domingo, 26 de septiembre de 2021

1667. Mis manos, mis pies, mis ojos - El Juglar del Evangelio, al eco del Evangelio

 Mis manos, mis pies, mis ojos

 

En el Evangelio de hoy (Mc 9,38-48) hemos leído:


43 Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la gehenna, al fuego que no se apaga. 45 Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la gehenna. 47 Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la gehenna, 48 donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Y en la homilía hemos dicho: “Cortar la mano, cortar el pie, arrancar el ojo nos está diciendo que en la vida puede haber momentos – en la vida matrimonial, en la vida sacerdotal, en la vida de cualquier ser humano – en que se imponen decisiones totales. Lo hemos podido ver en enfermos cercanos a nosotros. Ha aparecido la gangrena en un dedo del pie. Se han examina el caso y los doctores han dicho que hay que cortar el dedo. Pero la gangrena ha subido. Se ha vuelto a la consulta y a los análisis, y el dictamen ha sido terrible: hay que cortar el pie, mejor dicho, la pierna hasta encima de la rodilla. Era la única manera de salvar esa vida. En el orden espiritual ocurre lo mismo”.

Evidentemente Jesús no quiere una mutilación corporal.

Más allá del sentido estricto del Evangelio, vayan estos versos, esta “rima espiritual”, que representa “Variaciones espirituales” en torno a las palabras de Jesús.  

 

Mis manos, mis pies, mis ojos,

a ti Jesús, ofrecidos,

yo no los he arrancado,

que tú los has redimido.

 

La vida y sus marejadas

con volcanes y rugidos,

puede tener sus momentos

de ofuscación y delirio.

 

Y entonces, Jesús, nos dices

corta, sin miedo el peligro,

sin piedad, sin compasión,

arráncate de ti mismo.

 

No tengo, fuerzas, Señor;

y, al revés, me justifico…,

que mi cerebro cavila

y mi moral me fabrico.

 

Corta tu mano y tu pie

y actúa desde el principio,

con mente sana y serena,

preparado al sacrificio.

 

* * *
Mis manos son mis tareas,

mi profesión y mi oficio,

son mi proyecto de vida

donde yo me realizo.

 

Rectifica tu trabajo,

y ofrécelo a Cristo vivo,

porque tus manos son santas,

que el Padre santas las hizo.

 

Manos son de compartir

las manos que he recibido,

manos son de bendecir;

que manos me han bendecido.

 

No mandas que me mutile

mis manos con un cuchillo;

tú quieres que estas mis manos

repartan tus beneficios.

 

Toma mis manos, Señor,

de un obrero empedernido;

tú me las diste cual don

y el don tiene su destino.

 

* * *

Y si tu pie va al pecado,

córtalo bien decidido,

que es mejor cojo en la Vida,

que al fuego sin ser tullido.

 

Mis pies son mi dirección

por donde yo me encamino,

y mi brújula es Jesús,

que del cielo acá nos vino.

 

Por caminos providentes,

peregrino, peregrino,

Dios lo sabe, solo Él,

porque en él no hay laberintos.

 

Mi Jesús, buen caminante,

camina siempre conmigo,

y no cortaré mi pie,

que en santidad voy contigo.

 

Mas si caigo y desfallezco,

que humano soy, pobrecillo,

sé tú mi Samaritano,

mi médico compasivo.

 

* * *

Y si tu ojo te lleva

a pecar como lascivo,

tíralo como una brasa,

no prenda el fuego encendido.

 

Señor de mis sentimientos,

que aúnas lo desunido,

el corazón es misterio

humano hasta lo infinito.

 

Purifica y unifica

mi historia desde el inicio,

tus ojos miran y ven

quién soy yo y quién he sido.

 

Y que yo sepa mirar

con esos ojos divinos,

para que vean en amor

como esos ojos han visto.

 

Y nunca me arrancaré

el ojo puro y sencillo,

el que tú en el Evangelio

han predicado y querido. Amén.

 

Madrid, 26 septiembre 2021, domingo XVI del tiempo ordinario.

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