Adviento: Una expectación piadosa y alegre
Mt 24,37-44
Texto
evangélico:
37
Cuando venga el
Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. 38 En los días antes
del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres
tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; 39 y
cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo
sucederá cuando venga el Hijo del hombre: 40 dos hombres estarán en
el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; 41 dos mujeres
estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. 42 Por
tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 43
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el
ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. 44
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis
viene el Hijo del hombre.
Hermanos:
1. Hoy iniciamos el Adviento del Señor
en este año gracia que culminará con la Pascua del Señor, 12 de abril de 2020.
La Pascua es la raíz de nuestra espiritualidad; de la Pascua han nacido todos
los tiempos litúrgicos.
Hoy iniciamos el Adviento y abrimos el
Misal de la Iglesia, para saber exactamente qué es el Adviento. He aquí la
respuesta
“El tiempo de Adviento tiene una doble
índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las
que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la
vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la
expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos
razones el Adviento se, nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y
alegre” (Normas… Calendario, 39).
Una expectación piadosa y alegre,
es el eslogan de Adviento, que lo tomamos como título y mensaje de esta homilía.
2. Adviento, ¿tiempo de preparación para
Navidad? Sí, pero esta es una respuesta incompleta, porque hasta sin Navidad…
podría haber Adviento.
El Adviento nos recuerda la historia de
Dios con nosotros, las promesas de Dios, el final feliz de esta historia,
centrada en Jesús, hijo de María Virgen.
Ese libro que se llama la Liturgia de las Horas, que todo fiel
cristiano puede tomar en sus manos como libro de la oración diaria, abre el Adviento
con este poético responsorio:
“Mirando
a lo lejos, veo venir el poder de Dios y una niebla que cubre la tierra. Salid a su encuentro y decidle:
"Dinos si eres tú El que ha de reinar sobre el pueblo de Israel.
Plebeyos
y nobles, ricos y pobres. Salid a su encuentro y decidle:
Pastor
de Israel, escucha, tú que guías a José como un rebaño. Dinos si eres tú.
¡Portones!,
alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de
la gloria. El que ha de reinar sobre el pueblo de Israel...”
3. Como primer cuadro evangélico de
Adviento, en este primer Domingo nos presenta la Iglesia el Adviento glorioso de
Jesús al final de los tiempos. Dios es el dueño el tiempo, el Señor de la
Historia, y solo Él. Solo Él es el que ha de poner fin a las cosas de este
mundo pasajero que está abocado a la eternidad. Solo Dios, solo Dios.
Y siendo esto así, Jesús se pone en esta
cúspide divina, con la misma categoría de Dios, porque Él es Hijo de Dios.
Cuando
venga el Hijo del hombre…, así habla Jesús. Así habla Jesús,
con una frase que se repite tres veces en este el Evangelio, que concluye con
este aviso: Por eso, estad también
vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del
hombre.
4. Este Adviento de Jesús da el sentido
a su vida, que, vista desde afuera, se podría considerar como un fracaso. Jesús
vino a su pueblo, Anunciador del reino de Dios. No se fue a la Diáspora de los
judíos, esparcidos en otras naciones, no se fue a los gentiles, como irá sus
discípulo Pablo. Él dedico su vida exclusivamente al pueblo de Israel, y fue
rechazado. Esto fue el dolor de su vida.
Pero él tenía una visión transcendente
de todo lo que estaba ocurriendo y sabía que, al final, la historia había de terminar
con el triunfo universal, y que él era juez y salvador no solo de Israel, sino
del mundo entero.
Si seguimos leyendo un poco más adelante
este Evangelio de san Mateo, lo veremos a Jesús como juez de las naciones.
5. Adviento, tiempo de expectación piadosa y
alegre, tiempo de esperanza. El primer oráculo de hoy nos abre un
panorama grandioso, que podemos leer uniendo nuestra esperanza y alegría a la
esperanza y alegría de nuestros hermanos hebreos. En este oráculo están los
designios de Dios. Es uno de esos textos bellísimos de la Sagrada Escritura,
que se graban en el alma:
2 En los días futuros estará firme |
el monte de la casa del Señor, | en la cumbre de las montañas, | más elevado
que las colinas. | Hacia él confluirán todas las naciones, 3
caminarán pueblos numerosos y dirán: | «Venid, subamos al monte del Señor, | a
la casa del Dios de Jacob. | Él nos instruirá en sus caminos | y marcharemos
por sus sendas; | porque de Sión saldrá la ley, | la palabra del Señor de
Jerusalén». Juzgará entre las naciones, | será árbitro de pueblos numerosos. |
De las espadas forjarán arados, | de las lanzas, podaderas. | No alzará la
espada pueblo contra pueblo, | no se adiestrarán para la guerra. 4
Casa de Jacob, | venid; caminemos a la luz del Señor (Is 2,2-4)
6. Si todos estos mensajes los incorporamos
a nuestra vida, hermanos, vemos que no nos podemos ahogar en estos avatares
políticos, en los que estamos zarandeados meses y meses.
Nuestros horizontes son diferentes si
ponemos a Cristo como eje y centro de nuestra existencia. La vida no es como
nos la presentan los políticos, que prescinden del dominio de Dios. Como si
Dios fuera un accidente para el que creyera en Él, y nada más. Si excluimos la
existencia de Dios nada tiene sentido, y esto es un caos al aire del más
poderoso, del que mejor sabe dominar y engañar. Pero nosotros creemos en el
Adviento de Cristo y eso da sentido, esperanza, alegría y paz.
Conclusión de todo ello: lo que nos dice
hoy san Pablo, para el Adviento y para siempre:
“Comportaos
así, reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del
sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando
abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las
obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz… Revestíos más bien del
Señor Jesucristo, y no deis pábulo a la carne siguiendo sus deseos” (Rom
13,11-14).
Nuestros primeros hermanos cristianos de
las primeras comunidades hebreas tenían un grito de triunfo y de llamada: Maránatha,
Ven Señor Jesús, que está en el Apocalipsis, y que nosotros hemos
recuperado para decirlo después de la consagración, en la Misa. Y con él
concluimos esta homilía:
Anunciamos
tu muerte, proclamamos tu resurrección: ¡Ven, señor Jesús!
Guadalajara, Jalisco, jueves, 28
noviembre 2019