo un largo discurso (Aula Regia), con datos desolares de esta plaga mundial que ha atacado también a la Iglesia, que nos mancha a todos, y que yo debo llevar a mi reconciliación sacramental. En los párrafos últimos el Papa tuvo palabras bellas y agradecidas para los consagrados fieles, la gran mayoría silenciosa y entregada, y citó a Edith Stein.
“Miremos a Edith Stein, santa Teresa Benedicta de la Cruz, con la certeza de que «en la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que solo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado».” (Alocución final, domingo 24 febrero 2019).
Ante este cuadro, el corazón humano, nacido para la belleza, busca la beldad en la “panaguía”, en la “toda pura”.

En mí nació la belleza
el día de mi bautismo,
conmigo se aposentó
para estar siempre conmigo.

Por eso llevo a María,
que es de mi pecho el latido,
sin saberlo el pensamiento
mas muy seguro el instinto.

Suave como un cadencia,
que llega de lo infinito;
está ahí para dejarse,
perdido y meditativo.

Cuando me vence la noche,
me entrego todo y confío;
la eternidad me cobija
y yo me quedo dormido.

Belleza es ansia de amor,
y amor es cuerpo rendido;
amor es beso nupcial
de Dios carne en mí nacido.

Virgen santa revestida
con mis palabras y escritos,
eres más grande, más bella,
toda hermosa con tu Hijo.

Yo me quedo contemplando
lo que nunca fuera visto;
ella es la Madre de Dios…,
y quieto, Madre, te miro.

Te pido, Madre amorosa,
tu corazón compasivo,
el baño de tu pureza
y tu silencio divino.

El perdón es la hermosura,
prodigio de los prodigios,
siempre nueva creación,
caricia de Jesucristo.

¡Intercede por tu Iglesia,
que sufre grande martirio,
oh Virgen fiel, siempre amante,
perfume, luz y respiro! Amén.

Guadalajara, Jal., miércoles 27 febrero 2019.

sábado, 23 de febrero de 2019

1168. Dom. VII, C – Jesús nos revela el comportamiento de Dios que nos ama


Jesús nos revela el comportamiento de Dios ama
Lc 6,27-30

Texto evangélico:
27En cambio, a vosotros los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, 28 bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. 29 Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. 30 A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. 31 Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.
 32 Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. 33 Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
35 Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.
36 Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; 37 no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; 38 dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Hermanos:
1. El domingo pasado escuchábamos las Bienaventuranzas según san Lucas, las Bienaventuranzas y las Malaventuranzas. Sorpresa en esta exposición tan radical, tan reveladora, tan contundente del proceder de Dios. Misteriosa verdad que llega hasta nosotros como una explosión de vida. Quien se haya enfrentado a estas verdades y se haya estremecido ante ellas, ya nunca será el mismo.
Y, con la misma lógica de sorpresa y de revelación vienen las palabras siguientes, que corresponden en parte a lo que es el contenido del Sermón de la Montaña en Mateo.

2. Amad a vuestros enemigos puede ser como el eslogan de este conjunto de versículos, de palabras de Jesús.
¿Quién puede amar al enemigo? Nadie, absolutamente nadie, si entendemos las palabras con la densidad que tienen por sí mismas. Amar al enemigo supone una generosidad sobrehumana, y de la propia naturaleza no disponemos de esa generosidad.
En cierto momento de sus cartas san Pablo hizo una reflexión sobre esto, cuando escribe. “Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom 5,6-8).

3. Hay una filosofía del comportamiento humano para saber cómo sobrevivir en situaciones de conflicto, de paz entre vencedores y vencidos, de tolerancia frente a mi opositor para crear un ámbito de vida sustentable. Si no salváramos ciertas reglas de convivencia, aunque sea a la fuerza, acabaríamos por destruirnos unos a otros.
Pero no se trata de eso. La doctrina de Jesús es clara y nunca oída: El hombre no es la medida del hombre. Dios y solo Dios es la medida del hombre; Dios y solo Dios es el que puede humanizar la vida del hombre.
Y Jesús propone el comportamiento divino como modelo y medida del comportamiento del hombre. Dice Jesús: Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.
Si realmente formamos una familia con Dios, por relación de familia debemos guardar esta lógica de comportamiento. No estamos hablando de Filosofía, no estamos hablando de códigos de moral. Estamos hablando de la revelación que se nos ha dado y que se ha cumplido en la persona de Jesús. Jesús murió por nosotros – todos: amigos y enemigos – yo debo morir por mis hermanos, todos: amigos y enemigos.

4. Este comportamiento que estamos aprendiendo de la doctrina y vida de Jesús, él lo aprendió del Padre. Nos decía de esta manera: “porque él es bueno con los malvados y desagradecidos”.
Este es el principio, que Dios es bueno con los malvados y los desagradecidos. Este es el amor que nosotros, habiéndolo aprendido por revelación, hemos de poner por obra.
El amor revelado, que es el que nosotros anhelamos como guía para nuestra vida, es el amor total, gratuito y para siempre.

5. Ordenando, pues, los pensamientos que vamos expresando acerca de este amor que nos revela el Evangelio, podemos hacer tres rotundas afirmaciones:
1)    Primera. Hemos de amar a nuestro prójimo como Cristo me ha amado a mí.
2)    Segunda. Hemos de amar a nuestro próximo como Dios Padre ama a todos su hijos, los buenos y los malos, que hace salir su sol y da su lluvia, sin hacer distinción entre buenos y malos, entre justos y pecadores.
3)    Tercera. He de perdonar mis enemigos, a todos mis enemigos, como el Hijo de Dios me ha perdonado muriendo por mí. Y de esta manera he de perdonar y amar yo hasta dar mi vida por mis hermanos.

Hermanos: Este es el Evangelio de Jesús y esta es la doctrina que é ha traído al mudo.

6. Ahora bien, en el Evangelio hay una reflexión que podríamos llamar complementaria, una reflexión humanista que nos hace mucho bien.  Cuando Jesús pone unas comparaciones:  
32 Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. 33 Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.

Evidentemente hay un humanismo muy aceptable, que reina en el mundo. Nos hace bien, y ¡enhorabuena porque así sea! Esa convivencia es sana y laudable y estabiliza la sociedad. No podemos despreciarla.
Y, con todo, Jesús nos abre otro ideal superior de humanización. Es el del amor gratuito, amor a fondo perdido, amor de Dios puro y simplemente. Es el tope de la realización del ser humano: amor de hombre a hombre, como Dios ama al hombre; amor sin condiciones.

7. Señor Jesús, revelación de todo amor, quiero amar al hombre, a todos los hombres, como tú me has amado, muriendo por mí; como el Padre me ha amado. Y quiero perdonar como Dios por ti me ha perdonado. Amén.

Guadalajara, sábado 23 de febrero de 2019.