miércoles, 29 de septiembre de 2021

1669. La vida es el cielo abierto. Rima sobre Jn 1,51 en la fiesta de los ángeles Miguel, Gabriel, Rafael.

La vida es el cielo abierto

 

Todo lo que sabemos, como revelación – pues no hay otro modo de conocimiento del mundo sobrenatural – lo sabemos desde Jesús y en función de Jesús. Por eso es tan importante la solemne declaración de Jesús tomada como Evangelio para la fiesta de los santa ángeles Miguel, Gabriel y Rafael. La declaración hecha a Natanael está ahora en plural, dirigida a todos los discípulos: “Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre»” (Jn 1,51). Quizás podríamos traducir: Veréis que el cielo se ha abierto, se ha quedado abierto. Manuscritos importantes añaden al principio: “desde ahora”. El pasaje alude evidentemente a la visión de la escala de Jacob camino de Jarán (Gen 28,10-17).

Los santos Evangelios han puesto a los ángeles en relación con Jesús: ángeles del nacimiento, ángeles del desierto, ángeles junto al sepulcro vacío. El mundo angélico pertenece a la Encarnación, al Misterio Pascual (sepulcro vacío y todo el Apocalipsis), al misterio de la Iglesia: ángeles del servicio de la gloria de Dios, dispuestos a restaurar la gloria divina en los pequeños profanados, “Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial” (Mt 18,11).

 

La vida es el cielo abierto:

ángeles suben y bajan

para servir a Jesús

en la gloria de su Pascua

 

Los ángeles que cantaron

en Belén a su llegada:

Gloria a Dios en las alturas

y paz en la tierra amada.

 

Ángeles que en el desierto

lo sirvieron con sus palmas,

porque Jesús era el Hijo,

el nuevo Adán que triunfaba.

 

Hoy he pedido a los ángeles

al orar por la mañana

que intercedan en la misa

con la Pura e Inmaculada

 

Y en la santa Eucaristía,

que es la Pascua y la alabanza,

ángeles en cielo y tierra

Santo, Santo le cantaban.

 

Los ángeles de Jesús,

los ángeles de la guarda,

ángeles de mi lado

mensajeros de su gracia.

 

Miguel, Gabriel, Rafael,

los de las Páginas santas,

del Espíritu de Dios

sois Palabra que lo encarna.

 

Sois su fuerza y su mensaje,

sois medicina que sana,

sois de Jesús con nosotros

la gracia que de él irradia.

 

A Jesús, el Hijo amado,

en la Trinidad sagrada,

triunfo y gloria sempiterna,

los ángeles en su morada. Amén.

 

Madrid, fiesta de los Santo Ángeles Miguel, Gabriel y Rafael 2021

martes, 28 de septiembre de 2021

1668. Amada Jerusalén. Rima sobre Lc 9,51

 

Amada Jerusalén

 

En la celebración eucarística de hoy (martes de la sem. XXVI) iniciamos el viaje de Jesús a Jerusalén. “Sucedió que cuando se cumplieron los días de su asunción, él endureció su rostro para encaminarse hacia Jerusalén” (Lc 9,51, versión literal. La Vulgata traduce: Factum est autem, dum complerentur dies assumptionis eius, et ipse faciem suam firmavit, ut iret Ierusalem”. Y leemos también a Zacarías: “Y vendrán pueblos numerosos… buscando al Señor del universo en Jerusalén” (Zac 8,22).

 

Jerusalén…, Jerusalén… 669 veces en el Antiguo Testamento; Sión 154 veces.

Jesús fue presentado en el Templo de Jerusalén; Jesús, al cumplir los doce años fue con María y José a Jerusalén, y se quedó “en la casa de mi Padre”. Jesús purificó el Templo de Jerusalén (según Juan al principio de su ministerio), Jesús dijo: “Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido. Mirad, vuestra casa va a ser abandonada. Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».” (Lc 13,33-34).

Jesús entró como Mesías en Jerusalén, celebró la Cena pascual en Jerusalén, fue crucificado en Jerusalén, fuera de las murallas, se apareció en Jerusalén, subió al cielo desde Jerusalén.

Jesús amó con todo su ser a la ciudad santa de Jerusalén.

Pero Jesús dijo a la Samaritana: “Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».  La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».  Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo»” (Jn 4,21-25).

A partir de la Resurrección Jerusalén, el Templo de Jerusalén, es el cuerpo de Cristo.

 

Amada Jerusalén,

ciudad del amor divino,

eres ciudad de Jesús,

la ciudad de su destino.

 

Jerusalén y su Templo

que Jesús amó de niño,

como Casa de su Padre

hasta quedarse… perdido.

 

Era Casa de una historia

y que tenía un latido;

los profetas y salmistas

allí la habían sentido.

 

“Y se dirá mientras danzan:

Este y este allí ha nacido”.

Ciudad de paz y oración,

joya del pueblo elegido.

 

Jerusalén de Jesús,

del monte de los Olivos,

también del Monte Calvario

y del sepulcro vacío.

 

Ciudad santa la primera…,

que si cayera en mi olvido,

se paralice mi lengua

para cantar otros himnos.

 

Es el Monte del Señor,

luz y festín exquisito,

abrazo abierto a los pueblos

que el Dios de amor ha ofrecido.

 

Pero créeme, mujer,

que ya la hora ha venido:

ni en este monte ni allí

adoraréis al Dios vivo.

 

Jerusalén es Jesús

en su cuerpo sacratísimo,

Jerusalén es mi historia

leída en su sacrificio.

 

Jerusalén es la cena

de Jesús con sus discípulos,

Jerusalén es mi altar,

el Dios de mi regocijo.

 

Jerusalén, voy a ti

cual creyente peregrino,

voy orando, voy leyendo,

en la mano el Santo Libro.

 

Jerusalén, mi Jesús,

a quien mi vida confío,

Jerusalén, santa Iglesia

humilde casa en que habito.

 

Jerusalén, mis hermanos,

arrepentidos y unidos,

cantando al Padre de todos,

hijos de un solo designio.

 

Jerusalén en la tierra,

de una esperanza cautivos:

Jerusalén celestial,

abierto el cielo un Domingo.

 

Y yo Templo no lo ví

en el sagrado recinto,

porque Templo es el Cordero,

el que vive por los siglos.

 

¡Gloria a ti, Jerusalén,

a ti, Señor Jesucristo;

gloria a ti, que junto a ti,

reservaste nuestro sitio! Amén.

 

Madrid, martes de la sem. XXVI, 28 sept. 2021 (El autor estudió en Jerusalén 1984-1987 y está a la espera de volver a Jerusalén).

domingo, 26 de septiembre de 2021

1667. Mis manos, mis pies, mis ojos - El Juglar del Evangelio, al eco del Evangelio

 Mis manos, mis pies, mis ojos

 

En el Evangelio de hoy (Mc 9,38-48) hemos leído:


43 Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la gehenna, al fuego que no se apaga. 45 Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la gehenna. 47 Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la gehenna, 48 donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Y en la homilía hemos dicho: “Cortar la mano, cortar el pie, arrancar el ojo nos está diciendo que en la vida puede haber momentos – en la vida matrimonial, en la vida sacerdotal, en la vida de cualquier ser humano – en que se imponen decisiones totales. Lo hemos podido ver en enfermos cercanos a nosotros. Ha aparecido la gangrena en un dedo del pie. Se han examina el caso y los doctores han dicho que hay que cortar el dedo. Pero la gangrena ha subido. Se ha vuelto a la consulta y a los análisis, y el dictamen ha sido terrible: hay que cortar el pie, mejor dicho, la pierna hasta encima de la rodilla. Era la única manera de salvar esa vida. En el orden espiritual ocurre lo mismo”.

Evidentemente Jesús no quiere una mutilación corporal.

Más allá del sentido estricto del Evangelio, vayan estos versos, esta “rima espiritual”, que representa “Variaciones espirituales” en torno a las palabras de Jesús.  

 

Mis manos, mis pies, mis ojos,

a ti Jesús, ofrecidos,

yo no los he arrancado,

que tú los has redimido.

 

La vida y sus marejadas

con volcanes y rugidos,

puede tener sus momentos

de ofuscación y delirio.

 

Y entonces, Jesús, nos dices

corta, sin miedo el peligro,

sin piedad, sin compasión,

arráncate de ti mismo.

 

No tengo, fuerzas, Señor;

y, al revés, me justifico…,

que mi cerebro cavila

y mi moral me fabrico.

 

Corta tu mano y tu pie

y actúa desde el principio,

con mente sana y serena,

preparado al sacrificio.

 

* * *
Mis manos son mis tareas,

mi profesión y mi oficio,

son mi proyecto de vida

donde yo me realizo.

 

Rectifica tu trabajo,

y ofrécelo a Cristo vivo,

porque tus manos son santas,

que el Padre santas las hizo.

 

Manos son de compartir

las manos que he recibido,

manos son de bendecir;

que manos me han bendecido.

 

No mandas que me mutile

mis manos con un cuchillo;

tú quieres que estas mis manos

repartan tus beneficios.

 

Toma mis manos, Señor,

de un obrero empedernido;

tú me las diste cual don

y el don tiene su destino.

 

* * *

Y si tu pie va al pecado,

córtalo bien decidido,

que es mejor cojo en la Vida,

que al fuego sin ser tullido.

 

Mis pies son mi dirección

por donde yo me encamino,

y mi brújula es Jesús,

que del cielo acá nos vino.

 

Por caminos providentes,

peregrino, peregrino,

Dios lo sabe, solo Él,

porque en él no hay laberintos.

 

Mi Jesús, buen caminante,

camina siempre conmigo,

y no cortaré mi pie,

que en santidad voy contigo.

 

Mas si caigo y desfallezco,

que humano soy, pobrecillo,

sé tú mi Samaritano,

mi médico compasivo.

 

* * *

Y si tu ojo te lleva

a pecar como lascivo,

tíralo como una brasa,

no prenda el fuego encendido.

 

Señor de mis sentimientos,

que aúnas lo desunido,

el corazón es misterio

humano hasta lo infinito.

 

Purifica y unifica

mi historia desde el inicio,

tus ojos miran y ven

quién soy yo y quién he sido.

 

Y que yo sepa mirar

con esos ojos divinos,

para que vean en amor

como esos ojos han visto.

 

Y nunca me arrancaré

el ojo puro y sencillo,

el que tú en el Evangelio

han predicado y querido. Amén.

 

Madrid, 26 septiembre 2021, domingo XVI del tiempo ordinario.