jueves, 28 de noviembre de 2019

1278. Adviento A, Dom 1 – Una expectación piadosa y alegre


Adviento: Una expectación piadosa y alegre
Mt 24,37-44

Texto evangélico:
37 Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. 38 En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; 39 y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: 40 dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; 41 dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. 42 Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 43 Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. 44 Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

Hermanos:
1. Hoy iniciamos el Adviento del Señor en este año gracia que culminará con la Pascua del Señor, 12 de abril de 2020. La Pascua es la raíz de nuestra espiritualidad; de la Pascua han nacido todos los tiempos litúrgicos.
Hoy iniciamos el Adviento y abrimos el Misal de la Iglesia, para saber exactamente qué es el Adviento. He aquí la respuesta

“El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se, nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre” (Normas… Calendario, 39).
Una expectación piadosa y alegre, es el eslogan de Adviento, que lo tomamos como título y mensaje de esta homilía.

2. Adviento, ¿tiempo de preparación para Navidad? Sí, pero esta es una respuesta incompleta, porque hasta sin Navidad… podría haber Adviento.
El Adviento nos recuerda la historia de Dios con nosotros, las promesas de Dios, el final feliz de esta historia, centrada en Jesús, hijo de María Virgen.
Ese libro que se llama la Liturgia de las Horas, que todo fiel cristiano puede tomar en sus manos como libro de la oración diaria, abre el Adviento con este poético responsorio:

“Mirando a lo lejos, veo venir el poder de Dios y una niebla que cubre  la tierra. Salid a su encuentro y decidle: "Dinos si eres tú El que ha de reinar sobre el pueblo de Israel.
Plebeyos y nobles, ricos y pobres. Salid a su encuentro y decidle:
Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como un rebaño. Dinos si eres tú.
¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. El que ha de reinar sobre el pueblo de Israel...”

3. Como primer cuadro evangélico de Adviento, en este primer Domingo nos presenta la Iglesia el Adviento glorioso de Jesús al final de los tiempos. Dios es el dueño el tiempo, el Señor de la Historia, y solo Él. Solo Él es el que ha de poner fin a las cosas de este mundo pasajero que está abocado a la eternidad. Solo Dios, solo Dios.
Y siendo esto así, Jesús se pone en esta cúspide divina, con la misma categoría de Dios, porque Él es Hijo de Dios.
Cuando venga el Hijo del hombre…, así habla Jesús. Así habla Jesús, con una frase que se repite tres veces en este el Evangelio, que concluye con este aviso: Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

4. Este Adviento de Jesús da el sentido a su vida, que, vista desde afuera, se podría considerar como un fracaso. Jesús vino a su pueblo, Anunciador del reino de Dios. No se fue a la Diáspora de los judíos, esparcidos en otras naciones, no se fue a los gentiles, como irá sus discípulo Pablo. Él dedico su vida exclusivamente al pueblo de Israel, y fue rechazado. Esto fue el dolor de su vida.
Pero él tenía una visión transcendente de todo lo que estaba ocurriendo y sabía que, al final, la historia había de terminar con el triunfo universal, y que él era juez y salvador no solo de Israel, sino del mundo entero.
Si seguimos leyendo un poco más adelante este Evangelio de san Mateo, lo veremos a Jesús como juez de las naciones.

5. Adviento, tiempo de expectación piadosa y alegre, tiempo de esperanza. El primer oráculo de hoy nos abre un panorama grandioso, que podemos leer uniendo nuestra esperanza y alegría a la esperanza y alegría de nuestros hermanos hebreos. En este oráculo están los designios de Dios. Es uno de esos textos bellísimos de la Sagrada Escritura, que se graban en el alma:

2 En los días futuros estará firme | el monte de la casa del Señor, | en la cumbre de las montañas, | más elevado que las colinas. | Hacia él confluirán todas las naciones,       3 caminarán pueblos numerosos y dirán: | «Venid, subamos al monte del Señor, | a la casa del Dios de Jacob. | Él nos instruirá en sus caminos | y marcharemos por sus sendas; | porque de Sión saldrá la ley, | la palabra del Señor de Jerusalén». Juzgará entre las naciones, | será árbitro de pueblos numerosos. | De las espadas forjarán arados, | de las lanzas, podaderas. | No alzará la espada pueblo contra pueblo, | no se adiestrarán para la guerra. 4 Casa de Jacob, | venid; caminemos a la luz del Señor (Is 2,2-4)
6. Si todos estos mensajes los incorporamos a nuestra vida, hermanos, vemos que no nos podemos ahogar en estos avatares políticos, en los que estamos zarandeados meses y meses.
Nuestros horizontes son diferentes si ponemos a Cristo como eje y centro de nuestra existencia. La vida no es como nos la presentan los políticos, que prescinden del dominio de Dios. Como si Dios fuera un accidente para el que creyera en Él, y nada más. Si excluimos la existencia de Dios nada tiene sentido, y esto es un caos al aire del más poderoso, del que mejor sabe dominar y engañar. Pero nosotros creemos en el Adviento de Cristo y eso da sentido, esperanza, alegría y paz.

Conclusión de todo ello: lo que nos dice hoy san Pablo, para el Adviento y para siempre:
Comportaos así, reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz… Revestíos más bien del Señor Jesucristo, y no deis pábulo a la carne siguiendo sus deseos” (Rom 13,11-14).
Nuestros primeros hermanos cristianos de las primeras comunidades hebreas tenían un grito de triunfo y de llamada: Maránatha, Ven Señor Jesús, que está en el Apocalipsis, y que nosotros hemos recuperado para decirlo después de la consagración, en la Misa. Y con él concluimos esta homilía:

Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección: ¡Ven, señor Jesús!

Guadalajara, Jalisco, jueves, 28 noviembre 2019

jueves, 21 de noviembre de 2019

1277. Dom. XXXIV C – Jesús, Rey de amor en la cruz


Jesús Rey de amor en la cruz
Lc 23,35-44


Texto evangélico:
35 El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». 36 Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, 37 diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». 38 Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».
39 Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: « ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». 40 Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: « ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? 41 Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo». 42 Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». 43 Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Hermanos:
1. Hoy es el Domingo final del año litúrgico, y como remate de los misterios del Señor, contemplamos la figura de Cristo Rey. Cada año vamos variando las lecturas, pero la imagen y el significado es el mismo. Y la gracia de este día es comprender cuál es el significado de este singular reinado del Hijo de Dios, para aceptarle a él, de todo corazón, como Rey de nuestra vida, de todo cuanto en nosotros acontece. Y además pedirle que el reinado de Dios, que es su propio reinado, sea aceptado y disfrutado en todo el mundo. A esto dedicó entera su vida: a anunciar el Reino de Dios, o, como otros traducen, el reinado de Dios; y no solo a anunciarlo, sino a hacerlo efectivo mediante las obras que él realizaba y la comunidad mesiánica que él establecía, y la inauguraba con su pasión, muerte y resurrección. De pronto, estamos hablando de todo el misterio de Cristo.

2. Pero vayamos sencillamente por partes, apreciando el contenido de cada una de las lecturas de hoy. La primera, el reino de David. “David tenía treinta años cuando comenzó a reinar. Y reinó cuarenta años; siete años y seis meses sobre Judá en Hebrón, y treinta y tres años en Jerusalén” (2 Sam 5,4-5).
La segunda lectura es un canto sublime, una cumbre de la teología que se alcanza en los textos sagrados:
“Él es imagen del Dios invisible, | primogénito de toda criatura;
porque en él fueron creadas todas las cosas: | celestes y terrestres, | visibles e invisibles. | Tronos y Dominaciones, | Principados y Potestades; | todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, | y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. | Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, | y así es el primero en todo.          
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él y para él | quiso reconciliar todas las cosas, | las del cielo y las de la tierra, | haciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 2,15-20).

3. Pero el centro de la fiesta de este día es el Evangelio. Jesús está muriendo en la cruz. Y para más ignominia – o para más honor, si vemos al revés las cosas, con la mirada de Dios – Jesús está muriendo en la cruz como un condenado más, con otros dos malhechores. Si una persona ha sido condenada a muerte, es un indeseable, un deshecho de la humanidad. Y entre dos malhechores está muriendo Jesús.
“Se humilló a sí mismo, | hecho obediente hasta la muerte, | y una muerte de cruz” (Flp 2,8). Y, en la cruz – estamos recalcando – uno más entre dos malhechores.

4. En una filosofía humana del poder, nos es lícito pensar:
- El poder reside en el pueblo, el pueblo soberano.
- En él está el poder de legislarse como quiera (poder legislativo), el poder de gobernarse (poder gubernativo), el poder de juzgar (poder judicial).
- Y el pueblo puede delegar su poder, sus poderes, a un representante (el rey, el presidente) o puede gobernarse de forma asamblearia.
Ahora bien, desde tiempo inmemorial se ha relacionado el poder con la divinidad y en el Soberano se ha visto a un representante de los dioses, y ahí tenemos, por ejemplo, las inscripciones milenarias de los faraones con los dioses.
¿Quién es el que puede mandar a quién, y en virtud de qué poder? ¿Quién puede mandar a la guerra…, quién puede mandar en el culto? El ser humano es dueño de sí mismo, pero, al mismo tiempo, es miembro de una comunidad, con la que tiene derechos y obligaciones. Y, al acumularse preguntas y preguntas, comenzamos a perdernos en la teoría del poder.

5. Según esto, ¿qué decimos exactamente cuando confesamos que Jesús es Rey del universo? La liturgia de hoy nos dice: “sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un Reino eterno y universal:
Reino de la verdad y de la vida,
Reino de la santidad y de la gracia,
Reino de la justicia, del amor y de la paz”.
Jesús dice a Pilato, detentor del poder del Emperador Romano: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».  Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz»” (Jn 18,36-38).

El reino de Jesús, hermanos, es pura y simplemente el reino del amor, el reino de la conversión y del perdón. La Iglesia tantas veces se ha confundido a lo largo de la historia, queriendo asumir formas de poder que no le competen.

6. Hoy la Iglesia conserva un minúsculo estado, casi simbólico pero real, con sus relaciones diplomáticas con numerosos estados. Ni el estado vaticano ni la diplomacia vaticana son instancias que reclamen el Evangelio. Son puras formas históricas que pueden desaparecer por la evolución de la cultura, y hasta para dejar más pura la figura de Jesús que reina, no con cetro y corona de oro, sino muriendo en la cruz como un desecho de la humanidad. Mirad a nuestro Rey.
Mi amor está crucificado y es el único Rey que acepta mi corazón. Es el único Rey que me puede dar la palabra libre y verdadera, el unció Rey que me puede mandar a dar mi vida por los más humildes de la tierra.

A ese Rey de cielo y tierra, a ese Rey a quien llamamos nuestro Salvador, nuestro único Salvador, a ese Rey miramos para decirle:

Rey mío y Dios mío, gracias por tu reinado de amor, en el que yo me siento envuelto. Que mi vida, con sus obras y palabras, sea irradiación y compromiso de este tu reinado de amor con mis hermanos, los hombres. Amén.

Guadalajara, Jalisco, jueves 21 noviembre 2019.