lunes, 31 de octubre de 2022

1820. EL ROSARO VIVIENTE (Tepotzotlán, sábado 20 octubre 2022)

1820. EL ROSARO VIVIENTE

(Tepotzotlán, sábado, fin de octubre 2022).


Octubre es el mes de santo Rosario, y cerca de donde vivo, en el pueblo (ciudad) de Tepotzotlán (donde está el Museo Nacional del Virreinato, que es parte del Instituto nacional de Antropología e Historia de México9, el celoso Párroco, P. Noé Ocampo, ha organizado con  sus fieles en el último sábado (29 octubre) un rosario viviente, con un sencillo programa por la tarde:

-        Plática espiritual sobre el santo rosario.

-        Adoración al santísimo sacramento.

-        Rosario viviente en la plaza, delante de la iglesia.

A la noche el Párroco comentó: “Muchas gracias por este maravillosos día”. Unos hombres sacaron a la Virgen en andas de la iglesia. La Virgen, toda de blanco, tenía un rosario grande en sus manos, con los cinco colores de los cinco continentes (el “rosario misionero”). Y una corona de cincuenta globos dispuestos en el suelo como un rosario extendido aguardaba ser iluminados, introduciendo en cada uno de ellos una veladora, por cincuenta avemarías que se fueron encendiendo, una a una, por niños y niñas, jóvenes y mayores, lo mismo hombres que mujeres, al paso que fuimos desgranando los cinco misterioso gloriosos y expresando en voz alta nuestros deseos, súplicas e intenciones ante la Virgen María.

Para explicar qué es el Rosario acudimos l documento postconciliar “Marialis cultus” de San Pablo VI (2 febrero 1972) y a la carta apostólica de san Juan Pablo II “Rosarium Virginis Mariae” (16 de octubre de 2002, “inicio del vigésimo quinto año de mi pontificado”). El Rosario es oración cristológica y contemplativa:

-        Contemplar el rostro de Cristo con María.

-        Recordar a Cristo con María.

-        Comprender a Cristo desde María.

-        Configurarse a Cristo con María.

-        Anunciar a Cristo con María.

No son pensamientos de mi invención, sino titulares de la citada carta apostólica.

He saboreado la fiesta que celebramos componiendo unos versos, como “Juglar del Evangelio”, al eco de lo que el corazón iba diciendo. Acaso sea un indicador para otra circunstancia. El Papa nos ha explicado minuciosamente los componentes del rosario, y ha indicado cómo, después de enunciado del misterio, se puede dar un breve (diría brevísimo) texto de la Escritura. Podría ser una opción muy oportuna apara una ocasión así.

 

 

 

Invitación - Pregonero

 

Este rosario viviente

es una ofrende amor

que le brinda nuestro pueblo

a la Madre del Señor.

 

De la mano de María

venimos en oración

a contemplar los misterios

de Dios Hijo Redentor.

 

Él ha muerto por nosotros,

él es la gracia y perdón,

él vive y es ante el Padre

el único Mediador.

 

Y cuando moría en cruz,

con su mirada y su voz,

a su propia santa madre

como Madre nos dejó.

 

Y la Virgen desde el cielo

hoy ejerce su misión,

como Madre de la Iglesia

que el Hijo la proclamó.

 

Este Rosario viviente,

orado en contemplación,

es un obsequio a la Madre

con rosas del corazón.

 

Iremos prendiendo lámparas,

cincuenta aquí alrededor,

y con su imagen en medio

que irradia paz y esplendor.

 

Ella nos ve desde el cielo

y no es falaz ilusión

sentir su suave presencia

con suave consolación.

 

Nos unimos a la Iglesia

y abrazamos con fervor

al mundo que Dios ha amado

al darnos la redención.

 

 

MISTERIOS GLORIOSOS DEL SANTO ROSARIO

 

I

Lector:

Primer misterio:  El Señor resucita glorioso del sepulcro

“El ángel habló a las mujeres: «Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. 6 No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía 7 e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis” (Mt 28,5-7).

Pregonero:

Peregrina de la fe

que en Nazaret comenzó,

fuiste la Madre creyente

que en Pascua se iluminó.

Que nuestra fe no vacile

con tanta contradicción,

y ante el mundo proclamemos

que Cristo resucitó.

 

 

II

(La Ascensión del Señor a los cielos)

Jesús nos abrió el camino

cuando a los cielos subió,

y que allí nos esperaba

en la Cena aseguró.

A ti, Madre intercesora,

vencedora del dragón,

pedimos nos acompañes,

en la ruta a la ascensión.

 

III

(La venida del Espíritu Santo sobre María sanísima y los Apóstoles)

Con sus dones, el Espíritu

es divina bendición

y en el Bautismo ha bajado

ungiéndonos con su Unción.

Virgen pura y la primicia

de la nueva creación,

por el Espíritu Esposo

el Verbo en ti se encarnó.

 

IV

(La Asunción de la Virgen María)

La  clara Pascua del Hijo

fue tu Pascua y Asunción,

y en cuerpo y alma en el cielo

tu vida se coronó.

Llévanos, oh Madre Asunta,

Santa ya en tu concepción;

y en la hora de la muerte

 

V

(La coronación de la Virgen María participando en la gloria de su Hijo)

A su gloria el Rey de reyes,

como Reina te asoció;

y eres Madre y eres Reina

de ternura y compasión.

De nuestra humana familia

eres la más bella flor,

y serás Reina por siempre

la Reina del puro amor.

 

 

Despedida

 

En cada familia nuestra

María tiene un rosario,

que rosas son nuestras obras

que a ella le consagramos.

 

“Dulce Madre, no te alejes”,

mil veces le hemos rezado,

cual nuestros padres y abuelos

de siempre nos enseñaron.

 

Se llamará Guadalupe

o la Virgen de los Lagos,

o la Virgen de mi pueblo

donde  a mí me bautizaron.

 

Junto a Jesús ella está,

si no lo tiene en sus brazos,

y a Jesús nos lleva siempre

que solo a él adoramos.

 

Es puerta del Evangelio,

:es la llave del sagrario:

Porque “Haced lo que él os diga”

es lo que dicen sus labios.

 

Muy unidos a María,

hemos de ser siempre hermanos,

buscando siempre la paz

y dispuestos a ayudarnos.

 

Hoy nos decimos “adiós”,

mirándonos con agrado,

y a esta fiesta de la madre

nos citamos para otro año. Amén. Aleluya.

 

30 octubre 2022 (Domingo)

Fr. Rufino María Grández 

viernes, 28 de octubre de 2022

1819. Dom. XXXI, C – Jesús y Zaqueo el publicano

  

Jesús y Zaqueo el publicano, jefe de publicanos

Lc 19,1-10

 

Texto evangélico:

c19 1 Entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. 2 En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, 3 trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. 4 Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. 5 Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». 6 Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. 7 Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». 8 Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». 9 Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. 10 Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

 

 

Hermanos:

1. De nuevo san Lucas el Evangelio que vamos leyendo semana tras semana nos da una lección de sentido social y de revelación del misterio de la salvación que nos deja totalmente estupefactos.

Si san Lucas hubiera sido periodista en los tiempos modernos, se las hubiera pintado de las mil maravillas, porque es un auténtico artista cuando se pone a narrar. La escena realista es graciosa, y hasta deja entrever un cierto sentido del humor.

Jesús entra en Jericó, camino de Jerusalén. Es la última ciudad de su trayecto. Jesús es popular y más que popular. Su fama mueve las masas. Y Zaqueo, al que le vamos a ver como un hombre de fuerte personalidad, que es pequeño y quiere verlo a su gusto, se encarama a un árbol sicomoro, una especie de higuera ornamental. Y efectivamente consigue su propósito.

Pero ocurre que también Jesús quiere ver a Zaqueo. ¿De dónde lo conocía y por qué quería verlo? No lo conocía de vecindario; lo conocía porque Jesús era Jesús, y porque había venido a lo que había venido.

 

2. Y entonces le dice una frase que debemos entenderla correctamente. Le dice: Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa.  No es una frase literaria, un modo amistoso y simpático de invitarse a sí mismo. En el Evangelio de san Lucas ese “es necesario”, que se repite otras veces, es un designio divino. De manera que lo que parece una agradable narración de amigos, es, en realidad, una narración sobrenatural de algo que va a acontecer.

Es necesario, Dios guía los acontecimientos de la vida y yo sé que Dios estaba esperando esta hora. Zaqueo había ido allí por curiosidad. Jesús no le habla por curiosidad, ni por casualidad; Jesús le habla así, porque en su corazón ha escuchado la voz del Padre.

Es necesario. Sí, es necesario que hoy vaya a comer contigo.

Hermanos, una reflexión sencilla de pasada nos puede hacer mucho bien. La vida está llena de acontecimientos variados y normales, que se suceden sin importancia. A lo mejor en esos acontecimientos que no tienen importancia, a lo mejor allí se esconde Dios. Cuántas personas, por ejemplo, pueden decir que han encontrado al amor de su vida, en aquella circunstancia vulgar que no tenía que ver nada con el amor; pero Dios estaba allí, y Dios estaba aguardando. Es hermoso contemplar la vida no con magia, sino con esos ojos de sorpresa y de amor.

El Evangelio de hoy va a terminar en lo que a continuación vamos a comentar. Pero cuántas veces a lo largo de la vida, Zaqueo habrá dicho: Dios mío te doy gracias porque aquel día se me ocurrió subirme a un árbol, para contemplar a Jesús de Nazaret que pasaba por mi pueblo.

 

3. ¿Qué ocurrió, pues, en lo que hemos comenzado a narrar? Que Jesús levantó los ojos hacia arriba y le echó un grito.

Jesús levantó los ojos, sí, así lo señala el Evangelio; levantó los ojos para mirarle  y decirle con voz que se pudiera oír: Zaqueo, baja, que hoy tengo que hospedarme en tu casa.

No le preguntaba nada, como parece lo correcto y procedente, como nosotros diríamos: ¿Qué? ¿Me invitas? No es esta la pregunta, recalcamos. Sino bien distinta. Tengo que hospedarme en tu casa, baja.

Parece que se cambian las tornas y que el que invita es Jesús, porque tiene algo que dar. Jesús le está invitando a Zaqueo, Jesús es el anfitrión, el que le va a ofrecer no un convite de manjares, no unos platos de buena mesa, sino algo mejor que solo él puede ofrecer.

 

4. Sigue el relato diciendo no que Zaqueo bajó, sino que bajo corriendo, se dio prisa en bajar, y otra cosa más: que bajó muy contento. Sin duda pensaba: Va a entrar en mi casa un verdadero Maestro de Israel. Eso nunca le había pasado.

Y ahora aquí el narrador nos invita a prestar atención a una escena de contraste, una escena oscura y siniestra, una fea murmuración que suena por lo bajo. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».

Dicen los comentaristas de san Lucas que a este evangelista le gusta generalizar. “Todos murmuraban de él”. A lo mejor no eran tantos como todos. De cualquier manera lo que queda claro es que en la opinión popular Zaqueo, por ser contador de impuestos, aunque posiblemente era simpático, no era bien visto. Un contador es un pecador. Recuerden, hermanos, que la parábola del domingo pasado era la del “santo” Fariseo y la del “pecador” Publicano que a lo mejor tenía bastante dinero.

En el caso presente, Zaqueo no era solamente Contador, es decir, Publicado, sino Jefe de Contadores, jefe de Publicanos, lo que agrava la situación para que tuviera mala fama.

Según estos datos, Jesús está provocando una escena mal vista. Él va a ir a una casa impura, con el agravante de que no va porque le hayan invitado, sino porque él mismo se ha invitado. Jesús se alía con los pecadores, y, por lo tanto, con el pecado. Y esto es verdad, pero de distinta manera de lo que se piensa la gente

 

5. Y efectivamente se hace el banquete y el Pecador echa un discurso, que es introducido solemnemente por el Evangelio, porque el discurso es muy importante.

Oigamos de nuevo lo que hemos escuchado: Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más. Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más.

Eso fue la conclusión de la comida, de manera que lo que aparentemente era un acto social de simpatía y amistad se convirtió en un acto altamente religioso. Aquel hombre de dudosa fama dio una soberana lección a todos y nos la está dando hoy a nosotros.

¿Quién puede decir hoy, qué hombre normal de la calle, que funcionario o empresario se atreve a decir hoy lo que dijo Zaqueo: Decidido, la mitad de mis bienes para los pobres; y, si he robado, si he perjudicado, devolveré no lo que debo sino cuatro veces más? ¿Dónde aparece estoy hoy en los periódicos?

Pues esta es la lección social que nos da hoye este hombre para que nos la apliquemos cada uno de nosotros.

 

Ahora sí que comprendemos la invitación imperativa de Jesús: Zaqueo, hoy tengo que hospedarme en tu casa. A partir de aquel día, hermanos, Zaqueo fue feliz.

 

Y aquello terminó como si fuese una misa o confesionario: Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán.

Y el remate: Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Si sabemos leer, cada escena del Evangelio. Y hoy sin dificultad decimos: Sí, Señor, esto es el Evangelio.

 

Señor Jesús, gracias por esta lección espléndida que nos das. Enséñame a mí, que voy buscando, la verdadera felicidad que se encuentra en tus palabras, en tus normas de conducta. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, viernes, 28 octubre 2022.

viernes, 21 de octubre de 2022

1.818. Dom. XXX, C – Jesús, la oración y el Domingo Mundial de Misiones

Jesús la oración y el Domingo mundial de misiones

Lc 18,9-14


Texto evangélico:

9 Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: 10 «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. 11 El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. 12 Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. 13 El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. 14 Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

 

Hermanos:

1. El domingo pasado nos hablaba Jesús, con la sorprendente parábola del juez injusto y la viuda, de cómo teníamos que orar de continuo sin fallecer. El Evangelio de hoy es exactamente la continuación del anterior; nos habla también de la oración que Dios espera de nosotros.

Pero hoy, hermanos, se celebra en toda la Iglesia el Domingo Mundial de las Misiones, el Domund, y en el breve tiempo de esta homilía queremos hablar de las cosas: de la lección consoladora que nos da Jesús en el Evangelio y de esta vocación misionera que tiene toda la Iglesia, todos los que nos decimos discípulos de Jesús.

 

2. De nuevo, es san Lucas el que nos introduce la parábola de Jesús con una llamada de atención, para que sepamos comprender con exactitud las palabras divinas del Señor, nuestro Maestro. Dijo […] esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás.

 ¡Qué horrible y repugnante es considerarse superior y despreciar a los demás! Dos hombres subieron al templo a orar: uno era santo y otro pecador, uno Fariseo, pero un Fariseo especial, un Fariseo perfecto con todos los defectos, y un pecador, que no era precisamente un mendigo. A lo mejor era más rico que el Fariseo, pero era un Publicano, un hombre que por su oficio tenía las manos manchadas – o, al menos, así se creía, con abusos e injusticias, a que se prestaba su oficio – pero él vino al templo porque se sentía pecador ante Dios, una miseria, y quería pedir perdón. Y no decía ninguna oración brillante y bonita, bien compuesta. Decía tan solo: Señor, soy una miseria, soy un pecador, ¡ten piedad de mí!

El otro, el Fariseo, es un Fariseo que ridiculiza Jesús; si lo ridiculiza es porque había fariseos de ese talente.

Este Fariseo, el hombre perfecto, ora como podría orar un hombre perfecto. Señor, te doy gracias, decía… ¡Qué cosa más bella que dar gracias a Dios, alabarle y bendecirle! Es lo más bello que podemos hacer en nuestra oración: reconocer a Dios, su amor y su bondad, y darle gracias.

Pero sigamos la oración: Te doy gracias, Dios mío, porque yo no soy como los demás hombres, ni tampoco como ese publicano que veo por ahí. ¿Cómo son los demás hombres y cómo era él? Los demás hombres son: ladrones, injustos, adúlteros. Pues es verdad que hay tantos ladrones, injustos y adúlteros, conocidos y desconocidos. Yo no soy como esa ralea de personas, que abundan. Tristemente es verdad.

Pero ya suena mal eso de compararse con los demás, porque algún defecto también tendremos los buenos.

“Yo ayuno dos veces por semanas”. Esto es una barbaridad, porque no tenía obligación. “Ya lo sé”, pero lo hago por los pobres pecadores. ¿Y qué más hacía? Era cumplidor meticuloso de todos los preceptos de la Ley, por ejemplo, da el diezmo hasta de las minucias que entraban en su casa.

Una persona así parece que merece un altar; él mismo se canoniza.

 

3. ¿Qué pensaría la gente cuando escuchaba a Jesús? Pues la gente podía pensar lo que Dios estaba pensando: este santo es un repugnante. Si eso es ser santo, yo me desapunto, con toda razón.

En cambio, aquel otro señor, el publicano, aunque tenía una apariencia correcta y no era ningún mendigo, en un rincón ni se atrevía a levantar los ojos al cielo. Señor, Dios mío, ¡ten misericordia de mí, soy una calamidad! Es lo que decimos, hermanos, en un momento muy especial de la misa: Kyrie, eleison. El Señor eres tú, no yo, ¡ten piedad de mí! Dios mío, no tengo nada de qué presumir. Tú me conoces, me apoyo en ti… ¡ten piedad de mí!, dame fuerzas para cambiar, ¡ten piedad de mí!, soy un pecador.

Y ¿qué dijo Jesús? Que esta oración fue preciosa. que agradó a Dios, que este bajó a su casa justificado. Y el santo Fariseo volvió peor de cuando había entrado; no le agradó a Dios ese derroche de santidad que el Fariseo había mostrado, cantando sus virtudes y despreciando a los demás.

La lección está muy clara. Orar es entrar en humildad ante Dios que nos conoce, y abandonar todo el corazón en él y decirle: Dios mío, ¡ten piedad de mí, confío en ti! Y esto no es deprimente; esto da un gozo en el corazón que no se compra con nada.

 

4. Hermanos, estamos hablando de la oración, que es la forma principal de relacionarnos con Dios, y, según lo anunciado, hoy es el Domingo que se propone, antes de terminar el mes de octubre, a todos los cristianos como el Domingo Mundial de Misiones. Para esta circunstancia el Papa todos los años escribe una carta, un mensaje. El Mensaje de este año está fechado, para nuestra reflexión, el día de La Epifanía, los Reyes que vienen de oriente al Salvador que ha nacido, día misionero por excelencia.

El mensaje que nos manda el Papa para el Día de hoy está tomado de las últimas palabras que dice Jesús Resucitado en la última aparición a los discípulos en el Cenáculo: Seréis mis testigos hasta los confines del mundo, con la fuerza del Espíritu Santo.

Y explica muy detalladamente las tres cosas:

La primera: ser testigos

La segunda: ser testigos en todos los rincones del mundo.

Y la tercera: con la fuerza, con la inspiración, con la novedad y sorpresa que nos da el Espíritu Santo.

Repite lo que mil veces ha dicho: que todo discípulo es misionero, sabiendo que la primera forma de ser misionero es ser testigos.

San Francisco lanzó a sus hermanos entre sarracenos y otros infieles, y les escribió estas palabras en la Regla: “Y los hermanos que van, pueden conducirse espiritualmente entre ellos de dos modos. Un modo consiste en que no entablen litigios ni contiendas, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios (1 Pe 2,13) y confiesen que son cristianos. El otro modo consiste en que, cuando vean que agrada al Señor, anuncien la palabra de Dios, para que crean en Dios omnipotente, Padre e Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas, y en el Hijo, redentor y salvador, y para que se bauticen y hagan cristianos, porque el que no vuelva a nacer del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (cf. Jn 3,5)” (RnB XVI).

Les invito, hermanos, a cuantos usan estos métodos modernos del Internet a leer este mensaje del Papa ( es un tanto largo, cinco páginas) con la seguridad de que les ha de hacer mucho bien. En él nos recuerda cuatro grandes obras que han nacido en la Iglesia en favor de la causa de Jesús, una de ellas por iniciativa de una señorita francesa, Paulina Jaricot, ahora elevada a los altares como Beata Paulina Jaricot.

¿Día para contribuir económicamente por las Misiones Católicas, en ayuda de las obras que llevan a cabo los misioneros? Sin duda, pero, sobre todo, día para reflexionar sobre la encomienda que nos ha hecho Jesús, al despedirse de este mundo, y para descubrir en el fondo del corazón: Yo también soy misionero.

 

Señor Jesús, tú has traído el Evangelio del amor de Dios a este mundo; tú has traído un mensaje de hermanad a toda la familia humana, porque tú eres el Hijo Dios y quieres asociarnos a tu verdadera filiación. Haz que yo sepa apreciar estos dones,  y que con el testimonio de mi vida yo muestre la verdad santa del santo Evangelio. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, viernes 21 octubre 2022

(Beata María Lorenza Longo (+1539), Iniciadora de las Hermanas Capuchinas)