Cuando Dios creó el sábado
“Si entras en la viña de tu prójimo, come las uvas que quieras, hasta saciarte, pero no metas nada en tu cesta. Si entras en la mies de tu prójimo, arranca espigas con tu mano, pero no metas la hoz en la mies de tu prójimo” (Deut 23,25-26).
Puedes comer, porque tienes necesidad y es tu hermano, tu familia; pero llevarte no… Puedes comer, pero “moler” …, trabajar…, no porque es sábado. La casuística puede ser tan sutil. La Mishná, en su momento, determinará minuciosamente qué se puede hacer y no hacer en sábado…
¿Es que Jesús es un maestro liberal y deshace toda la casuística…? No se trata precisamente de esto. Jesús no quiere dar una lección superior de moral. Las palabras de Jesús son revelación, y revela su propio señorío divino. Jesús dice algo que solo puede decir Dios: Jesús dice que El Hijo del hombre es Señor del Sábado.
Cuando Dios creó el sábado,
que fue después de seis días,
se lo creó para sí:
que fuera su maravilla.
Los seis días para el hombre,
el séptimo es gloria mía;
os entrego cielo y tierra
el sábado es mi delicia.
La luz, el sol, las estrellas,
la tierra y aguas marinas,
los habitantes del aire
los vivientes que caminan…
Los espacios infinitos,
abiertos a mil conquistas,
lo que el hombre ha de crear
cuando piensa e investiga…
Las edades y milenios,
las razas, pueblos, familias,
los pensares, la belleza
la excelsa sabiduría…
Todo es vuestro y para siempre,
propiedad a compartirla,
juntando trabajo y gozo
para la historia más digna.
Pero el Sábado lo guardo
como morada divina,
la santidad y el secreto
de Dios que se glorifica.
El sábado lo reservo
como anuncio del Mesías,
porque ha de ser tras el sábado
la luz del Octavo Día.
* * *
Quien el Sábado profane
será reo de herejía,
que reniega al solo Dueño,
Creador de la armonía.
Descanse en Sábado el mundo,
todo el orbe en sinfonía,
como Dios ha descansado
al cabo de su fatiga.
Y goce con Dios gozando
de todas sus maravillas,
la oración y la Escritura
ocupen horas tranquilas.
Y no se ocupen sus manos
de obras serviles, mezquinas,
porque es el Día de Dios
Dueño que todo domina.
***
¿Quién es, pues, ese que dice,
cosa que nunca fue oída,
que él es el Dueño del Sábado,
discutiendo sobre espigas?
Mudos quedaron aquellos
ante tamaña osadía;
más que osadía blasfemia
digna de muerte en justicia.
Por siempre bendito el Santo,
muera quien contrario diga,
quien ofende al Creador
a Gehenna se castiga.
* * *
Pero Jesús así hablaba,
mas no como moralista,
que al decir tal señorío
Hijo de Dios se decía.
Y fue que, pasado el Sábado,
al alba, de amanecida,
habiendo comprado aromas,
hacia la Roca corrían.
Primer Día de semana,
otro Sábado nacía,
Día de Dios triunfador,
Domingo se llamaría.
Y en esta octava jornada
el Sábado se vertía,
Día Santo de los Santos,
Día de la Eucaristía.
Hoy me apresto a celebrar,
como ayer la diaria Misa,
y mi alma está de boda
a punto de Octavo Día.
21. Cayó flácida por tierra
toda la humana casuística:
Dios es fiesta por su Hijo
y su cielo hoy principia.
Dios me da su intimidad
para el cielo prometida:
pan y vino en el altar,
comienza la Parusía. Amén, aleluya.
Madrid, 4 sept. 2021, sábado semana XXII del tiempo ordinario.
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