Jesús nos revela el comportamiento de Dios ama
Lc 6,27-30
Texto evangélico:
27En cambio, a vosotros los que me escucháis os digo:
Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, 28
bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. 29 Al
que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le
impidas que tome también la túnica. 30 A quien te pide, dale; al que
se lleve lo tuyo, no se lo reclames. 31 Tratad a los demás como
queréis que ellos os traten.
32 Pues, si amáis a los que os
aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. 33
Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los
pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestáis a aquellos de los que
esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros
pecadores, con intención de cobrárselo.
35 Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced
el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis
hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.
36 Sed misericordiosos como vuestro Padre es
misericordioso; 37 no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis,
y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; 38 dad, y se
os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues
con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
Hermanos:
1. El domingo pasado escuchábamos las Bienaventuranzas
según san Lucas, las Bienaventuranzas y las Malaventuranzas. Sorpresa en esta
exposición tan radical, tan reveladora, tan contundente del proceder de Dios. Misteriosa
verdad que llega hasta nosotros como una explosión de vida. Quien se haya
enfrentado a estas verdades y se haya estremecido ante ellas, ya nunca será el
mismo.
Y, con la misma lógica de sorpresa y de
revelación vienen las palabras siguientes, que corresponden en parte a lo que es
el contenido del Sermón de la Montaña en Mateo.
2. Amad a vuestros enemigos puede ser
como el eslogan de este conjunto de versículos, de palabras de Jesús.
¿Quién puede amar al enemigo? Nadie,
absolutamente nadie, si entendemos las palabras con la densidad que tienen por
sí mismas. Amar al enemigo supone una generosidad sobrehumana, y de la propia
naturaleza no disponemos de esa generosidad.
En cierto momento de sus cartas san
Pablo hizo una reflexión sobre esto, cuando escribe. “Cristo murió por los
impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona
buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su
amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom
5,6-8).
3. Hay una filosofía del comportamiento
humano para saber cómo sobrevivir en situaciones de conflicto, de paz entre
vencedores y vencidos, de tolerancia frente a mi opositor para crear un ámbito
de vida sustentable. Si no salváramos ciertas reglas de convivencia, aunque sea
a la fuerza, acabaríamos por destruirnos unos a otros.
Pero no se trata de eso. La doctrina de
Jesús es clara y nunca oída: El hombre no es la medida del hombre. Dios y solo
Dios es la medida del hombre; Dios y solo Dios es el que puede humanizar la
vida del hombre.
Y Jesús propone el comportamiento divino
como modelo y medida del comportamiento del hombre. Dice Jesús: Sed misericordiosos como vuestro Padre es
misericordioso.
Si realmente formamos una familia con
Dios, por relación de familia debemos guardar esta lógica de comportamiento. No
estamos hablando de Filosofía, no estamos hablando de códigos de moral. Estamos
hablando de la revelación que se nos ha dado y que se ha cumplido en la persona
de Jesús. Jesús murió por nosotros – todos: amigos y enemigos – yo debo morir
por mis hermanos, todos: amigos y enemigos.
4.
Este comportamiento que estamos aprendiendo de la doctrina y vida de Jesús, él
lo aprendió del Padre. Nos decía de esta manera: “porque él es bueno con los malvados y desagradecidos”.
Este
es el principio, que Dios es bueno con los malvados y los desagradecidos. Este
es el amor que nosotros, habiéndolo aprendido por revelación, hemos de poner
por obra.
El
amor revelado, que es el que nosotros anhelamos como guía para nuestra vida, es
el amor total, gratuito y para siempre.
5.
Ordenando, pues, los pensamientos que vamos expresando acerca de este amor que
nos revela el Evangelio, podemos hacer tres rotundas afirmaciones:
1)
Primera. Hemos de amar a
nuestro prójimo como Cristo me ha amado a mí.
2)
Segunda. Hemos de amar a
nuestro próximo como Dios Padre ama a todos su hijos, los buenos y los malos,
que hace salir su sol y da su lluvia, sin hacer distinción entre buenos y
malos, entre justos y pecadores.
3)
Tercera. He de perdonar
mis enemigos, a todos mis enemigos, como el Hijo de Dios me ha perdonado
muriendo por mí. Y de esta manera he de perdonar y amar yo hasta dar mi vida por
mis hermanos.
Hermanos:
Este es el Evangelio de Jesús y esta es la doctrina que é ha traído al mudo.
6. Ahora bien, en el Evangelio hay una reflexión
que podríamos llamar complementaria, una reflexión humanista que nos hace mucho
bien. Cuando Jesús pone unas comparaciones:
32 Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito
tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. 33 Y si
hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los
pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestáis a aquellos de los que
esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros
pecadores, con intención de cobrárselo.
Evidentemente hay un humanismo muy
aceptable, que reina en el mundo. Nos hace bien, y ¡enhorabuena porque así sea!
Esa convivencia es sana y laudable y estabiliza la sociedad. No podemos despreciarla.
Y, con todo, Jesús nos abre otro ideal
superior de humanización. Es el del amor gratuito, amor a fondo perdido, amor
de Dios puro y simplemente. Es el tope de la realización del ser humano: amor
de hombre a hombre, como Dios ama al hombre; amor sin condiciones.
7.
Señor Jesús, revelación de todo amor, quiero amar al hombre, a todos los
hombres, como tú me has amado, muriendo por mí; como el Padre me ha amado. Y
quiero perdonar como Dios por ti me ha perdonado. Amén.
Guadalajara, sábado 23 de febrero de
2019.