sábado, 23 de febrero de 2019

1168. Dom. VII, C – Jesús nos revela el comportamiento de Dios que nos ama


Jesús nos revela el comportamiento de Dios ama
Lc 6,27-30

Texto evangélico:
27En cambio, a vosotros los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, 28 bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. 29 Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. 30 A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. 31 Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.
 32 Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. 33 Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
35 Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.
36 Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; 37 no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; 38 dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Hermanos:
1. El domingo pasado escuchábamos las Bienaventuranzas según san Lucas, las Bienaventuranzas y las Malaventuranzas. Sorpresa en esta exposición tan radical, tan reveladora, tan contundente del proceder de Dios. Misteriosa verdad que llega hasta nosotros como una explosión de vida. Quien se haya enfrentado a estas verdades y se haya estremecido ante ellas, ya nunca será el mismo.
Y, con la misma lógica de sorpresa y de revelación vienen las palabras siguientes, que corresponden en parte a lo que es el contenido del Sermón de la Montaña en Mateo.

2. Amad a vuestros enemigos puede ser como el eslogan de este conjunto de versículos, de palabras de Jesús.
¿Quién puede amar al enemigo? Nadie, absolutamente nadie, si entendemos las palabras con la densidad que tienen por sí mismas. Amar al enemigo supone una generosidad sobrehumana, y de la propia naturaleza no disponemos de esa generosidad.
En cierto momento de sus cartas san Pablo hizo una reflexión sobre esto, cuando escribe. “Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom 5,6-8).

3. Hay una filosofía del comportamiento humano para saber cómo sobrevivir en situaciones de conflicto, de paz entre vencedores y vencidos, de tolerancia frente a mi opositor para crear un ámbito de vida sustentable. Si no salváramos ciertas reglas de convivencia, aunque sea a la fuerza, acabaríamos por destruirnos unos a otros.
Pero no se trata de eso. La doctrina de Jesús es clara y nunca oída: El hombre no es la medida del hombre. Dios y solo Dios es la medida del hombre; Dios y solo Dios es el que puede humanizar la vida del hombre.
Y Jesús propone el comportamiento divino como modelo y medida del comportamiento del hombre. Dice Jesús: Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.
Si realmente formamos una familia con Dios, por relación de familia debemos guardar esta lógica de comportamiento. No estamos hablando de Filosofía, no estamos hablando de códigos de moral. Estamos hablando de la revelación que se nos ha dado y que se ha cumplido en la persona de Jesús. Jesús murió por nosotros – todos: amigos y enemigos – yo debo morir por mis hermanos, todos: amigos y enemigos.

4. Este comportamiento que estamos aprendiendo de la doctrina y vida de Jesús, él lo aprendió del Padre. Nos decía de esta manera: “porque él es bueno con los malvados y desagradecidos”.
Este es el principio, que Dios es bueno con los malvados y los desagradecidos. Este es el amor que nosotros, habiéndolo aprendido por revelación, hemos de poner por obra.
El amor revelado, que es el que nosotros anhelamos como guía para nuestra vida, es el amor total, gratuito y para siempre.

5. Ordenando, pues, los pensamientos que vamos expresando acerca de este amor que nos revela el Evangelio, podemos hacer tres rotundas afirmaciones:
1)    Primera. Hemos de amar a nuestro prójimo como Cristo me ha amado a mí.
2)    Segunda. Hemos de amar a nuestro próximo como Dios Padre ama a todos su hijos, los buenos y los malos, que hace salir su sol y da su lluvia, sin hacer distinción entre buenos y malos, entre justos y pecadores.
3)    Tercera. He de perdonar mis enemigos, a todos mis enemigos, como el Hijo de Dios me ha perdonado muriendo por mí. Y de esta manera he de perdonar y amar yo hasta dar mi vida por mis hermanos.

Hermanos: Este es el Evangelio de Jesús y esta es la doctrina que é ha traído al mudo.

6. Ahora bien, en el Evangelio hay una reflexión que podríamos llamar complementaria, una reflexión humanista que nos hace mucho bien.  Cuando Jesús pone unas comparaciones:  
32 Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. 33 Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.

Evidentemente hay un humanismo muy aceptable, que reina en el mundo. Nos hace bien, y ¡enhorabuena porque así sea! Esa convivencia es sana y laudable y estabiliza la sociedad. No podemos despreciarla.
Y, con todo, Jesús nos abre otro ideal superior de humanización. Es el del amor gratuito, amor a fondo perdido, amor de Dios puro y simplemente. Es el tope de la realización del ser humano: amor de hombre a hombre, como Dios ama al hombre; amor sin condiciones.

7. Señor Jesús, revelación de todo amor, quiero amar al hombre, a todos los hombres, como tú me has amado, muriendo por mí; como el Padre me ha amado. Y quiero perdonar como Dios por ti me ha perdonado. Amén.

Guadalajara, sábado 23 de febrero de 2019.

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